lunes, 20 de noviembre de 2017

¿QUE ESTA PASANDO?


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Según los medios universales, Al Gore estuvo cobrando $200,000 por cada conferencia que impartía sobre el llamado cambio climático, logrando con ello amedrentar e intimidar a millones de personas que se pusieron a temblar pensando que ahora sí se acabaría el mundo, derretido por tanto calor... Sin embargo, Gore no pudo implantar un récord para entrar en el famoso libro de Guinnes (que casi nadie ha visto), pues el ex-presidente de EEUU, Barack Obama, anda por ahí dando conferencias por las que cobra nada menos que $400,000 (por cada una, claro). Nada, que es muy sabroso ser ex presidente de EEUU, mucho más que ser Presidente, pues así se evitan problemas, críticas, etc., y se vive a sus anchas, sólo con sentarse en una silla y recordar las cosas que según su parecer interesan a una gran cantidad de seres humanos. Aunque en el caso del último, no creo que la gente tiemble por las cosas que se le ocurran al gran salvador del régimen castrista. Con ese solo hecho, ya tiene para que lo juzgue la historia...

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En un país con 3’500,000 desempleados, resulta indecente (y hasta grotesco) que los políticos cobren las enormes cantidades que cobran por distintos motivos, además de sus jugosos salarios y sus dulces perspectivas de que cuando se retiren permanezcan el resto de sus vidas cobrando 10 veces (por lo menos) lo que cobraría cualquier jubilado normal. Conozco un caso (personalmente) de un señor diputado que pertenece a otra comunidad pero vive en Madrid, y cobra a pesar de que no tiene que gastar en transporte, un viático extra por… oigan esto: “por distancia”. Sí, la distancia de 10 manzanas que tiene que caminar (no necesita coche aunque lo tiene a su disposición) para llegar al Gimnasio. Después uno tiene que oír a algunos tertulianos que declaran sin ningún pudor que los políticos españoles están mal pagados. Por eso cada vez son menos quienes creen a esos sabelotodos que se atreven a hablar y opinar sobre asuntos y problemas de los que saben menos que Celedonia González. Y lo mejor: ¡cómo cobran sus comparecencias a los platós de las tertulias!. Ya me gustaría a mí ganar la centésima parte de lo que gana uno de esos personajes que se hacen llamar “padres de la patria”, que seguro que se ganan el pan con el sudor de sus frentes. Hombre, ¿quién lo duda?

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España es (creo) el país donde más premios se otorgan: haciendo un pase rápido en Twitter, cada 10 tweets (como mucho) aparece alguien que ha recibido un premio. La mayoría son personas desconocidas y nadie sabe qué es ese premio que ha recibido, que seguramente estará acompañado de una buena suma de euros. Además, es el país donde más libros se publican, y sin embargo, los medios en su mayoría están de acuerdo en que es el país donde menos se lee. No sé si será cierto, lo que sé es que según la ciencia exacta de las Matemáticas, no es posible imaginarse a los millones de ejemplares que duermen en las librerías, siendo consumidos por los 45 millones de españoles (incluyendo niños, analfabetos, ciegos, etc.), y entonces me pregunto: ¿quién lee tantos libros con tantos ejemplares que a diario se publican y se exhiben en las librerías y en otros centros comerciales? Confieso que no lo sé. Pero tampoco lo creo. Sí, ya sé que muchos me dirán que cada día creo en menos cosas… ¡Y tienen razón!

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 13 de noviembre de 2017

NO SABER DECIR QUE NO


Desde niño estoy oyendo refranes y sentencias, casi todas de mis padres, sobre todo de mi padre, y casi todas sacadas de la biblioteca EL TESORO DE LA JUVENTUD, que mi tío Juan Antonio tenía en su casa, y a la que yo comencé a acudir desde antes de ir a la primaria. Entre esos refranes o sentencias había varios que nunca se me han olvidado, entre ellos cito 2 que me sirven muchas veces en cada momento de duda (lo único cierto según Carlos Marx):

“El que da lo que tiene, a pedir se queda”

“Si fío, pierdo lo mío. Si presto, al cobrar molesto. Si doy, a la ruina voy”

Este último lo tomó mi padre, al parecer, de la bodega donde comprábamos los alimentos que diariamente consumíamos, pero sirve igual para afrontar los avatares de la vida, que nos puede ocasionar muchos malos momentos si accedemos a lo contrario a lo que nos enseñan estas sentencias.

En mi vida he ayudado a mucha gente, cuya respuesta nunca ha estado a la altura de la circunstancia, pues no ha respondido como yo ante su solicitud (excepciones nunca faltan, pero son minoría inmensa). Con los años, descubrí 2 cosas que me han servido de mucho: 1) que en el diccionario hay una palabra poco usada, pero que tiene implicaciones favorecedoras: NO. Y 2) que Sor Juana Inés de la Cruz, desde aquella época tan remota, vislumbró lo que significaba ayudar en demasía, y escribió algo así como “padecemos más por los plegarias atendidas que por las no atendidas” (cito de memoria). Cuánta razón tenían los 2, el diccionario y Sor Juana. Porque si hubiéramos aplicado estas dos opciones durante nuestros años vividos, nos hubiéramos evitado muchos dolores de cabeza por ser tan “buenazos” y creernos que estamos obligados a “no saber decir que NO”.

En el fondo, todos tenemos algo de románticos y de solidarios, sólo que no nos damos cuenta de que no podemos arreglar el mundo tan lleno de injusticias, y por tanto, a veces llegamos a extremos de quitarnos algo nuestro para ayudar a quien consideramos que lo necesita más que nosotros. Conozco un caso que no deja dudas: un señor que recibe una pensión contributiva (el doble que la que reciben los que cobran la no contributiva) tiene una bien ganada fama de pedigüeño, porque siempre está pidiendo dinero prestado con algún cuento que encuentra oídos receptivos que caen en la trampa. Una señora respetable y seria del edificio donde vivo me contó que 2 veces le había prestado €5 a ese individuo, y por supuesto, no recibió la debida devolución. O sea, picó nada menos que 2 veces. ¿Y qué logró con eso? NADA. O sí, logró contraer un estado de nerviosismo depresivo, porque cuando necesitó esos €10 para cosas necesarias, se dio cuenta de que no tenía más que unas calderillas que no le alcanzaban ni para un café. El tipo siguió pidiendo y no resolvió su situación ni la resolverá, porque pedir y gastar lo obtenido en vicios y juegos, no da ningún resultado.

En resumen, que es aconsejable aprender a usar el NO y no dejarse desplumar por estos elementos que nos toman el pelo porque saben que algunos de nosotros caeremos, nos creeremos sus cuentos, y les daremos lo que jamás nos devolverán, ocasionándonos problemas económicos que pudieran haberse evitado con una sola palabra del diccionario que casi nunca nos atrevemos a usar y que es muy útil para ayudarnos a nosotros mismos, recordando que para ayudar a los demás tenemos que empezar por ayudarnos a nosotros mismos, que no somos Amancio Ortega ni la madre Teresa, vaya…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 6 de noviembre de 2017

PODEROSO CABALLERO

Cuando era niño, mi papá me repetía con frecuencia, cada vez que en casa había una situación de emergencia económica: "el dinero es un rey loco / y esa es la pura verdad: / no da la felicidad, / pero le falta muy poco"... supongo que con eso intentaba justificar que no todo lo que yo quería o le pedía estaba al alcance de sus posibilidades, aunque yo no entendía entonces el por qué de esa situación. Pasó mucho tiempo, nuestra situación mejoró cuando comencé a trabajar, y así hasta hoy: nunca dejamos de ser pobres, pero de esos a los que algunos vecinos llamaban "desahogados"...
Si nos atenemos a la cuarteta (o como se llame la sentencia paterna), el dinero puede proporcionarnos una vida mejor, y eso no hay quién lo dude. Pues bien, si el dinero (casi) da la felicidad, o le falta muy poco para darla, cada vez que dejas de recibir, por alguna excusa inventada por los comerciantes o las empresas que se dedican a sacarte del bolsillo hasta el último céntimo, cierta cantidad de dinero, eso quiere decir que serás un poquito menos feliz. Un solo caso como ejemplo irrebatible (porque es mi propio caso que quizás a alguien pueda interesarle, por eso lo expongo):
Este año (que llega a su fin), me han aumentado en €5 la factura de mi contrato con Internet, mi banco (!), que nunca me ha cobrado comisiones, me ha cursado aviso de que a partir del próximo año me cobrarán unos €60, o sea, €5 mensuales, por mantenimiento de la cuenta, y para colmo, en el comedor que antes pagada algo más de €4, ahora tengo que pagar €5, por el mismo (o quizás peor) servicio que recibo. Cuestión, que sumando estos 3 nuevos gastos, voy a vivir €12.5 menos feliz que hasta ahora. Nada, que nos estamos volviendo más pobres, porque a todas éstas, casi todo ha subido menos los salarios y las pensiones: a mí me aumentan (asómbrense) €1 cada año en mi pensión. Así como suena. Saquen la cuenta y me dirán. España se está volviendo un país pobre, digan lo que digan los propagandistas políticos y mediáticos tomándonos por tontos (que puede que en eso no les falte razón, porque muchos somos tan tontos que no nos damos cuenta de lo que antes he expuesto)... y uno se ve en la disyuntiva de seguir haciendo el tonto, o sea, aceptando cada nuevo aumento en sus pagos, o renunciar a todo y vivir sin esos adelantos técnicos que crean adicción y son difíciles de abandonar…
Y ante tal situación, no hay otro remedio posible que ahorrar en extremo, ya que en la mayoría de los casos de personas honradas como el Menda, no puede esperarse una entrada extra de dinero. O sea, que la única forma de afrontar nuevos gastos es nuevos ahorros, hasta el punto de bajar el nivel de vida cada vez más, y conformarse con ese eufemismo que llaman “vida decorosa”, que es la que se debe mantener. Y sobre todo, no pensar que hay quienes pueden darse el lujo de comprarse un yate de ídem que cuesta la friolera de €15 millones, o una mansión cuyo precio me da hasta vergüenza señalar en este comentario. Pues eso, que vivimos en un país libre y democrático, donde todos somos iguales y tenemos los mismos derechos a ser iguales que nuestros semejantes, aunque no podamos comprarnos ese yate de €15 millones ni esa mansión colosal que parece sacada de una película de fantasía infantil con hadas madrinas y príncipes azules. Pero no hay que desesperarse: estamos vivos… ¡que no es poco, vamos!
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 30 de octubre de 2017

¿QUE HE HECHO CON MI VIDA?

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Lo más difícil para un ser humano normal es descubrir si su vida es o ha sido útil y si lo que ha hecho hasta hoy es lo más y lo mejor que podría haber hecho. Porque es demasiado triste y frustrante llegar a cierta avanzada edad, pararse frente a un espejo, y preguntarse a sí mismo: ¿qué he hecho con mi vida? ¿Dejaré algo cuando llegue mi última hora? ¿Alguien pronunciará mi nombre cuando yo haya muerto? Y entonces, si hacemos eso y somos sinceros con nosotros mismos, nos daremos cuenta de que no estamos conformes con nuestras vidas y que quizás si pudiéramos repetirlas, haríamos las cosas de otro modo, aunque la mayoría declare que “haría lo mismo” si le preguntaran al respecto. Yo declaro que si pudiera repetir mi vida, todo lo haría distinto. Porque pretender engañar a los demás diciendo lo que no se siente es, en primer lugar, engañarse a uno mismo, y cuando se tienen tantos años esa pretensión no pasa de ser una estupidez.
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Como también es una estupidez considerarse a sí mismo como lo que no se es, porque los Einsteins y los Hawkins no abundan como las patatas fritas, y por lo tanto, estas personas que tienen la mala costumbre de creerse eruditos y/o sabios capaces de indicarle a sus semejantes cómo deben vivir y lo que deben hacer, terminan por caer mal y aunque la mayoría no se los suelte en sus caras, por detrás, como es habitual, denostan y rajan de esos individuos y en general no los resisten ni soportan, augurándoles un futuro de soledad nada agradable que los mantenga alejados de cualquier grupo “normal” que no se deje influenciar por los iluminados consejeros rectificadores capaces de enmendarle la plana al mismísimo Tolstói.
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Vivimos en un mundo en que para desgracia nuestra se valora más lo externo, y donde la cultura, la educación, la sabiduría y la inteligencia tienen realmente muy poco valor. Y eso se muestra en los medios, sobre todo en la televisión, que es una especie de meta que ha provocado que en la calle y en los lugares donde se reúnen personas de diversas características, se llegue a decir que “quien no sale en la televisión no existe”. Y estas palabras no me parecen exageradas, sólo les añadiría que quien no posee los méritos anteriormente señalados (belleza física y sus componentes) está condenado a pasar inadvertido y lo peor, a no poder aspirar a una vida más plena y con mayor nivel (quizás siendo un verdadero erudito) y a tener que conformarse con la “suerte” que le ha tocado en la única vida que tiene, pues no hay otra oportunidad de volver a nacer para emprender una nueva búsqueda de esa felicidad, ese bienestar y ese alto nivel de vida al que todos, según papeles que resisten todo cuanto le garabateen encima los poderosos que hacen las leyes, tenemos derecho…
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 23 de octubre de 2017

SOLO EN TU CABEZA

No sé si antes (cuando digo antes me refiero a varias decadas atrás) habría en el mundo tanta gente con stress o depresión, sólo sé que según las informaciones que a diario leemos, actualmente el número de personas deprimidas es bastante alto. Precisamente ahora que la ciencia y la técnica han avanzado tanto y existen tantos aparatos y medicamentos que se supone mermarían los estados depresivos que mucho daño hacen. O quizás precisamente por esa abundancia de tecnología y medicamentos es que se produce ese aumento en estas sociedades consumistas y súper desarrolladas que disfrutamos y/o padecemos. Descifrar el “misterio” requeriría un estudio mucho más amplio que los que se están haciendo o ya se han hecho.
Diariamente me encuentro con hombres y mujeres cuyas caras denotan que no se sienten del todo bien. A quienes trato, por ser amistades o personas con las que tengo un contacto casi diario, lo mismo en persona que por vía de Internet, les pregunto, cuando existe suficiente confianza, qué les sucede para estar en ese estado que tanto perjudica su salud mental, y por lo tanto, las demás actividades que debe o tiene que realizar durante cada día. La respuesta es similar en la mayoría: “me siento deprimida”, “tengo un estrés que me tiene medio loco”, “no me digas nada, estoy…” y así más o menos. Por supuesto que yo no soy médico ni especialista y mucho menos ese tipo de gente que se pasa la vida dando consejos como si fueran Sigmund Freud o como si lo supieran todo y estuvieran en condiciones de dictaminar lo que debe hacer cada cual para aliviar o eliminar su estado depresivo. Sólo soy un investigador de causas que tienen que ver con la vida de las personas (y de los animales) y me gusta saber. Eso es todo. O casi.
Hay un libro titulado TODO ESTA EN TU CABEZA de la famosa neuróloga Susanne O’Sullivan, que a juzgar por el subtítulo (9 historias reales de enfermedades imaginarias), ya pueden imaginarse que se trata no de uno de esos libelos llamados de autoayuda que no ayudan a nadie, sino de un relato de la actuación de esta doctora que leí con atención y lo consulté con mi médico de cabecera, llegando ambos a la conclusión de que el libro puede ayudar a muchos a comprender que la mayoría de las veces el estrés es provocado por cosas que sólo existen en sus cerebros y por lo tanto, con un esfuerzo y sobre todo con fe en que lo que se lee es cierto, les va a ayudar en su problema y en la mayoría de los casos estoy seguro de que aliviarán o eliminarán su estado depresivo. Como me sucedió a mí…
Después de todo, con probar no van a perder nada. Y pueden ganar mucho. Y ayudar a la gente, aunque muchos no merezcan esa ayuda, produce un bienestar que evita precisamente caer en una situación de estrés naturalmente evitable...
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 16 de octubre de 2017

LA GENERACION (IN)MOVIL

No soy de los que piensan que "todo tiempo pasado fue mejor". Pero estoy convencido de que con tanto adelanto en la técnica y la electrónica, sobre todo en la informática, la gente ha perdido en gran parte su disposición de comunicarse personalmente con sus semejantes, prefiriendo la soledad ante un aparato que en menos de un minuto logra poner en contacto a personas que pueden estar distantes miles de kilómetros. La pregunta de si eso es bueno, si ha hecho más beneficios que perjuicios a la humanidad, no estoy en capacidad de contestarla, y me veo obligado a dejársela a quienes investigan la sociología del momento, controlada casi totalmente por aparatos y máquinas que se desentienden de los seres humanos "en persona y frente a frente". Lo que sí sé es que estamos creando una generación de tontos cuyo único sentido en sus vidas parece ser el móvil (celular), sin el que prefieren no seguir viviendo, aunque esta afirmación parezca exagerada. He hablado con decenas de jóvenes (y algunos no tanto) que me han confesado que prefieren perder cualquier cosa (algunos han llegado a afirmar que hasta la salud) antes que renunciar a su adorado aparatico que llevan incluso cuando van a hacer sus deposiciones en el cuarto de baño. ¿No lo creen? Yo tampoco lo creía. Pero tuve que convencerme de que lamentablemente esa es la realidad…
Alguien la llamó “la generación del móvil” y no le faltaba razón, porque actualmente es casi imposible ver a un joven sin ese adminículo que absorbe gran parte de su vida. Una mañana, al subir al autobús de costumbre, en el que había alrededor de 14 personas, conté con la vista y noté que de esos 14, incluyendo a personas de todas las edades, había 9 con un móvil en las manos, totalmente abstraídos, como si lo que tuvieran ante su vista fuera el elíxir de la juventud eterna. Otra anécdota conocida (o no) es la de 4 chicas que se citaron en un bar para pasar un buen rato juntas, pues hacía tiempo que no se veían. Estuvieron allí alrededor de 3 horas, en las cuales las 4 apenas se dirigieron la palabra, pues cada una de ellas se entretuvo en mirar y manipular su móvil. Y al despedirse (lo mejor), una de ellas dijo “¡qué bien la hemos pasado! ¿Cuándo nos vemos otra vez?”. Sí, de esta generación depende el futuro. Menos mal que ya pronto viviremos en Marte… según dicen algunos científicos, claro…
Pero la vida no se reduce sólo al uso del móvil. La juventud ha perdido el deseo de realizar actividades físicas o no, que lo mantengan en contacto con sus semejantes: prefieren llegar a sus casas y enseguida conectarse al ordenador o al móvil que ya llevan conectado, y ponerse en contacto con amigos a distancia a los que a veces ven en las pantallas, gracias a las videollamadas, lo que les resulta mucho más interesante y además les permite estar en la comodidad del hogar sin soportar el gentío bullanguero que molesta o las incomodidades del transporte, junto a otras cosas no muy agradables que se encuentran en las calles. Así han llevado sus vidas a casi una sola acción que puede darles momentos agradables, pero al mismo tiempo los aleja cada vez más de la comunicación natural entre las personas, que con el tiempo, como se ve en la novela EL SOL DESNUDO, de Isaac Asimov, se convertirá en el único modo de encontrarse con seres queridos, amistades o personas que por alguna razón o motivo tengan que ver y tratar. Quizás ese tipo de vida sea mejor, no lo sé, pero sé que a todo se acostumbra el ser humano y a esta nueva forma de existencia tendremos que irnos acostumbrando, pues ya forma parte del sentido de nuestra vida mientras estemos en este planeta, porque quién sabe si en otro la situación que encontremos no nos permita dedicar tanto tiempo a tantas nimiedades…
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 9 de octubre de 2017

OSCURIDAD

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Mientras el futuro de la humanidad está en manos de un par de locos capaces de cualquier cosa, en España los políticos y sus medios sólo se preocupan de un asunto intrascendental como es el famoso referendo de Cataluña en busca de su independencia. Cada cual con su problema, claro, pero deberían pensar un poco más que en cualquier momento a uno de esos locos se le ocurre apretar el botón fatal y ni referendo ni Cataluña ni España ni nada...
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Por fin se celebró el referendo que unánimemente llamaron “ilegal” sin explicar por qué era ilegal. Al menos, no me enteré nunca del por qué esa calificación. El caso es que todo llegó, como es característica de este país, demasiado tarde: hasta la intervención del rey a última hora, cuando el daño ya estaba hecho. Y lo más lamentable y triste: que todo este follón que dejó cerca de mil heridos podía haberse evitado si se hubiera actuado desde el principio. Pero no se hizo. Pudo más la comodidad de la espera, esperar sentados que las cosas se resolvieran solas. ¡Ay, España!
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Y en definitivas, ¿alguien ganó algo con toda esa parafernalia política? Insisto y perdonen, pero yo gobierno hubiera dejado que los catalanes votaran todos los referendos que se les ocurriera, que al final veríamos que la mayoría de votantes (como el voto es secreto) hubiera votado por permanecer en España (como Québec y Escocia) y todos felices y contentos, siempre y cuando se hubiera hecho un pacto “de caballeros” para que los vencidos aceptaran la votación de la mayoría y se acabó. ¿Ven ahora lo fácil que todo hubiera sido? Pero nuestros políticos son empecinados, además de aferrarse a sus ideas como si fueran los sabios de la Grecia antigua que cuando decían que estaba lloviendo la gente corría a protegerse de la lluvia…
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Y al final ¿qué? Todavía no hay independencia. Todavía sigue la monotemática de los informativos. Todavía la gente está hasta los huevos de tanto referendo, de tanta independencia, de tanto perder el tiempo sin que quienes pueden se decidan a hacer algo. Seguimos esperando, como siempre. Es nuestro verbo definitorio. Pero lo peor de todo es que la mayoría de nosotros (y me incluyo) no sabemos realmente qué coño estamos esperando…
Augusto Lázaro
@lazarocasas38