jueves, 30 de diciembre de 2010

LA CALLE... ¿EL REMEDIO?

La calle, remedio de todos los males... ¿o es la cama? ¿O las dos, que sirven para cualquier circunstancia: ¿que te sientes solo?, a la calle, ¿que estás cansado?, a la cama, ¿que te cogió la depre?, a la calle, ¿que tienes sueño?, a la cama, y así sucesivamente, como suele decirse en estos casos y en los otros. Pero yo, a la calle y con llavín, a ver en qué ha variado el panorama mierdero que veo diariamente cuando salgo, no sin antes bajar las escaleras (uso el ascensor sólo para subir, porque dice mi cardiólogo Héctor Bueno que el ejercicio es muy bueno para el corazón, y yo, como no nado ni corro ni monto en bici ni compito en maratones ni practico el boxing ni un carajo la vela, lo menos que puedo hacer es eso: bajar las escaleras y caminar, que eso sí lo hago, y más de una hora cada día, sí señor). Caminar es saludable, aunque lo que ves cuando caminas por esta ciudad no es como para encenderle una vela a Santa Filomena y brindar con champán por las bellezas que han recreado tus ojos. No. A veces lo que ves es todo lo contrario. Por ejemplo, puedes encontrarte un perro muerto y reventado junto a una alcantarilla, porque eso sí, un billete de quinientos euritos no te vas a encontrar, nené, ni lo sueñes. Así que sigue tu camino que yo seguiré el mío. Pues como decía, saludo a Sonia, la asistente que me sale al encuentro, y después de los buenos días, porque todavía no he perdido del todo la poca buena educación que me queda, le digo ¿qué haces tú aquí a esta hora, en el turno de mañana?, tienes cara de mala noche, seguro que nocturnando, como siempre, y ella, tan cariñosa y delicada como es, sonríe, y me dice: usted siempre me está pinchando. Y es verdad, yo siempre la estoy pinchando. Porque la quiero muchísimo, aunque la muy tonta lo sabe, por eso me regala una de sus sonrisas que refrescan más que un granizado de limón en la canícula madrileña. Pero a la calle, que los bajos del edificio donde creo que vivo no son la calle, y donde yo voy es a la calle...

Por costumbre, no por otra cosa, porque ya sé lo que voy a encontrar en la calle: lo que encuentro cada día que salgo y cuando regreso a cobijarme en mi "hogar, dulce hogar", me doy cuenta una vez más (y esto de darme cuenta una vez más cada día que salgo a la calle me huele a tontuelo del pueblo) de que no he visto ni oído ni sentido nada, absolutamente nada que no haya visto, oído y sentido ayer o la semana que pasó casi sin darme cuenta, que eso es otra cosa, lo rápido que pasan las semanas y yo no me doy cuenta de que cada vez estoy más viejo y que esta situación natural no tiene otro remedio que la resignación y la conformidad. Pero en la calle al menos me entretengo mirando la gente. ¿Habrá alguno o alguna que piense lo mismo? Porque eso también me lo pregunto diariamente. Un día le dije a una joven que se sentó frente a mí en el tren de cercanías que me llevaba al sur, a comer donde como de lunes a viernes, pero eso es otra historia que no le interesa a nadie más que a mí y no pienso contársela a ningún zoquete que me esté leyendo. Pues como decía, le pregunté a la joven si ella pensaba como yo sobre lo mismo. La joven me miró como si yo acabara de aterrizar en un cohete desde el espacio inconocido, y con disimulo, sin abrir su boca, se levantó y se fue bien lejos, hasta el límite del otro vagón. Cosas que se me ocurren. Pobre muchacha, a que pensó que yo estaba medio medio. Pues eso, que a veces yo mismo pienso que lo estoy, pero entero. ¡Ah! La culpa la tiene la calle...

En la calle hay de todo, como en la viña del Señor. Es el sitio más variopinto y a la vez más pintoresco de cada ciudad. Lo preocupante es la cantidad de locos que se ven en la calle, sueltos y sin ningún control. Algunos son pacíficos, pero con ellos nunca se sabe. ¿Será la crisis? Porque óiganme, con estos cuatro millones y medio, casi cinco según la estadística del qué dirán, cualquiera se funde. Muchos lo disimulan inconcientemente, pues ahora con eso de los móviles y de las manos libres, uno ve a cualquiera hablando solo en plena calle y puede pensar que el tipo está pasado, pero si lo mira mejor ve que la señorita no es que esté tururata, sino que está hablando con alguien al otro lado del espacio, mediante ese aparatico del que nadie puede prescindir, pues si no tienes un móvil no existes. Es como la tele, me dice Juan Antonio que quien no sale en la tele no existe, pero ven acá, Juan Antonio, ¿tú crees que la tele es lo único que confirma que tú estás aquí, vivo y coleando aunque no tengas cola?, y él claro, la tele es el cuarto poder, y cuidado si no es el primero, lo que la gente ve en la tele es lo que es, lo demás es mierda, pero yo le señalo que no me refería a eso, sino a que mira, aquí hay muchas cosas que si no las tienes o las haces o las dominas, no existes, y el móvil es una de ellas, como la tele, sí, como tú dices, pero el móvil, y el famoseo, y el fútbol, y si no sabes quién es el cantante de última moda, o la famosilla que saldrá esta noche en el programa Cuéntame la vida de tu enemiga y esas cosas, despídete... Y Juan Antonio se ríe... Hombre, ¿qué va a hacer? ¿Llorar?

Pues eso, que aquí si quieres que la sociedad sepa que tú, Marcelo Doimeadiós, eres, estás, existes, arréglatelas, inventa algún chisme gordo sobre algún peje ídem, y preséntate en algún plató, de esos que pagan cheques generosos por que vaya alguien a contar lo que sabe y lo que no sabe pero se lo imagina, o en último caso lo inventa, del porqué a Belén Esteban (un ejemplo, ¿eh?) le retorcieron la naricita cuando fue a quitarse cinco añitos de su fructífera existencia. Por cierto, ¿quién sabe qué edad tiene la susodicha? ¡Hum! Tarea para Rubalcaba, porque yo me declaro incapaz de averiguarlo, aunque me pagaran una buena suma por eso en los platós del cotilleo, que son casi todos. Así estamos, cuando me pongo a oír hablar a Sole con Fernanda a la hora del condumio, ¿qué oyen mis oídos? ¡Ah! Pues lo que ustedes se imaginan: lo que vieron anoche en la telemierda... porque cuando pasan a Plácido Domingo en una ópera, eso no lo ve ni el crítico de teatro del periódico EL PLANETA (no cito el verdadero nombre por ética profesional, vamos). No, Plácido, el más grande cantante de España de toda su historia, no vende. Lo que vende es Aída, por ejemplo, y esos programuchos llamados reallity-shows (pobre idioma nuestro) donde van a parar todos los idiotas habidos, y quizás dentro de años, los por haber ahora. La sociedad es la que manda: a la mierda la cultura, qué carajo. ¿Quién se va a forrar con Madame Butterfly en hora punta? ¡Hombre!

Augusto Lázaro

viernes, 24 de diciembre de 2010

A LA CALLE... ¿A QUE?

Hoy me he despertado con deseos de seguir durmiendo. Con muchos deseos de seguir durmiendo. Me tiro la colcha por encima, porque siento frío. Y me doy la vuelta, cambiándome a la posición del costado derecho, que es como duermo mejor. Pero no vuelvo a dormirme. Me pregunto por qué no me duermo otra vez si no siento deseos de levantarme. El caso es que no vuelvo a dormirme y a los diez minutos me canso de estar acostado. Luego, siento dos cansancios: el cansancio de haberme despertado con deseos de seguir durmiendo y el cansancio de no poder dormirme y seguir acostado. ¿Qué demonios es todo esto? ¿Un jeroglífico físico con mi propio cuerpo? Pues a ver, porque tendré que levantarme aunque no sienta deseos de hacerlo, porque tampoco siento deseos de seguir acostado despierto. Lo que deseo es dormirme otra vez y ya veo que eso es imposible. Ya hace un cuarto de hora que estoy aquí filosofando tonterías y nada. Nada de nada y nada por todas partes. Pues entonces, a levantarme de una vez. Son las 06.55...

A las 07.00 las noticias: todas negativas, como siempre, como cada mañana en que me levanto y enciendo el aparato sabiendo lo que voy a oír, y lo que voy a oír es que este mundo de mierda cada día está peor y no hay quien lo arregle: guerras, atentados, crímenes, asaltos, robos, sangre, opresión, escasez, pobreza, enfermedad, desolación, desastres naturales, muerte… ¿hasta cuándo podrá aguantar este planeta? Pensar en eso me consuela un poco, porque si me pongo a pensar hasta cuándo podré aguantar yo sería peor, teniendo en cuenta entonces que yo y sólo yo reventaría alguna vez mientras el mundo continuaba autodestruyéndose, pero sobreviviéndome, y eso no sería bueno para mis pensamientos positivos como me dice Nadya que tenga, es que tú no tienes pensamientos positivos, por eso estás así, ¿y así cómo?, le pregunto, pero Nadya no contesta, porque sabe que es inútil entablar conmigo ese tipo de discusión que no conduce a ningún resultado, porque por supuesto yo no puedo tener esos pensamientos positivos que ella quiere que tenga, ¿dónde carajos voy a encontrar algo positivo?, si todo lo que me rodea es, además de mierda, estupidez, ignorancia, zafiedad, etc., una situación tan desechable que mejor entretenerse leyendo uno de esos periódicos gratuitos...

Siempre apago el radio a los pocos minutos de encenderlo, porque me harto de oír tantas barbaridades que cometen los seres de mi especie, aunque sé que mañana otra vez haré lo mismo, o sea: encenderé el aparatico y a los pocos minutos volveré a apagarlo, otra vez harto de oír las mismas cosas, y todas por supuesto negativas. Mi ex me lo decía y me lo repetía, gozando su victoria ante mi irremediable impotencia: ¿y para qué las oyes si sabes lo que vas a oír y lo que vas a oír no te va a gustar?, ¿qué, es que eres masoquista? Es curioso cómo el ser humano se convierte en una máquina repetidora de acciones, día por día, hasta el punto de saber, cuando abre los ojos al despertar cada mañana, todo lo que hará, a qué hora lo hará, dónde lo hará, y cómo lo hará. Una rutina que sólo puede alterarse cuando uno se decide a hacer un viaje y subirse a un autobús, un tren, un avión, un barco, y adiós rutina diaria, ahora sí, piensa el iluso, que voy a desestresarme de mi vida tan normal y tan común que a veces pienso que no la estoy viviendo yo, sino el vecino del frente, o el protagonista de la serie que suelo ver a veces en la telemierda que menos mal que conserva algunos canales que trasmiten algunas cosas interesantes y sobre todo sin anuncios... porque un día descubrí que soy alérgico a los anuncios publicitarios de la tele... las 7.15 y yo aquí, atracándome de virutas de pino ruso...

Fuera de este pequeño espacio donde duermo cada noche (porque nunca duermo de día no porque no me guste sino porque no me entra el sueño) la vida transcurre como siempre: la vida tiene muy poca variedad, o casi ninguna, y cuando aparece alguna es una variedad tragicómica de la que algunos se ríen y otros lloran, pero que en definitivas no aporta nada nuevo bajo el sol. Como me dice Marcelino Granda, el quiosquero al que antes le compraba algún que otro periódico con películas de extras, y que ya no le compro porque desde que metí mis narices en Internet leo los periódicos gratis en la pantallita que me tiene sirico con tanta información desastrosa, porque ahí tampoco aparece un concurso de perros hermosos guiados por niños rozagantes en jardines repletos de flores, ¡le zumba la berenjena!, lo bello cada día va quedando en el rastro del olvido. Pues me dice Marcelino que la vida es así y que no hay fuerza que pueda sacarnos de la rutina o de la monotonía, que para el caso viene siendo lo mismo. Pobre Marcelino, cada vez menos gente le compra los periódicos y las revistas, la crisis por un lado y el Internet por otro y el hombre va a la quiebra. Pero en fin, que yo no voy a remediar ni a Marcelino ni al resto de la humanidad. Fuera la horizontalidad, en pie, que ya va siendo hora...

