domingo, 29 de diciembre de 2013

AÑO NUEVO


Ahora que el año nuevo está ahí al doblar, les cuento una experiencia que tuve hace

unos años, cuando todavía no estábamos con la lengua afuera y pidiendo un milagro a

Santa Tecla...



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No digo yo. Si todo me ha salido de rechupete. Mejor únicamente en sueños. Miren

si no: Macarena había quedado conmigo en pasar la Nochevieja juntitos y solitos, en

algún lugar propicio, y a las doce ver la tele y atragantarnos con las doce uvas de

rigor, y después, alfón silos, amor, digo, al fin solos, la noche es nuestra, la cama ni

decirte, la jodedera hasta que salga el sol... Estupendísimo. Pero... a última hora,

que no sé a qué hora fue, me llama la Maca  y me da la doble y tenebrosa

mala noticia de que su abuelita había estirado la patica después de una larga y

penosa enfermedad, lugar común sustituto del cáncer del páncreas o del pulmón

izquierdo o de cualquier otro rincón del cuerpo, ¡ay, cariño!, no sabes

cuánto lo siento (claro que lo sé, no soy bobo de nacimiento), lo ilusionada que yo

estaba (¿y yo no?), si tú supieras las cosas que me había imaginado (yo

no, yo estaba pensando por dónde le entra el agua al coco, bonita), pero la vida es así

y... y claro que la vida es así, y la casualidad, la fatalidad, la suerte perra, siempre

me caen encima cuando ya ni me acuerdo de las muy cabronas. Cuestión, que de

pasar la Nochevieja y esperar el año nuevo y lo demás juntitos y solitos, ñiringa de

pato, nené. Y a esas alturas, ya pueden figurarse el cabreo, la frustración, los malos

pensamientos que afluyeron a mi mente calenturienta, las maldiciones que eché al

aire al no tener a quién echárselas de cuerpo presente y... y como era de esperar,

como dicen que las desgracias nunca vienen solas, allá va eso: aburrido como un

perro sin dueño en la calle a 2 grados, y mi coinquilino de viaje, en su tierra, con su

familia, dichoso él (o quizás no,  pero la compañía siempre alivia un 31), o sea, solo

como un latón de basura desbordado, en silencio y en casa. ¡Ahhh! Pero me dije:

pues nada, a pasarlo lo mejor posible mirando las modelos de la programación de

la tele, que a pesar del friecito salen en paños tan menores que no sé cómo no tiritan,

¡brrr!. Eso. Bueno, al menos a refrescarme los deseos con el relevo australiano y a viaje lo

demás. Pues sí señor. Pero como les decía, que las desgracias... ya se sabe, cuando

enciendo el televisor, ¿qué veo, santísimo sacramento? La antena del edificio chunga,

porque sólo se ven imágenes distorsionadas y a esta hora ¿quién localiza al antenista? No

te atortojes, muchacho, que el infarto está esperando... Memorias, cartas, fotos, música...

Y a dormir mientras sonaban campanadas, voladores, cohetes, petardos, gritos

humanos y ladridos de perros. Se acabó. Y el mentecato ese que predijo que iba a

detener el reloj de la Puerta del Sol a las 12 debe tener la lengua en el tercer ojo. Lo

que me da por pensar a esta hora de la ya madrugada y en esta circunstancia, me

acuerdo que pensé. Pero a lo que vamos, Mamerto, que eso no podía ser todo, no.

Antes de acostarme se me cayó el pomito de colonia barata que uso y que siempre

me echo en las axilas para dormir fresco y oloroso, aunque duerma más solo que un

camello perdido en el Gobi. Pues el pomito se hizo añicos, y con la recogida de

los pedacitos me corté un dedo, el pulgar de la mano izquierda, y a echar sangre,

que yo cuando me corto dejo escapar sangre media hora. Ja. Increíble, ¿no? Bien,

después de acostado las últimas noticias mundiales, todas horripilantes a pesar del

año nuevo que lo que promete mete miedo, terror y espanto. Ni una sola buena.

Noticias, digo. Hasta que Morfeo se apiadó de mi angustia. Sin dudas brillante

despedida del 2006... Ah, pero lo peor estaba por llegar: por la mañana, al salir de

la cama después de un mal sueño como era de esperar, y entrar en el baño, voy a

pasarle un pañito al espejo y un astillado me cortó el dorso de la mano derecha,

como para completar. Y otra vez la sangre, hasta que me cansé de apretarme con

un pañito a ver si contenía la salida y ay, al salir del baño tropecé con la puerta del

ídem, y al entrar en mi habitación tropecé con la puerta de la misma (dos

en uno, si hubiera sido un perro sólo hubiera tenido un tropezón, pero sólo soy un

pobre mortal idiotizado por la propaganda y los anuncios que ya no sabe ni dónde

poner sus pies). Y ahí no acaba la cumbancha, qué va. Al prepararme el jodido y

frío desayuno (siempre tomo la leche fría, desde niño) me derramé el chocolate en

el jersey de dormir, y como colofón me di un golpetazo en la chola con la puerta,

que siempre se me olvida cerrar, del mueble que uso como despensa, a falta de

una propia para el caso. Tres puertas, tres golpes. Y se me queda que al volver a salir

del hábitat por poco me rompo la rótula con el sillón plegable de madera dura, el

sillón donde me siento durante largas horas a leer los libros de la biblioteca

circulante, los periódicos gratuitos, los suplementos que recojo en casa de Javier,  las

revistas que me da don Paco, o los diarios que me agencio del quiosco que está en

Campotejar, cuando la quiosquera, tan lela ella, se entretiene conversando sobre la

última bronca que pasaron por la tele entre un par de guaricandillas que se ganan

la vida divulgando indecencias ajenas y propias, además de algunos sueltos que me

caen de flai, y a oír la música de emisoras como Onda Melodía que no habla de política

ni de fútbol, y todo eso en la santa paz de mi espacio cerrado, en la maravilla del

silencio y el esplendor de la soledad reconfortables ambos en mis ratos de intimidad

privada o viceversa. Y qué suerte, me diría Juan Beltrán, que no te cortaste cuando

te afeitabas, ¿eh? Jodedor este Juan, sí señor. Pues eso, baby, que este primer día

del año la verdad que ha sido un acontecimiento. No me puedo quejar. Hay quien

no ha podido atragantarse con las 12 uvitas. A ver si para esta noche ya está bien

la antena, que estoy cansado de leer a Martin Amis y de escribir boberías en el IBM,

que no sé ni qué carajo voy a hacer, porque de calle ni pensarlo, que días como

hoy los carteristas toman las calles revolucionariamente. No. Pues nada, hijo, feliz

año nuevo y ánimo, que todavía estamos vivos. Si los 364 restantes son como éste,

mejor apaga y lárgate, chaval. Y de contra, Macarena no me dio un puñetero timbrazo

para decirme, al menos, que cuando le den cristiana sepultura a su abuelita, pues

vamos, quizás podamos vernos y estar un ratico solos y sin compañía, aunque no

sea 31 de diciembre ni haya uvas para atragantarnos ni campanadas en la Puerta del

Sol ni una mierda de brindis ni... Hombre.



Augusto Lázaro


@augustodelatorr

domingo, 22 de diciembre de 2013

ESPAÑA... ¿CON TODOS?

Reproduzco un artículo publicado en la edición digital de la revista TIEMPO en la sección El rincón del lector, titulado ESPAÑA... ¿con todos?


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como una comparsa...

Ha sucedido otras veces, la última durante la etapa de efervescencia de los Juegos Olímpicos: toda España parecía vibrar con la esperanza de que fueran concedidos a la ciudad de Madrid. No se oía ni veía en ningún medio una opinión en  contra. Si las había, permanecían ocultas o a nivel de calle y en voz baja. Eran opiniones silenciosas, opacas, “prohibidas”...

Ahora sucede lo mismo con la cacareada consulta soberanista de la Comunidad Autónoma de Cataluña, llamada pomposamente Generalitat. Parece que toda España está en contra de que se celebre esa consulta popular, que nadie opina una palabra en su favor, que si existe una opinión contraria a la oficial, es otra vez una opinión silenciosa, opaca, “prohibida”...

