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domingo, 28 de septiembre de 2014

Y SEGUIMOS VOTANDOLOS

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¿Es imprescindible la hipocresía? Si juzgamos por las personas que suelen hacer uso de ella (casi toda la humanidad) diría que sí: es imprescindible. La cuestión es en qué momento, situación, circunstancia, se debe practicar esa virtud que otros denominan defecto o viceversa. No conozco a nadie que no haya sido alguna vez (o muchas veces, o siempre) en su vida un hipócrita. Creer que hay personas real o totalmente sinceras es como creer que hay personas totalmente buenas o totalmente malas, y eso no es así, pues en las personas buenas hay matices malos y en las malas hay matices buenos: lo que prima es lo que la define como buena o mala persona. Pues lo que prime en la hipocresía de cada cual, o sea,
la cantidad que se imponga en su característica, es lo que define a esa persona: algunas veces hipócrita, pero sólo algunas veces, el resto del tiempo sincera, pues es una persona a la que no puede catalogarse de hipócrita porque un día, una vez, o algunos días, algunas veces, haya sido hipócrita. Gloso a Cristo: quien nunca haya sido hipócrita que me escupa la cara.

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¿Es necesario mentir? Pues a veces sí, y me contradigo con lo que expresé en un post hace algunas semanas, de que mentir es una rama de la hipocresía (¿o al revés?) y que siempre puede eludirse la mentira, o sea, la hipocresía, pues dándole vueltas al asunto me he dado cuenta de que es imposible no mentir jamás: en alguna ocasión lo hemos hecho, al igual que con la hipocresía, que en alguna ocasión la hemos practicado. Eso no significa que seamos mentirosos ni hipócritas, sino que dentro de cada personalidad humana se esconde una oportunidad en que lanzamos al aire una mentira o nos comportamos como hipócritas delante de personas con las que nos relacionamos, sin poder (o sin querer) evitarlo, por razones tan variadas que sería muy extenso señalar. Otra cosa es engañar: me parece que en el engaño se esconde una intención y que nunca es espontáneo: no se engaña a nadie sin tener, aunque no se reconozca, una motivación definida dentro de la intención con que se hace. Pero esa tela da para muchos cortes.

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Cuestión, que llegamos a la conclusión de que el ser humano es, por naturaleza, una suma de virtudes y defectos, y que cada cual tiende a juzgar a sus semejantes priorizando sus defectos, que siempre se encuentran, porque cada ser humano los tiene, y algunas veces a montones. Pero lo interesante y a la vez preocupante es que actualmente la humanidad está avanzando en el camino de la impostura: la sinceridad se ha vuelto peligrosa y lo que más se logra practicando esa virtud es buscarse problemas, o malentendidos, o que a la persona “tan” sincera siempre se mire con desconfianza, por la naturaleza escasa que muestra al decir siempre y con crudeza lo que piensa. Decir lo que se piensa no es muy agradable para quien lo oye, y si lo que se piensa afecta al que lo oye, peor todavía. Nos buscamos enemigos diciendo siempre la verdad sin tapujos. Y sin embargo, mintiendo, raras veces caemos mal y no vemos enemigos entre quienes nos escuchan mentir. El clásico ejemplo es un político cualquiera, que miente sin cesar y a pesar de eso recibe aplausos, vivas, asistencia a sus mítines, y lo mejor (o lo peor): recibe votos que lo llevan al altar del poder para que siga mintiendo, engañando, prometiendo lo que todo el mundo sabe que no va a cumplir, aunque muchos aparenten creerlo. Me pregunto si es que la humanidad se ha vuelto totalmente idiota...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