Pues allá voy, a emprender la misma hoja de ruta que inventó algún burócrata para controlar (pensaba el muy tonto) a sus subordinados que se pasaron el invento por el escroto y cuando salían colocaban en la puerta un itinerario que por supuesto no pensaban cumplir, porque además sabían que el Jefe no iba a vigilarlos uno a uno detrás de cada paso que daban. Esto de los Jefes y de la vigilancia tiene tela. Sí señor. Pero tengo que mover el esqueleto, que dicen los que saben de eso que es muy bueno para la salud mental y física. Y si ellos lo dicen... El caso es que de nuevo a la repetición de acciones, de pasos, de idas y venidas, y el mundo sigue andando sin que se le ocurra ningún hecho capaz de sacarnos de la calma chicha en que estamos viviendo, a excepción de las acciones de violencia y sangre, que por consabidas se están convirtiendo en algo tan normal que ya casi no llaman la atención a nadie. Yo creo que el día en que no ocurra ningún hecho de sangre, como le dicen en los medios mediáticos (con redundancia y todo lo que quieran los correctores de estilo), será el día de la variedad, del cambio, de lo que se salga de la rutina y de la monotonía, y habrá que celebrarlo. Por cierto, voy a comprar una botella de vino del barato (yo nunca bebo pero por si acaso) y guardarlo, esperando los acontecimientos, que el vino mientras más viejo mejor, dicen los iniciados...

Pues sí, la casi totalidad de las personas que trabajan en una oficina que casi nunca sirve para resolver ningún problema, se pasan sus ocho horas de trabajo emborronando papeles que tampoco sirven para nada, porque dígame usted: si se inventaron los ordenadores para acumular todos los datos de los usuarios, ¿para qué le piden a uno lo que ya tienen registrado en sus computadoras? Y después vuelven a pedir algunos papeles que se han entregado, porque esa es otra, que usted entrega los papeles que le piden y en esas oficinas nunca están conformes, siempre falta algún dato, algún informe, algún hagoconstar, y el caso es que usted se pasa demasiadas horas de su vida gestionando papeles que ya ha entregado o cuyos datos están en los ordenadores de las oficinas públicas. ¡Ah! El caso es joder a los ciudadanos de alguna manera. Porque un día me dijo mi Asistente Social, cuando yo le dije, ingenuamente, que ahora éste (el que le entregaba) sería el último papel: "no, amigo mío, nunca habrá un último papel"...

Y es verdad que nunca habrá un último papel, porque si lo hubiera, el desempleo estaría en el 50%, por la enorme cantidad de funcionarios improductivos (pero consumidores) que nuestra sociedad soporta y mantiene. No sé cómo nadie se ha puesto a elucubrar con ese dato: la cantidad de personas que no producen bienes materiales y sin embargo consumen alimentos, ropas, calzado, vivienda, electricidad, agua, gas, energía, transporte, servicios, etc. ¿De dónde sale eso? ¿Y hasta cuándo aguantará este país ese desnivel entre la producción y el consumo que cada día es más amplio? Una vez que me dirigía a Galicia, invitado por mi amigo Manuel a pasar la Navidad y el fin de año en su casa con su generosa familia, noté que por la ventanilla no veía ni una sola vaca, y al llegar le pregunté Manuel, ¿y esa leche que yo me tomo a diario, de dónde coño sale? Porque no he visto ni una sola vaca en todo el trayecto desde el autobús. Manuel se quedó como en éxtasis, parece que de oír semejante gilipollez, porque se supone que las vacas no tienen que estar al lado de las carreteras en exhibición turística. Pero el caso es que no vi ninguna y que me tomo un litro de su leche diariamente. ¡Ay,Manuel! Con semejantes amigos no necesitas ver la tele...

En fin, que el baño, el aseo, el desayuno, otra vez el baño, la boca, el vestuario, los zapatos, la ventana a ver cómo pinta la mañana, no hace falta el paraguas, la maletica para los alimentos, las llaves, mirar si el gas, si el agua, si los equipos electrodomésticos, las puertas, las ventanas, el copón bendito, ¡a la calle!... Decididamente, como dice mi hija siquiatra: un tipo obsesivo compulsivo. La madre que me parió...

AUGUSTO LAZARO

martes, 14 de diciembre de 2010

ESAS LEYES... ¡POR DIOS!

El diario EL PAIS publica en su edición del sábado 27 de noviembre pasado, en letra pequeña, un MANIFIESTO CONTRA LA LEY ELECTORAL, firmado, según nota al pie, por más de 3,200 nombres, además de algunos de personalidades de la cultura, la sociedad y la política, como Andrés Trapiello, Helena Tabena, Julio Anguita, Almudena Grandes, Emilio Gascón, Asunción Esteban, etc. He añadido mi firma a la lista, porque considero ese documento muy positivo y me atrevería a decir que imprescindible para comprender mejor nuestro país y para comprender a la vez cuán necesitado está de ese cambio que tantos cerebros sensatos solicitan a los encargados de cambiar nuestras leyes, que por cierto, casi nunca se ocupan de cambiarlas, ignorando los reclamos de una población cada día más harta de eso que llaman "la clase política española", que parece ocuparse sólo de sus propios asuntos y de llenar sus cuentas corrientes mientras la palabra pueblo les resulta lejana y exótica.

El Manifiesto comienza así:

La ley electoral es antidemocrática e injusta. Contraria al espíritu de la Constitución. Intolerable. No se debe consentir. De mantenerse esta ley electoral, España seguirá sin ser una democracia plena. Hoy no lo es, porque el Parlamento no representa la voluntad popular.

Esta aseveración de los firmantes del Manifiesto, que parece exagerada por lo grave, pasa desapercibida, precisamente por ser eso: grave, porque estas cuestiones que a cualquier extranjero le llamarían la atención hasta el asombro, el pueblo español no las conoce o las ve como a la corrupción, que se está convirtiendo en algo tan normal que no vale la pena censurarla o protestarla. El pueblo sí sabe que nadie le hará caso si se trata de perjudicar a los políticos, que ya son casi el problema principal que afronta este país. Habría que cambiarlos a todos, y eso parece imposible, entre otras cosas, porque ¿a quiénes podríamos colocar en cada escaño que sustituyera a los actuales "padres de la patria?". Porque ser político ya de por sí significa despojarse de honradez y honestidad y vivir para sí, y sólo para sí. Excepciones haylas, por supuesto, pero ¡ay!, son tan pocas...

En otro de sus fragmentos, plantea el Manifiesto, refiriéndose a la ley electoral vigente que

esta ley que aún rige las elecciones en España -después de 33 años-, es una reproducción, en lo fundamental, del primer Decreto Ley dictado por el último gobierno franquista.

Sin comentarios, porque no hacen falta. Parece una broma, pero no lo es, de ahí su gravedad. Y no hay más que asomarse al proceso electoral que se sigue en el país para darse cuenta de hasta qué punto se ha llegado a corromper el concepto de justicia e igualdad, dentro del cual dos partidos políticos mayoritarios se disputan cuanto privilegio exista para esa "clase" que dirige (mal) y controla (peor) los destinos de España, sin que nadie, al parecer, se sienta dolido o siquiera preocupado por remediar (o al menos pensar en cómo podría remediarse) tamaña desvergüenza. Lean este otro fragmento y verán cómo está el patio:

(...) unos diputados necesitan casi 500,000 votos para ser elegidos y otros nueve veces menos, como el PNV, o 7.26 menos como el PP, o 7.25 menos como el PSOE (...)

Por eso es extraño oír a algún político decir que no somos iguales y que por tanto no se respeta el artículo 14 que proclama que "todos los españoles son iguales ante la ley". Quizás, por carambola -porque esto de la ley electoral repercute, claramente, en la aplicación de la justicia- tengamos que sufrir la vergüenza de ser el único país de los llamados democráticos, o del llamado "mundo libre" donde un asesino de 25 personas esté suelto en la calle y además goce de todos los derechos, y para colmo que ahora se descubra que el gobierno actual se lamente de no haberlo liberado antes, como si le parecieran demasiados esos 18 años que cumplió por haber enviado al otro mundo a 25 seres inocentes.

En la ley electoral, como en las demás leyes que rigen actualemnte, y al igual que en la propia Constitución, hay como una mano oculta, diabólica, perversa, que no quiere que exista de verdad la Justicia con mayúscula. Quizás porque a algunos no les convenga, pues de existir, peligrarían sus múltiples privilegios obtenidos por ese afán enfermizo de "meterse en política", que es, junto al fútbol y al famoseo, lo que más fama y fortuna da en España.

Augusto Lázaro

martes, 7 de diciembre de 2010

¿PARA QUE SIRVE UN BLOG?

Mi amigo Juan Maguey (que no cree en la ley) me pregunta por qué y para qué escribo y mantengo un blog, si, como él piensa, nadie lo lee.

--A no ser esos cuatro gatos amigos tuyos a quienes has pedido que te lean.

Y añade que más que por un improbable interés en leer lo que publico, lo hacen porque son amigos míos que como él mismo, de vez en cuando se conectan y buscan LA ENVOLVENCIA a ver qué he echado a volar en el ciberespacio últimamente.

--¿Y por qué piensas tú que nadie me lee, aparte de esos cuatro gatos que mencionas?

--Hombre, si eso está más claro que un mediodía en el Sahara.

Y me explica su teoría al respecto: "en Internet -me dice Juan- hay millones de blogs circulando por todo el planeta. Millones, imagínate. Y entre esos millones está el tuyo. ¿Tú crees que por tu linda cara que ya no es tan linda como hace treinta años miles y miles van a buscar tu blog para disfrutar de tus genialidades?" Pero hace una pausa y me dice que además de millones de blogs, en Internet hay millones de otras informaciones, detalles, datos, notas, artículos, libros, películas, vídeos, música, y bla bla bla...

--Dime tú si alguien, entre tantas millonadas de más interés incluso que lo que tú puedas escribir en tu blog, va a conectarse contigo y renunciar a tantas otras cosas que de seguro le proporcionarán muchìsimo más placer en sus ratos de Internet. Y eso sin contar con la correspondencia de cada cual, que el que más y el que menos la tiene, y no le alcanza el tiempo para contestarla. Tú mismo eres un ejemplo.

Me gustan las personas sinceras, aunque su sinceridad me sea desfavorable y a veces brutal. Juan es una de esas personas, por eso es mi amigo. Y es verdad que si te conectas a Internet te encuentras ante un mundo tan vasto, tan complejo y tan variado que no sabes (a veces a mí me sucede) por dónde empezar. Pero yo también tengo mi razón para seguir y se lo digo sin darle chance a que continúe su diatriba.

--Pues oye esto: todo eso que me dices es cierto, pero como tú no eres escritor no puedes imaginarte el placer que se siente escribiendo en una pantalla que cuando hagas clic desaparecerá de tus ojos y se insertará en ese espacio inverosímil donde quizás miles de ojos te encuentren casualmente, aparte de los que ya te buscan... eso te da una sensación de misterio, de irrealidad, de entusiasmo, que no puedes dejar de hacerlo un día y otro día, hasta sentirte pletórico, encontrando tú también en la pantalla otros textos escritos por otros que piensan y sienten lo mismo, y descubriendo nuevos mensajes de quienes siguen a diario escribiendo en sus blogs, en las revistas, en las redes, en fin... y eso, amigo mío, no se paga con ningún lingote de oro.

