lunes, 17 de julio de 2017

LAS CREENCIAS

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Dejé de creer en todo la noche en que, haciéndome el dormido, descubrí a mi padre colocándome los juguetes debajo de mi cama, junto a la cartita a los reyes y el agua y las yerbitas a los camellos que yo siempre ponía cada noche del 5 de enero, confiando en que al despetar vería junto a mi cama todo lo que había pedido, que era más de lo que mis padres me podían conceder, pero que como yo no creía en ellos, que eran pobres, sino en los reyes, que eran magos y todo lo podían, escibía en la cartita peticiones que ahora me dan risa y a la vez, tristeza en la nostalgia del sufrimiento que le daría a mis padres al ver cuántas cosas yo pedía que ellos de ninguna manera (ni robando quizás) podrían regalarme ese tan bello día de celebración y felicidad para casi todos los niños. Porque ser un niño es eso: no entender lo que no se puede, pero vivir la ilusión de despertar una mañana cualquiera con su sueño ralizado gracias a esos 3 viejos que sobre los camellos recorrían el mundo dándole un poco de felicidad a los niños "que se habían portado bien" y merecían ser dichosos... aunque fuera un solo día...
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Las creencias, en general, generan más dolores que placeres. Siempre he respetado a quienes creen en cualquier cosa, lo mismo en religión que en política, aunque no he tenido la suerte (llamémoslo así) de recibir a cambio el mismo respeto por mis NO creencias sin que por ello me enemiste con las personas que padecen la manía de no estar de acuerdo más que con ellos mismos y con lo que ellos piensan, sienten y dicen. Pero apartándonos de las creencias religiosas y políticas, que son las más “peligrosas”, porque son las que más fácilmente enemistan a personas que si nunca hablaran de ellas permanecerían todas sus vidas en una amistad hermosa y compartida, existen creencias que en verdad dan risa, y con las cuales ni siquiera puede bromearse, porque enardecen al “creyente” que puede reaccionar enfadado y hasta colérico en un encuentro de comentarios sin ninguna maldad. Es que mantener una conversación con los semejantes, últimamente, se ha vuelto difícil. Cito un solo ejemplo que puede resumir hasta dónde puede llegar el “fanatismo” de ciertas creencias que, repito, no son religiosas ni políticas, ambas rechazadas por mí en cualquier conversación, por amargas experiencias que he sufrido en muchas ocasiones y que he dado por considerarlas como “caso cerrado”. Pero oigan esto:
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Una mañana, al salir de mi apartamento, me encuentro en los bajos a una auxiliar leyendo una revista, tan abstraídamente que al saludarla ni se dio cuenta y no me respondió. Me acerqué con disimulo a ver qué era lo que la tenía casi en éxtasis y... adivinen: un horóscopo. Entonces me miró, nos saludamos, y le dije: mira, una sugerencia: compra 10 revistas y 5 periódicos de esos que tienen horóscopos y ponte a leer los 15 sin distraerte. Si encuentras 2 que digan lo mismo, yo también comenzaré desde mañana a leer horóscopos, que siempre son firmados por un ser humano igual que nosotros, por supuesto, para cobrar lo que le paga le entidad contratante por escribir lo bueno (nunca dicen nada malo) que te puede suceder durante los próximos días, y que tu signo, que es, digamos Piscis, está en línea con Virgo, lo que fevorece tus aspiraciones a... y así. La auxiliar, con la que me llevo de maravillas, se quedó otra vez en éxtasis, quizás pensando “caramba, no había pensado en eso” o algo parecido. Me pregunto si todavía seguirá leyendo hróscopos...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 10 de julio de 2017

CREER O NO CREER

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Una trabajadora del edificio donde vivo escribió en su cuenta de Facebook: “si alguien quiere salir de mi vida, le enseño la puerta, lo acompaño hasta ella, la abro y le digo adiós y suerte”. Pensé en ello durante varios días, y me di cuenta de que eso era exactamente lo que yo hacía de vez en cuando, y me llamó la atención que quizás ella también sintiera, como yo al hacerlo, una sensación de felicidad, tranquilidad y paz, porque nos quitábamos de encima un peso de piedra de molino que nos tenía atormentados. Y todo, teniendo la solución al alcance del diccionario: decir NO es tan necesario para ser feliz como decir SI cuando la situación merece uno de esos dos términos. Pero ¡ay!, que muchas veces por una falsa creencia en la buena educación o en no herir al semejante, soportamos a personas que no nos dan nada y por el contrario nos quitan esos pocos momentos de bienestar a los que todos tenemos derecho a disfrutar. ¡Cuántas batallas le hubiéramos ganado a la depresión, al malestar, a los problemas que nos hacen sufrir, si hubiéramos usado un poco más esa corta palabra, tan fácil de decir: ¡NOOOOO!

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Todos hemos sufrido traiciones de personas de las que nunca esperábamos semejantes actitudes. Por eso nos duelen tanto. Pero si repasamos un poco nuestra propia vida, nos daremos cuenta de que la culpa de esas traiciones son nuestras, por una razón muy simple: no supimos elegir. Y punto. La elección de quiénes pueden realmente ser amigos y además demostrárnoslo, no es nada fácil. Vivimos en un mundo hipócrita, donde prima la impostura, el engaño, la habilidad de ciertas personas para hacerse querer por los demás, fingiendo cariños y emociones que están muy lejos de sentir de verdad. ¿Cuántas veces nos hemos equivocado pensando, al conocer a alguien que nos llama la atención por sus “valores y méritos” (aparentes) que ese alguien es digno de nuestra amistad y nuestro cariño a toda prueba? Muchas.Y eso nos ha sucedido precisamente por idealizar a esas personas sin darle tiempo a conocerlas mejor y más profundamente. Yo mismo padezco de ese mal que he pagado con creces: he conocido a mucha gente a la que enseguida he idealizado, y el tiempo se ha encargado de sacarme de mi error, pero siempre con un precio demasiado alto. Por eso he decidido que mi amiga tiene toda la razón, sólo que también hay que darle un empujoncito a veces, no a quien desee salir de nuestras vidas, sino a algunos que no muestran deseos de hacerlo, pues lo que quieren es seguir “jodiéndonos la vida” como bien decía mi amiga Vicky Ruiz en su cuenta de Faceboook. A todos, hay que abrirles la puerta de salida, y en algunos casos, empujarlos y no desearles suerte: que se las arreglen como puedan mientras nosotros agradecemos al diccionario por su bellísima y oportuna (y salvadora) palabra: ¡NOOOOO!

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Lo dicho: evitar males mayores pronunciando esa palabra de tan poco uso en nuestra relación con los seres humanos con quienes por alguna causa tenemos que relacionarnos y a veces compartir con ellos algo más que saludos inevitables. Tenemos, si queremos de verdad quitarnos de encima a personas de esas que sólo sirven para amargarnos la vida, que aprender a pronunciar esa palabra que puede salvarnos en numerosas ocasiones de caer en un estado depresivo, pesimista, triste, que incluso pudiera echar a perder nuestra salud: Sólo hay que pronunciar una palabra: ¡NOOOOO!

Augusto Lázaro



@lazarocasas38

lunes, 3 de julio de 2017

AHI VIENE EL LOBO

Cuando era un niño inocente que comenzaba la escuela, solía oír cuentos que me fascinaban, sobre todo por el poder de la imaginación que me transportaba a la realidad de aquellas historias tan llenas de esa fantasía que un niño necesita para seguir siendo niño tras rebasar la edad de sus primeros pasos en la primaria. Una de aquellas historias era la de “ahí viene el lobo”, cuento simple que sólo servía para alertarnos del cuidado con que atender los avisos metemiedos como aquél de que un lobo venia corriendo a devorarnos, para, cuando nos poníamos a temblar, aclararnos que no, tontitos, si sólo se trataba de una broma. O sea, que el lobo no venía en realidad. Y así nosotros creíamos que el lobo nunca vendría en realidad y mucho menos a devorarnos...

Ahora, ya adultos (quizás demasiado adultos) nos enfrentamos al mismo cuento de que el lobo puede venir en cualquier momento y devorarnos. Sólo que el lobo no es ya ese animal tan injustamente tratado en infinitas descripciones y obras artísticas y literarias, sino algo peor: un hombre. O “el hombre” para ser exactos, que es el peor enemigo del propio hombre, cuando debería ser su hermano. Y no nos amenaza con sus colmillos, sino con armas que pueden devorar miles o millones de seres humanos inocentes que preferirían, sin dudas, tener por enemigo únicamente al lobo del cuento citado y no al hombre que carece de virtudes que le impidan aniquilar su propia raza, lo que jamás haría un lobo con la suya...

Una de esas opciones de “devorarnos” es la del gran dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-un (la dinastía eterna en ese país), que raro es el día en que no amenaza nada menos que a Estados Unidos, a los que dice poder destruir en cuestión de horas. Kim no conoce la historia, pues no puede decirse que es un hombre instruido ni muy inteligente, y parece que su equipo de asesores sólo se ocupa de tomar notas de las estupideces que se le ocurren cada vez que abre su boca. Ya ese error lo cometieron los japoneses en 1945 y todo el mundo conoce cuál fue el resultado, lamentable, pero como respuesta, no como agresión, que es el caso actual a que nos remitimos...

No obstante, sería un error de parte del mundo libre menospreciar un posible daño irreparable, porque... si a Kim se le ocurriera lanzar varios de sus misiles nucleares (si es que los tiene y si es que sirven) a Corea del Sur o a Japón... ¿qué sucedería entonces? Pues que el lobo no era una broma, sino que al fin se decidió a intentar devorar a los cabritos y se lanzó al ataque mortal, que aunque jamás podría ganar, causaría quizás miles o millones de muertes que podrían evitarse si la cordura y el miedo a la muerte (que no tienen los yihadistas, pero sí los coreanos) pusiera un freno a los alardes beligerantes de quien padece de una megalomanía sin parangón en la historia...

“Ahí viene el lobo” puede convertirse, de la noche a la mañana, en una amenaza cumplida que desencadenaría una confrontación que nadie puede vaticinar lo que costaría a la raza humana. Mejor estar preparados, pues como dijo uno de los Castro (en algo puede estarse de acuerdo con él): “si queremos la paz, debemos prepararnos para la guerra”. Y a veces nos olvidamos de que el lobo está ahí, al acecho, y puede venir en cualquier momento en que no lo esperemos. O en que cometamos el error de creernos que ese lobo no se atrevería nunca, porque él sí tiene miedo a morir...

Augusto Lázaro



@lazarocasas38

lunes, 26 de junio de 2017

CAROL Y THERESE

(reproducción de una entrtada relacionada con el día del llamado orgullo gay)
LA ENVOLVENCIA
Septiembre 1 de 2011
CAROL Y THERESE
De ella se ha dicho que era una mujer compleja, de carácter explosivo, atormentada y hasta perversa, antipática, maleducada, huraña, alcohólica, misógina, con relaciones de pareja siempre fracasadas y una relación tempestuosa con su madre, que la llevó a detestar a los seres humanos y enclaustrarse en su mundo literario, que nunca dejó de significar para ella toda la razón de seguir existiendo sobre la superficie de este pobre planeta que llamamos Tierra. Encantadora, ¿verdad?
Nacida en Fort Worth (Texas), vivió sus últimos años en Suiza, donde falleció a los 74 años, víctima de un cáncer probablemente provocado por su adicción al alcohol. Su verdadero nombre era Mary Patricia Plangman, pero el que la hizo famosa en una veintena de obras que la consagraron como una de las escritoras más originales y perturbadoras de la narrativa contemploránea, fue Patricia Highsmith. Maestra indiscutible de la novela de suspenso, de la cual hay que admirar su creación y olvidar, es lo mejor, su errática y desgraciada vida, porque sucede con ella y con otros grandes creadores que cuando se conocen aspectos de sus vidas privadas puede que nos caiga el desencanto hasta el punto de no comprender del todo cómo fue posible que semejantes autores (o autoras) con una vida tan disparatada, pudieran producir tan grandes obras de la literatrura universal.
Y una de esas grandes obras de la literatura universal es, de eso no tengo una mínima duda, la titulada CAROL (The price of salt), primero publicada, tras muchos esfuerzos, bajo el seudónimo de Claire Morgan, hasta que logró su ¿aceptación? editorial y entonces la firmó en segundas ediciones con su nombre literario, Patricia Highsmith.
CAROL no es en realidad una novela de suspenso, pero sí tiene ese halo misterioso que va llevando al lector a una compenetración tan íntima con las dos protagonistas, que cuando se va acercando el final de la obra se niega (el lector) a aceptar que el mismo no sea un “final feliz”, porque Cárol y Therèse, tras deleitarnos con un amor que traspasa los prejuicios y gracias a la maestría de la autora llega a ser hermoso, nos han conquistado, hasta el punto de que tras la resolución literaria a su historia nos queda una sensación de nostalgia tan intensa que nos parece recordar a dos personas reales y no a dos personajes magistralmente creados por la gran escritora norteamericana.
Porque una vez conocidas, a Carol y Therèse no pueden olvidarse: su descripción, su manera de ser, de ver las cosas, la vida y el mundo, su comportamiento, pero sobre todo, su amor, nos conquistan a medida en que vamos penetrando la historia narrada, donde no se encuentra una sola pizca de grosería ni de mal gusto: es una bella historia de amor entre dos mujeres que llegan a quererse tanto que al final, cuando Carol le plantea a Therèse que vuelva a vivir junto a ella, ésta reacciona pensando que “me quiere más que a su hija”, lo que deja un margen de interpretación al lector con el fin único –pienso-- de calibrar hasta qué punto era ese un amor verdadero, por encima del prejuicio, pero también del sexo, porque en la novela Carol y Therèse se aman como sólo pueden amarse dos personas que descubren que su relación, la una con la otra, constituye toda su razón de vivir.
Patricia Highsmith ha sido capaz de crear dos personajes tan bien diferenciados, cada uno en su mundo que sólo puede unir el amor, con su forma de hablar, de reír, de moverse, de sentir la pasión, la ternura, el cariño que une y a veces la discrepancia que amenaza separar, que durante toda la obra van creciendo ante los ojos del lector, hasta convertirse en amigas entrañables a las que se desea que sean felices y que vivan su amor porque se lo merecen, sin gotas de melodramatismo ni de ñoñerías ni de nada que huela a cursi ni a soez ni a degradante. Carol y Therèse están tan vivas como nosotros, nos conminan a aceptar su relación y nos convencen de su necesidad de amarse y de desear, por encima de todo lo demás, estar juntas, vivir juntas, compartir sus vidas sin separarse bajo ningún concepto. Novela valiente en la época en que fue escrita y publicada, cuyo planteamiento quizás haya contribuido a lograr más comprensión al derecho de los seres humanos a amar a quienes deseen y como lo deseen, venciendo al lacerante látigo de los prejuicios que todavía pululan incluso en nuestras sociedades primermundistas tan desarrolladas.
Cuando cerré el libro, tras la apasionante lectura (y está hablando un hombre heterosexual) me senti totalmente encariñado con las dos protagonistas e identificado con su amor y con su final “feliz”, cuando Therèse reacciona y al “no” anterior planteado, rectifica, dándose cuenta de que es inútil engañarse a sí misma: su vida sin Carol sería insoportable, y por eso vuelve a ella, en unas páginas cargadas de esa nostalgia de la que decía Cortázar que no puede prescindir “todo lo que se escribe hoy y que vale la pena leer”...
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 19 de junio de 2017

¿UTILIDAD DEL BLOG?

Cuando comencé a escribir este blog hace unos cuantos años (ya va por la entrada # 381) no pensé que duraría tanto tiempo ni que escribiría tanto. En los primeros meses publicaba con mucha más frecuencia: hasta 6 y 8 posts cada mes, y recibía algunas opiniones sobre lo que escribía, en pro o en contra, a las que yo siempre agradecía, pues pienso que lo que un autor publica pertenece a los consumidores (lectores en este caso) que son dueños de opinar lo que les plazca y yo como autor no tengo derecho a ripostarles ni mucho menos a intentar demostrar algo que yo he llevado a la pantalla que es posible que las opiniones que provoque estén mejor orientadas hacia la razón que las mías...

Con el tiempo, las opiniones que recibía fueron desapareciendo, hasta que llegó el día en que recibí la última, y hasta hoy. Me puse a pensar y descubrí que yo tampoco leía ya los blogs que al comenzar el mío también seguía. Y es que el día sólo tiene 24 horas y en el mundo hay millones de blogs y millones de cuentas en redes sociales, al igual que miles de libros que quisiera leer y sé que por el tiempo nunca leeré. Y seguramente eso ha pasado con mi blog (tengo 2, éste y otro llamado El Cuiclo, donde he publicado cuentos, novelas, poemas, etc., que tampoco lee nadie). Por tanto, me cuestioné la utilidad que podría tener insistir publicando entradas que nadie leería, sobre todo porque no había tiempo para leer tantas cosas que diariamente salen a  la luz en todo el mundo...

Imagínense a un lector voraz como yo, intentado acometer una “hazaña” imposible: periódicos, suplementos culturales, revistas culturales, libros, publicaciones llamadas on-line (que son bastantes), artículos, comentarios, blogs, redes sociales, separatas, entrevistas, críticas literarias o de cine, teatro, vídeos, películas, documentales,
etc., y en fin, tantas cosas que me pierdo porque, como dije al principio, el día sólo tiene 24 horas, y aunque sólo duermo 6, me restan 18 que contando con que yo no tengo los servicios de una “compañera” como Mercedes Barza, por ejemplo, que me haga las tareas tontas pero imprescindibles para seguir viviendo digamos decorosamente, pues... me repito yo mismo la pregunta: ¿sirve de algo mantener un blog, una cuenta en alguna red, cualquier cosa dirigida a un público harto de tener demasiadas opciones al alcance de sus ojos y demasiado poco tiempo para atender una millonésima de lo que quisiera consumir?

En esa duda estoy desde hace tiempo. Casi no publico en La Envolvencia, pues cada vez que me enfrento a la pantalla en blanco y voy a comenzar una idea que se me ha ocurrido, pienso: ¿para qué?, ¿alguien va a leerla? ¿le va a servir a algún lector? Y como no me decido, mantengo estos blogs hasta que tome una decisión muy bien analizada, meditada, pensada, de la que no pueda arrepentirme después. Siempre que publique o vaya a publicar algo nuevo, por costumbre, avisaré en mi cuenta de Twitter: @lazarocasas38, y a ver cuánto me dura la duda, que según Karl Marx “es lo único cierto”. Muchas gracias a los “héroes” que me han seguido hasta hoy, y a los que todavía (increíble) me seguirán esporádicamente. Les deseo a todos lo mejor, de corazón, y que pasen una buena semana como pienso pasarla yo, despreocupándome de tanto Internet y tanta vida artificial como se vive hoy con esos aparatos que nos rodean en todas partes. Hasta en nuestra propia intimidad...


Augusto Lázaro

lunes, 5 de junio de 2017

EL AGUJERO NEGRO

Nunca he creído en las casualidades. Eso que dice Cortázar en Rayuela (“un encuentro casual es lo menos casual de nuestras vidas”), es pura literatura, en este caso con la excelencia de un gran escritor en una obra fundamental de la literatura latinoamericana, a pesar de sus denostadores, que siempre los hay. Pero la realidad no es casual, como piensa la mayoría (quizás exagere y no lo piensen tantos). Creo que cada cosa sucede porque la vida nos da sorpresas cuando menos las esperamos. Y si nos referimos a la política (“el arte de enemistar y dividir”), entonces cada asunto hay que analizarlo sin prejuicios, pero con cierta “malicia” (“piensa mal y acertarás”, dice otro refrán). Por eso esa avalancha de investigaciones, acusaciones, imputaciones, trapos sucios (que tiene todo ser humano, unos más que otros y más dañinos que otros) culpas, etc., que han lanzado sobre miembros todos del Partido Popular de España. no se la traga ni Perico Pajuela. De casual no tiene nada. Absolutamente nada. Está todo planeado y cuidadosamente organizado, incluso el nombre de los posibles y futuros cuadros que caerán en desgracia uno a uno, algunos con razones justificadas, otros con motivos inventados o exagerados, ¿quién puede saberlo? Pero hay dos preguntas que nadie se atreve a poner en el papel o en las pantallas: 1) ¿por qué esto ahora) y 2) ¿quién tiene la culpa?

1)      ¿por qué esto ahora? Pudiera haber sido en cualquier momento, pero se ha aprovechado muy bien la coyuntura de esta etapa de corrupción destapada que ha hecho mucho daño al Partido Popular, sobre todo entre sus militantes y simpatizantes, y los organizadores de la avalancha han entendido, con mucha claridad, que es el momento propicio para darle el tiro de gracia al partido que gobierna y contra el cual está la mayoría de la oposición, no sé si por juego político de adversarios, por envidia, por odio, o simplemente por aquello de “quítate tú pa’ ponerme yo”, esto último muy notable en el nuevo partido de “la gente” que de la Puerta del Sol llena de mugre se ha convertido en casta, en lo que tanto combatían y contra lo que pretendían luchar...

2)      ¿quién tiene la culpa? Hombre, pues el PP, que con su conocida y connotada pasividad y el inmovilismo de esperar a ver qué pasa, no se ha dado cuenta (tan viejo como es) que “la mejor defensa es el ataque”, y sólo se dedica a intentar desmentir las acusaciones y las críticas que diariamente le llueven sobre su cabeza descansada y sin ninguna iniciativa para luchar contra quienes lo machacan sin piedad. El PP es el único culpable de esa avalancha de acusaciones e imputaciones que han caído sobre sus cuadros importantes, a algunos de los cuales deberían haberlos defenestrado ellos mismos desde hace tanto tiempo...

¿En qué va a parar todo esto? Es un dilema que puede parar en cualquier situación, siempre negativa para los españoles, que son siempre quienes pagan el pato de las barbaridades que cometen sus políticos. Y en esta situación hay sólo dos variantes: una, que el PP se vea tan acorralado que vaya a ocupar un tercer o cuarto lugar en el Gimnasio de los diputados, mientras que el PSOE y PODEMOS se enzarcen en una lucha descomunal por llegar a la Moncloa, cosa que pudiera suceder, aunque muchos lo pondrán en duda, seguramente. Y otra, que haya un cambio notable en el PP o que se vea obligado a convocar a elecciones otra vez, y lo que nadie puede adivinar es el resultado de las mismas, que puede ser una sorpresa y de las grandes.

Lo que sí me atrevo a afirmar es que esta situación de acoso no puede continuar mucho tiempo, porque después de acabar con la mayoría de los dirigentes del PP, ¿qué van a hacer? ¿Se va a paralizar la avalancha? ¿Van a empezar una nueva “cruzada” contra los otros 3 partidos? ¿Y España, en qué se convertirá entonces, para nosotros y sobre todo para el extranjero? Esas son las preguntas que los partidos no tienen tiempo de hacerse y menos de contestarse. Al parecer...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38



lunes, 8 de mayo de 2017

MITOS Y REALIDADES

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Observando las dificultades que pretenden imponerle al Reino Unido para darse de baja de la Unión Europea (muy semejante a lo que le espera a quien pretenda darse de baja en un contrato de telefonía móvil) me doy cuenta una vez más de que en realidad la creación de la UE (aceptando que puede tener algunos beneficios prescindibles) fue un error, puesto que esta organización de estados soberanos simplemente le ha quitado la soberanía a todos sus miembros, que ahora dependen de las órdenes que emita Bruselas (capital comunitaria, véase por qué) convirtiendo a cada país en una especie de siervo que sólo puede realizar cualquier cosa que se le ocurra a su respectivo gobierno si tiene el visto bueno de la dirección de la UE. Algo así como “si quieres subir o bajar los impuestos, tienes que contar conmigo”. De verdad que, al menos para mí, esto se me parece bastante a una nueva esclavitud, no de personas, sino de países que antes eran libres y soberanos. Aunque parezca una exageración, no puedo evitar la odiosa comparación con el extinto Pacto de Varsovia (en el aspecto político, claro), ¿No les recuerda algún parecido?

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Me pregunto qué sucedería si en una capilla católica o judía en pleno Berlín entrara como una tromba un grupo de personas y una de ellas, mujer joven por cierto, bajándose la blusa y exponiendo sus senos que más tarde vería el mundo entero en las pantallas de todos los medios, gritara a toda voz: “los enviaremos a los crematorios como en el 42”. ¿Esa y/o esas personas seguirían ocupando puestos importantes en el Consistorio de la capital de Alemania? ¿Y la del grito nada menos que de portavoz de la institución? Pues no, seguro que a partir de ese mismo momento tendrían que irse a la calle y arréglenselas como puedan por su acción irrespetuosa y amenazante a un grupo de personas que rezaban tranquilas sin molestar a nadie... Pues algo muy parecido sucedió en España y no pasó nada. Absolutamente nada. Las personas siguen ocupando sus cargos y los más vulnerables rezando a todas horas para que no vuelva a suceder lo que en este país sucedió hace mucho tiempo y no tener que “arder como en el 36” al grito de los quemadores de iglesias, violadores de monjas, fusiladores de curas y liquidadores de la libertad, no sólo de expresión, sino de TODA LA LIBERTAD... Pero amigos, recuerden que Spain is different...

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Elecciones y más elecciones, tan inútiles como instrumento con el que puede manipularse a la opinión pública, haciéndole creer que puede resolver sus problemas votando a Juan o a Juana, que para el caso es el mismo perro, y a veces hasta con el mismo collar. No me explico cómo hay tantas personas que se dejan engañar, de buena fe, por tanto farsante disfrazado de “servidor del pueblo”, que una vez montado en la silla del poder ni se acuerda de ese pueblo que lo votó, y si acaso hace algunas “cositas” para aparentar, porque en la política todo es apariencia y a la vez competencia, pero no a ver quién hace más, sino quién dice y promete más. La política es eso: promesas y discursos, y si cualquier mortal se pone a analizar cuidadosamente lo que dicen los políticos, se dará cuenta (algún día) de que todos, con distintas palabras, dicen lo mismo: están aspirando al poder para “servir al pueblo” y nada más. Sólo eso. Y sí, puede que haya algunos, porque sin ésos no habría reglas, y ya se sabe que no hay reglas sin excepciones. Pero nada más. Sólo excepciones. Y esperanzas, porque “ahora sí...”

Augusto Lázaro



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