pd: próxima entrada: ¿se acuerdan de Encarni? Pues aquí estará otra vez


domingo, 21 de septiembre de 2014

UNO MAS

Obstinado es poco. Harto se queda corto. Hasta las narices todavía suena suave. Tendría que buscar una palabra justa, certera, correcta, para denominar la sensación que siento al enfrentarme diariamente y en cada lugar a donde voy por necesidad con eso que Einstein calificó como infinita: la estupidez humana. No doy más, mi paciencia está agotada, mis nervios a millón, mi cansancio a todo tren, mi cuerpo se rinde a la evidencia: la estupidez es inmortal, y no sólo es inmortal, sino que crece a la velocidad de la luz (300,000 kms. x segundo), y según el cálculo informático que acabo de terminar, dentro de menos de 25 años el 90% de la humanidad será estúpido. Entonces tendremos por fin el añorado paraíso terrenal, porque según consenso científico, sólo los estúpidos son felices, y si el 90% de la humanidad es feliz, ¿quién negará que esto es un paraíso? Sin embargo, me pregunto qué sucederá con ese 10% que no será estúpido. No quisiera imaginarme lo que me estoy imaginando, pero pudiera ocurrir que los estúpidos decidieran eliminar a ese 10% y... en fin, que yo no lo veré, por suerte. O quizás por saber morirme a tiempo. Porque si no lo logro, mis opciones no son muchas:
--sufrir un IAM (infarto agudo de miocardio)
--convertirme en un amargado
--ser declarado aguafiestas o rompegrupos
--perder el apetito y otros deseos igualmente deliciosos
--hacer que otros se rían de mí por estar obstinado sin remedio mientras ellos gozan de los placeres de la vida que podrán gozar los miembros del 90%
--empecinarme en el suicidio liberador de la obstinación
Así que pensándolo bien, como dice ese refrán (los refranes a veces nos salvan): “si no puedes vencer al enemigo, únete a él”, y como en este caso el enemigo es la estupidez, y probado está que es inmortal e invencible, a partir de hoy mismo decido unirme al 90% sin esperar 25 años: arriba, corazones, desde hoy cuentan con un estúpido más engrosando sus crecientes y geométricas filas. Oh la la!

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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domingo, 14 de septiembre de 2014

AL ASALTO!

1

Pues heme aquí, elucubrando, a ver cómo puedo asaltar un banco sin ningún riesgo de que me atrapen, y hacerme con una suma digna de que me respeten hasta en el barrio de La Bibijagua. Asaltarlo no es difícil, incluso ya tenía escogida la agencia propicia: sólo tiene 8 empleados y ningún policía ni vigilante ni perro guardián. Pero precisamente por ser tan pequeña no debe tener mucho dinero en caja ni en los automáticos, y esa es la falla. Además, tengo que averiguar sin equivocarme qué día y a qué hora es que se acumula más dinero, pues si voy cuando han sacado el grueso y sólo puedo llevarme unos tres mil euritos, no vale el esfuerzo ni el riesgo. Cuestión, que tras analizarlo con calma chicha, he decidido buscar otra agencia algo mayor, y ahí está la dificultad: he entrado en algunas, pero tienen muchos empleados y vigilantes, y si soy yo solo, pues a ver cómo podría. Tendría que buscarme 2 cúmbilas y entrar, como en las películas de USA, con las cabezas cubiertas y dando gritos estentóreos: ESTO ES UN ASALTO, AL SUELO TODO EL MUNDO, Y TU, ¿QUÉ COÑO ESTAS MIRANDO? y etc. Nada, está chupado. Sólo que encontrar esos 2 cúmbilas no es tarea fácil: 1) que tienen que ser de total confianza, 2) que la mayoría de los de total confianza son miedosos, 3) que si no son expertos, algo puede fallar y entonces sí que la mula tumbó a Genaro. En fin, que seguiré meditando, aunque no dejaré mi plan de enriquecerme con lo que saque del banco que asalte, yo solo o los 3 mosqueteros, pero eso sí: por menos de 10 milloncitos nada de nada. ¿Arriesgarme por una minucia que no me duraría ni un par de semanas? De eso nada, monina. Ya veré. Algo me saldrá. Pero ya está bueno de ser pobre, coño, que la pobreza no sólo es mala y dura, sino lo peor: que es muy aburrida.