Juan se queda en silencio. Se rasca el mentón. Y me dice finalmente:

--Tienes razón: tendría que ser escritor para sentir todas esas sensaciones que tú dices que sientes... o no sentirlas, porque eso no se sabe hasta que se experimenta.

Augusto Lázaro

jueves, 2 de diciembre de 2010

¿LA TERCERA JUVENTUD?

Lo dijo Borges: la espantosa humillación de envejecer, y aunque no se esté de acuerdo con su afirmación, tampoco puede estarse de acuerdo con el panorama de felicidad total que nos quieren hacer ver esas revistas que se encargan de ayudar a los que llaman "personas mayores" a que vivan lo mejor que puedan vivir, a pesar del almanaque, que siempre golpea sin piedad, cada vez más contundente en la medida en que cada cual cumple un nuevo año, pasados los 65, incluso gozando de una salud bastante aceptable para haber vivido tanto.

Examinando a fondo todo lo que tenemos dentro de nuestro organismo, a veces me pregunto cómo puede llegarse a una edad tan avanzada como digamos 80 años. Porque no es fácil escaparse de las afectaciones que pueden cobijarse en nuestros corazones, o en nuestros sistemas digestivos y nerviosos, o en pulmones, hígados, riñones, y tantos otros órganos que tenemos a disposición de cualquier anomalía, molestia, virus, contagio o enfermedad. Y peor aún: me pregunto por qué el cuerpo humano debe tener tantos órganos, músculos, arterias, glándulas, tendones, etc.,
en lugar de estar formado tan simplemente como una saardina, por ejemplo, y así nos evitaríamos miles de trastornos y complicaciones que nos amargan la poca vida que disfrutamos sobre la superficie.

Es tan complicado el cuerpo humano que es casi imposible llegar a 80 años sin haber padecido una o más veces alguna enfermedad que a veces resulta fatal y nos elimina inobjetablemente. Y peor aún, si en lugar de eliminarnos de una vez nos mantiene en agonía brutal durante mucho tiempo, padeciendo y haciendo padecer a nuestros seres queridos que se resienten, al igual que nosotros, a comprender por qué. Por eso muchos se preguntan que si alguna fuerza sobrenatural nos creó, ¿por qué nos creó tan complicadamente formados?

Luego entonces: ¿para qué tantas cosas? Y la respuesta no se hace esperar: para complicarnos la vida, porque vivir tantos años sin que nada se afecte en nuestro organismo es tarea que ni la ciencia ficción ha podido aplicar exitosamente.

Para mí lo peor de la ancianidad no se aviene con lo que dice Sir Henry en la novela de Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray: "lo peor de la ancianidad no es ser viejo, sino haber sido joven", sino los múltiples achaques que esa edad nos trae: dejar caer al suelo vasos, cubiertos, gafas, tropezar con las puertas y los muebles, enredarse los pies en los cables de los equipos electrodomésticos, olvidar lo que hemos hecho apenas diez minutos antes, no poder contener algunos ex-abruptos de los que después nos arrepentimos cuando ya no tienen remedio, etc. Eso molesta. Y eso no puede evitarse. En unos más y en otros menos, pero los mayores padecemos de ésos y de otros achaques que a veces nos pone el carácter que hay que querernos mucho para soportarnos.

Pero la imagen más terrible de lo que llega a ser la vejez yo la grabé en mi memoria para toda la vida en una escena de la película italiana El trasplante:

Un anciano millonario que por su edad está impotente, sentado en una cómoda silla plegable, junto a la piscina de su mansión enorme y tan lujosa que impresionaba a quien podía penetrar sus vericuetos, contempla extasiado a varias jóvenes en bikinis que gozan del baño y de las demás atenciones que reciben de la servidumbre del potentado, que las ha invitado a pasar unas horas en su reino. De pronto, sale de la piscina una espectacular mujer joven, con un bikini tan escaso que apenas oculta las zonas más íntimas, y con una anatomía capaz de enervar hasta a un esquimal en pleno mes de enero. La cámara se acerca lentamente al rostro del anciano, contemplando a la joven, y poco a poco comienzan a brotar lágrimas y rodar por sus mejillas, mientras su cara toma la expresión del más cruel desamparo... Nada he visto que retrate tan brillantemente (y tan crudamente) qué cosa es la vejez, por mucho dinero que pueda tenerse, y por mucho poder que pueda ostentarse.

En la película ese anciano intenta que le trasplanten el pene de un hombre joven y fuerte que ha tenido un montón de hijos sanos y goza de una casi perfecta salud. El hombre se resiste y al final cede, aunque a la hora de la verdad vuelve a negarse. Ese es más o menos el argumento del filme en forma de comedia, que esconde una verdad innegable que padecen todos cuantos sienten lo que no es sólo un deseo para el ser humano, sino una necesidad, que en este caso no tiene remedio posible.

Sin dudas que siendo mayor puede vivirse una vida placentera con sus limitaciones. Pero de ahí a decir que la ancianidad está pletórica de ventajas y de jardines de flores, hay un trecho bastante difícil de salvar. Que nos alienten está bien. Pero estaría mejor que nos ayudaran a aceptar nuestros problemas, sin endulzárnoslos, nuestras limitaciones y nuestros achaques, que a veces se tratan de obviar, como si no existieran en la vida de lo que las instituciones llaman "las personas mayores". Quizás así nos harían la vida más soportable aún.

Augusto Lázaro

viernes, 26 de noviembre de 2010

COMPLICES DEL MALTRATO

Una de las tantas cosas inútiles inventadas por el actual gobierno de España fue sin dudas el Ministerio de Igualdad, al frente del cual colocó a una joven que apenas podía expresar correctamente los contenidos de ese enorme organismo que sólo ocasionó gastos al herario público. Pero lo peor fue el resultado: durante 2010 ya se han cometido más asesinatos (y hablo sólo de asesinatos, no quiero mencionar los maltratos que parece que no hay Dios que pueda eliminarlos) que los que se cometieron durante todo el 2009. ¿Para qué -me pregunto- sirvió entonces ese "flamante" ministerio? La respuesta no la da el gobierno, por supuesto, sino el pueblo, obstinado de tanta impunidad de que gozan los maltratadores, a quienes algún juez emputecido hasta la enfermedad, ha llegado a conceder razón en su salvaje agresión contra alguna mujer. El cuento que van a leer a continuación expresa una realidad que se trata de ocultar, porque pienso que quienes son realmente los culpables no son los maltratadores, sino los encargados de evitar que éstos sigan cometiendo sus fechorías sin mover un dedo para contenerlos y en los casos que lo merezcan, encarcelarlos, no uno ni dos ni tres años, sino todo el resto de sus miserables vidas...

LOS COMPLICES

La vecina la encontró tirada en el suelo, con la cara ensangrentada, y quejándose. Cuando pudo reaccionar tras la impresión, corrió junto a ella, se arrodilló, le tomó la cabeza entre las manos, ensartando palabras de consternación y aliento, tratando de levantarla y colocarla en el sofá, y cuando lo logró, miró a todas partes, como buscando algo o alguien que la ayudara a atenderla. Había oído gritos y golpes que le hicieron temer lo peor, lo acostumbrado, pues no era la primera vez que eso sucedía. Se sentó junto a ella, y sin preguntarle lo que había pasado, cosa que sabía
muy bien, sólo atinó a exclamar: "¡Dios mío!, pero esta vez ha sido mucho peor, mi amiga", y sin poder evitarlo comenzó a sollozar, uniendo sus lágrimas al llanto que ahora sustituía los quejidos de su amiga. Entonces le dijo:
--Pero Julia, ¿hasta cuándo vas a soportar esta situación?

En el Congreso de los Diputados, el portavoz del gobierno lanzaba improperios que él consideraba críticas justas contra el principal partido de la oposición, que era en realidad el único, pues todos los demás minoritarios se habían puesto de parte del mandamás de turno, lo que era muy común en los cobardes y en los oportunistas. Cuando tocó el turno al portavoz del único partido de la oposición, éste comenzó a lanzar improperios que consideró críticas justas al gobierno y a lo que llamó sus
secuaces, provocando una señora algarabía, una más, entre los asistentes, aunque éstos ya no se asombraban por tales minucias. La mañana había estado movida, plagada de gritos, aplausos, abucheos, silbidos, golpes en los escaños y alguna que otra ausencia de los llamados padres de la patria, nombre algo irónico si se tiene en cuenta lo mal que en realidad querían a sus hijos estos próceres que ocupaban su tiempo en insultarse mutuamente, como buenos políticos, y ni se acordaban de que existía una patria a la que tenían que dedicar sus vidas por entero, pues para
eso habían sido elegidos, unos por votos y otros por dedos, pero daba lo mismo: todos tenían en común su convencimiento de que cada cual tenía la razón, de que cada cual era el dueño de los caballitos y poseía la llave de los truenos, por lo que los demás, naturalmente, estaban equivocados. A las dos de la tarde seguía activo el ring, sin que se vislumbrara un claro vencedor ni un oscuro vencido. Fuera del sagrado recinto, el único perdedor era el pueblo. Pero ¿a quién podía importar ese mísero detalle? Curiosamente, sus señorías no habían conversado ni un minuto sobre el fútbol en los intermedios de las sesiones.

Muchas veces habían conversado sobre esa situación, insostenible según la vecina y demasiado prolongada según su madre y algún que otro familiar cercano. Pero Julia no se decidía a hacer nada para poner freno a tanto sufrimiento. Hasta que ese día ya no pudo más y por consejos y alientos de su vecina y amiga, tomó una decisión:
--Iré a la policía. Tú tienes razón, esto no puedo seguir aguantándolo.
En la Comisaría presentó la denuncia, rellenó el formulario correspondiente, y oyó que le prometían tomar nota de su caso. Para ella tomar nota no significaba nada, pero al menos salió de la Comisaría con un poco de alivio. No le duró mucho: al llegar a su casa, el hombre la estaba esperando. Un detalle que habían olvidado ella y su amiga del piso colindante: cambiar la cerradura, detalle que estuvieron lamentando muchos días después de aquél en que ella regresara de la Comisaría y el hombre le propinara la paliza más brutal que ella había recibido. Desde que por fin él se había ido de la casa sólo había vuelto un par de veces, y en ambas sólo había vuelto para insultarla, golpearla y romper algunas cosas que él argumentaba que eran suyas, pues las había pagado mientras vivió con ella allí. La paliza esta vez fue tan bestial que ella perdió el conocimiento, y no se enteró de que algunos vecinos, al oír los golpes, los ruidos y los gritos, tocaron a la puerta, alarmados. El hombre salió y les pasó por delante, ignorando los insultos que varias mujeres le gritaron, muy airadas, y las protestas de algunos hombres que no se sintieron con
valor para enfrentarse a aquel mastodonte de seis pies y unos músculos que podrían competir con los de Arnold Schwarzenegger. Cuando llegó el Sámur, Julia ya no podía hablar. No podía ni siquiera llorar.

Los magistrados comentaban el partido de fútbol de la noche anterior, en el que el equipo estrella se había dejado meter nada menos que tres goles, provocando reacciones furiosas en sus fans, tan furiosas que uno de los deportistas recibió en la frente un botellazo lanzado desde el graderío enardecido. Porque perder en propia casa no se lo perdonaban ni al mejor futbolista millonario que casi no sabía articular palabras cuando lo entrevistaban en la tele.
--Es una vergüenza. Con lo que les pagan y mira qué chorrada.
--Ya. Me imagino lo que sucedería si a este equipo le sacaran los extranjeros que son los que le dan los pocos triunfos que tienen a la hora de la verdad. Y otra cosa, eso del público también es una vergüenza. Vamos a tener que hacer algo al respecto.
--Sí. Hay cosas que no pueden tolerarse. ¿Otra cañita?
Ambos jueces, pasados de peso y de tripa, con rostros del color del tomate maduro, se repocharon en los pullmans mientras se deleitaban con un filme de acción en el vídeo del televisor de pantalla plana colocado en el salón del magistrado mayor. Su invitado le había comentado que él también pensaba comprarse uno igual. De algunos asuntos pendientes no hablaron. Entre ellos estaba la última denuncia por malos tratos recibida días atrás, pero entre tantas, ¿quién podía acordarse?

Les costó mucho esfuerzo convencerla, pero los reporteros del canal 3 conquistaron a Julia para acudir a una entrevista donde pudiera denunciar a su maltratador ante todo el país.
--Señora, créame, lo que sale en la tele se resuelve. Los que mandan le tienen terror a la tele, a lo que dice, y sobre todo, a que sus nombres, y mucho más sus caretos, salgan en la pantalla chica. Créame, no se va a arrepentir.
Y llegó la noche de la entrevista. Hacía muchos días que Julia no sabía nada de su ex y estaba preocupada, pensando siempre lo peor. La vecina la acompañó al plató, donde no la maquillaron, con el fin de que pudiera mostrar los moretones de la última paliza ante las cámaras. En su familia hubo voces que la aconsejaron que no fuera, pero la mayoría la apoyó, al igual que casi todos sus vecinos que conocían la tragedia. Era un paso que había pensado bastante, pero su situación no podía continuar así. Porque su vida peligraba y ella no sabía a quién podía ya acudir.
--Ya no sé qué hacer, ya no puedo más. Por favor, necesito que me ayuden. Ese hombre me ha amenazado varias veces y me va a matar. Por Dios que sí, me va a matar. Por favor... necesito que me ayuden...

Habían formado un grupito en la cafetería: dos vigilantes del Metro y dos policías con sus armas cortas, comentando un partido de fútbol y el coche nuevo que se había comprado uno de ellos, dos de los cuales fumaban pitillos, precisamente frente a la pared donde había una señal de prohibido fumar. Cerca del grupo se veía a varios viajeros con cigarros en las bocas, pero los policías ni se daban por enterados. Uno de ellos los miró y cambió de tema.
--Lo que yo les digo. ¿Ven cómo la gente sigue fumando? ¿Y qué vas a hacer?
--Hombre, podíamos multarlos, eso está prohibido.
--¿Multarlos? Mira, tío, no te enrolles. En primera, que esa multa no la van a pagar jamás, y en segunda, ¿qué pasa si te dicen que te han visto fumando aquí mismo?
--Bueno, pero...
--Mira, tío, esto es como todo: esto de las prohibiciones es un paripé, nadie cumple nada y además, ¿para qué vamos a buscarnos problemas, si cuando tú detienes a un delincuente, al día siguiente el juez lo deja en libertad? No quieras arreglar el mundo, tío, que este mundo no hay quien lo arregle.

Al día siguiente de su comparecencia por televisión, Julia sintió unos golpes fuertes en la puerta. Enseguida supo que se trataba de su ex. Había cambiado el cerrojo, pero el hombre, al darse cuenta de que su llave no servía, comenzó a llamarla a toda voz y a dar golpes estruendosos en la puerta.
--Abreme, Julia, que sé que estás ahí. Vamos, ábreme. No voy a hacerte nada, lo que quiero es llevarme algunas cosas que tengo y nada más. Vamos, ábreme, no empieces a cabrearme. Acaba de abrirme de una vez, recoño. ¡Joder!
Mientras Julia temblaba, alejándose de la puerta, el hombre se desesperó. En esa planta no había casi nadie a esa hora y la vecina estaba en su trabajo. El hombre insistió una vez más, y al ver que no podía lograr que ella le abriera, le dio una patada a la puerta.

Las calles estaban, como siempre, llenas de gente que caminaba de prisa. Frente a la tienda El Corte Inglés, dos mujeres maduras comentaban las rebajas, otras más jóvenes hojeaban revistas de famosos y de otras tonterías. El tránsito fluía, no sin dificultades a esa hora temprana. El ruido y el polvo campeaban en todos los rincones. Un hombre joven, vestido como un espantapájaros, lograba sonrisas en los menos exigentes que lo miraban admirados. Un pequeño grupo esperaba el semáforo para cruzar. En la parada del autobús se agrupaba mucha gente de mirada ansiosa, esperando y comentando la tardanza en esa línea, que según un hombre joven y algo escuálido, era la peor de la ciudad. No había ningún niño alrededor. Los vendedores ambulantes pregonaban sus ofertas, colocadas sobre mantas y sábanas en las aceras de la concurrida calle. El día estaba nublado, pero
no acababa de llover. Muchos jóvenes hablaban por sus móviles, entusiasmados. Otros conversaban sobre el fútbol, mostraban el último compacto de U-2, y uno de ellos hizo un comentario sobre la moto que pensaba comprarse cuando pudiera sacarle el dinero a su padre, con el cual no se llevaba muy bien. Más allá de la cafetería, una adolescente con uniforme escolar se lamentaba del mal rollo que se había ligado con un tal Joaquinito, por culpa del dichoso examen de física, sobre todo porque el profesor no era de los que se desviven por acercarse a su alumnos y ayudarlos. Hizo una mueca y se dirigió a su compañera:
--Ese está allí por el dinero que le pagan, tía. No le interesa nada más.
--¿Y qué me dices de la profe nueva, con su ropa de pija y sus modales tan...
--Tan finolis, sí. Es eso, tia. Se ve que está en otra onda. No se ha dado cuenta de que en estos tiempos hay que estar en la calle y con vaqueros.
La ciudad era la misma del día anterior, y seguramente sería la misma del día siguiente: activa, dinámica, atolondrada, sucia, bulliciosa, repleta de obras, con transportes lentísimos y aglomeraciones en las paradas y en las tiendas con rebajas, inmigrantes caminando sin destino cierto, bodas de homosexuales, discusiones de grupos de amigos en los bares sobre fútbol, política, coches, y si había mujeres en esos grupos, sobre el famoseo, que ocupaba una gran parte del tiempo femenino. Julia había sido enterrada en familia, en un funeral discreto a donde sólo acudieron unos pocos vecinos y algunos familiares cercanos. Al día siguiente, unas doscientas mujeres del barrio salieron a la calle en manifestación, en silencio, con pancartas y telas, denunciando una vez más lo que llamaban la violencia de género. El canal 3 no asistió. Tampoco había ningún cargo político, judicial ni policial. El ex marido de Julia, muy bien asesorado por un buen abogado que le rcomendó demostrar alteraciones del sistema nervioso en el momento del asesinato, cuando declarara ante el juez, había quedado en libertad condicional con cargos bajo fianza, y por el momento debería presentarse ante el juzgado cada quince días, hasta que se
celebrara el juicio. O hasta que el delito prescribiera.

Augusto Lázaro

viernes, 19 de noviembre de 2010

COMO PARA REIRSE


ORDENES DE ALEJAMIENTO

(en España, época actual)

Dos amigos se encuentran en una parada de autobuses. Uno de ellos es policía, aunque ahora está sin uniforme, y con cara de poblemas. El otro se extraña y le pregunta:

--Pablo, ¿qué te pasa, ya no eres poli?
--¡Ay, Jacinto! Lo que me ha pasado, viejo.
--Anda, cuéntame.

El policía, que no está de servicio, le cuenta a su amigo que le han encargado vigilar el alejamiento de un maltratador que ha amenazado de muerte a su ex pareja, y que esa tarea es demasiado para él.

--Me estoy volviendo loco, de verdad.

El amigo piensa unos segundos y al fin le pregunta, interesado:

--Pero vamos a ver, ¿qué es eso de vigilar el alejamiento de...
--Pues eso, que tengo que estar todo el tiempo detrás del tipo ese, con una cinta de medir, para que el hombre no traspase el límite de los 500 metros que el Juez dictaminó que debe mantener de donde esté su ex.
--Vamos, Pablo. Es una broma, ¿eh?
--Nada de broma, viejo. Si te digo que me estoy volviendo loco, por eso me ves ahora aquí, porque pedí unos días para ver si me repongo con ayuda de un psicólogo desde luego.

Los dos amigos se acercan a un bar y piden dos cafés. Uno de ellos enciende un pitillo y mira al otro, como pensando que no puede ser verdad, que todo es una fantasía, una exageración, un cuento de caminos trillados.

--Y lo peor: el caso es que yo me dediqué a vigilar al maltratador para que no se acercara a su posible víctima, pero sin darme cuenta de que no podía medir la distancia que lo separaba, porque yo no sabía dónde se encontraba su ex cuando estaba con él, midiéndole cada paso... un fenómeno, de verdad.

El amigo terminó su café, pagó, le dio una palmada al policía de civil, y sonrió.

--Hombre, Pablo, desconocía tus dotes histriónicas. Eres un gran actor. Casi me lo creí.
--Pero bueno, que estoy hablando en serio, coño. Es que cuando uno dice la verdad nadie lo cree.
--Vamos, Pablo, que poner a un policía detrás de cada maltratador con una cinta de medir... tendrían que poner a otro detrás de la mujer, y ¿cómo comprobarían que están a más de esos 500 metros el uno de la otra? Hombre, si es como una obra de Arrabal, vamos.
--Pues por eso mismo casi pierdo la chaveta, porque me puse a pensar cómo podía estar al mismo tiempo con el hombre y con la mujer para saber a qué distancia estaban cada cual de cada cual...

Pues cosas como éstas ocurren en España diariamente. No se asombren, amigos, que esta es una realidad no virtual sino tomada del teatro del absurdo de Samuel Beckett. Me imagino que el que se le ocurrió esta idea del alejamiento (que entre paréntesis no ha logrado sino aumentar los asesinatos de mujeres en lo que va de año en comparación con el anterior) debe estar preparándose para obtener un gran ascenso en el gobierno... porque se lo merece. No digo yo. Y el gobierno siempre premia este tipo de genialidades, vamos.

Augusto Lázaro

sábado, 13 de noviembre de 2010

LA IGNORANCIA MATA A LOS PUEBLOS


Llovía. De regreso de mi acostumbrado almuerzo y al entrar en el edificio donde vivo, al tratar de introducir el paraguas y colocarlo abierto dentro del vestíbulo, una de las asistentas, con una rapidez inusitada en ella, casi me lo arrebató de las manos y procedió a cerrarlo de inmediato, alegando sólamente que ya el gafe que tenía era suficiente para soportar uno más. Por supuesto que yo no le dije nada, pues estoy acostumbrado a esas reacciones de ella y de otras empleadas que cuando me ven llegar bajo un aguacero se ponen en alerta para no permitirme entrar con el dichoso paraguas desplegado.

Ultimamente he notado que en España, a través de la televisión, el oscurantismo ha ganado posiciones y adeptos: son numerosos (demasiado numerosos) los programas en los que aparecen supuestos mediums y otros tipos de adivinadores de pasado, presente y futuro de los ingenuos (o tontos) que suelen acudir a estos listillos que se buscan la vida intentando llevarles a los atormentados consultantes mensajes siempre positivos, al menos, siempre positivos al final, demostrándoles que aunque el aludido (o la aludida) esté atravesando una situación muy negativa, hay una puerta que siempre se abrirá para él (para ella) y que cambiará a muy mejor su vida y su "destino".

Igualmente los programas de la suerte, donde aparece una locutora animando a los televidentes a que llamen para obtener una buena suma como ganancia si adivinan o dan con la clave de alguna pregunta o de algún "misterio" difícil de descifrar, y que al final de aquello nada y de lo otro menos. Porque nunca ganarán el dinero prometido, y cuando sale alguien aparentemente ganador, no es más que un truco preparado de antemano con algún conocido o contratado por los patrocinadores del programa.

Me asombra que en pleno siglo XXI todavía haya tanta gente que crea en semejantes supercherías (paraguas abierto bajo techo, espejos rotos que traen años de mala suerte, sal derramada, números peligrosos, días malditos como martes o viernes 13, etc.) y se deje embaucar por estos rostros de la tele (y de la prensa) que se autotitulan "mentalistas", mediums, cartománticos, etc., capaces de hacer milagros siempre para beneficiar a todo el que acuda, escriba o llame, perdiendo no sólo su tiempo, sino a veces grandes sumas de dinero, del mismo dinero que jamás ganarán.

Una mañana no lluviosa me encontré en el edificio a una empleada leyendo, con una atención poco frecuente en ella, un horóscopo de no sé qué revista de las mal llamadas "del corazón". Tras un intercambio de frases al respecto, le dije:

--Mira, compra 10 revistas de ésas y 10 periódicos que tengan horóscopos. Léelos todos, uno por uno, y si encuentras dos que digan lo mismo, te invito a una cena en el RITZ. Sin límite de peticiones en comestibles y bebestibles.

La aludida se quedó mirándome unos segundos, bajó la vista, se concentró en algo que no pude adivinar, aunque supuse lo que era, y al final me dijo algo así como:

--Caramba, pues ¿sabes una cosa? No me había dado cuenta de ese detalle.

Otro día (esta vez una noche de frío polar), conversando con un conocido con el cual me encuentro a menudo en la estación de Atocha, decidido y convencido creyente en los signos zodiacales, surgió el tema, al decirme que había conocido a una "aries" que según las revistas que él leía con afición, era la compañera ideal para su signo. Después de intercambiar criterios al respecto, me habló sobre la igualdad imperante entre personas de los mismos signos, que tenían las mismas características. Le dije, como una forma de plantearle por qué yo no creía en esas cosas:

--Pues oye esto: vamos a ver, imagínate a un mongol (un habitante de Mongolia) que haya nacido el mismo día del mismo mes en que nací yo. Incluso a la misma hora: ¿tú crees que ese hombre y yo tengamos alguna característica, hábito, costumbre, manera de pensar, etc., iguales?

--Bueno, pero...

No lo dejé continuar, porque faltaba lo mejor:

--Y ahora piensa en cualquier italiano o en cualquier español, haya nacido cuando haya nacido, ¿no crees que con ése o ésos yo SI tendría muchas cosas en común?

Se puso a pensar, y al igual que la empleada con sus horóscopos, terminó por decirme que yo tenía razón, pero que él creía en esas coincidencias por costumbre, porque desde niño eso fue lo que vio hacer a su madre, adicta a las revistas que no sólo traían horóscopos, sino predicciones astrológicas en las cuales ella también creía, pero que nunca se cumplían, aunque de eso él no se había percatado.

El caso, le dije por último, es que las coincidencias en las personalidades de los seres humanos no tienen nada que ver con la hora, el día y el mes en que cada cual haya nacido. Repito la comparación con el mongol y el italiano. Y otra cosa que se me quedaba en el tapete: me parece el colmo eso del cambio de estación, y por ende, de signo: imagínate que una persona nace a las 11.59 de una noche en que termina un signo y comienza otro, y ya por eso pertenece, digamos a Acuario. Pero si el reloj por el que se guiaron estaba atrasado, entonces el nacido no pertenecería a Acuario, sino al siguiente signo zodiacal. ¿Te parece serio semejante dictamen?

Ante eso, mi conocido y casi amigo guardó un silencio absoluto.

Augusto Lázaro

lunes, 8 de noviembre de 2010

¿INOCENCIA O CARAS DURAS?


Hay situaciones que cuando se conocen no puede apreciarse con total claridad el país donde ocurren, porque cuando se han visitado varios o muchos países se nota cuánto nos parecemos, con sólo algunas diferencias muy poco notables en sus aspectos externos. Una de las diferencias entre España y Cuba es de carácter material, o sea, de que la isla caribeña padece escaseces que conducen a situaciones realmente lamentables, pero en lo fundamental, o sea, en la característica personal de sus habitantes (comportamiento, idiosincrasia, costumbres, etc.) somos tan parecidos que el asunto de este texto literario pudiera haber ocurrido en cualquiera de los dos países. No hay más que leerlo y obviar la cuestión material. Sobre todo ahora, cuando en el gobierno de la nación ibérica se está haciendo una moda ejercer de muchos "oficios" al unísono.



EL HOMBRE INTEGRAL

--Propongo al compañero Inocencio.
Asamblea de servicios. Asuntos generales. Se está formando la comisión de análisis
para la entrega de productos industriales. Cinco trabajadores han solicitado el
despertador que se ofrece en esta oportunidad. De ellos, tres tienen más o menos
los mismos méritos. La comisión deberá estudiar caso por caso y determinar a quién
debe adjudicársele el derecho a adquirir el artículo en la tienda asignada.
--Yo estoy de acuerdo, Inocencio es el hombre.
Los trabajadores han propuesto a varios compañeros para presidir la comisión, pero
todos se han negado, alegando razones diferentes, hasta que se pone de pie un
miembro del ejecutivo de la sección sindical y propone a Inocencio.
--Sí, sí, Inocencio. Es el más indicado para esta tarea.
Inocencio permanece en silencio y apenas se mueve. Está acostumbrado a que sus
compañeros lo propongan, lo elijan para cargos y responsabilidades a granel, lo
aplaudan, lo vitoreen. Nunca dice que no. Le gusta su trabajo. Le gusta cumplir con
su trabajo. Y le gusta compartir con sus compañeros, llevarse bien con ellos, estar
siempre dispuesto a servir a cualquiera que lo necesite.
--Bien, compañeros. Parece que tenemos consenso. A ver, ¿alguien está en contra
de que el compañero Inocencio presida la comisión de análisis para la entrega de
productos industriales?
Nadie levanta la mano. Nadie dice nada. Se miran unos a otros y al final todos
vuelven las cabezas y clavan sus ojos en el rostro siempre sonriente de quien ha sido
propuesto y tácitamente elegido para ocupar el cargo eventual de presidente de
la comisión: el compañero Inocencio Santos Doimeadiós.
--¡Inocencio! ¡Inocencio! ¡Inocencio es el hombre!
--¡Bravo por Inocencio!
--De acuerdo, de acuerdo.
--¡Que viva Inocencio!
Aplausos. Vivas. Gritos. Los más cercanos estrechan la mano de Inocencio y le dan
palmaditas en los hombros y en la espalda. El secretario de la sección sindical se
pone de pie detrás de la mesita presidencial y pide silencio.
--Compañeros: aunque por la aclamación unánime ya sabemos que el compañero
Inocencio ha sido aprobado y elegido, vamos a cumplir lo establecido por el
reglamento sindical para darle la forma legal a esta elección. A ver, los que estén
de acuerdo con Inocencio que levanten la mano.
Todos levantan las manos. Todos, menos Inocencio, que ahora no se está sonriendo.
Algunos lo miran y le hacen señas y gestos. Cuando se calman los aplausos, un
compañero de la masa se pone de pie.
--Permiso para hablar. Compañeros, a mí me parece, ya que estamos con eso de
la legalidad y eso, que se le debe preguntar al compañero Inocencio si está de
acuerdo en presidir la comisión de análisis para la entrega de... bueno, de eso.
Silencio absoluto. Nadie se mueve. En la mesa presidencial se cambian impresiones
hasta que el secretario general se pone de pie y se dirige al aludido.
--Bueno, bueno... ya tú oíste, Inocencio. Por supuesto que tú estás de acuerdo, ¿no?
Otra vez el silencio. Inocencio se pone de pie. Hay expectativa. Esto nunca había
sucedido. Inocencio siempre había respondido con sonrisas, movimientos de
cabeza afirmativos y gestos aprobatorios a todas las proposiciones, solicitudes,
peticiones, nombramientos, etc., que le habían hecho sus compañeros de trabajo.
Ahora está serio. Ahora en la sala de reuniones hay un silencio desacostumbrado.
Todos esperan con curiosidad. Por fin Inocencio rompe el hielo.
--Compañeros... en primer lugar, quiero agradecerles una vez más la confianza que
ustedes han depositado en mí. Realmente me siento muy honrado al ver con qué
entusiasmo ustedes me han propuesto para presidir la comisión de análisis para la
entrega de productos industriales... -hace una pausa y continúa-. Sin embargo, por
primera vez tengo que negarme a aceptar esa responsabilidad... -murmullos y
comentarios en general-. Miren, compañeros: yo voy a cumplir cincuenta años de
vida y treinta de trabajo. Me siento cansado. Siempre he aceptado, y con gusto,
todas aquellas tareas para las que ustedes tan cariñosamente me han solicitado. Y
todas las he realizado con placer, con entusiasmo, con seriedad, como ustedes bien
lo saben -un silencio todavía mayor se apodera de la sala. Todos miran a Inocencio
y todos esperan-. Pero ya no puedo más, compañeros. Miren, oigan bien esto que
voy a decirles: yo soy miembro del ejecutivo de nuestra seccion sindical, soy
miembro del consejo técnico asesor del centro, soy responsable del mural, soy
activista de emulación, ahorro y protección física de esta unidad, en mi cuadra
soy vice-presidente del comitè de defensa, vocal en el consejo de vecinos, padrino
de la Federación, organizador del delegado de la circunscripción para asuntos
domésticos del edificio donde vivo, soy miembro de la defensa, en la cual ocupo un
cargo de asesor para asuntos teóricos, pertenezco a la asociación de innovadores
y racionalizadores, asisto cuatro noches a la semana a la escuela de idiomas, voy a
un curso dirigido en la escuela del Partido todos los sábados, estoy en el coro de
aficionados del sindicato municipal, ayudo en la meca a la empresa de insumos
que está junto a mi edificio (la mecanógrafa está de maternidad y pidió un año de
licencia)... -hace otra pausa, respira, extrae un pañuelo y se seca el sudor- y eso no
es todo, compañeros. Oigan esto: me levanto al amanecer para llegar a tiempo
aquí, regreso a mi casa ya cayendo la noche, cansado, agotado, y me pongo a
ayudar a mi mujer en las tareas hogareñas hasta que salgo para la escuela, casi
acabadito de llegar (a veces no tengo tiempo ni de bañarme) y es rara la noche
que no me llaman para algo, y si a todo esto le sumamos el tiempo, las gestiones y
esfuerzos que tengo que dedicar al trabajo propiamente dicho, a los mítines, las
asambleas, los desfiles y las concentraciones, a las gestiones en la calle, a las citas
de distintas organizaciones y organismos del estado, a las guaguas, a las comisiones
en las que figuro como miembro de honor... -y abre los brazos como si implorara al
cielo- señores, no. No puedo aceptar. ¡No quiero aceptar! -el rostro de Inocencio
comienza a transformarse mientras los rostros de sus compañeros de trabajo se
vuelven máscaras de asombro-. Llegó la hora de decir que NO... Antes, yo veía que
todos los compañeros aceptaban tareas, cargos, responsabilidades... pero desde
hace algún tiempo lo que todos hacen es zafarle el cuerpo a las obligaciones y yo
veo que me estoy quedando solo aquí... ¡El hombre orquesta!... Y no señor. ¡Está
bueno ya de tanto abuso! -Inocencio tiene la piel color de sangre, suda, se ve algo
nervioso y agitado-. ¡Está bueno ya! -ahora gesticula con las manos y los brazos y
alza la voz-. ¡ESTA BUENO YA! ¿Qué se piensan conmigo? ¿Que yo me voy a echar
encima toda la carga y ustedes van a estar paseando por ahí, limpiecitos, ociositos
y yendo al cine o a la playa con esposas y esposos, y el vaina de Inocencio para
aqui y para allá, y el verraco de Inocencio para esto y para lo otro, y el comemierda
de Inocencio en este cargo y en esta comisión?... -casi no puede respirar-. ¡Pues no
señor! Repito: esto se acabó. Y a partir de hoy, óiganlo bien, a partir de ahora
mismo renuncio a todos los cargos que tengo y a todas las mierdas en que me han
metido. Y que todos muerdan el cordobán. Y al carajo el cuento ese de la
integralidad y la multiplicidad y todo ese lequeleque con el que me han embutido
todos estos años -todos están como hipnotizados oyendo a Inocencio-, y sépanlo
bien: a partir de este momento me quedo como miembro simple del sindicato y de
los comités y nada más, ¡Se acabó! ¡Chirrín chirrán! ¡Y AL CARAJO LO DEMAS!
Inocencio se sienta. Está colorado, sudado, descompueto. Todos vuelven sus
rostros. nadie dice nada. El secretario de la sección sindical se queda con la boca
abierta como en éxtasis. Tras unos minutos de silencio se escuchan murmullos. Al fin
el secretario reacciona y se dirige a la masa, tan bajito que casi no lo oyen en el
fondo de la sala.
--Bien, compañeros... ¿hay alguna otra proposición para presidir la comisión de
análisis para la entrega de productos industriales?

Augusto Lázaro

lunes, 1 de noviembre de 2010

¿LA JUSTICIA ES JUSTA?

De adolescente comencé a leer las novelas de Agatha Christie. Varias me llamaron la atención en el sentido de que la autora había escrito algunas fórmulas que no podrían repetirse por ningún otro escritor, como El asesinato de Roger Ackroyd
(donde el culpable es el propio narrador), Testigo de cargo (única trama que he leído cuyo desenlace se da sólamente en la última palabra del texto), Crimen en el Expreso Oriente (donde todos son los asesinos, o mejor llamados, los justicieros de alguien que debía morir)... pero sobre todo una me impactó hasta el límite de ser una de las pocas novelas del género que he leído más de 10 veces: Los diez negritos. Me llamó la atención el punto principal de la obra: cómo una sola persona se decidía a hacer justicia por su mano ante crímenes o situaciones delictivas graves no castigadas -como debió haber sido- por la justicia. Así el juez planeó el asesinato de otras nueve personas y su propia muerte, sustentando con ello la idea de que cuando la justicia no funciona es necesario tomársela por propias manos.

Ya de adulto (y bastante adulto) vi una película norteamericana que planteaba un caso singular: un grupo de personas, aparentemente enamoradas de la justicia, se agrupaban y formaban una especie de "banda" que se encargaría de hacer lo que los encargados de aplicar la ley no habían hecho, o sea: ejcutar a asesinos escapados, por diversos motivos, de la acción de la justicia. En algunos casos siendo los magistrados o los jurados los "culpables" de que tal asesino saliera en libertad, en otros, el azar, la casulidad, o el poder de abogados defensores de tales criminales que obtenían la libertad de éstos, a pesar de que a todas luces estaba demostrada su culpabilidad. La película no era una obra maestra, pero valía la pena verla para analizar hasta qué punto tenían o no razón quienes se otorgaban el poder y la facultad de hacer justicia por su propia mano.

Paralelamente a esta situación abundan los casos contrarios, o sea: inocentes encarcelados a los que el peso de la (in)justicia ha caído sin piedad y a quienes ha condenado a ver su vida hundida para siempre en el infierno. En España hay un caso ejemplarizante (sólo cito uno de muchos): el señor Rafael Ricardi, acusado de dos violaciones que al final se demostró que no había cometido, pasó nada menos que 13 años en la cárcel, y ahora la Justicia cree que con darle una suma ridícula de medio millón de euros ya se limpia de semejante crimen. Porque tener a un inocente entre rejas 13 años no es otra cosa que un crimen, y lo peor, sin castigo. Yo
me pregunto: a Ricardi nada ni nadie puede devolverle esos 13 años de su vida, pero a los culpables, ¿por qué no se les condena como se merecen?


Cualquiera que tenga una pizca de vergüenza se siente ofendido y humillado en la persona de Ricardi. Pero vayamos a casos contrarios que avergüenzan aún más: el hombre que asesinó a ¡25 seres humanos! (De Juana Chaos) está en la calle, disfrutando de los mismos derechos de cualquier hijo de vecino decente, honesto y honrado. Por sus crímenes sólo estuvo 18 años... menos de un año por cada asesinado. Y hay muchísimos casos más en que la propia Justicia debería ser juzgada y encarcelada para pagar sus atropellos, que en algunos casos pueden ser errores, pero en mi opinión, en muchos, en demasiados, no son tales, sino mala intención de amamantar a criminales y delincuentes bajo el amparo de unas leyes que parecen haberse hecho por Jack el Destripador y que la sociedad española no ha podido quitárselas de encima.

En nuestra mal llamada Justicia existen no contradicciones sino disparates que nadie se ocupa de enmendar (los "padres de la patria" parecen sentirse muy a gusto con ellos): dos ejemplos (no los únicos): la tomadura de pelo de condenar a los maltratadores a "alejarse" a más de 500 metros de sus víctimas (futuras o presentes), como si hubiera un policía detrás de cada uno de esos salvajes midiéndole los metros a que se coloca de su pareja o ex pareja... Y ese engendro horripilante, esa otra barrabasada del delito prescrito: o sea, que usted puede atacar, maltratar, violar y asesinar a una adolescente en un descampado, huir de España, y regresar tras no sé cuántos años, cuando su enorme delito haya "prescrito", y a vivir, que son dos días, como Carmelina, porque nadie le va a poner un dedo encima cuando usted pasee por La Gran Vía como cualquier ciudadano. Por La Gran Vía y por muchas calles de Madrid y de toda España caminan, hasta pavoneándose de haberse reído de la llamada Justicia, miles de Rafitas, que son detenidos (increíble desvergüenza) más de 30, 40, 50 veces, y otras tantas puestos en libertad para que sigan cometiendo sus fechorías, ante la impotencia de un pueblo indefenso que se siente desprotegido ante tanta calaña que casi siempre sale impune.

En resumen, que estamos viviendo en un país donde los criminales y los delincuentes encuentran respaldo nada menos que en las instituciones que deberían ser las encargadas de perseguirlos, juzgarlos y encarcelarlos como se merecen, sin concesiones estúpidas o corrompidas como los grados uno, dos, tres, ni permisos de salida, ni conmutación de penas ni nada por el estilo. Desgraciadamente, la Real Academia de la Lengua tendrá muy pronto que abolir de su diccionario algunos conceptos como VERGUENZA, DIGNIDAD, HONRADEZ, DECENCIA, JUSTICIA... que parecen estar cayendo en un franco desuso en nuestra sociedad.

Augusto Lázaro

domingo, 24 de octubre de 2010

SIEMPRE LA AUSENCIA


Ironías de la vida, o de lo que llaman quienes creen todavía, del "destino": hace muchos años escribí un poema por una ausencia que padecería desde mi país: se marchaba una muchacha a la que había amado intensamente, después de una larga relación sentimental que parecía encaminarse hacia la eternidad, a pesar de que yo estaba conciente de que la "eternidad" no existe, y menos en el amor, que es tan voluble a veces que cuando se cree que se está comenzando de pronto se termina. Y esa muchacha venía hacia aquí, a este país que muchos años después me acogió como a uno más, donde por supuesto, no la encontré, porque tampoco la busqué: ya en ambos sentimientos había otras pasiones que nos alejaban sin ninguna posibilidad de reencuentro. Y qué casualidad: ahora yo soy quien ve marcharse hacia su país natal, al otro lado del Atlántico, a otra mujer que aunque no llegó a ocupar totalmente mi sitio de sentir amor por los demás, sí llegó a convertirse en algo que estuvo a punto de constituirse en imprescindible, cometiendo otra vez un error injustificable (a mis años) al pretender que había algo, alguien, de verdad imprescindible, cuando por experiencia propia y hasta ajena sé también que al igual que la eternidad, nada imprescindible existe.

Reproduzco aquel primer poema, con la promesa de reproducir el segundo una vez que la destinataria haya partido, para no entristecerla más de lo que -creo- ya estará pensando en su próximo viaje... esta vez, también, sin retorno posible.

PERO ES QUE TU TE VAS

Tal vez te extrañe mi silencio,
este silencio que me muerdo todas las mañanas
cuando son terribles los deseos de marcar tu número
y escuchar tu voz como una queja de guitarra
y decirte todo lo que se me ocurra,
invitarte a almorzar a cualquier sitio,
etcétera.

Pero es que tú te vas,
irremediablemente tú te vas y yo no tengo
ni valor ni derecho
para decirte: quédate en mi isla,
en esta isla que tiene tanto que decir a todo el mundo,
y vamos, juntos, en medio de las sombras y el horror,
a inventar una nueva ternura,
porque en tus ojos cabe toda la ternura de la Tierra...

Te vas y yo me quedo en estas calles rotas
distrayendo la nostalgia
en algún parque solitario y propicio
con alguna muchacha de diez y ocho o veinte años.
Quizás pienses en mí
mientras caminas por los adoquines húmedos
y respiras el olor helado de las flores
y ves los techos de pizarra parecidos
a los techos de Santiago
(porque Santiago puede recordarse
en todos los pedazos de la vieja España).

Envíame unos libros
-esos libros tan bellos que se imprimen allá-
y unas cuchillas de afeitar
y por supuesto una foto en colores:
seguramente lucirás espléndida
con tu pelo ya bastante largo y con tus dientes
tan blancos y parejos que parecen de losa.
Y escríbeme
y háblame de la nieve
y dime cómo se refleja el sol en el Mediterráneo.
Me sentaré a leer tus cartas
en todos los lugares que conocimos juntos
hasta que encuentre otra ternura en otros ojos
que nunca hayan visto cómo cae la nieve
y nos quedemos buscando el amor
que tú nunca encontraste:
el amor que yo eocontré en tus ojos
cuando comenzaron a llorar aquella noche
que me lo confesaste...

Augusto Lázaro

martes, 19 de octubre de 2010

MEDIOS MANIPULADOS

Es curioso cómo los llamados medios de información masiva manipulan sus noticias según los intereses de quienes pagan a quienes escriben y se encargan de llevar a millones de lectores, de oyentes y de televidentes, las informaciones sobre cada suceso o cada aspecto que puede interesar a esta sociedad, aunque cada vez más estas cosas interesan a menos gente, quizás por esa manipulación que los ciudadanos --que no son tan tontos como creen quienes dirigen esos medios y ordenan a sus comunicantes lo que tienen que publicar-- comprenden y valoran.

Dos casos recientes están a la vuelta de la esquina: unos medios que, en un buen porcentaje se afanaban en negar la existencia de Dios y en arremeter contra la iglesia (cuya historia, por cierto, no es como para enorgullecerse), ahora, tras las declaraciones del científico Stephen Hawking, se afianzan en una defensa a ultranza de esa existencia hasta llegar en uno de ellos a leerse que "¡el que no existe es Hawking!". Realmente ridículo. ¿Qué respeto pueden inspirar quienes ni siquiera son capaces de ser consecuentes -siempre- con sus postulados, sean de la idea que sean?

El otro caso es el de las corridas de toros. Si algún extranjero visita España y lee sus periódicos, oye sus emisoras, ve su televisión, pensará que aquí en este país ABSOLUTAMENTE TODO EL MUNDO está a favor de ese espectáculo deprimente, lamentable y salvaje. No aparece en ninguna página ni se oye en ninguna emisora a nadie que se manifieste en contra de esas corridas, de ese montante que han tenido la infeliz ocurrencia de llamarlo la "fiesta nacional" (yo tenía entendido que la fiesta nacional era el 12 de octubre, qué equivocado estaba... ¿o es que hay dos fiestas nacionales?). Luego hay que soportar que proclamen abiertamente que en España cualquiera puede opinar libremente sobre cualquier asunto. Pues trate usted de dar una opinión contraria a las corridas a ver dónde puede publicarla. Y después cuéntame.

Con la situación general del país sucede algo parecido. Y el lector de periódicos generalmente se "suscribe" a un diario, que lee cada día, dejándose influenciar por su inclinación ideológica, y terminando, con tanto golpe de martillo a su ingenuidad, por creer que "la verdad" que proclama ese diario que lee es "la única verdad", o como dicen algunos, "la verdadera verdad", sin detenerse a pensar que no existe una verdad total y absoluta, por mucho que algunas corrientes filosóficas intenten demostrarlo (sucede igual con las emisoras de radio y los canales de televisión). Otros intentan demostrar lo contrario. Pero en todos los casos seguimos dejándonos manipular por una corriente de opinión que puede estar errada o distar mucho de acercarse a lo que más se aproxima a "la verdad".

Porque sucede con los seres humanos lo que con las firmas comerciales: el cuento (no sé si real o de ficción) del "guajiro" que fue a comprar un radio receptor a una tienda y conminó al vendedor a que le vendiera "el mejor radio que tenga, la mejor marca". El vendedor, desde luego, bien orientado por su patrón, le entregó el radio más caro, que tenía un diseño realmente agradable. Supongamos que ese radio era de la marca Motorola. Cuando el guajiro llegó a su casa y encendió el aparato, lo primero que oyó fue un anuncio (faltaría más) que decía: "compre un Selena, el radio receptor más calificado, más seguro y más garantizado del mundo". Imagínense el "cabreo" del pobre hombre que lanzó su equipo contra la pared, pero después lo pensó más y con él destrozado se acercó a la tienda y...

Pues eso pasa con los medios, que cada cual proclama lo que conviene al interés de sus dueños, y si usted lee la información sobre un suceso de importancia, social, cultural, político, verá que cada diario le dará una versión distinta a los demás. Una vecina me dijo una vez que ella sólo leía los horóscopos de cierto periódico, "porque esos son los verdaderos". Para reírse. O para llorar, pensando que la ingenuidad, por no llamarlo de una forma ofensiva, tiene límites inescrutables. Le dije: mira, compra 10 revistas y 10 periódicos, y lee los horóscopos de todas y de todos. Si encuentras 2 que digan lo mismo, te invito a una cena en el Ritz... Ya pueden imaginarse lo que hubiera sucedido si la buena vecina me hubiera hecho caso... Sería bueno que quienes creen en esas predicciones "mágicas" hicieran esta prueba.

Y así se comprueba que es muy cierto lo que proclamó no sé quién sobre las únicas cosas que en el mundo son ciertas: "la muerte... y la estupidez". Lo demás, queridos amigos, es cuestión del cristal... Si no, hagan la prueba de la vecina con cualquier asunto, no sólo con los horóscopos. Y ya me dirán.

Augusto Lázaro

viernes, 15 de octubre de 2010

¿VIDA NUEVA?


¡Año nuevo, vida nueva! Cuántas veces usted mismo se ha repetido esas palabras. Y después de tragarse la última uva, ¿ha comenzado realmente una vida nueva para usted? Posiblemente no. Porque el ser humano se pasa toda su vida prometiéndose cosas que (sabe que) no va a cumplir. Es natural. A veces las promesas nos hacen soportar los avatares de la vida, aunque jamás las cumplamos. Porque como dice Cervantes en su obra mayor: "la felicidad no está en la venta, sino en el camino". O sea, que para "el caballero de la triste figura", la felicidad consistía en la búsqueda, no en el encuentro. Y quizás tenía razón el Quijote: ¿cómo pudiéramos soportar los avatares de la vida sin soñar, sin buscar lo que deseamos encontrar, aun sabiendo que no vamos a encontrarlo? Como me dijo un amigo cubano/español en estos días: "Compadezco a un hombre (a una mujer) que no sueñe... despierto. Porque soñar despierto es mucho más bonito que soñar dormido"...

Los sueños nos alientan a seguir viviendo. Y a seguir soñando. Porque un sueño es como una esperanza de que nuestra vida cambie algo, lo mismo en el aspecto material que en nuestro mundo interno. Este año compraremos aquella batería de cocina que tanto nos gustó cuando la vimos, o ahora con el año nuevo podré al fin plantearle a Rosi que podremos casarnos y formar una familia. Pero todos los sueños dependen casi siempre de un cambio en nuestra situación económica. Porque ¿de qué vale un sueño, incluso realizable, si con él no contamos también con que para realizarlo tendremos que mejorar nuestra situación económica? Me dirán que no, que a veces el dinero no es fundamental. Y tienen razón: no lo es, pero podría repetirles una cuarteta que mi padre me decía cuando yo pensaba que por ser yo y por ser un niño, un muchacho, un estudiante sin entradas, tenía derecho a todo lo que se me ocurriera desear o pedir:

El dinero es un rey loco,
esa es la pura verdad.
No da la felicidad
pero le falta muy poco.

Siemnpre ha habido controversias sobre lo que plantea esta cuarteta, y hay muchos que sostienen ideas atrevidas, quizás realistas, como que la gente pobre es más feliz que la rica, porque el dinero trae preocupaciones, problemas, situaciones en verdad riesgosas y hasta peligrosas en muchas ocasiones. Pero otro refrán se encarga de poner en duda cualquier afirmación hacia un bando o hacia el otro: "la felicidad, en casa del pobre, dura poco". Volvemos entonces a la situación de los sueños: el hombre siempre desea lo que no tiene, y cuando lo alcanza, enseguida comienza a desear otra cosa. Y el hombre, todos los hombres de la Tierra, no despreciarían nunca una buena suma de dinero, porque saben que con él, no tendrán la total felicidad (que por otra parte, no existe), pero les faltará muy poco para sentir eso que tanto se le parece cuando se está en posesión de los medios que pueden hacernos la vida mucho más agradable.

Pero es de lamentar que en nuestra sociedad el dinero (la posición económica de un ser humano) sea determinante para que se abran las puertas en todas las instancias. Y a esta situación económica reconocida públicamente, se une ahora, desde hace algún tiempo, la limitante de la belleza física: si no eres bonita o apuesto, despídete, tendrás pocas oportunidades de triunfo, y si además no tienes una cuenta bancaria responsable, ni lo sueñes, aunque sea dormido. Porque entonces sólo podrás continuar aspirando sólo a eso, a soñar, sobre todo despierto, para mantenerte con vida y con deseos de seguir soñando, quizás esperando encontratte la venta al final del camino, acordándote del Quijote, y esperanzado en el lugar común tan manido de tan repetido y en estos momentos tan lejano de nuestro horizonte geográfico: "ya vendrán tiempos mejores"...

Pero ¡cuidado! Porque esos tiempos puede que lleguen para muchos... post mortem.

Augusto Lázaro

domingo, 10 de octubre de 2010

LA ESTRELLA DE BELEN

Todos los paises tienen sus figuras más representativas que generalmente se toman como símbolos de sus sociedades, sus pueblos y su historia: Cuba a José Martí, Argentina a San Martín, México a Benito Juárez, Venezuela a Bolívar, Estados Unidos a Washington, Francia a Napoleón, Italia a Garibaldi, Rusia a Pedro el Grande, Nepal a Buda, Tibet al Dalai Lama, India a Gandhi, Suráfrica a Mandela... y etc. España tiene a Belén Esteban, heroína nacional elevada a esta categoría por consenso de los medios de información masiva (prensa, radio, televisión, que cada día dejan la seriedad a los científicos y se toman la información a relajo) y que ha llegado a constituir un llamado "fenómeno mediático" estudiado incluso en algunas universidades.

BELEN ESTEBAN, sí señor. Si usted sale a la calle y pregunta, no habrá un solo español que no la conozca. Sin embargo, habrá millones que no conozcan a Agustina de Aragón, ni a Mariana Pineda, ni a José Ortega y Gasset, ni a Dámaso Alonso, ni a Miguel Hernández, ni a Pedro Duque, ni a Tamara Rojo, ni a Calatrava, Ramón y Cajal, Albéniz, y así sucesivamente usted se encontrará que estos nombres no le dicen nada a una gran parte de nuestra población, y a la vez hallará muchos, muchísimos, que no sólo conocen, sino que casi adoran a la Esteban, a quien siguen diariamente en sus múltiples comparecencias televisivas donde hace gala de sus infinitos méritos que la han colocado en tan alto sitial, con ese título que ya muchos le otorgan: heroína nacional, y hasta he oído (y leído) en algunos -por favor, que hablo en serio, no se rían- llamarla "la princesa del pueblo". Hombre, cosas peores se han oído, vamos.

El principal mérito de Belén Esteban (el que la ha llevado al más alto sitial de la teleaudiencia y de las informaciones del famoseo), es la lengua. Sí, señoras y señores: la lengua, la sin hueso, la suelta, esa que tanto poder tiene que incluso ha provocado guerras y enfrentamientos entre países, culturas y religiones. Hay que reconocerlo: Belén Esteban es una verdadera especialista en ejercitar ese ógano, especialmente delante de cámaras y micrófonos, haciendo gala de un talento rayano en la genialidad para usarlo y obtener, con su servicio, múltiples beneficios y su imparable ascensión hacia la fama (que ya traspasa los límites geográficos) y la fortuna. Sobre todo la fortuna. Porque entre las aspiraciones de Doña Belén Esteban (hay que darle el trato que merece su tan alta categoría) está la de llegar a ser la mujer más rica y (quizás dentro de poco) la más poderosa de España. Así como suena. Hombre, si ya casi lo es.

Noche por noche hay 5 millones de españoles que se acomodan en sus butacas preferidas para deleitarse viendo y oyendo a la Esteban despotricar de cuanta persona conocida en el cultísimo mundo del famoseo existe, sacarle los trapos sucios al más pinto de la paloma, lanzar al espacio los secretos más íntimos de señoras muy decentes, de caballeros muy honestos, de jóvenes muy correctos, y de todo aquel que pueda interesar a esa masa televisiva que experimenta sus orgasmos mentales ante tanta erudición chismográfica soltada al aire sin el más mínimo recato. Ya sale Belén... gran expectación... ¿qué traerá hoy? ¡Silencio!

--Que está hablando Belén, Raquelita, cállate, que no dejas oír.

Pues en las pantallas de millones de televisores aparecen, en sucesión cinematográfica, cuernos pegados, citas descubiertas, estafas cometidas, banquetes descompuestos, bragas encontradas en habitaciones de hoteles de lujo, de modelos mantenidas por grandes empresarios, tríos consentidos, detalles fraudulentos de operaciones económicas de personalidades del mundo del corazón, celos, insultos, desatinos, secretos revelados, apaños clandestinos, broncas públicas no divulgadas, vídeos tomados a los infragantis, conversaciones grabadas sin permiso, malas intenciones, palabrotas, gritos, pataletas, ripostas, desmentidos, acusaciones, juicios, denuncias, amenazas, ofensas, quejas, protestas, y un sinfín de palabras, gestos, actitudes, movimientos, siempre cruzando las piernas y mostrando parte de sus "encantos" que esta súper ninfa sabe hacer tan diestramente que no existe ninguna otra capaz de destronarla del lugar cimero que ocupa actualmente en este fabuloso mundo de la programación televisiva tan artística, cultural y educativa.

Sólo falta que Belén de el paso que sus fans le sugieren que dé: que se meta en política. ¡Ah, Catana! Entonces... ya no habrá gobierno ni oposición que se le enfrente: con toda seguridad Belén Esteban obtendría la mayoría absoluta en la primera vuelta, para dirigir los destinos de España, tan necesitada como está de alguien que tenga lo que a Belén le sobra para salir del peligroso camino hacia el abismo por el que transcurre lenta pero firmemente.

Augusto Lázaro

lunes, 4 de octubre de 2010

LAS HOJAS VERDES

Estamos en Otoño, pero los árboles del patio de la basílica de San Francisco el Grande continúan preñados de hojas verdes, muy verdes. Y las urracas y los gorriones revolotean a su alrededor, aunque cada día se ven menos, porque ya comienzan a emigrar hacia climas más cálidos. O eso creo. Dentro de menos tiempo del que pueda imaginarme llegará otra vez la Navidad. Y enseguida el año nuevo. Porque el tiempo, no sé si será una sensación muy personal, corre veloz, cada día más veloz, acercándome a situaciones, lugares y fechas que me parece que apenas ayer repetí una vez más, sin nada nuevo que agregar a mis años de visita en este mundo que me ha tocado, digamos que por suerte, para no parecer demasiado perismista.

Nunca me he detenido más de dos minutos a pensar si otro mundo (en el pasado o quizás en el futuro) sería -para mí- mejor que éste. No. Esas elucubraciones las dejo para mentes tan desarrolladas como la del científico Hawking, que ya está hablando de un posible (y yo creo que seguro) encuentro con extraterrestres, aunque no sé por qué se empeña en que todos los que vengan tienen que ser hostiles y no como planteó el director de Encuentros en la tercera fase, que ojalá fuera el derrotero no para extraterrestres sino para nosotros mismos, aquí en nuestra casa, llamada planeta Tierra.

Entonces me asomo a la ventana de mi habitación y observo los gorriones y las urracas que revolotean entre las hojas todavía verdes, y se me hace muy difícil aceptar que todo este esplendor de la Naturaleza en conjunción con la vida animal (y más allá de la vegetación, la humana) pueda desaparecer de la faz del planeta por culpa no de los extraterrestres sino de los seres humanos que pueblan esta esfera casi redonda donde tantos problemas inútiles se empeñan en hacer infelices a sus pobladores. Porque si lo analizamos, en el 90% de los casos, los problemas que acucian a los seres humanos son inútiles: no deberían haberse generado nunca. Sin embargo, no sólo se generaron, sino que aplastaron a quienes los padecieron durante demasiado tiempo, inevitablemente.

Y entre ellos sobresalen por encima de todos los demás, las guerras. Odiosas, absurdas, nefastas, capaces de producir daños tan irreversibles que millones de seres humanos no se sobreponen y padecen el resto de sus vidas las secuelas que ha dejado ese horror inventado por el hombre, al que yo, personalmente, no le veo absolutamente nada de positivo. Porque nada en esta vida ha producido y produce tanto dolor, tanto sufrimiento, tanta desgracia, tanta miseria, como las guerras. Y a pesar de todo, quienes las generan, las inician o las continúan, a veces son incrustados en la historia como grandes héroes a quienes los pueblos deben adorar y a quienes se rinden los más grandes honores, militares y civiles.

Pero vuelvo a mirar las hojas verdes y en mi recuerdo suenan los agradables y melancólicos sonidos de esa composición que Williams regaló al archivo del arte musical para deleite de quienes apreciamos la música como algo sin lo que no pudiéramos vivir. Las hojas verdes suena en mi memoria, y en mis ojos se graban las que pueblan esos árboles que yo sigo contemplando, deseando en mi interior, porque en este momento no tengo con quien compartir mis ideas, que, aunque en el otoño caigan todas y dejen las ramas totalmente desnudas, regresen otra vez en primavera, confirmándonos que todavía este planeta no ha sido destruido por la falta de amor y patriotismo universal de sus moradores...

Augusto Lázaro

jueves, 30 de septiembre de 2010

¿APOCALIPSIS SOON?


En un artículo publicado en LA RAZON el domingo 26 de septiembre, la periodista y escritora Angela Vallvey, hablando de las antiguas civilizaciones que habitaron Europa, planteaba que los cromañones habían desplazado a los neandertales de este continente, porque éstos se habían desvalorizado tanto dentro de su desinterés por el futuro y su disgregación, que facilitaron a aquéllos --que, por el contrario, tenían una organización mucho más fuerte y asumieron su victoria, sustituyendo a quienes no supieron defender su "civilización" debilitada por su falta de organización y de afianzamiento en una idea colectiva y unida como protección a su identidad y permanencia--, apropiarse del territorio hasta entonces ocupado por los primtiivos neandertales.

Más adelante planteaba Vallvey que hoy Europa se encuentra, al igual que en aquella época primitiva, en peligro de que su población sea desplazada por otra con mucha más pujanza que lentamente está posesionándose del espacio que ocupa nuestra llamada "civilización occidental y cristiana". Se trata, por supuesto, de la población del mundo islámico que cada día avanza más en su afán de implantar su religión, su cultura, sus costumbres, en el territorio de la vieja y debilucha Europa.

En su último libro titulado La experiencia totalitaria, editado por Galaxia Gutenberg, el ensayista Tzvetan Todorov, quien ha afirmado que "hay riesgo de mesianismo en países democráticos" (como si se estuviera refiriendo a España), plantea que "el neoliberalismo está desmantelando la idea de Estado", para concluir con una afirmación discutible sobre lo que puede o no puede ser considerado un peligro para nuestra sociedad. Dice el autor:

(...) los países islámicos, donde hay pequeños grupos capaces de hacer mucho daño, pero no una amenaza para Ocidente.

Creo que precisamente el peligro radica en ignorar la amenaza, planteada desde el artículo de Vallvey, porque si seguimos la trayectoria del aumento de actividad y concesiones que ha obtenido el islamismo en los últimos años, el panorama que se nos presenta no puede ser más desalentador. Pero voy más lejos: creo que, además del islamismo, hay un peligro mayor, y no sólo para la vieja y debilucha Europa, sino para todo nuestro planeta: estamos, lenta y aplastantemente, destruyendo nuestro hábitat, y los gobiernos de La Tierra no quieren aceptarlo ni mucho menos ponerle coto a semejante destrucción. A este paso no hará falta que ningún sistema, ninguna religión o ninguna cultura se apodere de un continente o de todos, porque dentro de poco tiempo nuestro tan maltratado planeta dejará de ser morada del hombre. No explotará, como predicen novelas de ciencia-ficción, pero los seres vivientes desaparecerán, y esta vez no habrá nuevos cromañones que sustituyan a los actuales, más salvajes incluso que los primitivos, que en realidad de salvajes tenían mucho menos que nosotros los actuales habitantes del tercer planeta del sistema solar.

Un poema pesimista (o realista) enfoca la visión inobjetable de lo que puede sucedernos, cuando la esperanza de cordura y acción se van disipando cada día en el egoísmo y la dejadez de quienes pudieran hacer algo para evitar el apocalipsis real y no bíblico... y no hacen nada.

TIERRA SIGLO XXI

Malos presagios amenazan
trastrocar la calma chicha que a veces nos aturde
cuando podemos oír el silencio
del crepúsculo
metidos dentro de nosotros mismos
como si la Tierra estuviera sana y salva
de la caja de Pandora.
Cada nuevo día es un nuevo esperpento
de zozobra y sinsabores que nos vuelan
rasantes
advirtiéndonos de que el Apocalipsis
no es una fábula bíblica,
que ya está ahí cerquita, ya casi a la vista,
mientras sólo esperamos inmóviles
a que se nos termine el plazo
por desidias y abulias
incapaces de enlazar la esperanza
para sentarla a conversar un rato
y preguntarle qué podemos hacer
para librarnos de lo que nos espera
que no es poco
y que terminará por convertirnos en polvo
como si fuera cierto que del polvo
vinimos cuando todo era silencio,
oscuridad y ausencia
como otra vez será si nos sentamos
a esperar el milagro
que otros realicen por nosotros.

Augusto Lázaro

viernes, 24 de septiembre de 2010

TIEMPO Y MOVIMIENTO

En un artículo publicado en el Daily Mail, el científico Stephen Hawking -al que en las últimas semanas le han llovido críticas de muchos intolerantes que en la escala del saber están distantes años-luz del prominente hombre de ciencias, atacado por manifestar sus ideas públicamente- se refería al transcurrir del tiempo, cuya dependencia radica en la actividad humana realizada en dos vertientes contrapuestas: movilidad e inmovilidad. O sea, que el tiempo transcurre más rápido para un ser humano que siempre esté en movimiento que para otro que siempre esté en descanso, sin realizar ninguna actividad física, o simplemente dejando que su vida sea manejada por el sedentarismo.

Lo mejor de esta teoría es lo fácilmente aplicable a la actividad humana personal, o sea, saber cómo puede repercutir la ciencia en las acciones que nos distinguen de los cuerpos inorgánicos y de la materia no viva desde el punto de vista humano, resulta no sólo interesante, sino beneficioso por el tanto bien que puede proporcionarnos atender sus postulados.

Cuando mi madre tenía más de sesenta años, su médico de cabecera le recomendaba que no estuviera mucho tiempo en la cama, pues decía el "matasanos" como en tono de broma lo llamaba mi padre, que "los viejos, mientras menos estén sin hacer nada, mejor para ellos y para su salud". Pero esa sentencia podría aplicarse perfectamente a aquellos a quienes "moverse" les cuesta trabajo. Es el caso de mi vecino J, que de las 24 horas del día pasa alrededor de 12, o sea, la mitad, acostado y/o durmiendo, y la otra mitad descansando. Un día le pregunté de qué estaba descansando si él no hacía nada. Claro, se lo dije con otras palabras y con un tono que no admitía dudas de que estaba "bromeando en serio". Su respuesta me dejó con la boca a medio abrir:

--Hombre, pues de tantas cosas que hago durante el día.

En nuestra sociedad, lamentablemente, hay demasiados Joseses (cito este nombre genialmente dado a uno de los personajes de El llano en llamas, de Juan Rulfo, que recomiendo como un libro digno de ser leído no una sino muchas veces, con el compromiso de que aquellos que no lo hayan leído y lo hagan ahora no quedarán decepcionados), pues con la edad que acredita el nombre, llamémosle generoso, de "mayores", los deseos de moverse merman tanto en muchos que apenas caminan unos pasos de ida y vuelta para comprar el periódico y el pan, y enseguida regresar a casa, donde puede que lo esperen nietos malcriados que quizás, para su bien, lo hagan moverse un poco, aunque sea a su pesar.

En muchas conversaciones recurrentes entre personas mayores se oye aquello de "caramba, ya hoy es viernes, si me parece que ayer fue el viernes de la semana pasada". Eso, por la rapidez con que "se ha ido la semana en un santiamén", sólo que esas exclamaciones las hacen quienes suelen "moverse", estar siempre haciendo algo, para cuyas vidas el tiempo pasa rápido. Casi sin darse cuenta. Es la rapidez temporal a que se refería, en otro contexto, el científico Hawking. Porque para los que, como mi vecino, siempre están "descansando", el tiempo les parece eterno, estático, que el reloj no camina, y esa sensación trae como consecuencia directa el aburrimiento, a veces el aburrimiento de seguir viviendo, porque no encuentran contenido a sus vidas sedentarias e inactivas.

Así transcurre la vida de muchísimas personas, sobre todo mayores, aunque los hay jóvenes que nada tienen que envidiar a estos que se pasan la vida sin hacer otra cosa que dejar pasar el tiempo, sin ningún contenido vital que los impulse a "moverse". El movimiento, lo mismo en astros que en personas, siempre es señal inequívoca de vida, de acción, de vitalidad. Y lo peor, que no darle mantenimiento a nuestros órganos y músculos puede generarle consecuencias negativas a nuestra salud. Pero sobre todo, la vida es movimiento, y la inutilidad de no hacer nada,
o como dicen los italianos, el dolce far niente, no genera ningún beneficio, ni a esas personas que no hacen nada, ni a sus seres queridos, ni a la sociedad que los mantiene, a veces tan generosamente que uno se pregunta: ¿y si yo hiciera lo mismo?, o sea, ¿si yo no hiciera NADA?

Augusto Lázaro