La unanimidad no existe y nunca ha existido ni existirá, porque no hay dos seres humanos que piensen igual sobre cualquier asunto. Pretender que todo el mundo piense igual sólo se comprende en un régimen totalitario como el cubano o el norcoreano. Y ahora, con este asunto de la alharaca independentista catalana, parece que todos los periódicos, todas las radios, todas las televisiones, en fin, todo el mundo, está en contra de esa consulta popular. Los tertulianos y sus similares basan su falsa unanimidad en que es anticonstitucional. Vaya palabrita. Como si la sacrosanta Constitución española fuera un digno ejemplo de perfección e infalibilidad, olvidando que no es más que un papel confeccionado y escrito por un grupito de personajes que no eran más que seres humanos como usted y como yo, que por cierto, se han equivocado bastante en los contenidos de semejante Carta Magna. La historia y los hechos lo demuestran.

Pienso que España está jugando con fuego y que se va a quemar de continuar esta actitud de pretender una opinión unánime sobre cuestiones de suma importancia para sus habitantes. Cuando se nota en el ambiente que “todo el mundo” está de acuerdo con algo, es que algo anda muy mal en el seno de la sociedad aparentemente igualitaria en un pensamiento único sin oposición ni discrepancia. No reconocer el derecho a discrepar es mal síntoma: es un síntoma de una sociedad enferma que se hace llamar democrática y con sus pretensiones oficiales pisotea esa democracia, impidiendo por presiones inaceptables que otros piensen distinto a como se piensa oficialmente.

¿y por qué no se permite?, me pregunto...

y encuentro una respuesta fácil: el gobierno y los poderes del Estado y del Reino no quieren permitir que se consulte al pueblo catalán sobre si desea separarse de Estaña y ser independiente, por una simple razón:
el miedo a que el SI gane y entonces todos esos que han insistido tanto en que no van a permitir que eso suceda, tendrán que meterse su intención en salva sea la parte, humillados y vencidos... Pero no hay que asustarse, si tan seguro están de que los catalanes no desean ser independientes, insisto en preguntar: ¿Y POR QUE NO SE PERMITE la consulta? Como ha sucedido en Canadá y sucederá en el Reino Unido. ¿O es que España no puede ser un país civilizado y realmente democrático?

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


lunes, 9 de diciembre de 2013

ESPAÑA EN EL CAMINO

1

David Antón, joven menor de 18 años, ha obtenido el título de Gran Maestro de la FIDE (Ajedrez). Confieso que no conocía ningún Gran Maestro de Ajedrez español y me ha sorprendido esta aparición en un país en el que el fútbol, la telebasura, los políticos y sus triquiñuelas, y alguna que otra bobería, logra la atención del llamado “gran público”. Lástima que la danza, la ópera, los museos, y otras manifestaciones del arte y la cultura, no llamen la atención de ese “gran público”, sobre todo de su parte más joven que entretiene su dolce far niente dejando que el tiempo le pase por delante sin que se de cuenta de que le está pasando, y muy rápido, por cierto. Me alegro de contar con este joven talento ajedrecístico al que espero seguir en su prometedor futuro, que ojalá no se vea tronchado por la incomprensión y la estupidez de quienes detentan un poder que parece no saber que existe el arte, la cultura y también el juego ciencia...

2

A todas estas, España sigue con vida, pese a tantos que hacen todo lo posible (y hasta lo imposible) por convertir este país en una de esas naciones a las que irrespetuosamente muchos llaman bananeras como si el cultivo de tan rica fruta pudiera deshonrar a quienes se dedican a tan noble tarea. Sigue con vida, aunque aquejada por una enfermedad que no parece remitir a pesar del esfuerzo tan noble de millones de sus hijos que no quieren verla en tan vergonzoso lugar entre las naciones más desarrolladas del planeta, y cuya medicina curativa pasa por la eliminación (no física, no se asusten, que todavía no me ha dado por mostrar mis instintos criminales) de casi todos los políticos que padecemos y que se empeñan en continuar ocupando responsabilidades para las que no están ni medianamente preparados, además de que han convertido el arte de la política en el gran negocio que da prebendas y sobre todo euros. Euros, lo que más parece interesarle a esos que mandan, o se creen que mandan, cuando en realidad aquí nadie sabe quién es el que realmente manda...

3

Pero no por machacar a quienes nos gobiernan (mal) y a quienes pretenden gobernarnos (quizás peor) vamos a olvidarnos de todo lo bueno que tiene este bellísimo país, no sólo en paisajes, ciudades, cultura y demás, sino en su propia gente, siempre amable, cariñosa, agradable, simpática, y predispuesta a hacerle un favor a cualquiera que lo solicite, sonriéndose en franca amistad, lo mismo con el propio que con el ajeno. Una cosa no empaña la otra. Pero lástima que estemos como estamos por culpa de quienes han tenido la oportunidad de conducir a este pueblo por caminos sin piedras y sólo se han ocupado de enriquecerse, aplastando hasta el más recóndito respeto por el pueblo que inocentemente acude a las urnas en cada nueva convocatoria. Como (creo que) lamentablemente volverá a acudir tan pronto anuncien nuevas elecciones para que sean elegidos los mismos sinvergüenzas de siempre, cuyo único cambio es que ahora sus caras son más duras que antes. Tanto, que en ellas pudiera encenderse una cerilla...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


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domingo, 1 de diciembre de 2013

BARBARITO EN LA DISTANCIA

Todas las tardes a las cinco en punto (a la misma hora en que García Lorca nos dejó su conmovedora visión de la muerte de su amigo torero Ignacio Sánchez Mejía) mi madre se sentaba en una comadrita, en su cuarto, junto a la ventana por donde llegaba la luz que tanto le agradaba, a oír el programa radial de Barbarito Diez. En la pared, encima de la mesita de noche donde estaba colocado el radio, tenía una foto en blanco y negro del que era su ídolo. Mi madre adoraba a Barbarito. Decía que era el mejor cantante de Cuba, y a fuerza de costumbre yo comencé a oír a aquella voz tan suave, delicada y agradable, que hacía llegar a mis oídos unas canciones que poco a poco fui aprendiéndome de memoria, que han quedado en la  nostalgia hasta hoy, y que me trasladan a la etapa más feliz de mi vida. Entonces yo era un niño: no había internet, no había celulares, no había Castro... entonces yo era feliz...

Pero como dijo Heráclito: nada permanece, y mi niñez se me fue de las manos casi sin darme cuenta. Cuando desperté ya era tarde para lamentarme de lo que pude haber disfrutado de esa etapa y no lo hice, y al comienzo de la adolescencia (etapa difícil), al dejar los juguetes y los libritos con ilustraciones, junto a un gran diccionario Pequeño Larousse, que acompañaron tantas horas de alegría y del aprendizaje que pronto comprendí que podía encontrar en los libros, descubrí que con los años de niño feliz también había perdido la inocencia, el pensar que en el mundo todo era como en aquellos “muñequitos” de Disney y de tantos autores extranjeros que embellecieron mis días y mis noches haciéndome vivir las aventuras de Mickey, Pulgarcito, Alicia, los enanitos de Blanca Nieves, las hermanastras de Cenicienta, Tarzán, El Fantasma, Benitín y Eneas, Mandrake el Mago, Cuquita la mecanógrafa, Popeye el marino, Pinocho, y tantas otras historietas que nunca me dejaron un recuerdo ingrato o negativo y que aun hoy forman parte de lo mejor de mis años que no se irán de mi recuerdo ni perdiendo la memoria...

Después la etapa adulta, los estudios superiores, el trabajo, las vicisitudes por las que me imagino que todo ser humano pasa alguna vez (algunos nunca dejan de pasarlas), hasta llegar a este HOY tan improbable, tan lleno de incógnitas, tan moderno y computarizado que inunda residencias y personas de equipos, botones y mandos tan sofisticados que poco a poco se pierde, sin que nos demos cuenta, el contacto directo, personal y físico con aquellos que consideramos los amigos que necesitamos para seguir viviendo en un mundo que amenaza destruirse a sí mismo por nuestra incompetencia para hacerlo agradable y vivible, porque ahora lo que importa es la comunicación por alguna pantalla que nos traiga la imagen que antes fuera real frente a nosotros y que ahora se aleja, convertida en una simple, lejana e impersonal manera de “estar y compartir” que ya apenas forma parte del recuerdo que se va extinguiendo mientras más técnica y más desarrollo electrónico tengamos a nuestro alcance (y a nuestra economía)...

