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lunes, 8 de febrero de 2016

DEJA ESO Y A OTRA COSA... PORSIA

Dos viejos pánicos no es sólo el título de una obra teatral de Virgilio Piñera (dramaturgo, narrador y poeta cubano fallecido que fue perseguido por el régimen por su homosexualidad y su actitud antirrevolucionaria): es el período que nos espera ahora que el rey Felipe VI ha propuesto un candidato para que intente formar gobierno, conociendo muy bien la casi imposibilidad de que esto pueda realizarse, debido a las grandes discrepancias existentes entre los posibles “socios” para La Moncloa, y las exigencias de los inquilinos del “gallinero” del Gimnasio (permítanme calificar así al ilustre Congreso de los Diputados), de las cuales (las discrepancias) han hecho claras muestras en todos los medios que se han dado banquete con el culebrón del país incapaz de formar un gobierno a casi dos meses de transcurridas las elecciones generales últimas, que parece que han disparado (y aumentado) los odios, en lugar del amor que todos los españoles desearían ver en sus actuales y futuros dirigentes, cosa al parecer imposible en la península cainita y dividida cada día más...

País éste difícil de gobernar, sin dudas. Pero quienes realmente padecen (y seguirán padeciendo mucho tiempo todavía) son sus pobladores, que soportan resignadamente a quienes sólo piensan en ellos, en alcanzar posiciones que les otorguen sobre todo DINERO Y PODER, que es su máxima aspiración, a veces patológica, como en el caso que me ocupa en estos momentos. Aquí los contrincantes (¿?) en la “lucha” por el poder no se consideran adversarios, como en cualquier país civilizado, sino enemigos, gente a la que hay que tratar de destruir y si es posible, eliminar de la “contienda”. ¿Por qué ese odio?, me pregunto. Hay que acudir a nuestros clásicos en la época de oro de las letras españolas para indagar sobre el origen de ese porqué. Quizás en sus escritos encontremos razones de peso que justifiquen que los políticos del patio se esfuercen tanto por dañar el país que se ufanan en hacer creer que aman y desean que “progrese”. Y ya sabemos cuál será ese “progreso” en caso de que accedan al poder quienes sueñan con ver este país fragmentado, empobrecido, “madurado” como Venezuela, implantando un sistema que aunque el señor Sánchez crea (inocente que es a su edad) que será él quien gobierne, serán otros quienes le impongan su criterio y su ley, porque serán los más fuertes y listos que manipularán, como marionetas, a quienes hayan pactado con ellos con tal de llegar a La Moncloa y repetirse frente a uno de sus lujosos espejos: “¡soy el presidente del gobierno! ¡He triunfado!”...

A mí, como uno de los millones de blogueros que se permite opinar en un país donde eso carece cada vez más de importancia y donde menos afectan las opiniones de eso que llamamos pueblo a quienes lo dirigen y gobiernan o aspiran a hacerlo, la salida más sensata sería (y en eso estoy) olvidarme de la dichosa política y dedicar mis esfuerzos que a mi edad ya son bastante consumidores de energía (necesaria para empeños mayores, como decía mi ex suegro) a otros asuntos verdaderamente importantes y dejar que cada sartén fría su huevo y siguiendo la máxima del maestro Juan Sardá: “lo que sea, sonará”. Y que pasen una feliz semana...

Augusto Lázaro


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lunes, 1 de febrero de 2016

¡QUE ALEGRIA ME DA VERTE!

Todos conocemos a una o más personas que se dedican a meterse en lo que no les importa, sin que nadie las haya llamado a intervenir en ningún tipo de conflicto que ocurra entre otras personas. Sucede que en la mayoría de los casos quien suele “meterse en lo que no le importa” sale mal parado, pues las partes contrincantes no admiten que un extraño intente indicarles lo que tienen que hacer y cómo deben resolver sus conflictos. Los medios han reseñado muchísimos casos de personas que en el fondo lo que han pretendido es resolver un problema ajeno que no les compete, quizás con la mejor intención del mundo, pero pasándose de “buenazos” que han ido por lana y han salido trasquilados. Como era de esperarse. Lección 1: meterse en lo que no le importa sólo puede traerle consecuencias negativas y a veces hasta peligrosas. Ocúpese de lo suyo, que seguramente merece mucha más atención de la que suele darle, y verá qué feliz se siente sin querer “arreglar el mundo” o a los seres humanos, que mejor están sin  que usted quiera “arreglarlos” ni decirles cómo tienen que pensar, hablar y actuar. Porque eso no le gusta a nadie que se lo “recuerden”...

Todos conocemos a alguna o a varias de esas personas que al parecer se creen con sabiduría y facultades suficientes para enmendarle la plana a quienes tratan, y que están al tanto de lo que dice el otro (o la otra) para de inmediato rectificarlo y aclararle que tal cosa no es así, sino como lo ve el que todo lo sabe y lo domina y se autoconsidera un erudito con la capacidad (y además el deber) para “ayudar” a que se exprese correctamente, o a que actúe como debe actuar, o a que se comporte de la manera que la persona entrometida cree que es correcto comportarse. O sea, decirle cómo tiene (no cómo debe, sino cómo tiene) que pensar, hablar, actuar, vivir... De ese tipo de personas yo conozco unas cuantas que sin embargo, ni siquiera tienen buena ortografía y son osadas para intentar colocarse (eso es lo que quieren en el fondo) por encima del criticado con tanta insistencia...

Lo más recomendable en estos casos es optar por una indiferencia que puede interpretarse como menosprecio a los demás, en este caso no a todos los demás, sino a los enmendadores de plana, a los especialistas en corregir a los otros, a los rectificadores constantes que sólo esperan a que ud abra su boca para de inmediato señalarle un error, una falta, una incorrección que ud ha cometido, y que esa persona tan sabihonda tiene que rectificarle. Pero no se preocupe de lo que piensen o hablen de ud, acuérdese de lo que dijo Oscar Wilde: “sólo hay una cosa peor que hablen de uno, y es... ¡que no hablen!”. Y con más razón si se trata de esos personajes metomentodo que tanto abundan. Son seres realmente pesados, impresentables, que es una lástima que ese tiempo que pierden ocupándose de los demás no lo inviertan en ocuparse de corregir, rectificar y enmendar sus propias planas, que seguramente están necesitadas de superar las meteduras de pata que tanto cometen mientras pierden su tiempo intentando hacer ver que son lo que distan mucho de ser, o sea, personas con suficiente sabiduría para colocarse por encima de los otros intelectualmente...

Augusto Lázaro


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lunes, 25 de enero de 2016

CON LOS PIES EN LA TIERRA

La hipocresía es un arma peligrosa, de la que es muy difícil librarse, incluso muchas veces muy difícil de identificar (a quienes la practican), por eso hay  que extremar el cuidado con las personas con las que por cualquier razón nos relacionamos, así evitaremos muchos desengaños. Yo siempre he tenido tendencia a idealizar a personas, sobre todo a mujeres con las que me he sentido muy  bien y he creído que son maravillas cuando en realidad no lo son tanto y a veces hasta sucede con algunas que son todo lo contrario, y si se trata de una relación erótica tenida o por tener más todavía, y en estos casos no hay sólo desengaño, sino sufrimiento, evitable si ponemos los pies en la tierra y dejamos el romanticismo en su justa medida y en su época, que cuando se llega a cierta edad ya no se está para esas pifias de la idealización, inútiles, obsesivas, y que no traen nada bueno...
¿Quién no conoce a un hipócrita consagrado? Es más, me atrevería a preguntar, parodiando a Darío: ¿quién que es, nunca ha sido hipócrita? A ver, usted mism@ que me está leyendo ahora: repase cuidadosamente su vida, reciente o más lejana, y quizás se sorprenda y se diga: caramba, es cierto, cuántas veces lo he sido, cuántas veces he dicho o hecho cosas que he distado mucho de pensar o sentir. Es que la hipocresía es patrimonio de los seres humanos. De todos, porque en alguna medida todos la hemos utilizado. La diferencia radica en los que lo son de una forma espontánea, sin proponérselo, digamos “por salir del paso” en una situación determinada, y quienes son hipócritas porque la hipocresía forma parte de sus personalidades y no pueden renunciar a ella...
La cuestión es más sencilla de lo que parece: cuidarnos más de quienes conocemos que de los desconocidos, pues generalmente los primeros son quienes más daño nos hacen. No es por ese refrán romanticón de “quien bien te quiere te hará llorar”, sino porque nuestros amigos y conocidos son los seres que más tratamos y es muy difícil mantener una relación de amistad sin roces, incomprensiones, y hasta discusiones subidas de tono de las que después nos sentimos avergonzados o tal vez nos lleven a romper esa relación que creíamos (y quizás lo era) tan grata a nuestra vida. Pero entró la hipocresía, o la mentira, o el fallo en el momento justo, y ahí mismo nos sacó del error: habíamos elegido mal a quien tanto llegamos a querer y en quien tanto llegamos a confiar. Para ahorrarnos semejantes desengaños, sólo una actitud: los pies en la tierra, siempre. La idealización jamás...

Augusto Lázaro


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miércoles, 30 de diciembre de 2015

¿FIESTAS INFELICES?

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¿Felices fiestas? Me dice un amigo que se trata de una expresión muy usada, según él no por ignorancia (ya que no hay fiestas que no sean felices), pero creo que, al igual que otros llamémosles disparates (para no ofender) la expresión está mal usada, quizás porque quienes la usan no son creyentes y pretenden con eso eliminar la palabra Navidad, que es la que yo uso al felicitar en ese y en otros días anteriores y posteriores a la fecha (¡Feliz Navidad!) y todo el que me conoce sabe que yo no creo ni en el que asó la manteca, pero la Navidad, desde que nací en este mundo tan “perfecto”, fue la palabra que usaron mis padres, mis maestros, mis familiares, mis amigos, mis conocidos, mis compañeros primero de estudios y después de trabajo, y estoy seguro de que algunos de ellos no creían ni en el potaje de frijoles negros, y siempre se usó esa expresión para desear lo mejor en estos días antes tan hermosos (la inocencia infantil siempre es hermosa) y ahora tan inciertos, pero por eso mismo hay que darle un toque de “optimismo” y pensar que tal vez el 2016 no sea tan nefasto (universalmente) como lo fue este que acabamos de pasar...

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No es la única expresión que se usa mal: si fuera a citar todas no cabrían en una entrada como  ésta, que para las pocas, -por no decir ninguna persona- que me leen, debe ser lo más breve y concreta que yo pueda escribirla. Una de las que más me molesta, porque la veo en portadas de diarios que presumen de serios, es aquella que repite sin cansarse: “a por ellos”... usando 2 preposiciones que con sólo una de ellas bastaría para expresar lo que se quiere. Pero en fin, que los malos hábitos son como los vicios. Un amigo cubano, profesor universitario él, del que no tengo noticias desde hace medio siglo ni sé si estará en Cuba todavía vivo o enterrado, me dijo una vez que era muy fácil renunciar a una virtud, pero que era casi imposible renunciar a un vicio, y tenía razón. Y esa costumbre de hablar mal y escribir peor es un vicio del que ni siquiera esos diarios “serios” han podido librarse. Como aquella otra de “ese arma”, “este área”, por ejemplo. Vicios del lenguaje o desconocimiento del mismo, trasmitidos de generación en generación, y después nos quejamos de lo mal que está el nivel de nuestros estudiantes superiores que casi ni entienden los textos que leen. Con esos truenos yo tampoco los entendería...

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En fin, que he sugerido a una asistente del edificio que nunca lee porque no tiene ese hábito ni le gusta un poquitín “perder el tiempo” con un libro en las manos (ni siquiera para ver la solapa y saber de qué va) que busque cualquier libro del asunto que ella pueda asimilar o degustar, y se ponga UN DIA a leer, para que compruebe por sí misma que con un libro nunca se pierde el tiempo, porque siempre deja algo, y a veces mucho. Por lo menos ayuda a mejorar la  ortografía, que está tan mal en personas que ya han vivido varias décadas y se supone que no debían escribir tan mal como lo hacen. Eso se ve en Facebook, más de lo que debería verse. Y no debemos olvidar que además de los buenos deseos que esas personas publican (y que se agradece) haría falta que también los escribieran correctamente. Pero me temo que muy poca gente va a hacerme ningún caso, pues en definitivas se preguntarían: “¿y a quién demonios importa mi ortografía?”. Y pensándolo objetivamente, quizás tengan razón...