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Hay otra vía para hacerme rico: meterme en política. Pero eso tampoco es tan fácil: ¿cómo convenzo a la gente de que me apoye para formar un nuevo partido (uno más ¿qué importa?) y comenzar a dar discursos prometiendo todo lo que los incautos quieren oír (no se cansan de oír lo mismo desde hace cuatrocientos siglos) y agitando a las masas como buen populisto y mejor fanfarrón (shhh, esto es entre usted y yo, oiga), mencionando siempre a los pobres y desamparados que conmigo serían elevados a la categoría de ciudadanos con todos sus derechos, bla bla bla, etc. Aunque mejor sería ingresar en uno de esos grandes partidos y ya dentro buscar la manera de subir con intrigas, chanchullos, chantajes, cizañas, esas cosas tan comunes en los partidos, y poco a poco irme ganando un sitio en la pequeña nomenclatura de los que mandan más, o sea, los mandamases, y de ahí a la conquista del trono... bueno, me faltaría muy poco y con mi inteligencia no digo yo.

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Futbolista no puedo ser, por mi edad. Famoso idiota de la TV tampoco, por lo mismo y además porque todavía no me he idiotizado lo suficiente para ganarme un puesto en alguno de esos tantos platós. Gran empresario tampoco, pues no cuento con un capital iniciante para formar algo que dé digamos como Telefónica o algo así. ¡Carajo la vela! No lo tengo tan fácil. Creo que por despeje me está quedando sólo el banco. Total, que suponiendo que me cojan no me van a hacer nada, enseguida saco el DNI y miren, no pueden encarcelarme, si acaso una condenita de consolación como la reclusión domiciliaria, y como no tengo otro domicilio que éste donde vivo que no es un domicilio realmente, pues... en fin. Pues eso, al asalto. A reproducir en vivo y en directo una de esas fascinantes escenas de las pelis de USA, donde casi siempre los asaltantes son vencidos, pero eso en películas, porque aquí en la realidad, es al revés: los asaltantes, lo mismo a un banco que al poder, casi siempre (por no decir siempre) son quienes se llevan el gato al agua, como dice Antonio Jiménez en su aburrido programa...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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domingo, 7 de septiembre de 2014

CONSEJOS QUIZAS SANOS

1
Toda precaución es poca, siempre se nos queda algo fuera del tintero y ahí mismo nos dan el fotutazo. Y el fotutazo duele, sobre todo dentro, muy adentro. Enseñanzas de mi padre y de algunos otros familiares y amigos de la familia que aprendí desde niño:
--no darle mucha confianza a nadie, en la confianza está el peligro y en el peligro el despelote
--mantenerse siempre lejos de la estupidez y de quienes la portan
--abrir mucho los ojos y cerrar mucho el bolsillo
--nunca meterse entre marido y mujer o entre parejas que discuten o pelean, queda uno como impertinente y hasta puede recibir algún que otro puñetazo de él y carterazos de ella
--no tomar partido por ningún partido (político) y la política, mientras más lejos mejor, al igual que los amores, y cuidado con descuidar esta máxima:
--ni con miembros de la familia, ni con vecinos de la cuadra, ni con compañeros de estudio o de trabajo, nooo: el amor, mientras más lejos, más saludable. Y esta otra, genial, que me ha servido de mucho y cuando la he descuidado, al final siempre salgo como el malo de la película:
--"no hagas favor que no te pidan, pasarás por santo o por entrometido, carreras ambas largas y de mucha penitencia" (*)
Por eso, lo mejor es: yo por aquí, la humanidad por allá...
2
A mí la humanidad no me da insomnio (duermo 6 horas de un tirón, aunque haya bulla, pues lo que me despierta de súbito es que alguien en mi habitación encienda una luz, ahí sí, pero ¿quién va a encender una luz en mi habitación si yo duermo solo y sin compañía?). Pues eso, que la humanidad resuelva sus problemas, que a mí nunca me ha resuelto ninguno, por suerte. Dice el periodiquero de la esquina que yo soy un misántropo. Parece que al hombre, de tanto estar entre periódicos y revistas, se le ha pegado algo. Puede ser que yo sea un misántropo, pero me pregunto si la humanidad merece que uno se dedique a servirla sin condiciones ni peros. Tal como está, o como yo la veo, mejor es olvidarse de ella y a la porra. ¡La humanidad! Vaya, hombre, ¿y yo qué, no formo parte de la humanidad? ¿Cuenta conmigo la humanidad cuando decide algo o toma una medida o acepta o rechaza algún plan? Claro que no. Pues al carajo la vela. Cada cual a su aire, y así nos llevamos divinamente la humanidad y yo, sin meternos la una con el otro, o viceversa...
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Y rodando y rodando, que quien mete sus narices donde no debiera termina como el carnero que pierde su lana con el trasquilado, o como el famoso gallo de Morón: sin plumas y cacareando. Yo como si nada, que a estas alturas de mi vida mis dos palabras favoritas son paz y tranquilidad, que producen un gozo exquisito, y si éstas se acompañan de la eximia soledad, mucho mejor. Me lo decía mi padre, siempre con sus refranes, máximas, sentencias y dicharachos basados en su propia experiencia que intentó (y logró en muchos casos) transmitirme: "lo mejor es no meterse en nada, cerrar el pico y abrir las guatacas, a ver por dónde viene la comparsa". Y si la comparsa no viene, yo no pienso ir a buscarla. Eso seguro...
(*) tomada de la novela Gaspar Pérez de Muela Quieta, del cubano Gustavo Eguren