Entonces me consuelo trayendo de nuevo los danzones de Barbarito, y veo a mi madre allí sentada, en su comadrita, como si en ese momento lo único que existiera en el mundo fuera esa voz mágica del gran hombre, del que mi madre no se cansaba de decir que “eso es un cantante, pero además, Barbarito es la persona más decente que he conocido, es un caballero, en una palabra”...

A mi pecho oscuro se asoma tu rostro,
oh mujer que fuiste mi lejano amor,
para ver curiosa si ya está cerrada
la herida que abriste tú
en mi corazón.

Contempla la herida, pero no la toques
con tu mano blanca cual lirio de abril.
Mira que hay heridas que cierran en falso
y si alguien las toca
se vuelven a abrir...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

PD: letra de la canción EN FALSO, Barbarito Diez y la orquesta de Antonio María Roméu, autores: Gustavo Sánchez Galarraga y Graciano Gómez


lunes, 25 de noviembre de 2013

CAMINAR Y NO PENSAR: ¿EL REMEDIO?

por estas calles tan golpeadas de Madrid...

Me gusta caminar. Es un buen ejercicio y además me sirve para darme cuenta de que no todo lo que me rodea es mierda: hay muchas caras bonitas de jóvenes que lanzan al mundo su total dominio de la vida, quizás olvidadas o ignorantes de las miserias humanas que pululan en cualquier meridiano. Hay mucho movimiento. Esta es una ciudad con una vitalidad de paréntesis. Pero cuando hay manifestaciones, botellones o huelgas que dejan la ciudad como un basurero descomunal, ya no me gusta caminar por estas calles tan golpeadas de Madrid...

mejor sostener la virtud de olvidar...

Atrapados como estamos por las manos (no quiero decir garras) de un poder que ni por casualidad da en el blanco con sus medidas de austeridad a ultranza, cada día nos va quedando menos a donde ir a quejarnos como hacen los judíos en su muro de lamentaciones (aquí debería haber uno) y menos subterfugios en que basar nuestras quimeras al pensar que puede que haya realmente un futuro mejor y más llevadero si salimos algún día de este laberinto. Pero no, quejarnos y recordar tiempos mejores ha sido nuestro derrotero salvador. Que no nos ha salvado nunca. Por eso pienso que quizás sería mejor sostener la virtud de olvidar...

¿y después qué?

Los paraísos celestiales no existen. Esa verdad ha aplastado con el tiempo y la ciencia que avanza a velocidad casi de luz a todas las supersticiones que intentaban consolarnos con una vida nueva y mejor tras nuestra muerte. Ya no basta pronunciar AMEN para tranquilizarnos. La ignorancia de lo que nos espera nos deja no felices como creíamos hace mucho tiempo, sino en una especie de stand by que sólo favorece la alteración del sistema nervioso. Hoy que creemos saber más nos damos cuenta de que no sabemos nada. Pero lo peor es que tampoco existen paraísos en la Tierra. Tampoco esa utopía puede salvarnos de la pregunta inevitable: ¿y después qué?

el cuento del gallo capón...

Mientras todos los habitantes del planeta continúan sus vidas (monótonas, rutinarias, movidas, interesantes, felices, desgraciadas, insípidas, atormentadas, entusiastas, ricas, pobres, miserables) y el mundo sigue andando cuando millones de ojos se cierran diariamente, cada mañana cuando me despierto ya no me pregunto ¿y después qué? Porque sé que después será lo que será y eso ni yo ni el resto de la humanidad puede saberlo, predecirlo, adivinarlo. Ese secreto no está en manos humanas ni divinas, simplemente no está. Y hay que continuar viviendo, convencidos de que el único esfuerzo que vale la pena es el de vivir lo mejor que podamos. Lo demás es el cuento del gallo capón...

Augusto Lázaro



@augustodelatorr

lunes, 18 de noviembre de 2013

MI CITA CON LA PATRIA

ESTE DOMINGO MI CITA ES CON LA PATRIA, decía una valla colocada en la verja
del círculo infantil. El hombre hizo una mueca, recordando que todavía
le faltaba la hamaca para completar su aditamento y poder declararse miliciano
cumplidor cuarenta aniversario del ejército rebelde. "Seguro que el domingo van a
chequear eso". Su unidad estaba comprometida a declararse lista para la defensa
en la tercera etapa y saludar el día del miliciano con la totalidad de sus
combatientes debidamente avituallados. Al pasar por el estanquillo compró el diario
local, que ahora salía una vez a la semana. En la primera plana de las cuatro que
tenía podía leerse en letras de enormes caracteres: DOMINGO: DIA DE LA DEFENSA.
Hojeó el periódico, lo dobló, y siguió caminando hasta su casa.

No había nadie. Al entrar, recogió un papelito que alguien había echado por debajo de la puerta. Escrito a lápiz, en letra de imprenta, el papelito decía: compañero, te recordamos que el domingo tenemos defensa. No faltes. Entró al dormitorio, colocó el diario y el papelito encima de la cómoda, se miró en el espejo, y se dijo que necesitaba un baño. Sacudió la cabeza y contrajo la nariz. Quitándose la ropa, recordó que el
primer domingo de ese mes había dedicado casi toda la mañana a recoger
papeles y basuras y a limpiar las yerbitas en el círculo, junto a algunas asistentas y a otros
vecinos de la cuadra, que se organizaron para cumplir la tarea # 17 del plan de
trabajo del trimestre de su comité de defensa. Encendió el radio y escuchó el final
de una canción de moda que repetían cada treinta minutos, por un cantante
extranjero que parecía tener un gato arañándole la garganta. Inmediatamente
que finalizó la canción el locutor lo hizo reaccionar: todos el domingo a la defensa
para alcanzar la condición de listos en la tercera etapa, no faltes a esta cita con la
patria. Apagó el radio. Recordó que el segundo domingo, o sea, el anterior, había
ido con sus compañeros de trabajo a una granja hortícola cercana a la ciudad,
donde se pasaron la mitad de la mañana esperando que apareciera algún jefe de
lote o algún responsable que les indicara lo que debían hacer y cómo y dónde. "Y ahora éste la defensa. ¡Manda pinga!".

Entró en el baño. "Menos mal que todavía me queda el último".  Volvió a mirarse en el espejo, encima del lavabo, y se pasó los dedos por las mejillas. "También tengo que afeitarme". No había agua en la ducha y comenzó a echarse jarritos sobre el cuerpo, de un cubo que su mujer siempre tenía lleno por si acaso. Se enjabonó con una astilla y pensó que ella y el niño gastaban demasiado jabón, y que la cuota de la bodega tenía ya cuatro meses de atraso. Miró la mitad de otro jabón colocado en la jabonera
de la ducha, aunque éste era de lavar, y lo tomó en sus manos, pero volvió a
colocarlo donde estaba. "Estos casi no hacen espuma, y la picazón que dan es del
carajo". Terminó de bañarse y al acercarse al espejo y buscar en el interior del
botiquín descubrió que no tenía ni una sola cuchilla de afeitar. “Menos mal
que todavía no hemos sacado las que nos tocan este mes en la bodega". Se secó y
salió del baño. Regresó al dormitorio. Volvió a encender el radio. Ahora la voz del
locutor insistía en la importancia de llegar puntualmente el domingo a la defensa.