Augusto Lázaro



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lunes, 21 de diciembre de 2015

FUIMOS Y SEREMOS ASI

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Los ilusos piensan que con el cambio de gobierno va a cambiar España. Los ingenuos piensan que comprando décimos de la lotería en estancos, estanquillos, tiendas, o hasta en plena calle, que tengan un letrero que diga Doña Manolita, ya se van a hacer ricos, porque sus décimos seguro que si son de la Doña salen premiados. Los inocentes se dejan timar con infinidad de trucos de gente que sí es lista, como esos que piden en los metros y en los trenes o algunas veces te asaltan en estaciones o en lugares repletos de gente, propicios para sus triquiñuelas, como esa señora encorvada que pedía en la calle, hasta que un día un reportero en busca de timadores la siguió y vio que se subía a un coche, y al rato salía del vehículo, pero convertida en una señorita despampanante a la que había que mirar sin resistir la tentación. Hay un vídeo aparecido en Facebook que yo pasé a mi cuenta para que se dejaran de engatusar con tantos farsantes que todavía encuentran a personas que creen, porque lo más fácil es creer, sobre todo creer en esos que se hacen pasar por necesitados y disparan el mismo sonsonete, que casi siempre comienza con “soy un padre de familia que...” y lo mismo de todos los días. Lo que me asombra de la humanidad es lo fácil que se deja engañar. Tanto, que muchas veces he meditado si meterme también yo en esa especie de sindicato de timadores y similares a ver si me busco unas decenas de euritos, como me confesó un día uno de ellos cuando me hice pasar por aspirante a buscavida fácil en la estación de Méndez Alvaro... Pero no me decido, no sé si por no tener la cara que hace falta o porque me imagino que ese “trabajito” me va a robar un tiempo precioso, y para mí, después de la salud, el tiempo es el tesoro que más cuido y respeto. Que si no...

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Pues como les decía: todo va a seguir igual: la corrupción, la impunidad de los poderosos, los maltratos a las mujeres, las sinvergüencerías, la delincuencia, las mentiras de los políticos, las promesas incumplidas, el manenguismo, los sueldos astronómicos con sus añadidos en ídem, los enchufes, los liberados sindicales, el liberalismo, el libertinaje, las detenciones de múltiples que no se sabe cuánto tiempo estarán privados de libertad, los robos y asaltos, los timadores y la gente que se deja timar, la manipulación de las informaciones en los medios, y... “la vida sigue igual” que ya no cantará Julio Iglesias, porque todo el mundo se ha aprendido la cancioncita de marras tan aleccionadora, y ¡ah!... Obama no va a desmantelaar la base de Guantánamo, ja ja ja, ni a cumplir ninguna de sus promesas tampoco, así que, españoles, consuélense: no son los únicos engatusados por los políticos...

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Una cosa que me llama la atención desde hace tiempo porque creo que quien o quienes hicieron esta ley o implantaron esta medida tienen que haber sido maleantes, pues no se comprende cómo es posible que cuando es detenido alguno de esos tipos que tampoco se comprende por qué están en la calle (unos por el cuento de la minoría de edad, otros por otras causas que los jueces que los sueltan deberían explicar públicamente) se les tape la cara (dice Peñafiel que se dice pixelar, qué palabrita), para que nadie lo reconozca si le pasa por el lado y no sepa que se ha topado con un delincuente que es capaz de quitarle la bolsa o de darle un fuerte golpe o hasta de meterle un cuchillo afilado en el esternón. ¿Es que España está a favor de la protección de los maleantes? Yo diría que SI, sin tapujos, porque lo que se ve en los medios así lo demuestra. A ver si el nuevo gobierno, en lugar de proteger a esos hijos de puta, coloca sus fotos en cada esquina para que la ciudadanía sepa quiénes son sus posibles verdugos, impunes, como ya es costumbre, en este paraíso de la delincuencia en que se está convirtiendo nuestro país...

