lunes, 1 de noviembre de 2010

¿LA JUSTICIA ES JUSTA?

De adolescente comencé a leer las novelas de Agatha Christie. Varias me llamaron la atención en el sentido de que la autora había escrito algunas fórmulas que no podrían repetirse por ningún otro escritor, como El asesinato de Roger Ackroyd
(donde el culpable es el propio narrador), Testigo de cargo (única trama que he leído cuyo desenlace se da sólamente en la última palabra del texto), Crimen en el Expreso Oriente (donde todos son los asesinos, o mejor llamados, los justicieros de alguien que debía morir)... pero sobre todo una me impactó hasta el límite de ser una de las pocas novelas del género que he leído más de 10 veces: Los diez negritos. Me llamó la atención el punto principal de la obra: cómo una sola persona se decidía a hacer justicia por su mano ante crímenes o situaciones delictivas graves no castigadas -como debió haber sido- por la justicia. Así el juez planeó el asesinato de otras nueve personas y su propia muerte, sustentando con ello la idea de que cuando la justicia no funciona es necesario tomársela por propias manos.

Ya de adulto (y bastante adulto) vi una película norteamericana que planteaba un caso singular: un grupo de personas, aparentemente enamoradas de la justicia, se agrupaban y formaban una especie de "banda" que se encargaría de hacer lo que los encargados de aplicar la ley no habían hecho, o sea: ejcutar a asesinos escapados, por diversos motivos, de la acción de la justicia. En algunos casos siendo los magistrados o los jurados los "culpables" de que tal asesino saliera en libertad, en otros, el azar, la casulidad, o el poder de abogados defensores de tales criminales que obtenían la libertad de éstos, a pesar de que a todas luces estaba demostrada su culpabilidad. La película no era una obra maestra, pero valía la pena verla para analizar hasta qué punto tenían o no razón quienes se otorgaban el poder y la facultad de hacer justicia por su propia mano.

Paralelamente a esta situación abundan los casos contrarios, o sea: inocentes encarcelados a los que el peso de la (in)justicia ha caído sin piedad y a quienes ha condenado a ver su vida hundida para siempre en el infierno. En España hay un caso ejemplarizante (sólo cito uno de muchos): el señor Rafael Ricardi, acusado de dos violaciones que al final se demostró que no había cometido, pasó nada menos que 13 años en la cárcel, y ahora la Justicia cree que con darle una suma ridícula de medio millón de euros ya se limpia de semejante crimen. Porque tener a un inocente entre rejas 13 años no es otra cosa que un crimen, y lo peor, sin castigo. Yo
me pregunto: a Ricardi nada ni nadie puede devolverle esos 13 años de su vida, pero a los culpables, ¿por qué no se les condena como se merecen?


Cualquiera que tenga una pizca de vergüenza se siente ofendido y humillado en la persona de Ricardi. Pero vayamos a casos contrarios que avergüenzan aún más: el hombre que asesinó a ¡25 seres humanos! (De Juana Chaos) está en la calle, disfrutando de los mismos derechos de cualquier hijo de vecino decente, honesto y honrado. Por sus crímenes sólo estuvo 18 años... menos de un año por cada asesinado. Y hay muchísimos casos más en que la propia Justicia debería ser juzgada y encarcelada para pagar sus atropellos, que en algunos casos pueden ser errores, pero en mi opinión, en muchos, en demasiados, no son tales, sino mala intención de amamantar a criminales y delincuentes bajo el amparo de unas leyes que parecen haberse hecho por Jack el Destripador y que la sociedad española no ha podido quitárselas de encima.

En nuestra mal llamada Justicia existen no contradicciones sino disparates que nadie se ocupa de enmendar (los "padres de la patria" parecen sentirse muy a gusto con ellos): dos ejemplos (no los únicos): la tomadura de pelo de condenar a los maltratadores a "alejarse" a más de 500 metros de sus víctimas (futuras o presentes), como si hubiera un policía detrás de cada uno de esos salvajes midiéndole los metros a que se coloca de su pareja o ex pareja... Y ese engendro horripilante, esa otra barrabasada del delito prescrito: o sea, que usted puede atacar, maltratar, violar y asesinar a una adolescente en un descampado, huir de España, y regresar tras no sé cuántos años, cuando su enorme delito haya "prescrito", y a vivir, que son dos días, como Carmelina, porque nadie le va a poner un dedo encima cuando usted pasee por La Gran Vía como cualquier ciudadano. Por La Gran Vía y por muchas calles de Madrid y de toda España caminan, hasta pavoneándose de haberse reído de la llamada Justicia, miles de Rafitas, que son detenidos (increíble desvergüenza) más de 30, 40, 50 veces, y otras tantas puestos en libertad para que sigan cometiendo sus fechorías, ante la impotencia de un pueblo indefenso que se siente desprotegido ante tanta calaña que casi siempre sale impune.

En resumen, que estamos viviendo en un país donde los criminales y los delincuentes encuentran respaldo nada menos que en las instituciones que deberían ser las encargadas de perseguirlos, juzgarlos y encarcelarlos como se merecen, sin concesiones estúpidas o corrompidas como los grados uno, dos, tres, ni permisos de salida, ni conmutación de penas ni nada por el estilo. Desgraciadamente, la Real Academia de la Lengua tendrá muy pronto que abolir de su diccionario algunos conceptos como VERGUENZA, DIGNIDAD, HONRADEZ, DECENCIA, JUSTICIA... que parecen estar cayendo en un franco desuso en nuestra sociedad.

Augusto Lázaro

1 comentario:

monumentos de caracas y sitios de interés dijo...

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