Comenzó a vestirse, y se puso un short viejo sobre el calzoncillo y un pulóver desteñido que
usaba solamente para estar en la casa, pues no le gustaba tener el torso al aire.
Recordó la defensa: no se podía apartar de esa idea, porque el domingo había
pensado ir con su mujer y su hijo al monte, a casa de sus suegros, a pasarse el día
lejos de esta avalancha de tareas, actividades y reuniones que durante toda la
semana lo atosigaban, y a buscar frutas y viandas. La defensa, o sea, las prácticas de la llamada preparación combativa de todos los ciudadanos menores de cincuenta años, lo había marcado. "Total, ir allí a perder dos o tres horas, oyendo al sargento leer un mamotreto que nadie oye en realidad, y después repetir malamente una parte de lo que leyó". Pensó que si fueran prácticas de tiro se pasaría mejor. "El tiro le gusta a todo el
mundo, es entretenido y emocionante". Se dirigió a la cocina y calentó un poquito
de café. Encendió un cigarro y se sentó a leer el periódico. "Ahora sí estoy fresco. A
ver si este serial español de esta noche sirve para algo".

Su mujer demoraba. Pensó que probablemente la habrían citado para alguna reunión urgente de última hora, cosa que acostumbraban a hacer en su centro de trabajo, y no se preocupó. Vendría con el niño, seguro. Cuando terminó de leer el periódico volvió al dormitorio y mecánicamente apagó el radio que había dejado encendido al salir. Eran las
siete en punto y comenzaba el noticiario resumen de esa emisora, cuyos titulares no
llegó a oír. "Me vuelven a repetir lo del domingo en la defensa y lo reviento contra
el piso". No tenía nada que hacer y al llegar a la sala se le ocurrió encender el
televisor. Al aparecer la imagen vio el rostro lindísimo de una joven que anunciaba,
con énfasis, que esa noche la televisión retrasmitiría el discurso pronunciado por el
Primer Secretario del Partido en el acto de recibimiento a las tropas que habían
cumplido una misión internacionalista en un país de Africa. Apagó el televisor y se
quedó en el medio de la sala como en éxtasis. Se tocó las mejillas. Se asomó por
las persianas y al mirar afuera sus ojos se clavaron en el letrero de la cerca del
círculo: ESTE DOMINGO MI CITA ES CON LA PATRIA... Movió la cabeza, cerró las
persianas, se dirigió al dormitorio y se tiró en la cama. "Así que el discurso del
Primer Secretario otra vez. Al carajo el serial". Se recostó y cerró los
ojos. Pensó que tenía que cuidarse, porque el infarto había pasado a ser la segunda
causa de muerte en el país.

Augusto Lázaro


@augustodelatorr

domingo, 10 de noviembre de 2013

LA MUERTE SIGUE MATANDO

1

Usted que está leyendo esta entrada y viendo esta imagen con el texto que parece broma pero no lo es, posiblemente crea que yo le estoy tomando el pelo (si es que usted tiene pelo). Pero no, la foto es tan auténtica como el periódico que la publicó, y lo único que le faltó al reportero que dio la noticia del choque fue agregarle al pie algo así como Y ES LA PRIMERA VEZ QUE MUERE, lo que daría mucha más emoción a la reseña y satisfaría mucho más el morbo de la gente que, en general (y que me perdone Santa Tecla) “goza” con las desgracias del prójimo, aunque éste jamás le haya hecho ni siquiera una mala acción al no contestarle los buenos días cuando al pasar por su lado...

--Buenos días, prójimo. ¡Qué mañana tan linda, eh!

Y el prójimo no se da por enterado... O sea, contertulios, que la muerte se ha convertido en un suceso curioso e hilarante, aunque parezca cosa del teatro del absurdo de Samuel Beckett...

2

Dicen por ahí que quienes se ríen de la muerte viven más (y mejor) que quienes están que no duermen pensando que en cualquier momento toc toc toc, ahí está la muy que ya viene con su encargo y se acabó lo que se daba. Adiós, mundo cruel, y a salir de viaje hacia un lugar que nadie puede describir, porque ya se sabe que la muerte ha guardado el secreto tan esmeradamente que nadie ha logrado regresar siquiera para contarnos a los que todavía quedamos vivos cómo es aquello y si allá hay mucho viento o grandes atascos (si es que nos vamos con nuestro coche porque lo queremos tanto que no soportaríamos separarnos de él). Eso tiene la muerte, que nadie ha podido contarla.
Por eso hay tantos que tan preocupados viven pensando cómo será la cosa cuando dejen de vivir porque el reloj nos dé la hora del final de trayecto. Y qué final, caramba, único, porque es lo único que no puede repetirse. Sólo se muere una vez. ¿O no?

3

Pues eso, que para qué preocuparse si aunque nos preocupemos, aunque pasemos noches enteras sin dormir pensando tonterías como solemos hacer los mortales, nada,  que no vamos a escaparnos de abandonar la superficie que tanto nos gusta y donde tantas cosas buenas (y malas) nos han ocurrido en nuestras vidas en las cuales no hemos hecho nada que realmente valga la pena trasladar al papel para inmortalizarnos. En  fin, queridos míos, que como ni ustedes ni yo nos vamos a escapar de la pelona, lo mejor es vivir lo que nos queda, que quizás no sea tanto como quisiéramos, y a reír, que son dos telediarios con noticias escalofriantes... porque eso es otra cosa, que no se ve nada alentador por ningún lugar, y menos ahora que con la huelga de barrenderos esto está como el Rastro cuando termina su horario y los vendedores lo dejan como no lo encontraron... Y a otra cosa, que tengo que salir a dar mi paseíto matutino y disfrutar del paisaje urbano, tan limpio, agradable, oloroso y tranquilo. Sobre todo eso...

Augusto Lázaro



@augustodelatorr

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA MUERTE, SEÑORA IMPLACABLE

“La muerte es más un asunto de quienes nos sobreviven que de nosotros mismos”, dice el narrador de LA MONTAÑA MAGICA, una verdadera obra de arte de la literatura universal en toda su historia. Pienso en la muerte como algo más natural incluso que la propia vida: uno nace si quienes lo traen al mundo desean traerlo, o sea, que puede nacerse o no nacerse, de acuerdo con la decisión de los progenitores. Pero una vez nacido, es ley inexorable morir. Y esta ley no admite, hasta hoy, una sola excepción.

Lo conocí una mañana en una dependencia de la Cruz Roja. Ambos estábamos haciendo gestiones para recibir ciertas ayudas, cada cual por distintos motivos. Como sucede en estas esperas angustiosas a veces, conversamos sobre el único asunto preocupante aquel día: nuestra situación y cómo podríamos salir de ella. A partir de ahí nos hicimos amigos. Comenzamos a vernos en diferentes lugares, siempre en busca de aquellas ayudas que con el tiempo dejamos de necesitar, por haber resuelto cada cual los problemas que teníamos al encontrarnos en aquella sala atestada de personas solicitantes. Y el tiempo continuó su marcha. El se casó con una mujer encantadora que falleció años después, dejándolo en la más remota soledad, en su casa lejana y rodeada de nieve, yo continué mi vida casi normal, con relaciones esporádicas que no fructificaron tan sólidamente. Pero seguimos nuestros debates amistosos con cafés y encuentros que se mantuvieron hasta hace apenas unos pocos días. Llegamos a ser excelentes amigos. Tanto, que yo lo consideraba uno de mis tres grandes amigos en este exilio en el que apenas puedo moverme sin pensar un segundo en la tierra lejos o alejada y en mis seres más queridos todavía allá distantes.

Ni en las más difíciles situaciones, ni en los peores momentos de su larga enfermedad, lo vi con cara amarga. Siempre sonriéndose, siempre con un abrazo fraterno al encontrarnos y enseguida saborear nuestros cafés imprescindibles, adornando el placer del llamado “néctar negro de los dioses blancos” a veces con una discusión fuerte y sin máscaras, porque los amigos de verdad son esos que pueden discrepar y discutir sin pensar que es “el otro” el que nunca tiene la razón. Así era Juan Maguey, con su sempiterno refrán en contra de la ley que tan injusta ha sido y que tantos dolores ha causado en múltiples familias españolas. Falleció en la mañana de ayer, en un hospital donde estuvo rodeado del cariño de enfermeras, médicos y asistentes que llegaron a quererlo, porque Juan se dejaba querer y se hacía querer por cuantos lo conocieron, y conmigo que acudí a la última cita, sin creer apenas que la muerte se lo llevaba sin que nadie pudiera evitarlo.

