lunes, 12 de febrero de 2018

VUELVO EN 5 MINUTOS


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Cuando comencé a escribir este blog (más tarde añadí otro titulado EL CUICLO) recibía varios comentarios de personas amigas, conocidas o desconocidas, sobre alguna entrada que les había llamado la atención. Yo mismo solía leer los blogs de algunas amistades, casi todas conocidas vía Internet, y creía que eso era un trabajo que merecía la pena. Pero el tiempo siempre se encarga de sacar de su error a todo el que piensa que lo que hace es una "maravilla" o algo útil para la humanidad. Y ese es mi caso. Porque el tiempo (y otras "habilidades" cibernéticas) me ha demostrado que, como decía mi madre en tono jocoso que movía a risa, los que me leen "son nones y no llegan a 3". Y lo mismo pasa ahora conmigo, que ya no leo ni lo que yo mismo ecribo, tras publicarlo. Porque ya no me interesa...

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La Envolvencia ha cumplido su papel, que no fue otro que durar. Duró bastante (413 entradas), y quizá contribuyó con algunas de ellas a entretener a quienes no tenían mucha ocupación y dedicaron algunos minutos de su vida a leerme. Y continuará saliendo, más por no cerrar definitivamente el blog que por otra cosa, pero con un nuevo derrotero que notarán los pocos que todavía pierdan sus minutos leyendo algo que ya es tan raro y poco usual que me imagino a cientos, a miles de blogueros, con sus excepciones sempiternas, que escriben para ellos mismos y si acaso para algunos familiares o amigos, si es que los hay que se decidan a leer, algo que contra la opinión mayoritaria, no creo que esté en alza, como se publica en los medios cada vez que se habla de algún éxito editorial que a los 3 días de ponerse a la venta se agota y es necesario hacer una segunda edición…

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Y es que la vida moderna ha avanzado tanto en la técnica, y los encargados de la propaganda comercial son tan expertos en endulzarle el bolsillo al comprador, que han logrado lo que parecía un sueño del futuro emocional: las personas, especialmente los jóvenes, prefieren en lugar de sentarse a leer lo que otro haya escrito, la mayoría de las veces tonterías infumables, dedicar su tiempo a esos aparaticos que ya resulta casi imposible encontrar algún humano que no tenga al menos uno, y por supuesto, no para su uso normal (llamadas y mensajes) sino conectados a esa otra maravilla llamada Internet, que les ofrece entretenimiento y mil motivaciones que ya de persona a persona han perdido su valor. Quien pretenda ignorar cómo marcha el mundo en que vive, es digno de compasión, porque vivirá infelizmente durante los años de vida que le queden, si no se rinde a la evidencia de que actualmente, amigos, conversaciones, encuentros, celebraciones, etc., se hacen vía Internet. Aquello de “entonces, nos vemos en el parquecito de la iglesia a las 6”… pasó de moda. Como también pasará Internet, pero no mañana ni el mes que viene, ni dentro de una década quizás. No sé si estaré vivo cuando eso ocurra, pero sé que moriré con la convicción de que la técnica y la electrónica nos han vencido. Y como dice el refrán, “el muerto, al hoyo…” y etc.

Augusto Lázaro

@lazarocasas38




lunes, 29 de enero de 2018

¿HUMANOS O MAQUINAS?


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Cuando se está rodeado de personas con las que no se tiene nada en común, la vida se hace más difícil, pues obliga a encontrar en la soledad un paliativo para soportar la escasa o ninguna comunicación con otros seres humanos, cosa tan necesaria como alimentarse, dormir, moverse, etc. Es entonces cuando surge la disyuntiva de estar solo o buscar alguna compañía que satisfaga los deseos de conversar y pasar un buen rato con algún ser humano y no con equipos electrónicos que están sustituyendo lentamente (o rápidamente) las relaciones humanas en persona. Y esta dedicación cada vez con más tiempo se está convirtiendo en una plaga, o peor, en una enfermedad mental que llega a límites insoportables: “no puedo, ahora estoy en el móvil atendiendo a una amiga”: cosas así se producen diariamente por miles y miles de jóvenes que dan preferencia a la comunicación electrónica a quedar con un amigo que los llama para encontrarnos y pasar un rato juntos…

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Observar a la gente siempre resulta interesante. Quien se dedica, de alguna u otra forma, a escribir o a dejar sus impresiones en papel o en pantalla, tiene que ser un buen observador, pues va a hablar de personas, no de árboles ni de edificios (que también sería de interés para muchos). Pero esta observación tiene su tela y en esa tela se pueden encontrar alegrías y tristezas, confirmaciones y decepciones. Una tarde estaba mirando a una señora abrazar y besar a otra más o menos de su misma edad, con un entusiasmo y un énfasis que tal parecía que la otra señora era la persona que más quería la susodicha. Sin embargo, lo que tiene de curiosa esta anécdota es que conozco a la primera señora y la he oído hablar horrores de la abrazada y besada, hasta el punto de decirle a quien la escuchaba que esa persona haría mejor en morirse pronto, pues sólo servía para chismear y enredar, buscando problemas y provocando enemistades en su entorno social. O sea, que si yo no lo hubiera observado, jamás hubiera creído que se puede ser tan hipócrita y engañar de esa forma a quien tanto se desprecia, disimulándolo al punto de hacerle creer a ciertas personas (no a las que conocen el drama) que ella es un dechado de cariño y buena relación… delante de la gente que la está observando…

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Pero esta gran humanidad no ha avanzado tanto en las relaciones humanas como en la técnica y la electrónica: cada día descubrimos algo nuevo que nos asombra, la ciencia progresa a velocidad supersónica, los avances en el terreno de la medicina, por ejemplo, nos hacen sentirnos más seguros y confiados en nuestro futuro. Nadie lo niega. Pero en cuanto a las relaciones humanas con nuestros semejantes, hemos retrocedido a tajos, porque cada día también nos alejamos más y a veces pasamos meses sin sentarnos a conversar con un amigo en un bar o en algún espectáculo en que nos veamos sin medios mediante. ¿A dónde vamos, a dónde llegaremos cuando sean máquinas como los robots quienes nos recuerden o nos digan lo que tenemos que hacer y cómo y dónde y cuándo. Y sobre todo, con quién o quiénes debemos reunirnos, si es necesario, pues de eso podrán encargarse las propias máquinas sin la intervención humana. Mientras eso llega (que llegará, y pronto), mejor nos dedicamos a disfrutar de lo que nos queda todavía de humanos que buscamos a humanos para para pasar el rato y compartir nuestros problemas, alegrías y tristezas. Porque las máquinas nos atenderán, pero jamás podrán comprendernos como nuestros semejantes…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 22 de enero de 2018

EL PODER DE DECIDIR


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"Ante la duda, abstente". Fácil de decir. Pero cuando hay que enfrentarse a la toma de una decisión que puede generar un cambio notable en la vida, la cuestión no es nada fácil. Y si por casualidad ese cambio implica una afectación en la economía personal, más difícil aún. Y ese es mi caso, que no voy a contar, pues a nadie le interesa, lo tomo como ejemplo de que hay que analizar muy cuidadosamente esa abstención ante la duda, si es que la hay, porque una vez cometido el posible error (y los errores se pagan caro) ya no hay marcha atrás. Y créanme, arrepentirse por haber cometido un error importante, pesa, y sobre todo, pesa mucho tiempo después de cometido. Y no hay que olvidar lo inútil que resulta "llorar sobre la leche derramada", que lo único que hace es empeorar el estado de ánimo de quien lloró porque derramó la leche en el momento menos esperado y por lo tanto, más lacerante...

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Pasa con los votantes en las elecciones: muchos tienen dudas, pero no se abstienen y van a votar, la mayoría sabiendo que nada de lo que prometieron van a cumplirlo Es curiosa la mentalidad de los seres humanos: hacen cosas que saben que o son inútiles o no van a dar resultados. ¿Por qué lo hacen? Muchas veces me he preguntado por qué la gente va a votar en las elecciones, si hace siglos que estamos oyendo las mismas cosas y comprobando que nunca se hacen. Miren a Obama: el primer día de su mandato prometió eliminar la base de Guantánamo (entre otras muchas cosas) y estuvo 8 años en el poder sin hacerlo. Y así es la mayoría de los políticos. Pero los votan. Siempre, en cada convocatoria, a las urnas, “a ver si éste sale bueno”… Pero siempre pasa lo de siempre: de bueno ni la intención. Promesas, discursos, proclamas, mítines llenos de gente enardecida aplaudiendo, y… y sin embargo, los votan, los siguen votando y los seguirán votando per seculam seculorum… Yo, lo confieso, no lo entiendo. ¿Usted sí? Por favor, explíquemelo…

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Se dice que una discusión se evita si uno de los dos no quiere discutir con el otro. También se dice que en una discusión inútil el más inteligente es el que renuncia a discutir. Porque siempre será el que sí disfruta discutiendo el que tendrá la razón, y pensará que una vez más ha ganado, cuando en realidad, de continuar la discusión sería el perdedor, aunque jamás lo reconocería. Y es que reconocer que se ha perdido es muy difícil: la inmensa mayoría de los seres humanos piensa que siempre tiene la razón, y lo peor, piensa que sabe de todo y que lo sabe todo. Una vez se lo dije a una amiga que estaba loca por armar una discusión, no recuerdo sobre qué: mira, querida, Sócrates sabía más que tú y que yo, y dijo “sólo sé que no sé nada”. Un poco de humildad sería muy saludable, pero ¡ay!, la humildad es algo que si alguna vez existió, hoy en día brilla… por su total ausencia. Al menos, no conozco a nadie que sea realmente humilde y que acepte que por lo menos una vez se ha equivocado y que esa vez no tuvo la razón. ¿Conoce usted algún caso?

Augusto Lázaro

@lazarocasas38


lunes, 15 de enero de 2018

INTERNET: ¿LO TOMAS O LO DEJAS?


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De tantos dicharachos que comencé a oír desde niño en mi país natal, siempre me dio mucha risa este que decía: "detrás del muerto, la gritería". Hasta hoy, en que he leído en Internet que la empresa informática HP ha decidido retirar del mercado a unos cuantos cientos de miles de ordenadores (computadoras) por temor a que estallen sus baterías al calentarse demasiado. Ya aquel dicharacho no me da risa... Pero hay un problema: cuando compras un equipo de ésos y llegas a tu casa, si eres, como yo, alguien a quien no le gusta trabajar con batería, sino conectado a la red permanentemente, descubres que el equipo viene totalmente sellado, y aunque seas un Hawking te será imposible abrirlo. Tendrás que llevarlo a un taller, posiblemente de donde lo adquiriste, en el que te quitarán la batería en menos de 2 minutos. Eso sí, pagando alrededor de €25 a €50 por ese trabajito tan sencillo al que no te dejarán entrar para que aprendas cómo se hace y con qué instrumentos. No sé por qué (mal pensado que soy) me da que se trata de otro negocio para sacarte hasta el último céntimo del bolsillo, como si tú fueras Amancio Ortega y pudieras darte el lujo de tirar por la ventana el equipo y comprarte otro que no tenga ese problema del calentamiento (¿global?) que te obliga a pagar más por lo que has pagado ya al comprar el dichoso ordenador en la tienda donde lo adquiriste. Quizás sea cierto lo del calentamiento, pero como he visto vídeos de las cataratas del Niágara congeladas, asocio el espectáculo con este otro y dudo. Siempre dudo, tengo ese defecto, aunque ya dijo el "gran" filósofo Karl Marx que "lo único cierto es la duda". Y aunque no soy marxista, me gusta aprender de todo el mundo, aunque sea militante de la Cienciología...

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Esto de los ordenadores tiene tela. A medida que la vida se pone más cara y difícil, más aumenta el precio de estos aparatos, que todos vienen sellados ya expliqué por qué y para qué. Pero hay más: las empresas fabricantes de ordenadores la han tomado con los números, y a pesar de que en cada teclado, en la parte superior, hay una lista de números del 0 al 9 que puede usar el usuario sin ninguna dificultad, agregan a la derecha otra placa con los números del 0 al 9, como si todos los compradores de estos equipos fueran contables o tenedores de libros que necesitaran tanta avalancha de números, logrando con ello ocupar espacio en el teclado que podría hacerse más fácil con más separación en las letras, que es lo fundamental. No he podido averiguar con qué intención lo hacen, pero todos tienen este doble teclado de números que la mayoría de los usuarios jamás va a usar, aunque claro, va a pagar por ellos…

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Si usted lo piensa detenidamente, desiste. O sea, le dice adiós a Internet y a todas sus “confluencias”. Porque todo este entarimado no trae más que problemas, complicaciones, líos, preocupaciones, etc. ¿Se ha preguntado alguna vez si su vida sería más feliz sin ordenador, móvil, tableta y demás? ¿Ha hecho la prueba de vivir sin todo eso? Pues hágala. Sólo pierda una semana y me dirá cómo se siente. Al principio le parecerá que no puede vivir sin su móvil o su ordenador, pero le recuerdo una canción cubana de fines del siglo pasado que termina diciendo: “viví sin conocerte… / puedo vivir sin ti”… Y yo agregaría que mejor, mucho mejor. ¿Se anima a probar?

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 8 de enero de 2018

¡AY, SI YO NO HUBIERA ACTUADO ASI!


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Ser pensionista en España es casi una heroicidad. Y si es pensionista NC (no contributivo), el caso se vuelve peligroso, porque quien lo padece corre el riesgo de caer en la delincuencia cuando se sienta acorralado por la falta de dinero para adquirir lo indispensable para su sobrevivencia. Todo sube, eso lo sabe hasta El Tato. Y a los pensionistas NC les sube también su pensión: cada año (o sea, una vez al año) le suben su pensión... UN EURO (€1), casi nada. Si al pensionista le quedan, digamos, 10 años de vida, sabe que durante esos diez años sólo verá aumentada su pensión en 10 euros. De risa. Con eso tiene que malvivir y adaptarse, si puede, a una calidad de vida que está por debajo no sólo de la media europea, sino del límite de la pobreza extrema. Y si además de tantas calamidades, el pensionista NC vive solo y no tiene familia...  mejor no seguir, porque no faltarán las lenguas que me acusen de que estoy incitando al suicidio, cosa que por supuesto no es mi intención...

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Pasaron las fiestas navideñas que siempre dejan la nostalgia al alcance de la memoria, a veces con sabor agridulce. Recordar es ponernos a analizar qué hubiera sido nuestra vida si no hubiéramos tomado aquella decisión que nos trajo a este hoy impredecible. Pero ya es tarde. Sólo mirándonos al espejo y repitiéndonos lo de todos los años: “¡si yo no lo hubiera hecho así!”, no nos ayuda salvo a sentarnos a pensar si lo que hubiera sucedido sería mejor o peor de lo que es porque hicimos aquello en lugar de esto. La leche derramada. Pero por sobre todas las cosas está el espejo, lo único que nunca nos miente, y en él nos vemos tal como somos, y somos como somos porque nosotros mismos nos forjamos nuestro destino y ahora queremos echarle la culpa a eso que llaman casualidad, o error, o inmadurez, o cualquier cosa, pero siempre (es lo que siempre negamos) por culpa nuestra y no de otros, porque nadie nos obligó a hacer lo que hicimos en el momento en que lo hicimos, aunque es muy liberador de culpas echarle la ídem a la edad, a la inexperiencia, a lo poco que sabíamos entonces, etc. Hablando en plata, eso se llama, como todo lo que pretendemos decirnos a nosotros mismos: justificación. No otra cosa. Y las justificaciones sólo sirven para reafirmarnos en nuestra todavía inmadurez al no reconocer nuestros errores y actuar sin pensar en las consecuencias que podrían tener (y tuvieron) nuestras decisiones…

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Y una de esas decisiones más nefastas que cometemos es escogiendo a lo que pretendemos que sean nuestros amigos. En ese aspecto creo que radican los mayores errores que podemos cometer. Es habitual oír, leer o ver a muchas personas, famosas o no tanto, “jactarse” de tener cientos de amigos, lo que intentan demostrar cuando se les muere algún familiar o cuando celebran algún festejo de importancia (a veces no caben tantos amigos invitados en los locales escogidos) y así notamos la cantidad exagerada de amigos que acompañan al susodicho en sus momentos de gloria o de dolor, aunque en estos últimos la cantidad sea notablemente menor. ¡Ay! Y entre esos mismos acompañantes, ¿cuántos amigos de verdad pueden contarse? Y la pregunta que surge es ¿por qué se engañan (si es que lo hacen)? ¿O es que de verdad se creen que un ser humano puede contar con cientos de amigos totalmente desinteresados? Después de cometer esa ingenuidad, por darle un nombre suave, vendrán seguramente las decepciones, aunque la mayoría de éstas no aparezcan en los medios en los que sí aparecieron cuando no eran decepciones, sino amigos del alma, como suelen llamarlos cuando se refieren a ellos. Porque hay algunos que nunca sabrán (y será mejor que no lo sepan) que amigos, lo que se dice amigos de verdad, no pasan de 5 ó 6, por mucho dinero que se tenga o mucha fama que se ostente. Incluso podría afirmar que mientras más pobre se es, más seguros puede estarse de quiénes son los amigos verdaderos con que se puede contar siempre, en cualquier circunstancia…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

domingo, 31 de diciembre de 2017

TOLERANCIA, LA CLAVE


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Oí decir a alguien que una di
scusión entre dos puede evitarse si uno de los dos no la desea. Como cada día se hace más difícil encontrar una persona, sobre todo en España, que admita que está equivocada, lo mejor es evitar discusiones tontas que se van exaltando y pueden terminar con una relación amistosa de largo tiempo, especialmente si esa discusión trata de asuntos políticos, pues la política es "el arte de dividir y enemistar". Y ejemplos me sobran, porque yo incluso he perdido grandes amigos a causa de la política, sin detenerme a analizar ahora cuál de los dos discutientes tenía la razón y cuál estaba equivocado. Cuestión, que las discusiones no ayudan nada a conservar amistades y mucho menos si se discute sobre ideología o política, como es el caso...

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La clave para mantener una relación amistosa radica en la tolerancia, virtud que lamentablemente decrece por día, Y me pongo a pensar cómo es posible que dos personas, que sabemos que no pueden pensar ni actuar de igual forma, por el simple y tonto hecho de que una de los dos no piense como la otra, lleguen a enemistarse. Y algunas veces hasta eso que decimos “peleados a muerte”. ¡Qué estupidez!. No sé si antes era igual, pero sé que en las últimas décadas la enemistad se está convirtiendo en odio en muchos lugares de La Tierra, y avanza con gran velocidad, mientras los políticos, que son quienes gobiernan y tienen en sus manos las soluciones posibles (al menos de intentarlo) no hacen nada para buscar la paz y la armonía entre los seres humanos, y esta actitud pasiva y cobarde sólo podrá llevarnos a un inevitable enfrentamiento a niveles mundiales que pasará, de ser situaciones personales irrelevantes, a guerras sin tregua que pondrán a la humanidad al borde de la desaparición…

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Pero no es tan fácil poner a la humanidad al borde de la desaparición: ¡cuántas veces se ha anunciado que el mundo va a acabarse! Y en este caso sucede algo parecido: sé que por una pareja, digamos, que se disuelve, o por una amistad que se pierde tras lagos años de feliz convivencia, no va a acabarse el mundo ni nada que se le parezca. Lástima que los intolerantes que no admiten haberse equivocado, o que jamás dan la razón al “otro” no se den cuenta de cuán mínima es su importancia en este pobre planeta tan maltratado donde deberíamos convivir para ser felices y ayudar y no para buscar “broncas” por el “terrible crimen” de no pensar igual. Es tan absurda la posición del “infalible”, tan ególatra, tan megalomaníaca, que si no fuera por su densidad circunstancial, nos echaríamos a reír como tontos, cuando escuchamos a esos sabios de pacotilla, que son los verdaderos tontos, echar pestes de todo aquel que piensa con su cabeza y no con la de ellos… en cualquier asunto o tema, por minúsculo y baladí que sea…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 25 de diciembre de 2017

LOS ARBOLES, NUESTROS PULMONES


Han ejecutado un arboricidio en el patio de la Basílica de San Francisco, lo primero que veo cuando me levanto y me asomo a la ventana. Pienso en los gorriones (no veo a las palomas ni a las urracas por ninguna parte) que no tienen dónde cobijarse, y menos mal para ellos (porque para nosotros es más mal) que hace tiempo no cae una gota en Madrid, al menos en esta zona del Centro, donde vivo, y donde hasta hace poco podía verse ese patio tan poblado en primavera y en todo el verano, pintando de verde el entorno, que ahora parece agonizante porque no hay ni una sola hoja en ningún árbol, y sin árboles a la vista los amaneceres no son ya apacibles (parodiando el título de aquella novela de las tantas que nos impusieron en la Cuba de entonces donde sólo se podía leer lo que el gobierno autorizaba). Pero eso no viene al caso. Y creo que ya no viene a ningún caso…

El caso es que me gustan los árboles, y como hay mucha gente a la que parece no gustarles, unas veces los talan buscando material para fabricar papel y otras, las peores, los destruyen mediante incendios provocados que es un panorama ya acostumbrado en cada nuevo año, por la desidia y la tolerancia del poder que no es capaz de evitar que esos maleantes sigan quemando bosques y amenazando a la atmósfera saludable de un país que sin árboles está condenado a morir sin remedio…

José Martí amaba los árboles, al punto de que escribió: “sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro…” que eran para el Apóstol las 3 cosas fundamentales para que un ser humano pudiera llamarse con ese calificativo. Yo he sembrado cientos de árboles, he tenido 3 hijos, y he escrito algunos libros, de los que han visto la luz sólo unos pocos, porque un día me levanté mareado de tanta literatura y me dije que si no podía escribir una obra como La Montaña Mágica, no merecía la pena continuar “emborronando” cuartillas (ahora electrónicas) para que mis obras se publicaran y a los 3 meses nadie se acordara de ellas. Mejor sembrar (y cuidar) árboles, que con toda seguridad hacen más bien a la humanidad que cualquier libro de esos millones que a diario se publican y que corren esa suerte de la intrascendencia y el olvido…

Y así vivo mis últimos años, añorando el verde, color que por cierto no me gusta nada en el vestuario ni en otras manifestaciones, pero sí en el que nos regalan esas áreas verdes que tanto bien nos hacen y que estamos perdiendo lentamente, porque a algunos cerebros estrechos que controlan y gobiernan el panorama no acaba de entrarles en sus meollos (si es que los tienen) que la Naturaleza existe para beneficiar al hombre y por lo tanto hay que cuidarla, no destruirla…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

pd: hoy precisamente cayó agua en Madrid, aunque no demasiado, pero al fin cayó…