Augusto Lázaro



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lunes, 14 de diciembre de 2015

NUBARRONES A LA VISTA

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En diciembre de 2014 se hicieron obras en el edificio donde vivo, cuyo propietario es el Ayuntamiento de Madrid. Ahora, en diciembre de 2015, el Centro de Mayores, conjuntamente con el comedor social también para mayores, y que también pertenecen al Ayuntamiento madrileño, están en obras. Me pregunté por curiosidad por qué esas obras se realizaban siempre en el mes de diciembre, y como dice el refrán que preguntando se llega a la verdad (cosa de la que no estoy seguro), llegué a un consenso entre las personas a quienes pregunté de que la explicación es muy sencilla:
--Es que a los ayuntamientos se les entrega un presupuesto para todo el año, y si al terminar el mismo, o sea, el 31 de diciembre, no lo han gastado todo, lo que les sobra se lo quitan, o sea, lo pierde para nuevos empeños.
Y ahí está la cosa. Me sigo preguntando, pero esta vez no hay consenso porque no he “entrevistado” a nadie, por qué esas instituciones públicas no planifican mejor sus gastos para que no tengan que inventar obras ni arreglos ni remozamientos a fin de año, cosa que muchas veces molesta a los usuarios por tratarse de una fecha en que lo mejor sería que todo se mantuviera en paz y esperar que pasaran las fiestas y las celebraciones para llenar de polvo, ruidos, golpes, derrumbes, movimientos, etc., los lugares donde aparentemente hace falta esa “remodelación”...

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El que crea que los políticos son distintos no conoce la política. En el fondo todos los políticos son iguales y su principal característica es prometer, endulzar los oídos de quienes están dispuestos a oírlos y verlos (o leerlos) con las cosas que esas personas desean oír y ver (o leer), y lo más curioso es que esos que les sirven de público creen lo que oyen y ven (y leen), aunque hayan tenido antes demasiadas experiencias sobre la mentira que están consumiendo y que después refrendan con sus votos en las urnas. Esta reacción de las multitudes se ha tratado miles de veces en ensayos, críticas, artículos, por prominentes estudiosos de las masas, y pasa el tiempo y cambian los siglos y desde que el mono dejó de serlo para convertirse en un animal peor al que se dio por llamar ser humano existen esas masas que enfebrecidas aplauden, dan vivas, gritan, se desgañitan ante un nuevo líder que parodiando al Quijote toma a su público por un Sancho tan fácil de manipular que da risa, aunque a veces se tengan deseos de llorar...
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Una curiosidad que se ve mucho en estos días es un letrero (de varios tamaños, formas y colores) que dice: “felices fiestas”. Parece que quienes inventaron esa genial felicitación conocen fiestas que no son felices, o sea: fiestas infelices. Todo por dos cosas: 1) ignorancia, y 2) no usar el tradicional “feliz Navidad”, pensando quizás en su ignorancia que de ese modo la gente va a creer menos en esa fecha, que por cierto, tiene tela por donde cortar, porque según la mitología bíblica, Jesús nació (y cada año nace) un 25 de diciembre, pero cada año muere un día distinto, pues se escoge para su muerte no un día del mes (como el 25 de diciembre para su nacimiento), sino un día de la semana, caiga el día del mes que caiga. ¿Cómo se explica eso? Pues no tiene explicación. Y sin dudas es original, porque todas las personas mueren un día del mes, digamos: José falleció el 15 de marzo del año tal, y cada año se conmemorará por sus seres queridos el 15 de marzo, no si cayó jueves o lunes. Cuestión, que Cristo murió un día de mes que nunca se ha sabido o se ha dicho cuál, por eso se conmemora su muerte un jueves y un viernes llamados santos, y no un 22 o un 19, como debería ser. Nada, que la mitología tiene ese encanto de poner la “historia” (sea sagrada o pagana) como le plazca a quien la escriba, sin respetar las mínimas leyes de la lógica. Y eso será per seculam seculorum...

Augusto Lázaro






lunes, 7 de diciembre de 2015

¡COMO Y CUANDO SEREMOS ASI?

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He descubierto (un poco tarde, pero como dicen los rusos: “mejor tarde que nunca”, si es que son los rusos quienes lo dicen, aunque eso qué carajo importa) que leer un periódico, oír una emisora radial no musical (de esas que sólo emiten voces), y ver la televisión, implica, además de dilapidar el precioso tiempo de que uno dispone, el riesgo de padecer la enfermedad del idiotonto, porque las 3 dedicaciones crean adicción, y como en ellas el 90% del tiempo trata de 3 asuntos que ya sin ellos no se concibe este país (el fútbol, la política, y los cotilleos de famosetes con sus andanzas y aventuras), pues realmente volverse un idiotonto, sobre todo a cierta edad, no es muy recomendable para nadie que se respete aunque sólo una pizca. O sea, que lo mejor es ponerse unos auriculares de esos que tapan totalmente las orejas y oír algo de música, que ésa al menos no va a estupidizar a nadie más de lo que ya está, y así se salva del virus del idiotontismo que amenaza con extenderse galopantemente por ciudades, pueblos y campos, y lo peor, sin que la gente que lo padezca se dé cuenta de que lo padece...

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Dentro de las posibilidades, que pueden ser muchas, España tiene 4 destinos/futuros más probables, que son:

1)      convertirse en un país islámico
2)      convertirse en una dictadura comunista
3)      seguir tal como está, sin variantes notables
4)      eliminar las lacras que padece y convertirse en una de las grandes potencias universales
¿De qué y/o de quién (o de quiénes) dependerá que se incline por uno de estos 4 puntos posibles? Pues de usted, de mí, de nosotros, porque somos los seres humanos los que hacemos los países y no las casualidades ni la voluntad divina. Ante estas perspectivas, nos toca a cada cual poner nuestro granito de arena (o carretillas y camiones llenos de ella) para que suceda lo mejor, y lo mejor es, naturalmente, el punto # 4 de los citados más arriba. ¿Qué piensa usted de todo esto? ¿Qué exagero? ¿Qué nada de eso va a suceder? ¿Qué cualquier cosa puede suceder? ¡Ah, amigo! ¿Es que no sabe usted que en este mundo en que nos ha tocado vivir, y sobre todo en nuestro querido y bello país, TODO es posible?

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Hace ya demasiado tiempo que hemos caído en la repetición casi constante de referencias a asuntos que más bien aburren (el de Cataluña es uno de ellos, uno solo, porque hay más), y lo peor de todo esto es que los culpables de que cosas negativas ocurran cada día siempre salen con el mismo sonsonete: “para que hechos como éste no vuelvan a repetirse”, pero que se repiten al día siguiente, y con esa paparrucha nos están tomando el pelo desde el tiempo de la catapulta. Otra de esas justificaciones es que “hemos hecho bastante, pero aún nos queda mucho por hacer”. Hace siglos que “aún nos queda mucho por hacer” y me pregunto hasta cuándo quedará mucho por hacer. Pues la respuesta es que hasta siempre, porque eso no es más que una excusa para tener entretenida y esperanzada a la gente (a la mayoría que cree todo lo que oye o lee o ve en las pantallas) que piensa coño, es verdad, queda mucho por hacer, pero se ha hecho bastante, y etc. Por eso ser político es una carrera que da mucho: dinero (sobre todo eso, que es lo que interesa a fin de cuentas, porque es el poder más fuerte que existe. Con eso se compra una puta y un ministro), poder, gloria, “figurao”, fama, aplausos, vivas, gritos, respeto, y un montón de cosas más que si no fueran las dádivas ofrecidas por el cargo político, no habría nadie aspirando a serlo. En fin, que ahora que se acercan OTRAS elecciones, ¡a votar, compatriotas, que ahora sí va a cambiar esto, y a España no la va a conocer ni la madre que la parió!, como dijo el ilustre Alfonso Guerra hace ya ¿quién se acuerda de cuántos años?

Augusto Lázaro


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