Desde aquí te digo, querido Juan, que los hombres como tú nunca pueden morir, porque el cariño, el sentimiento y la amistad que supiste dejar en nosotros, los que te sobrevivimos, no puede apagarse como aquellos pitillos que tanto te fumabas, sabiendo que te quitaban un poquito de tu resquebrajada salud... Adiós, querido amigo: en cada nuevo acto que realice, en cada nuevo encuentro que sostenga con otros amigos, tú estarás siempre presente, ayudándome con el ejemplo que siempre me diste a enfrentarme a las vicisitudes propias de la vida, cuando alguien se acerca también a esa edad en que ya no se puede pensar en un futuro a largo plazo...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


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lunes, 28 de octubre de 2013

QUE SUERTE SER FUNCIONARIO

lunes

Día pesado, cargante, lento, atacante, inoportuno, cruel, que se contenta con reírse de quienes tienen, qué remedio, que reincorporarse al trabajo rutinario y monótono que tanto amor les inspira. Seguro que usted es uno de ellos, ¿o me va a decir que se gana la vida recogiendo manzanas? Pues eso, que cuando usted llegue a la oficina donde ha dejado las mejores horas de su vida, y tenga que soportar una vez más ver la cara tan simpática de su tan amado jefe, aunque se acuerde de su madre (la del jefe), sin dudas oirá que

--Señor Martínez, ¿cuándo me va a entregar esos planes que hace 6 días tenía que habérmelos entregado?

Y todo eso dicho en altavoz para que los demás empleados se enteren de lo haragán e irresponsable que es usted... ¡Ay, el lunes! Qué deseos de haberse quedado en la cama disfrutando del descanso y del dolce far niente...

martes

Usted sube al autobús, se sienta junto a la ventanilla de un asiento vacío, en la siguiente parada sube un señor totalmente redondo que debe pesar alrededor de 200 kilogramos netos, y aunque en el autobús sólo hay 8 personas... el señor va directamente a su asiento y... ¡CATAPLUM!, se le sienta al lado, apeñuncándolo contra la carrocería sin piedad ni educación, pues ni siquiera ha dicho buenos días. Nada, que el martes pinta mal, muy mal...

miércoles

Día atravesado, si tenemos en cuenta que usted sólo trabaja (si realmente trabaja) 5 días a la semana, aunque se pasa la cabrona jornada protestando, bajito si el jefe está cerca, y gritando si no vino ese día (porque eso es otra cosa, que el jefe, como es el jefe, viene cuando le sale de la entrepierna, y cuidado con hacer comentarios alevosos, que pueden costarle una calle sin ERE ni finiquito ni la cabeza de un guanajo relleno), sabiendo que protesta por gusto, porque su situación no va a mejorar ni le van a aumentar el sueldo (dichoso si se lo mantienen como está, porque lo más probable es que se lo rebajen en uno de esos raptos de altruismo de la empresa que lo hace, por amor a sus empleados, en lugar de darle una patada en el trasero y lanzarlo a la cola del INEM sin previo aviso)... ¿por dónde iba, carajo? Esto es lo malo de los paréntesis, que uno se distrae con cosas que no vienen al caso y después ya ven... en fin, que el miércoles: como para desear que llegue el jueves...

jueves

...y cuando llega el jueves usted se da cuenta de que da lo mismo limoná que chicha, pues el caso es que a usted el trabajo lo tiene de café en café, de cigarro en cigarro, y de lamento en lamento. Pues lárguese, hombre, aunque con la crisis y los millones de parados la cosa no está para tomar decisiones apresuradas... ¿y qué hago entonces?, se preguntará. Pues fíjese siempre en los que están peor que usted, si eso no le sirve de consuelo, al menos tendrá en qué pensar, ya que al parecer no es usted muy pensador que digamos, ¿eh?

viernes

Por fin llega el viernes y usted entra en la oficina y lanza en voz alta un saludo por primera vez en tono alegre en lo que va de la semana. Sus compañeros lo miran, algunos sonríen, otros piensan “está como una cabra”, y siguen en lo suyo, porque usted no tiene remedio... ni ellos tampoco...

sábado

Qué día tan bonito. Como usted es funcionario no trabaja hoy. Se levanta tarde, da un paseíto por toda su casa, se detiene en la puerta del baño, se rasca la cabeza, y de pronto se da cuenta de que tiene el fin de semana libre, pero no ha planeado nada que hacer en todo ese tiempo. ¿Será posible?, se pregunta, mirando la cama con deseos de volver a acostarse...

domingo

Tras el cansancio de no hacer nada el sábado, salvo darse una vuelta por las cercanías para disfrutar del hermoso paisaje urbano (a pesar de los baches) y de paso comprar el periódico y una barra de pan, por si acaso, lo más lógico es que el domingo el cuerpo lo que le pida es tirarse en la cama y... a descansar, que mañana será lunes y... mejor no recordarlo. Nada, que la vida es un vacilón: 7 días vividos con gran intensidad y movimiento lo confirman. ¿O no?

Augusto Lázaro


@augustodelatorr





domingo, 20 de octubre de 2013

NUEVOS OFICIOS

¿Quiere usted ser carterista? Sí, ha leído bien: carterista. Esos tipos que se dedican a meter las manos en los bolsillos ajenos y extraer sus carteras donde siempre hay dinero en efectivo contante, aunque no sonante. Y dije tipos, porque eso era lo usual. Ya no. Ahora también hay tipas (o sea, mujeres carteristas) como las bosnias esas a las que un juez prohibió su entrada en el Metro por la comisión reiteradísima de ese delito, pero otro juez, más justo y comprensivo, claro, las volvió a autorizar, aduciendo en su defensa de la ley (la sacrosanta ley) que esas muchachas bosnias, pobrecillas, tenían derecho a usar ese transporte público, y ¿cómo iba a ser posible privarlas de ese derecho sancionado por las cortes y refrendado por la Constitución (la también sacrosanta constitución española)?

Pues sí, como lo oye: ser carterista es un trabajo honrado para algunos jueces, aunque usted no lo crea. ¿Por qué razón –argumentan- unas pobres muchachitas inocentes no van  a tener derecho a quitarle a esos caballeros trajeados y rozagantes de salud y bienestar sus carteras repletas de billetes, y con ellos mejorar su birria situación económica y al menos poder comer caliente mientras no se les termine el dinero sustraído tan honradamente? Nada, que usted tiene que decidirse y no pensarlo tanto. En definitivas, en caso de que lo pillen no le pasará absolutamente nada. Eso sí, le quitarán la cartera obtenida con tanto esfuerzo en el Metro o en cualquier otra aglomeración humana, le darán una palmadita en la espalda, y le dirán: “eso no se hace, eso está mal hecho... anda, lárgate ahora mismo” y usted saldrá sin la cartera sustraída, pero un mal día lo tiene cualquiera. Quizás la próxima vez tenga más suerte.

Si no se ha convencido con estos argumentos tan sólidos de que el noble oficio de carterista va a mejorar su vida, hay otras opciones, no se desespere. Por ejemplo: meterse a político. Sí señor. Claro, eso es más difícil que la acción de cambiar de bolsillo una cartera ajena, pero eso sí: trae muchos más dividendos. Usted no se imagina (o quizás sí) lo bien que viven los políticos, a veces sin disparar un chícharo. Ah, no todos, claro, porque en la viña del Señor también hay gente honrada, pero no me negará que la honradez es una virtud que va cayendo en desuso, sobre todo en esos que se llaman padres de la patria. Bueno, usted los ha visto, ha leído lo que se publica sobre esos raros especímenes que se desviven por servir al pueblo y por sacrificarse por esa patria con la que se enjuagan las bocas cada vez que la mencionan. Sí. Pues adelante, no lo piense dos veces y... ¡a la política! Que eso es como la gallina de los huevos de oro, vamos.

En fin, amig@, oficios decorosos los hay, y para escoger. Usted tiene la llave de su futuro en sus manos. Haga de los malandrines que se pasean por nuestras calles su ejemplo a seguir, conviértalos en sus ídolos, siga sus actividades, cuente las veces que son detenidos y vueltos a poner en libertad, y no lo piense más... ¡Ah!, pero si usted no cree tener el coraje para darse a la labor, pues mire: hay otra salida: viva de la ayuda del Estado, que siempre la encontrará en alguna vía. No es mucha, pero le permitirá vivir sin trabajar y que los bobos que trabajan lo mantengan.
Vamos, que el trabajo embrutece, como dice el ilustre sociólogo Niungol P. Mas, y nada hay tan placentero como sentarse en un parque a ver pasar los inocentes que quizás no saben que alguien está echándoles el ojo para dejarlos sin blanca en medio de la calle. Cuídese de no ser usted uno de ellos. De los inocentes, claro...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


http://elcuiclo.blogspot.com.es

domingo, 13 de octubre de 2013

MAS QUE MIL PALABRAS

Me lo contó mi padre cuando yo era apenas un niño de primaria que desconocía la maldad y la mentira. Lo evidente, lo que está a la vista, no necesita palabras que demuestren lo que con la visión está demostrado. Y eso también sucede con acciones y actitudes humanas no materiales o físicas. Se lo paso a mis lectores como curiosidad que descubre que solemos ser demasiado explícitos cuando no es necesario que lo seamos...

Un comerciante inauguró una venduta de pescado en una calle céntrica y al terminar de pintar su fachada colocó un letrero que decía:

AQUÍ SE VENDE PESCADO FRESCO

Un amigo que pasaba se detuvo a saludarlo y lo felicitó por su nuevo negocio. Al mirar el flamante lumínico, le dijo:

--Oye, Genaro, pero esto es... bueno, eso de AQUÍ me parece que sobra, porque todo el que venga ya sabe que es aquí donde tú vendes el pescado. ¿Por qué no lo quitas?

Cuando el amigo se marchó, Genaro lo pensó una sola vez y se dijo que tenía razón, y enseguida quitó del letrero la palabra, quedando entonces:

SE VENDE PESCADO FRESCO

Al día siguiente, un cliente algo entradito en años, tas hacer su compra, se paró frente al letrero luminoso, se rascó el mentón, y dijo al pescadero:

--Genaro, te felicito por el negocio. Pero viejo, ese letrerito... tiene algo que... mira, eso de que “se vende” me parece ilógico, pues se sabe que no vas a regalar el pescado. Creo que sobra.

En  su casa conversó con su mujer y ambos llegaron a la conclusión de que era cierto, y enseguida volvieron a cambiar el anuncio, que quedó así:

PESCADO FRESCO

Una vecina, amiga de la esposa de Genaro, yendo a estrenar la nueva pescadería, se detuvo frente al luminoso, y no pudo contener su normal cuchareta:

--Pero Genaro, ¿cómo que pescado fresco? Hombre, se supone que no vas a vender pescado podrido o en mal estado, ¿eh? Eso sobra, caramba.

El letrerito, cada vez más esmirriado, quedó entonces con una sola palabra:

PESCADO

Pero a la mañana siguiente volvió por el lugar el amigo que primero señaló lo que sobraba en el anuncio, y al ver que sólo quedaba “pescado” se echó a reír, y le dijo al ya no tan contento propietario:

--Genaro, pero... ¿todavía con eso? ¿Así que pescado? Hombre, si cualquiera que se acerque ve que es pescado lo que vendes, está ahí expuesto, a la vista, no estás vendiendo relojes ni vestidos de señoras, ¿eh?

Cuando Genaro regresó a su casa, sólo de ver la cara de su mujer ya supo lo que venía. Le dio un beso en la mejilla y le dijo:

--No me digas nada. Mañana mismo vendo la dichosa pescadería y al carajo...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


domingo, 6 de octubre de 2013

ESCARMENTAR... ME SUENA ESA PALABRA

lunes

El ser humano es muy curioso: a pesar de que sabe que todos los políticos son iguales de malos, acuden en masa a votarlos en cada cita con las urnas. Y después se quejan de ellos.

martes

Los ignorantes se creen sabios. Por eso se atreven a dar consejos sobre cualquier asunto a los demás, y nunca admiten que ellos son los que no saben, pues no saben que no saben.

miércoles

Cuando salí del hospital tras 5 días por un IAM en octubre de 2006, me encontré con que las primeras 17 personas que me saludaron eran ¡todos médicos! Ni una sola dejó de darme consejos sobre lo que tenía que comer, las medicinas que debía tomar, y el estilo de vida que tendría que seguir en lo adelante.

jueves

Encontrar una persona que admita que puede estar equivocada es tan difícil que parece imposible. Para casi todos los seres humanos es “el otro” el que no tiene la razón. Y “el otro” piensa lo mismo, por lo que la conclusión es que nadie se equivoca jamás.

viernes

Los (políticos) jefes del mundo siempre encuentran una excusa para armar una guerra. Y siempre declaran que la han armado porque si no lo hubieran hecho, “el otro” país hubiera puesto en peligro la seguridad del país atacante. Porque siempre hay uno que comienza. Una guerra nunca la comienzan dos o más países al unísono.

sábado

La justicia (el poder judicial) en los países democráticos (no hablemos de los que no lo son, donde no existe la justicia) siempre depende de los partidos políticos que proponen o nombran miembros de ese poder. Y para demostrar su dependencia, en esos países existe un Ministerio de Justicia. Si de verdad fuera independiente, ¿para qué ese Ministerio que forma parte del gobierno de turno?

domingo

Cuestión: que los pueblos seguirán quejándose de sus políticos pero a la vez seguirán yendo a votar en cada nueva convocatoria a las urnas por los mismos de los que se quejan /// que en ese caso, no se sabe si los ignorantes son los políticos o sus votantes que se dan golpes con la misma piedra muchas veces sin rectificar a pesar del dolor /// que aquí todo el mundo es médico y entrenador de fútbol, pues cuando se discute sobre alguno de esos temas, todo el que habla da una lección de sabiduría pensando que los demás no saben lo que dicen /// que “el otro” está jodido, pues no sólo no sabe lo que dice sino que lo repite en cada discusión, como los soldados a los que los generales que nunca mueren en las guerras mandan a morir sin que estos subalternos se rebelen /// y que la justicia es un mito, una utopía, un sueño de románticos trasnochados, pues lo que manda a la justicia es el poder además del dinero (lo que viene siendo lo mismo, pues el poder siempre está unido al dinero o viceversa), y hay que resignarse a aceptar que el mundo es así, que no hay quien lo arregle, que quien tiene padrinos se bautiza, y que... ¿nos rebelamos? ¿Para qué?, si cuando quitemos a los que están vendrán otros que como decía mi tío Pancho Casas: “to’s son peores”. Y mi tío sabía lo que decía...

Augusto Lázaro



@augustodelatorr

domingo, 29 de septiembre de 2013

INDEPENDENCIA, LIBERTAD Y PARIPE

A todos los gobiernos cubanos (algunos dictatoriales) anteriores a los hermanos Castro, les importó un pimiento que las personas que se querían ir de la isla se fueran. Todos fueron más “inteligentes”: si sus contrarios se largaban, mejor, así se quitaban posibles enemigos que quizás les generarían dolores de cabeza por mantenerse en un lugar donde no querían estar y sentirse frustrados y furiosos con un gobierno que no les permitía salir del país, como casi todos los gobiernos del mundo permiten. Pero los Castro les han prohibido a los cubanos irse de su país durante cincuenta años (ahora hay alguna apertura, tras medio siglo de mantenerlos en una cárcel enorme sin otra opción que fastidiarse -o irse por alguna vía- con semejante gobierno totalitario). Recuerden que fue Fidel Castro quien inventó los balseros: antes no había balseros, quien quería irse se iba y el gobierno ni se enteraba (ni le importaba tampoco que se fueran diez o diez mil).

Las prohibiciones siempre logran que el ser humano se interese más por lo prohibido e incluso que lo ejecute. Un gobierno inteligente jamás prohibiría a sus súbditos salir del país. Es y siempre será contraproducente. Así ha sucedido en Cuba, en la Europa del Este, en la difunta URSS, en China, y en Corea del Norte, único y último país realmente stalinista a ultranza y al tope, donde ha existido desde Kim Il-sung hasta ahora un desmesurado culto a la personalidad del gran líder, con 300 estatuas de su silueta, algunas de oro, a costa del hambre, el sufrimiento, la esclavitud y la ignorancia de una población embrutecida por la agilísima propaganda del aparato gubernamental que controla todos los medios y vigila, como el GRAN HERMANO, a cuanto ser movible existe en el territorio del país.

Igual que con los pueblos de los países sometidos sucede con algunas regiones de un mismo país que no desean continuar formando parte de ese país: sucedió con Québec, provincia francófona de Canadá, que hizo una consulta, en la cual la mayoría declaró que quería continuar siendo parte del país, y así sucedió. Canadá es un país civilizado: no hubo ni una sola alteración del orden, ni una sola página de campaña mediática en contra de la consulta, ni nada que pudiera interpretarse como una presión del gobierno central del país hacia esa zona en la cual una minoría de habitantes pretendió, vía consulta, que se separara del resto, y no lo consiguió. Eso es la democracia.

También sucederá con Escocia, cuya minoría de habitantes pretende separarse del Reino Unido, y que está condenada, como la de Québec, a quedarse formando parte de la 6ª potencia económica del mundo, cuya moneda no será nunca el euro, porque además de democrático es un país que tiene los pies en la tierra. Y bien sujetos.

Hartado del lequeleque de los medios españoles sobre la cacareada y aburridora letanía de la independencia de Cataluña del territorio nacional, me pregunto por qué el gobierno central no acaba de autorizar la dichosa consulta, y que se haga lo que los catalanes aprueben mayoritariamente. Y se acabó el problema. Si deciden salir de España, allá ellos, y si no, todos tendremos que respetar su decisión. ¿O es que España no puede ser, como Canadá y el Reino Unido, un país civilizado? ¿O es que España, al igual que los hermanos Castro, va a obligar a los catalanes, en caso de que su mayoría no lo desee, a continuar siendo parte de un estado al que odian y/o desprecian? ¿Qué se gana con eso?

Augusto Lázaro



@augustodelatorr

domingo, 22 de septiembre de 2013

EL GRAN NEGOCIO

Según don Jesús Palomino, lo más difícil de la crisis es descubrir que en realidad no existe, que ha sido creada por la mente malévola de los políticos para hacer el paripé y al cabo de poco tiempo llenarse de gloria por haber logrado salir de ella (de la crisis). Uno en el bar gritó: ¡PALOMINO PRESIDENTE!... pero nadie dijo ¡VIVA!...

La política es el gran negocio: casi no tienes que trabajar, vacaciones de 3 meses al año, sueldazos superados sólo por futbolistas y grandes empresarios como Amancio Ortega (que son pocos), sobresueldos legales (no morales) y muchas otras dádivas por cualquier cosa, añadidos a quienes no son de Madrid aunque vivan en Madrid, dietas para viajes y taxis (además de los coches), equipos ultramodernos para el trabajo y la casa, autos para lo mismo, etc. John Kerry no quiso creerlo cuando se lo informaron:

--Señor Secretario de Estado, hay un país cuyo gobierno tiene más funcionarios, asesores y coches que nosotros.
--¿Qué país es ése?
--España, señor.
--¿España? ¿Usted me está tomando el pelo?

Un gran negocio, sí señor: ¿o usted cree que los que se vuelven locos por entrar en la política y convertirse en líderes políticos lo hacen por amor a la patria y al pueblo? Vamos, hombre (o mujer), que el tiempo de los bobos se acabó, dice una canción cubana de los 50. Es cierto que a veces se buscan problemas, que pierden su intimidad, que los medios los hacen papilla, y todo lo demás, pero... ¿no vale la pena el altísimo nivel de vida que tienen cuando están en la mamandurria? Óigame, con lo que se embolsilla un político cada mes (y no de los más altos) yo podría vivir cómodamente durante todo un año. ¿Que exagero? Se ve que usted no está enterado de la pasta que manejan esos especímenes de los que mi tío Pancho Casas decía que siempre hay que desconfiar.

--Mira, querido sobrino, de los políticos no esperes nada, porque... to’s son peores (y cerraba el periódico, lanzándolo al cesto con tamaña puntería: nunca caía en el suelo).

Mi tío Pancho estaba claro desde esos lejanos años. A mí me costó estarlo varias décadas, porque yo también me dejé impresionar por esos bípedos que siempre triunfan porque mienten: si dijeran la verdad nadie los votaría, claro. Por desgracia no tengo ningún amigo político. Si lo tuviera mi situación sería distinta y diferente y hasta desigual, como dicen ahora esos fabricantes de camisas estereotipadas carísimas que les endosan a los incautos que las lucen creyendo que nadie más las tiene. Pero eso es otra historieta que no encaja aquí.

Cuestión, que si usted es un político no se entera de la crisis y a vivir la vida como Carmelina, qué carajo. El que puede, puede, y como dice el refrán revolucionario: “al que Dios se la dio... San Pedro se la bendiga”. Y a votar, que da lo mismo Juan que Juana: cualquiera que votemos nos va a joder la vida...

Augusto Lázaro



@augustodelatorr

domingo, 15 de septiembre de 2013

LOS AMIGOS, ¡AY!

En el edificio donde vivo hay de todo, como en la viña del Señor. O “como en botica”, refrán tomado de EL TESORO DE LA JUVENTUD, enciclopedia que tenía mi padre y donde según él mismo adquirió su “sabiduría”, propia de tantas lecturas y consultas y sobre todo, de su edad, porque su refrán favorito era “más sabe el Diablo por viejo que por diablo”. Pues eso, en mi edificio puede encontrarse cualquier tipo de persona. Y hace unos días mi vecino Conrado, que vive plácidamente con su esposa Isabel formando una pareja envidiable, me decía: “la convivencia es difícil, muy difícil”, y por venir de quien venía llevaba implícita una tonelada de razón.

Y es que en este puñetero mundo no hay dos personas iguales, no físicamente, sino en su totalidad: dos personas nunca piensan, sienten, hablan, actúan de manera igual, ni siquiera parecida. Sobre todo en lo que respecta a la manera de pensar y razonar sobre cualquier asunto, y eso se ve hasta en los amigos más íntimos y que mejor se llevan, que tienen discusiones cuando no están de acuerdo con algo que el otro (siempre “el otro”) ha dicho o hecho. Pero cuando la amistad es sincera (muchas veces no lo es) y se tiene esa varita mágica para conservar amistades (y amores) que es la tolerancia, los problemas se resuelven discutiéndolos civilizadamente, pues hace rato salimos de las cuevas y nos quitamos los taparrabos, aunque hay muchísimos que todavía parecen cavernícolas. Y lo peor, que algunos de ésos tienen mucho  poder.

Alguien dijo una vez, con mucha ciencia, que “nada hace más daño que un necio con poder”, sobre todo si el necio pretende “salvar” el mundo, afán muy de dictadores de todas las ideologías. Y ese afán de “salvar”, reducido a niveles más modestos, se ve en ese tipo de amigos que siempre nos están “enseñando” cómo debemos vivir, actuar, hacer y pensar. Y hasta decir en muchas ocasiones. Son amigos (aparentemente) que pretenden, porque te quieren, hacerte un bien, y te sueltan un sermón donde enumeran una serie de puntos que entienden que tú haces mal o que debes rectificar, porque tu vida se está convirtiendo en una nave sin rumbo. Verdaderos profetas que en nombre de la amistad y el cariño que dicen tenerte actúan como aquel que empedró los caminos del infierno justificándolo con sus buenos deseos de ayudar. Como dijo John, el de la peli: “con estos amigos no necesitas enemigos”.

Conozco a uno de esos “amigos sinceros” que han convertido la relación que tienen con otros en un verdadero “magisterio” de enseñanzas, observaciones, sugerencias y consejos, dejando para otras oportunidades conversar como realmente conversan dos amigos y no como un profesor con su alumno “descarriado” al que hay que indicar y hacer ver el buen camino. Pero el peligro de una relación con uno de estos amigos (que si los tienes, como dice John, no necesitas tener enemigos) aparece cuando las críticas de ese amigo pasan a la ofensa gratuita y a endilgarte epítetos inaceptables como “tú lo que estás es perdiendo tu tiempo, comiendo mierda, de una guanajería (gilipollez)
en otra, y...” etc. Entonces, ¿vale la pena mantener esa amistad?

Parece muy difícil lo que tan fácil sería para la buena relación amistosa: ¿por qué no dejar que “el otro” viva como desea, si nos ha dicho que así como vive se siente muy bien y es feliz? ¿Es que nos creemos perfectos, infalibles, nonplusultras para decirle a los demás cómo tienen que vivir?

Augusto Lázaro



@augustodelatorr

viernes, 6 de septiembre de 2013

CONSUMIR, QUE SON DOS DIAS

Se acabó agosto y ya pronto se acabará el calor para desdicha de Al Gore y tantos listillos que le han sacado muy buenos dividendos al asunto ese del calentamiento global. Aquí no tendría tanto éxito, pues en Madrid el invierno dura 9 meses y el verano sólo 3. Pero como decía mi padre, “el mundo es de los livianos” que saben encontrar el conducto por donde le entra el agua al coco sin la ayuda del investigador ecológico don Jesús Palomino, que se proclama como el que logró descifrar el enigma.

Comienza septiembre y ya pronto empezará el airecito frío que favorece a los comerciantes con sus nuevos modelos que aunque a muchos no les haga falta, no faltarán quienes se gasten un poco por tener esa nueva onda, “mira aquella cazadora, Matilde, no me digas que no es una monada, ¿eh?”, y así son las ventas cuando son de rebajas. O no. El caso es que los comerciantes viven de meterle a la gente en el moropo que hay que cambiar cada año de vestido, de jersey, de vaquero, de bolso, de collar, de móvil, de tableta, de zapatos, de cinturón, de camarita fotográfica, “ahora traen un complemento, mira, Josefo, ¿lo ves?, es para reproducir las fotos directamente en  un disquito de esos que se usan, ¿sabes?”, y a la carga, consumidores, que se acaban las gangas.

Pues me puse a revisar mi stock general y me di cuenta de que sólo tengo 1 equipo para cada uso, y en el vestuario la cantidad de ropa que realmente necesito y que me imagino que no ha pasado de moda, aunque para mí la única moda aceptable es la comodidad. Lo demás es gastar el dinero que a tantos les cuesta tanto ganar u obtener (hablo de las personas decentes, especie en extinción me temo). De vez en cuando visito algún centro comercial y me maravillo de cómo los dueños de la “necesidad” penetran en la mente del público consumidor: maravillas de productos con nuevos modelos, estilos sofisticados, elegancia indiscutible en los diseños, etc., que logran crear esa falsa necesidad de adquirir lo que el centro pone en oferta, con lo que se aseguran unas ventas que sobrepasen el plan de la temporada.

Me pregunto si los bienes materiales pueden hacer feliz a un ser humano. Porque hablar de los espirituales o morales o intelectuales cada día se vuelve algo así como “arar en el mar”, por la poca atención que la sociedad desarrollada le brinda a estos aspectos de nosotros los bípedos pensantes (sí, porque hay millones de bípedos que parecen no pensar nunca). Pues sí: hay quienes aseguran (y conozco a algunos) que lo que les interesa es eso: el móvil, el ordenador, el televisor, el equipo sofisticado de música en estéreo, el cine en casa 3D, el coche en el garaje (o en el aparcamiento), el armario repleto de la última moda, la casa aquí y en la playa o en la montaña, según el gusto, y en fin, que además de los alimentos imprescindibles, todo lo citado forma parte inobviable de esa felicidad comprada con el dinero que es, como dice el refrán: “poderoso caballero”.

Sin embargo, me remonto a mi lejana niñez, allá en Pinar del Río, en una casa pobre, con los elementales servicios para no parecer una covacha, y donde fui feliz, realmente feliz, rodeado del desconocimiento de que en el mundo había maldad... y en aquella casa de mi mundo infantil sólo había un radiorreceptor, del tamaño de una pelota de fútbol, en el que oíamos, mis padres y yo, los juegos de pelota (béisbol), ya que todavía no teníamos televisión... Aquella sensación de total felicidad nunca más la he conocido, a pesar de que ahora estoy rodeado de los adelantos más sofisticados de la ciencia electrónica...

Augusto Lázaro



@augustodelatorr

viernes, 30 de agosto de 2013

LA VIDA POR INTERNET

Era un fan de la informática. Era un apasionado de Internet. Era un maestro en el arte de teclear, hasta el punto de que jamás miraba el teclado cuando escribía, y escribía diariamente. “Si miro las teclas me equivoco”, decía. Decía que su padre le había enseñado, de niño, antes de entrar en la primaria, 4 cosas que en la vida le habían servido de mucho, incluso lo habían sacado de apuros propios de la adolescencia cuando arribó a tan propicia edad para cometer errores y hacer disparates. 4 cosas, entre otras de menor importancia:

1)     leer
2)     el reloj
3)     las tablas aritméticas: sumar, restar, multiplicar y dividir hasta el 10
4)     jugar ajedrez

--En el ajedrez, al principio, mi padre se dejaba ganar, pero con el tiempo lo fui superando, y en plena adolescencia ya jugaba mejor que él... –me dijo un día de mutuas confesiones infantiles.

El tiempo es lo único que jamás se detiene. Pasa, a veces rápido, a veces lento, a veces no pasa cuando se sueña que está pasando. Pero el almanaque es implacable. Aquel aficionado al ajedrez estudió, se graduó, comenzó a trabajar, se casó, tuvo hijos, y sobre todo, poco a poco fue envejeciendo. Pero nunca dejó de aprender.

--Cada día aprendo algo nuevo, de cualquier persona. Aprender es bonito y provechoso –me decía siempre.

Y siempre con un libro en su portafolios o en las manos. Le gustaba leer. Desde niño le gustó leer. Pero un día descubrió un aparato que lo maravilló literalmente: los había visto muchas veces, pero esa vez tuvo uno a un metro de distancia, en un centro comercial, al alcance de sus ojos y sus manos. Lo miró. Y lo tocó. Era un ordenador (computadora). Y a partir de ese día soñó con tener uno igual a ese que había
descubierto...

Y pasó el tiempo. Aquel muchacho inquieto y curioso que aprendía de todos diariamente, y de los libros, los periódicos, las revistas, y de todo lo que caía en sus manos que podía leerse, se convirtió en un verdadero seguidor de Internet, a lo que dedicaba una parte importante de su tiempo. Y el Internet motivó que su espacio se fuera llenando de otros aparatos accesorios o complementarios para dicha función, hasta el punto de que necesitó muy pronto más espacio para colocar tantos cables, mandos a distancia (telepilots), móviles (celulares), equipos electrónicos, ipads, iphones, impresoras, bafles, cartuchos, alargadores, ADSL, línea telefónica, flash-drives, discos, tarjetas SD, routers, módems, extensiones, wifis, discos duros externos, y... y todos los sistemas operativos (Windows 95 y 98, 2000, XP, Vista, 7 Home Premium, hasta el tan criticado Windows 8 que tantos dolores de cabeza le dio), que un mal día lo machacaron tanto que de pronto se paró en medio de su habitación convertida en oficina, rodeado de tantos aparatos que casi no lo dejaban caminar, y lanzó un grito que hizo correr y llamar a su puerta a la vecina inmediata, asustada por semejante reacción hasta ese momento nunca oída por ella...

Ahora está ingresado en una habitación personal del psiquiátrico, donde descansa al fin de su afición extrema o extremada, y donde cada enfermera que pasa por su lado siempre lo oye diciendo en voz baja algo así como “haz clic aquí, haz clic aquí, haz clic...” mientras sonríe, con la vista dirigida a una distancia que no existe más que en su imaginación otrora creadora y productiva...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr