lunes, 20 de febrero de 2017

Y A PESAR DE TODO... VIVIMOS

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Me pregunto cada día al despertarme cómo es posible que haya llegado a la edad que tengo, en un mundo en que la vida de un ser humano cada vez vale menos y al mismo tiempo se rodea de más y nuevos peligros que lo acechan: sobrevivir “para contarlo” ya va resultando una verdadera proeza. Por eso me asombro cuando se publica que en el país tal hay un señor que ha cumplido nada menos que 116 años, y lo mejor, con lucidez y sin demasiados achaques ni enfermedades como sería lógico a esa larga edad. ¿Será que algunos terrícolas se están volviendo inmunes a las desgracias, peligros y enfermedades que los rodean? Porque esos longevos que salen en los medios que han rebasado la centuria, casi siempre suelen ser de países pobres o empobrecidos que no figuran en ninguna lista de los grandes desarrollados que celebran en Suiza sus numerosas reuniones y ágapes fastuosos para congraciarse con ellos mismos al haber logrado tantos y tales triunfos a pesar de la situación caótica del mundo en general...

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Me he preguntado y le he preguntado a personas que conozco que rebasan los 90 si antes la gente se enfermaba tanto como ahora. Sus respuestas son tan variadas como interesantes:

--es que antes no teníamos los medios que tenemos hoy y no nos enterábamos...
--bueno, antes la vida era más saludable, el aire más puro, los alimentos más naturales, no se comía tanta basura como ahora, no había tantos vehículos enviciando el espacio urbano, fíjese que los campesinos, lejos del mundanal, como decía ese escritor que no recuerdo su nombre, viven mucho mejor y más saludables que nosotros los que vivimos en grandes ciudades llenas de polvo, basuras, aire contaminado como dicen, y todo eso...
--yo creo que antes era lo mismo que ahora, siempre la gente se ha enfermado, y antes se morían más, porque las medicinas y la ciencia no estaban tan adelantados como ahora...
--¿no será que ahora somos muchos más y por eso cuado usted acude a una consulta ve más gente esperando?
--y quizás también que haya menos facultativos para atender a tantos pacientes y por eso usted ve tanta gente en las consultas esperando...

Y así más respuestas, muy amables, y con cierta filosofía que alcanzan quienes llegan a esa edad que todavía no he llegado a descifrar si es en verdad maravillosa, como dicen esas revistas para “la tercera edad” o si es un infierno disimulado por las informaciones sobre las actividades que pueden realizar las personas que ya pasan de esa edad en que se comienza a soñar despierto y a añorar un pasado que sabemos que nunca podremos repetir...

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No obstante, hay quien no se cansa de repetir que “la vida es hermosa todavía”, provocando discusiones en bares y otros sitios donde la población descansa y bebe, pero sea cierto o no que la vida es hermosa (sobre todo para una minoría poderosa y rica), de lo que estoy convencidísimo es de que lo único (LO UNICO) que no debemos hacer, por inútil, es lamentarnos de la suerte que nos ha tocado a cada uno, seguir adelante con achaques y molestias, hasta que tengamos que repetir aquellas palabras tan sabias y pintorescas que me decía mi vecino cubano don Francisco Santa Cruz-Pacheco Riverí, cuando regresaba a mi casa, colindante con la suya, y le preguntaba “¿y qué tal, don Francisco?” Su respuesta era tajante: “pues aquí, mijo, esperando el carrito”...

Augusto Lázaro



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lunes, 13 de febrero de 2017

TENER Y DESEAR

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Me gustaría poder escribir como lo hacen algunas amistades que tengo vía Facebook, cuyos mensajes siempre son positivos, optimistas, llenos al parecer de ese amor a la vida que tanto necesitamos (re)activar en nuestras emociones y en nuestro estilo de vida. Hablar de pájaros que trinan al clarear el día, en los árboles que desde mi ventana puedo ver al levantarme cada amanecer, de niños rozagantes jugando en los parques con sus juguetes o amiguitos, o sus perros, riéndose siempre, como si la vida que les espera fuera un jardín lleno de flores de todos los colores del espectro, de que en el mundo reina la paz y la fraternidad, de que las guerras sólo son un mal recuerdo de estos últimos siglos, de que todos los países tienen relaciones amistosas y nadie se pelea por una porción de tierra o mar, o un pozo de petróleo, o una manera de pensar y ver el mundo, de que cuando salgo a la calle siento deseos de abrazar a cuantos me pasan por delante, de besar a las muchachas que se divierten en sus citas y sólo piensan en el Carpe Diem (muy saludable, por cierto), de... en fin, cuánto me gustaría todo eso. ¡Cuánto! ¡Ah! Pero como decía Heberto Padilla en uno de sus poemas de aquel libro que tanta tela descosió en los medios de medio mundo (Fuera del Juego): “pero la vida era otra cosa”... Y no hacemos nada con lamentarlo, pero es cierto: todo lo que dije sólo son deseos e ilusiones, porque... LA VIDA ES OTRA COSA...

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Mi mamá me cantaba canciones infantiles que ella oía en un programa radial cuando en mi casa ese era el único aparato eléctrico (además de la luz) que había. Me cantaba una que decía que un patito se había enamorado de una amapola, pero que la flor estaba alto alto alto, y el pobre animalito sólo era eso: un patito chiquitito y nada más... Ya en la adolescencia escuché otra canción que esta vez me dejó más asombrado aún: Miguel Aceves Mejía cantaba, no sé si una ranchera o un corrido, que entre otras cosas decía:

El amor del hombre pobre

Es como el del gallo enano:
En querer y no alcanzar
Se le pasa todo el año...

Las dos canciones citadas, que parecen tonterías, contienen sin embargo el resumen de lo que es realmente la vida para cualquier ser humano: el empeño en llegar lejos, más lejos, más alto, y de tener lo que no se tiene o no puede tenerse. Esa es la lucha que mi mente casi todavía infantil se grabó para siempre en su pequeño cerebro buscador de cosas nuevas que lo pusieran a pensar. Si ustedes examinan ambos textos, no se quedarán indiferentes...

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Cuentan las leyendas apócrifas que el hombre de las cavernas progresó a partir del día en que un matrimonio se asomó a su cueva y la mujer le dijo al marido que se fijara en la cueva del frente, lo grande y cómoda que parecía, mientras ellos tenían que acomodarse en un espacio que apenas les alcanzaba para comer y descansar. Si el hombre no hubiera aspirado a mejorar, a tener mejores cosas que le permitieran vivir mejor, todavía estaríamos en las cavernas y con taparrabos, articulando ruidos con la boca que sólo entendían ellos mismos... De ahí nació la ambición de no conformarse con lo que se tiene y desear siempre tener más. Pero cuando, a pesar de tener muchas cosas, el hombre moderno desea tener más, surge la complicación de la lucha entre el deseo de TENER y la realidad de NO PODER TENER todo lo que se quiere. En esa lucha brilla (y brillará por siempre) la desigualdad humana que permite que unos tengan mucho (algunos demasiado) y otros tengan poco (algunos casi nada) sin igualdad ni justicia, porque ambas cosas no existen ni existirán jamás, por muy buenas intenciones que nuestros políticos se empeñen en vendernos como su razón de ser (la de quienes gobiernen, dirijan y controlen nuestras vidas). Es injusto, lo sabemos, pero ¿debe el hombre desear siempre tener más y más? ¿O debe conformarse con ver a Nadal, por ejemplo, disfrutar de un flamante yate de 15 millones de euros al que un simple mortal no puede ni siquiera soñar?...

Augusto Lázaro


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lunes, 6 de febrero de 2017

LOS OJOS QUE NO QUIEREN VER

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Otra personalidad artística que deja las redes sociales (o que nunca estuvo en ellas): Jennifer Aniston. Cada día son más las personalidades que declaran no estar conectados a ninguna red, casi todos sin explicar por qué, como Julia Roberts. Carlos Alsina dice en un artículo al respecto que en las redes sociales el 90% de sus contenidos se limita a 3 cosas: política, asuntos personales que a nadie interesan más que a sus protagonistas, y tonterías. Muchas tonterías. Revisando los contenidos de algunas redes (yo estuve en Twitter y ahora me mantengo, yo mismo no sé por qué, en Faacebook, además he visto algunas otras “por arribita”) me parece que a Alsina le faltó una de las principales aportaciones que también pueden encontrarse en las redes: los insultos, a veces sin ningún respeto a la (o las) persona insultada. Unos reciben respuestas, convirtiendo la red en que se “pelean” en verdaderas corralas que ensucian lo que podría servir para la ilustración o información de sus usuarios, otros simplemente no contestan e ignoran al (o los) insultante que se derrite en su detritus, que para mí es la mejor forma de tratar a estos especimenes que pululan en esas creaciones que no se hicieron para semejantes encontronazos inútiles y groseros. Ojalá que esto no termine “como la fiesta de El Guatao”, dicho “a lo cubano”. Porque de seguir así, mejor sería sentarse en un parque a disfrutar del paisaje urbano y social... de ser posible...

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La mal llamada justicia española tiene tela para la literatura. No voy a nombrar las veces que algún magistrado deja libre a personas que en cualquier otro país se pudrirían entre rejas hasta el día de su muerte, porque sería aburrir a quien me lea, pero basta citar un par de casos recientes (¿recientes?) para comprender de un tirón el enorme desamparo que tenemos los de a Metro ante lo que debería ser, según aquellas infelices y cínicas palabras del anterior monarca: “la ley es igual para todos” que en algunos como el Menda provocaron carcajadas primero y lágrimas después. Los dos casos son simples: ¿por qué los Pujol no están en la cárcel? ¿Estarán algún día o la Justicia está esperando que sus delitos prescriban para que salgan de rositas de maíz (palomitas), paseando sus timbales como dueños y señores de Cataluña y yo diría que de parte de España? Y el caso del famoso y lamentable accidente del Yak 42 ocurrido en 2003 donde murieron 68 españoles: se mantuvo en silencio durante ¡13 años! Y al cabo de ese tiempo sale a la luz, acusando al Partido Popular y a otros personajes de aquel momento, en nombre de las víctimas. ¿Por qué callaron durante 13 años y ahora lo sacan a la luz? Y nadie habla de eso. Como si todos se tragaran el anzuelo o picaran el misterio de esos 13 años de silencio en los cuales nadie se acordó de las víctimas ni reclamó justicia para ellas...

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El mundo revuelto y cada vez peor (perdónenme el pesimismo realista), y causa gracia ver cómo en este país se pierde el tiempo, ocupándonos de asuntos que, aunque algunos se empeñen en que van a afectarnos, no son más que pamplinas (asuntos internos y externos), como esas opiniones sobre todo lo malo que es el señor Trump, al que le achacan lo que realmente tiene de “malo” y muchas otras cosas que no tiene (¿cuántos lo han comparado con Hitler, como antes hicieron con otros presidentes de EEUU, también “htlerianos”?). Es curioso cómo cada vez que se menciona la maldad jamás se nombran los mayores genocidas de la Historia: Mao Tse-tung y Iosif Stalin, ambos por encima de Hitler en crímenes, sangre y muerte. Pero la “derecha” española, además de tonta y blandengue, carece por completo de iniciativa para hacer lo mismo que la izquierda: tomar la calle y los medios para una agit-pro que tanto necesitan, porque ya se sabe que a las masas hay que adoctrinarlas con mentiras que parezcan verdades, para que al final se lo traguen todo sin averiguar mucho lo que ven, leen y oyen. En fin, que estamos sentados en una bomba de tiempo y ojalá me equivoque, pero esto puede estallar en cualquier momento. Este mensaje de pesimismo lo que pretende es que esa situación no cristalice nunca, y el fantasma de la guerra sea apartado de una vez de nuestros diccionarios, y sobre todo, de nuestra mentalidad agresiva y violenta...

Augusto Lázaro



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lunes, 30 de enero de 2017

EL IMPARABLE ASCENSO DE LA ESTUPIDEZ

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He leído que Albert Einstein tenía 160 de coeficiente intelectual. No sé si será cierto. Tampoco sé si es un coeficiente alto, normal o bajo (me inclino por lo primero), pero echando un vistazo a cómo va el mundo (y el mundo lo componen las personas, la Naturaleza, y otras cosas, la mayoría de las cuales han sido creadas por seres humanos, para bien algunas, para mal otras) el coeficiente intelectual de los habitantes de este planeta va en picada cada vez con más fuerza. Porque de casi todas las calamidades que estamos (y estaremos) padeciendo, tienen la culpa los seres humanos que al parecer cada día pierden un poquito más de sus capacidades intelectuales y se suman a quienes se dedican a perder su tiempo en actividades que nada producen y sí los arrastran, irreversiblemente, a una decadencia que a la larga perjudicará a todos los habitantes de La Tierra, no sólo a ésos que cada vez se acercan más a una nueva mayoría imparable y dominante...

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Einstein dijo una vez que “en la vida sólo hay dos cosas infinitas: el Universo, y la estupidez humana... y a veces dudo de la primera”. Quizás el cerebro más preclaro del siglo XX previó (citando el subtítulo del libro de Pino Aprile) “el imparable ascenso de la estupidez”, lo que puede fácilmente comprobarse en las conversaciones que mantienen las personas, sobre todo los jóvenes, y hablo, claro, de la mayoría, no de todos, en las que no se oye nada que tenga que ver con asuntos culturales o de interés científico, técnico, artístico, literario, etc., sino sólo de asuntos tan baladíes y reiterativos que tal vez por eso los jóvenes han decidido que, como tienen poco o nada de interés que decir, lo mejor es dedicarse a sus aparaticos llamados móviles (en América celulares) y olvidarse de cualquier contacto realmente humano con amigos o conocidos con los que suelen compartir parte de su tiempo. Por cierto que últimamente no son sólo los jóvenes los que manipulan a sus anchas ese aparatico que forma una parte importante de su quehacer vital, en cualquier sitio donde estén...

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No es que yo sea de esos que suelen decir “cualquier tiempo pasado fue mejor”, cosa por cierto muy discutible según desde qué punto se analice o se mire, pero confieso que tanta estupidez no la había visto antes, y lo peor, la celebración y el apoyo con que cuentan quienes menos capacitados están para ocupar ciertos cargos o ser un personaje vomitivo que triunfa en la TV. No hay más que leer la mayoría de los libros que se publican, las canciones que triunfan y arrastran pasiones, las obras que se presentan como gran arte, los “aportes” que se hacen a las distintas manifestaciones de la ciencia y la técnica, donde diariamente aparecen nombres que supuestamente han “creado” algo bueno para la humanidad, que después de algunas semanas jamás se vuelve a mencionar. El tiempo en que vivimos lo resume claramente un microdiálogo sostenido por un padre con su hijo. El padre le dice:
--¿Y qué quisieras ser cuando seas grande, hijo?
El hijo no lo piensa dos veces y le contesta:
--¿Yo? Hombre, papi, pues... un idiota...

Augusto Lázaro



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miércoles, 18 de enero de 2017

LA GENERACION DEL MOVIL

La palabra “progreso” se utiliza en muchas dudosas ocasiones. A veces el tal progreso sólo significa que nos estamos deshumanizando lentamente, y que el encuentro que hemos tenido siempre con nuestros semejantes se ha convertido en un contacto inalámbrico donde sólo se ven imágenes y letras de amigos y familiares, a quienes nunca se tienen frente a nosotros, o sea, “en persona”. Porque comunicarnos con ellos es en realidad comunicarnos con una máquina, un aparato, una pantalla impersonal...

Se ha vuelto algo normal entrar en un autobús, por ejemplo, y observar que el 80% (y me quedo corto) de los viajeros están atentos a ese aparatico que controla la vida de las personas como si éstas dependieran de él para todo lo que tienen que hacer, y se olvidaran de que la vida tiene otras cosas que poco a poco se van reduciendo al móvil (celular) y algo más como comer, estudiar o trabajar (quienes lo hacen), si acaso ver algún programa mierdero en la TV, y nada más. ¿Y los amigos, las relaciones con la humanidad, el encuentro para pasar un buen rato, etc.? Pues nada, todo vía móvil. El móvil es el contacto principal (y pronto será el único) que se tiene con los amigos, conocidos, hasta con el estudio y el trabajo que ya pronto dependerán de pantallas en lugar de pupitres, cuadernos, libros, herramientas, etc. La generación del móvil impera y es indetenible. Y lo peor todavía no ha llegado. Es bueno leer esa novela de Asimov titulada EL SOL DESNUDO (The naked sun) para hacernos una idea de cómo viviremos dentro de muy poco tiempo... los que no nos hayamos muerto antes, por supuesto...

Una anécdota que casi no puede creerse podría ilustrar estas opiniones:

4 chicas (2 estudiantes, 1 trabajadora y 1 nini), que hace meses no se ven por diversas circunstancias, se ponen de acuerdo para encontrarse una tarde en un bar y charlar sobre sus vidas y demás. Llega el ansiado día, y cuando ya están sentadas en una mesa del escogido bar, después de los besos, abrazos, saludos, etc., las 4 sacan sus móviles y cada una se pone a operarlo, clavando su vista en la pequeña pantalla de los aparaticos. A las 2 ó 3 horas, deciden al fin separarse. Durante todo ese tiempo no se han dicho nada de sus vidas y demás, sólo han atendido a sus móviles mientras hacen algunas exclamaciones, toman algunos sorbos del refrigerio que han pedido, y nada más. O sea, que al salir del bar las 4 están como cuando llegaron: sin saber nada las unas de las otras. En la despedida, una de ellas dice:
--Chicas, tenemos que quedar para otro día. La verdad que hemos pasado una tarde maravillosa...
Y se retiran, con más besos, abrazos, y la promesa de encontrarse otra vez y volver a pasar otra tarde maravillosa, conversando entre amigas sobre sus vidas y demás...

Augusto Lázaro


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miércoles, 11 de enero de 2017

EL FIN DE LA TIERRA... ¿O DE LOS TERRICOLAS?

2017 ha comenzado con La Tierra en una situación que, sin pecar de demasiado pesimista, puede decirse peligrosa. “El mundo está revuelto”, dicen cada día más personas. Pero quienes revuelven el mundo somos nosotros, sus habitantes, que no hemos sabido (ni querido) cuidarlo, olvidando que esta es nuestra casa y por tanto, las atrocidades que cometemos contra ella siempre se vuelven contra nosotros. Ante esa situación cabe preguntarse, aunque esto parezca diabólico: ¿es bueno el ser humano? No me atrevo a dar una respuesta, porque no estoy capacitado para darla, pero repito una vez más que actualmente la humanidad no me merece mucho respeto, en general...

Eso en cuanto a la Naturaleza que estamos destruyendo. Por otra parte, la situación económica, social y política no se queda atrás en la nominación de los peligros que nos amenazan. Las guerras (que no hay Dios que pueda eliminarlas y que lejos de mermar aumentan), el terrorismo que también crece indetenible por la blandenguería de los gobernantes que muestran una tolerancia que más tarde o más temprano se volverá contra ellos mismos, los atentados que tantas víctimas inocentes causan y que se repiten tanto que ya es raro el día en que no aparece en los medios alguno de estos crímenes solitarios a veces llamados “inmolación” en nombre de Alá, los asesinatos de mujeres y otras víctimas a manos de personas que si no hablaran parecerían animales salvajes, atropellos, palizas, violaciones, asaltos, robos con fuerza, intimidación... y etc. Sí, ya sé que estoy pintando un panorama grotesco y pesimista, sólo que es REAL y que nuestros informadores callan, algunos intentando vendernos un mundo de color de rosa, a pesar de que todos los que no somos idiotas sabemos que esto va poniéndose peor cada día, lejos de mejorar...

Y podríamos preguntarnos si el futuro del planeta y de sus habitantes tiene probabilidades de mejora. Si sobreviviremos a una catástrofe nuclear o si, habiendo superado la amenaza de una tercera guerra mundial (que no hay que descartar) los islamistas se apoderarían primero de Europa la débil, y poco a poco de todo el resto de los continentes en los que todavía no tienen esa fuerza que en el viejo van adquiriendo día a día. La izquierda retrógrada, o una parte de ella, se vanagloria algunas veces de las victorias del islamismo, y pretenden que, si triunfa, podrían hacer una alianza con los militantes de esa religión (la única que mata en nombre de su dios). No saben, los muy tontos, que si eso sucediera, las primeras víctimas del islamismo serían los izquierdistas ateos, porque los islamistas consideran infieles a todos los que no creen en ningún dios, y a los infieles habría que eliminarlos sin contemplaciones...

Ese es el futuro que nos espera... o quizás no. Todo depende de los políticos, y ¿podemos confiar en los políticos? Es la pregunta que debemos hacernos, a ver si encontramos una respuesta que nos dé algún rasgo de esperanza...

Augusto Lázaro



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martes, 13 de diciembre de 2016

¿PENSAMIENTO UNICO?

Últimamente se está notando en España un acercamiento general al pensamiento único. Me explico: en ningún medio informativo (prensa, radio, televisión, Internet) se tolera (o permite) que alguien se exprese en contra de las corridas de toros. O sea, que “hay que estar a favor de las corridas, si no, callarse” parece ser la consigna tácita y/o unánime de los participantes en la confección de esos programas o medios. Casos abundan, no sólo el de los toros. Por ejemplo, con Rita Barbera pasó lo mismo: todo el mundo tenía que “machacar” a la mujer que padeció un acoso espectacular, por una cantidad irrisoria: €1000, mientras que de dos personas sospechosas y de cuidado, como Manuel Chaves y José Antonio Griñán, nadie decía nada, y en ellos se trataba nada menos que de €741 MILLONES... Con el fútbol es igual: a quien no le guste ese deporte, se le cierran las puertas de opinión en todos los puntos cardinales de la península. Nada, que hay que ser amante del deporte de las patadas a los balones, y fan de Messi y de Cristiano, aunque estén acusados de varios delitos por los que es casi seguro que no responderán con ninguna pena. Y así podría citar muchos casos más. En España, ya no se llama “rarito” al que piensa distinto, hay veces que hasta se llega a calificar a esas personas de “fachas” y de sospechosos de algo que nadie ha podido descifrar a plenitud. Eso en España con España. ¿Y en España con el mundo? Veamos:

Con Donald Trump sucede algo similar: todos los medios lo machacan constantemente, lo pintan como un monstruo, ignorando que no hay personas totalmente buenas o totalmente malas, y al presidente que eligieron los norteamericanos (no los españoles, como hubiera sido del gusto de tantos), no le encuentran ni una sola gota de bondad. No se puede comentar nada a favor del nuevo presidente en ningún medio (puede haber rarísimas excepciones con algún personaje que por su prestigio y poder se “atreva” a hablar bien de Trump, pero le cae encima una lluvia de críticas que lo deja frito. Hablar de lo que va a hacer quien todavía ni siquiera ha tomado posesión de su cargo no es más que una tontería que sólo muestra la inmadurez política de nuestros flamantes informadores...

Otro asunto tabú es el de la flamante Unión Europea con su estrella brillante, el euro. También hay que estar a favor de la UE, cuidado con opinar distinto, pues enseguida los proueístas te tachan de antieuropeo, como si la UE hubiera sido la salvación del viejo continente. Y del euro qué decir si no es proclamar la maravilla que resulta, tal que a partir de su implantación el poder adquisitivo de los ciudadanos de la Unión bajó considerablemente. Un solo ejemplo, teniendo en cuenta que un euro equivale a 167 pesetas (en España): un periódico valía 125 pesetas, ahora, entre semanas, vale 1.50€, casi el doble al cambio. Saquen la cuenta y ya me dirán... y de la salida del Reino Unido mejor ni mencionarla, porque quien no esté en contra de esa decisión (también tomada por los ingleses y no por otros ciudadanos de otros países), no es más que un... en fin, que ya saben de lo que se clasifican los brexistas...

El islamismo y los musulmanes igualmente se las traen, aunque en este aspecto todavía pueden leerse, muy de vez en cuando, opiniones contrarias a la “invasión” de refugiados, entre los cuales llegan, de todos sabido, terroristas islámicos a desgraciarnos la vida, y la tolerancia exagerada de este país llega a extremos tan absurdos y ridículos como permitir el velo y otras costumbres y símbolos de esos países donde no se nos permite a nosotros la más mínima demostración de los nuestras. En cualquier lugar puede leerse un cartel que dice REFUGEES WELCOME, y sin embargo, jamás verás uno que diga REFUGEES GO HOME, y ¿me van a decir que no hay miles de miles de españoles que lo piensan, que no están de acuerdo con semejante “invasión”?

Y etc. etc. etc.

En fin, que el pensamiento único es privativo de dictaduras repugnantes como la norcoreana, la cubana, u otras que conocemos, con las cuales, para vergüenza de algunos, mantenemos vínculos casi cariñosos, sin que ni una sola voz proteste ni proclame que más que el dinero valen la dignidad, el decoro, la vergüenza, echando por la borda aquel pensamiento de José Martí que tanta falta nos hace recordar: “cuando hay muchos hombres sin decoro, hay quienes llevan en sí el decoro de muchos hombres”... Sólo que aquí esos hombres permanecen callados y resignados a que el dinero es lo único que cuenta. Todo lo demás, parece cosa de segunda mano...

Augusto Lázaro



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