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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domingo, 31 de agosto de 2014

TODO UN PERSONAJE

La diferencia entre Don Quijote y yo se resume en una sola condición: él tenía un amor que curiosamente, siendo el personaje femenino central de la obra, no existía, o sea: un personaje fantasma que sin embargo ha pasado a la historia de la literatura como lo más vivo y real que puede imaginarse: Dulcinea del Toboso, qué nombrecito, ¿eh? Pues eso, la diferencia es que yo, simple mortal del que cuando liquide el finiquito de mi existencia a los 3 días nadie se acordará de mí, también tengo un amor, pero en mi caso no es imaginario ni de ciencia ficción, aunque tiene algo de fantástico: mi pareja única, singular, literaria, que yo mismo me pregunto a veces cómo puede aguantarme, porque a veces yo mismo no me aguanto: Encarni. No necesita presentación.
--Hola –dice ella.
--¿Se te rompió el reloj? –pregunto yo.
--Pues no, funciona perfectamente, mira (me lo muestra).
--Entonces sabrás qué hora es (le señalo el mío).
--No soy retrasada mental como tú... pareces suponer.
--Pues por eso mismo, ¿a qué hora quedamos, cosa linda?
--Pues... no sé, creo que ahora, ¿no?
--Ahora no es ninguna hora.
--Para ti puede que no, pero para mí ahora es la hora de ahora.
--Claro, pero la hora de ahora tenía una hora señalada que tú has olvidado.
--Bueno, a cualquiera se le olvida una hora señalada.
--Sí, a cualquiera, pero a ti se te suelen olvidar muchas horas señaladas para nuestros encuentros. Hace media hora que te espero aquí, haciendo el tonto.
--¿Tanto? Ya decía yo...
--¿Qué decías, si puedo saberlo?
--Ya decía que me iba a coger tarde por demorarme bañándome.
--¿Qué, te estabas dando lija en el cuerpo?
--Muy gracioso.
--Sí, porque otra cosa, con ese delirio que tienes por el agua y el jabón no digo yo.
--Parece que a ti no te gusta verme limpia.
--A mí lo que me gusta es que si nos citamos a una hora te aparezcas a esa hora y no media hora después.
--¿Por qué siempre tienes que protestar por todo? ¿No estoy ahora aquí? Eso es lo que debería importarte, gruñón...
Y así sucesivamente: esa es mi pareja, Encarnación de la Calzada y Peñavieja, toda una damisela encantadora, sobre todo cuando duerme plácidamente, que es casi siempre, pues nunca la he visto preocupada por ningún asunto. Pero así es y así la he aceptado, como ella dice que me ha aceptado así como soy sin ponerme ningún pero, aunque de vez en cuando me echa su sermoncito cuando yo digo o hago algo que está en contra de su brillante entendimiento. Encarni, sí: a veces pienso que es mi hija, o mi hermana, o mi novia, o mi tía, o mi madre, y hasta pudiera pensar que es mi abuelita que vela por mi seguridad y por mi bienestar personal y permanente. Como dije: no necesita presentación, ella se presenta sola... ¡Y de qué manera!

Augusto Lázaro

@augustodelatorr
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domingo, 24 de agosto de 2014

SUICIDARSE NO ES TAN AGRADABLE

Como diría Félix Rubén García Sarmiento  (que los socotrocos que ya casi son mayoría no saben que era el verdadero nombre de Rubén Darío, que los socotrocos tampoco saben quién fue ni falta que ellos creen que les hace) si viviera ahora mismo y aquí mismo: ¿quién que es no es un obstinado? Pues eso, que acabo de exclamar como El Tato la famosa expresión que injustamente no se le atribuye: ¡EUREKA! Porque me he dado cuenta al fin de que ¡yo soy un obstinado! Esa es mi definición más certera: cubre de un tirón mi personalidad al completo. Palabra mágica, expresión sintética de mi personalidad, denominación genial de mi idiosioncrasia, si hasta debería llamarme así: Obstinado, sin apellido, como los griegos antiguos, el nombre es suficiente, no hace falta adorno ni floreo: yo, obstinado de todo y de todos, sí señor. Y a mucha honra.
Con la que está cayendo, escaparse de la obstinación es punto menos que imposible: dondequiera que vayas te encuentras la estupidez campeando, en los autobuses te cae un gordo barrigón al lado que te apachurra sin compasión o en el Metro se aparece uno de esos genios musicales a amargarte el día berreando lo que ellos creen que es una canción, siempre la misma, en cualquier calle puedes enredarte con una manifestación multitudinaria que te envuelve sin que tú desees incorporarte a los que gritan hasta aturdirte, además de con sus voces con pitos y matracas, los mamarrachos desfilando con pelos tricolores, pantalones ripiados, porros a la luz pública, pedacitos de metal en los labios y en las lenguas, tatuajes en casi todo el cuerpo, olor a perro muerto, ¡ay!, y en los trenes de cercanías los gamberros con sus patas encima de los asientos, el fútbol a plena voz, hablando como si los interlocutores fueran sordos, y... y para qué seguir con las calamidades generadoras de la obstinación. Me quedo en casa y se acabó.
Ja ja ja... eso creía Cándido, el gran optimista, pero cuando encendió el radiorreceptor ¿qué es lo que oyó? 2 cosas: anuncios y noticias sobre un solo tema: la política, y cuando conectó el televisor, ¿qué es lo que vio? Otras 2 cosas: anuncios coloreados y caras y gestos de políticos diciendo lo mismo que dicen desde hace dos mil años, y ¡ah, Catana!, cuando abrió el periódico recién comprado, ¿qué vio y leyó? Otras 2 cosas: noticias políticas y anuncios a granel... ¿No es como para tirarse de la azotea de un cuarto piso?
Lo malo de tirarse de la azotea no es que te mueras de una vez y para siempre, no señor, eso sería un logro, porque resolverías todos tus problemas y descansarías eternamente sin tener que soportar tanta estupidez y tantas otras cosas que te obstinan implacablemente. No. Lo malo sería que cayeras como un sapo reventado y siguieras con vida, pero no como estabas antes de tirarte, sino jorobado, lisiado, con una mueca permenente en la boca, un ojo casi fuera, un brazo inmóvil, una pierna descompuesta, la nariz torcida, la cabeza cuarteada, y... mejor no sigo. Por eso no me he tirado desde mi ventana, porque con todo lo jodido que está este mundo en que por desgracia me ha tocado vivir, me miro en el espejo y como no me falta nada ni tengo ninguna huella de suicidio frustrado, me digo: bueno, vamos a dejarlo ahí y olvídate del suicidio, que con eso no vas a lograr mucho y puedes desgraciarte la vida más aún de lo que ya crees (a veces) que la tienes. Cuestión, a seguir obstinándome y además, rajando de la obstinación como si con eso pudiera quitármela de encima. Ah, y sobre todo, a reírme de la vida y del mundo, que si voy a seguir viviendo lo mejor que hago es reírme: la risa es como un bálsamo, una medicina, un helado de chocolate, un granizado de limón, créeme, si hasta puede que, riéndote, te olvides de que estás obstinado...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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domingo, 17 de agosto de 2014

DOLCE FAR NIENTE

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Tengo una amiga cibernética con la cual me comunico vía Internet y leyendo su blog, cuya cuenta en Twitter no voy a decir para no descubrirla, pero sí voy a decir que esa amiga que apenas ha rebasado la adolescencia, suelta al espacio su visión pesimista del mundo y de sus pobladores, con la cual me identifico totalmente, porque si analizamos sin careta la situación actual tenemos que estar de acuerdo en que esto se está yendo a volina como el papalote de Cuquito. O sea, que esto está fatal, como diría don Macareno de la Palma Real (el gran filósofo, sociólogo, pensador, filólogo, ensayista, crítico, etc.), obstinado de estudiar el (mal) comportamiento humano en los últimos 50 años, durante los cuales no ha hecho otra cosa (el ser humano, claro) que machacar este planeta hasta sacarle el jugo sin aportarle ningún sucedáneo o sustituto de las energías que se agotan inmisericordemente, sin que nadie mueva el dedo gordo para intentar (sólo intentar) que La Tierra vuelva a ser lo que era antes de iniciar (tal vez reiniciar) su camino hacia la nada. A esa amiga dedico estas pinceladas deseándole que siga tan pesimista, que no es otra cosa que, como diría Voltaire en su famosa obra, "un optimista bien informado" o algo así...
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Domingo, día pesado, difícil de matar. Y más en mi caso, por 2 razones de peso: 1) no veo la TV por el día, porque no me gusta la programación y demás, y 2) los domingos no salgo, todo el día en casa, en tareas domésticas de mantenimiento, reordenación interna, lecturas extraídas, arreglos ligeros, etc. Así que paso como en el dominó cuando no llevas el palo tirado, o los palos si es en los dos extremos del fichero. Aclaro que veo la TV por la noche por costumbre y porque por la noche pasan pelis para mayores, y además, si no me gustan acudo al DVD y escojo una de las tantas que tengo en mi cinemateca privada y se acabó. Por cierto, tengo que actualizarla, hace tiempo que no compro ningún vídeo y ya van haciéndose aburridas las pelis que tengo de fondo. Todo llega a aburrirse por el exceso de uso. Pues eso. Los domingos, días que si yo pudiera borraría del almanaque. A pesar de que leo bastante y todo lo que enumeré que hacía, a veces me siento en la butaca y me pongo a pensar en... en nada, en que no tengo deseos de hacer nada, cosa rara en mí que nunca estoy ocioso, por lo que algún que otro pariente, más bien parienta, me llama ardillo, así con O, graciosilla la interfecta. Pues hoy es domingo y por lo tanto, escribo esta cuartilla que supongo no le interesará ni al recogedor de envases del súper de la Plaza de San Francisco (no dice El Grande, por lo que deduzco que debe ser otro San Francisco). Y adiós, que ya me cansé de matar el domingo, aunque el muy ladino creo que no es muy fácil de suprimir del tiempo. Me voy a comer un yogur griego natural edulcorado a ver si se me pasa la matadera infructuosa...
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A pesar de todo, los domingos tienen ese encanto que no tiene el resto de la semana: es el día en que uno se pone a pensar y a planificar lo que va a hacer la semana que entra y se da cuenta de que está perdiendo el tiempo, ya que lo que lo que va a hacer, que es lo que pueda hacer la semana que entra, es nada menos que... exactamente lo mismo que acaba de hacer la semana que sale, por lo que no vale la pena dedicar un minuto a atracarse de cascaritas de chayote, y lo mejor es reírse, por lo fácil que lo tiene: ya está todo planeado, pensado, meditado, etc. Entonces llega la hora de exclamar: ¡carajo! Al fin tengo todo un día libre para no hacer nada...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr