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domingo, 20 de abril de 2014

TAN REALES, TAN HUMANOS...

1

Una señora, muy alterada, al bajarse del autobús se dirige a un agente de la policía y le suelta:
--Agente, agente, oiga... mire, me han robado el dinero... ahí en el autobús. Me lo han robado...
El agente le pregunta dónde tenía el dinero y la señora, nerviosa, mirando al autobús que ya está lejos, le dice:
--Bueno, agente, yo... yo lo tenía aquí –y le señala el interior de su busto.
--¿Y no sintió una mano en su busto, señora, cuando le robaban el dinero?
La señora, algo avergonzada, mira al agente y le confiesa:
--Bueno, mire, señor agente, es que... sí sentí una mano que se metía entre mis senos, pero... es que pensé que tenía otras intenciones...

2

Don Iluminado de la Luz Clara y Bengochea es una persona simpática que cae bien a todo el mundo. Buen carácter y sonrisa que jamás se opaca ante ninguna circunstancia. Cuando don Iluminado entra en el bar, se le acercan y lo rodean, a ver con qué se aparece, porque eso es otra cosa: siempre tiene algo que contar, y con chispa.
--Pues sí, amigos, como se los cuento: el hombre es tan aficionado al fútbol que ya van tres las mujeres que lo dejan...
--¿Y eso por qué, don Lumi?
--Pues porque... oigan esto: en plena temporada, cuando se sienta con su pareja de turno a ver la tele (en este caso un partido de fútbol) y ella siente deseos de... de eso mismo que ustedes están pensando... pues, el hombre la mira, mira al televisor, y le dice: “mujer, ahora no, que estoy viendo el partido”... y ante esa reacción tan elocuente sobre lo que es tan importante para él, la mujer se retira a su dormitorio pensando en buscar un sustituto, porque le dice a sus amigas, una de las cuales me lo ha contado, que: “chicas, la verdad que a este hombre yo creo que con lo único que se le levanta es con un gol”...


3

En un caserío cercano a las vegas de tabaco de San Luis, provincia de Pinar del Río, Cuba, en la década de los 50, vivía un hombre tosco pero simpático, que de lejos parecía algo tonto y de cerca lo era, al que los diablillos le hacían bromas para reírse a su costa, lo que al bueno de Kolinos (ese era su nombre) le divertía: “es que me quieren”, decía a los curiosos. Dos anécdotas suyas acreditan que de tonto realmente tenía muy pocos pelos...


Kolinos se paraba en una esquina del camino, esperando al punto que siempre aparecía y picaba. El punto, que venía con otros cúmbilas para burlarse del “ignorante”, le ofrecía a Kolinos dos monedas, una grande y otra pequeña. La pequeña era de 10 centavos y la grande de 5.
--Kolinos, mira, aquí tienes dos monedas, ¿cuál prefieres?
Kolinos sin vacilar cogía la más grande, o sea, la de menos valor (5 centavos), rechazando la pequeña, de 10 centavos. Los jodedores se reían y se burlaban, retirándose y volviendo la cabeza con sus carcajadas a distancia. Un vecino le preguntó un día a Kolinos al respecto y éste le dijo:
--Muchacho, si cojo la moneda de 10 centavos nadie más me va a dar nada, pero si la que cojo es la de 5, se corre el rumor y vienen más para presenciar el espectáculo del tonto cogiendo la moneda de menos valor...

Otro día un curioso provocó a Kolinos, achuchado por los jodedores del caserío, que le habían dicho que el hombre prefería las yeguas a las mujeres. Este, enterado de la habladuría, decidió darles un escarmiento.

--Ven acá, Kolinos, ¿es cierto que tú prefieres a las yeguas en lugar de las mujeres?
--Pues sí, muchacho, así es: prefiero las yeguas.
--Pero, Kolinos... bueno, ¿y por que prefieres a las yeguas?

Entonces Kolinos, pensando que era él quien estaba tomándole el pelo al listillo enviado, contestó con mucha circunstancia:

--Bueno, muchacho, pues prefiero las yeguas porque... porque no hay que mantenerlas... (y soltó una carcajada que se oyó en el poblado cercano)...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr


domingo, 13 de abril de 2014

ETERNA REPETICION

I educando al pueblo
Madrid, 19 de junio de 2009
Los vigilantes de seguridad suben al tren. Comienzan a hacer su recorrido por los vagones. Ven a un gamberro con los pies sobre un asiento y le dicen "por favor, baje los pies". El gamberro los baja. Los vigilantdes continúan su recorrido por los demás vagones...
Madrid, 11 de enero de 2014
Los vigilantes de seguridad suben al tren. Comienzan a hacer su recorrido por los vagones. Ven a una gamberra con los pies sobre un asiento y le dicen "por favor, baje los pies". La gamberra los baja. Los vigilantes continúan su recorrido por los demás vagones...
Madrid, 3 de septiembre de 2019
Los vigilantes de seguridad suben al tren. Comienzan a hacer su recorrido por los vagones. Ven a un señor corpulento con un bocadillo en las manos y con los pies sobre un asiento y le dicen "por favor, baje los pies". El señor corpulento los baja. Los vigilantes continúan su recorrido por los demás vagones...
II para que hechos como éste no se repitan
Cuando se comete un error grave por alguna institución estatal (por ej., una operación en la que el paciente quedó parapléjico) el gobierno siempre acude a una de sus frases favoritas: "tomaremos medidas contundentes para que hechos como éste no se repitan". Con ese sonsonete pretende consolar a los afectados que sólo reciben una indemnización económica y si acaso una disculpa de algún representante de la institución (en este caso Salud Pública) que se reúne con ellos y hace esa declaración en los medios de información. Esa cadena de errores no es casual ni ocasional: se cometen a diario. La solución que la institución afectada encuentra es entregarle una suma de dinero al dañado para toda la vida. Lo más lamentable es que tanto perjudicados como perjudicantes están convencidos de que “hechos como éste” continuarán repitiéndose por los siglos de los siglos... (Amén)
III el pueblo aprende... ¿aprende?

Cada vez que hay elecciones millones de ciudadanos con derecho al voto acuden a las urnas a votar por sus candidatos favoritos: creen en ellos, creen que quizás esta vez sí se va a arreglar la situación, con el nuevo gobierno se resolverán nuestros problemas, hay que tener fe, ya verán... y etc. Pasan los meses y los electores se van convenciendo de que estos nuevos gobernantes son iguales o peores que los anteriores, que sus promesas no se van a cumplir, y que la situación del país deja mucho que desear, etc. Pasa el tiempo que nunca se detiene. Vuelven otras elecciones. Millones de (los mismos) ciudadanos con derecho al voto acuden a las urnas a votar por sus candidatos favoritos: creen en ellos, creen que quizás esta vez sí se va a arreglar la situación, con el nuevo gobierno se resolverán nuestros problemas, hay que tener fe, ya verán... y de pronto la profesora dicta: alumnos, comiencen como siempre con la fecha: hoy es primero de abril de 2027...
Augusto Lázaro
@augustodelatorr

http://elcuiclo.blogspot.com.es

domingo, 6 de abril de 2014

LA ULTIMA OPORTUNIDAD

Subió al autobús, pensando que quizás ella viniera en él. Y esta vez tuvo suerte: ella estaba sentada, conversando con una amiga, como siempre con su sonrisa que tanto le gustaba. Se saludaron y enseguida él caminó hacia el fondo para ocupar uno de los últimos asientos. Se acomodó y la miró, como siempre la miraba, con aquel amor que había surgido hacía mucho, y que por lamentables equívocos la había mantenido alejada durante para él ya demasiado tiempo...
El autobús circulaba lentamente (a esa hora había mucho tránsito y muchos viajeros en cada parada), ella y su amiga seguían conversando, y él seguía mirándola, lamentando esa interrupción ajena que le impedía compartir su asiento y disfrutar, como siempre lo hacía, de estar a su lado y sentirse, gracias a ella, dueño del mundo y con los deseos de vivir a la máxima potencia...
De pronto la amiga se puso de pie para bajarse en la cercana parada. Se
despidieron y una vez fuera, la amiga alzó la mano y la saludó a través del cristal de una ventanilla. En ese momento él reaccionó, pensó en un segundo levantarse y acercarse al lugar anhelado ahora vacío, y compartir con ella unos minutos antes del fin de su recorrido. Pero no lo hizo. Siguió mirando su pelo color cáscara de plátano (estaba de espaldas) y se preguntó tontamente si a ella le gustaría que él se sentara a su lado.
¿Por qué dudó? ¿Por qué no se levantó y acudió a sentarse junto a ella, como otras veces antes había hecho? Sólo unos segundos de vacilación bastaron para que el autobús siguiera su trayecto y casi sin darse cuenta, ya estaba llegando a la última parada. Entonces él se dio cuenta de que había fallado: quizás esperaba que ella se volviera y lo llamara, pero eso no era excusa: había perdido esa oportunidad de compartir a solas unos minutos tal vez definitivos en una relación que él pensaba que podía cristalizar, porque... ese era el último día que ella trabajaba cerca de donde él vivía, y ya a partir de mañana quizás no volvería a verla...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr
http://elcuiclo.blogspot.com.es


domingo, 30 de marzo de 2014

TODO EL MUNDO (NO) ES SABIO

Albert Einstein lo dijo: "¿qué sabe un pez del agua en que nada?" Parafraseando al que se considera la mente más prodigiosa del siglo XX me atrevo a decir: ¿qué sabe el hombre del planeta en que vive? A estas alturas y en el siglo XXI todavía hay personas (millones) que creen que el Sol gira alrededor de La Tierra y que además ésta es redonda, totalmente redonda, ignorando que nuestro planeta es una bola achatada por los polos y ensanchada por el ecuador. Si sólo fueran esos pequeños detalles los que se ignoraran no estaríamos tan mal. Lamentablemente son muchos más los que una buena parte de los siete mil millones de habitantes de nuestro planeta desconocen o ignoran o nunca los han oído, leído o estudiado en ningún centro educacional. Y sin embargo, suelen hablar y opinar al respecto.
Cuando salí del hospital donde estuve 5 días ingresado por un IAM que casi me suprime de la superficie terrícola (eso fue en octubre del 2006, de lo que ya nadie -incluso yo- se acuerda) me encontré con nada menos que 19 médicos: fueron las personas que vi ese día del regreso a mi espacio alquilado. Todas, sin excepción (y no dudo de que con la mejor intención posible) me recomendaron: cómo debía vivir en lo adelante, lo que podía hacer y no hacer, las cosas que eran admisibles para mi alimentación, el régimen de vida que tenía que seguir, y unas cuantas sentencias más ante las que yo, porque soy un hombre educado y comprensivo, sólo exclamé dos palabras en cada ocasión: muchas gracias.
Es curioso observar con qué autoridad muchísimas personas se atreven a dar consejos, recomendaciones, sugerencias, y hasta recetas sobre cualquier problema que uno tenga o afronte, como si fueran especialistas graduadas y con gran experiencia en el asunto (lo mismo de salud que de la cría de gatos barcinos), porque se consideran capacitadas para emitir sentencias autorizadas que no admiten dudas. Y cuidado con ripostarles, porque esas personas están capacitadas para decirle a cualquier transeúnte por qué camino debe seguir sus pasos si no quiere naufragar en su problema que de no oír tan sabios consejos podría acarrear males mayores, algunos irresolubles.
Pero ése y tantos días en que personas amigas, conocidas, vecinas, etc., me han recomendado algún medicamento o me han regalado algún consejo “sano”, me han enseñado, sin ofender a nadie, que hay una diáfana relación entre la ignorancia y la autosuficiencia, o sea: mientras menos sabe un ser humano más cree saber. El mismo Einstein, que sí sabía un montón, se confesaba ignorante ante la inescrutabilidad del conocimiento. Yo, como persona cuidadosa en mis opiniones delicadas, he preferido siempre no dar consejos a nadie, muy especialmente cuando se trata de asuntos de salud, para los cuales confieso que no tengo ningún tipo de conocimientos que me autoricen a aconsejar a quien se acerque a contarme su problema y después me pida opinión sobre el mismo. Así he vivido en paz y sin enemistarme muchas veces con quienes no están dispuestos a reconocer su desconocimiento de lo que precisamente quieren oír el “mío”…
Augusto Lázaro
@augustodelatorr
http://elcuiclo.blogspot.com.es

domingo, 23 de marzo de 2014

UN DIA NORMAL

lunes, 10 hrs.
Se despierta. Mira el reloj despertador. Bosteza. Piensa que debe levantarse y lo hace lentamente. Entra en el baño, orina, se lava la cara, vuelve a la habitación, se viste y hace una mueca de resignación. Un día más, un día menos... Sale.
10.30 hrs.
Entra en el bar (su bar de asiduo y de siempre). Pide su copita de vino (su copita de asiduo y de siempre), se da un trago, enciende un pitillo y comienza a intercambiar palabras con algunos parroquianos conocidos y amigos. El reloj camina.
12.45 hrs.
Con una latica de cerveza en una mano y un pitillo en la otra sale del bar y se encamina al comedor, a sólo unos 500 metros, donde cada día recibe la porción alimenticia que le otorga la Comunidad por estar jubilado y cobrar la ridícula Pensión No Contributiva con la cual vive… más o menos.
13.15 hrs.
Entra en el comedor a consumir su cuota diaria. Habla poco con el resto de los comensales. Al terminar se despide y sale.
14.10 hrs.
Llega a la vivienda donde comparte piso con otros 2 similares. Se echa en la cama y duerme su siesta acostumbrada.
16.10 hrs.
Despierta. Se despereza. Se levanta y da unas vueltas por la habitación, entra en el baño, no hay ningún otro inquilino, da unas vueltas por el piso, vuelve a su habitación, se pone un abrigo y sale. Hace frío en la calle.
16.30 hrs.
Entra en el bar. Pide su traguito acostumbrado y conversa con otros parroquianos sobre fútbol, recortes del gobierno, algún famoseo de moda, Ucrania si acaso, y el tiempo sigue transcurriendo… hasta que llega la hora de ir a cenar.
19.00 hrs.
Entra en el comedor al tiempo en que están sirviendo la cena. Son pocos comensales a esta hora. No habla mucho. Al terminar, sale del comedor y se encamina al bar.
22.45 hrs.
Regresa al piso donde vive. Revisa sus cosas y no encuentra nada fuera de lo normal. Enciende la tele, pero enseguida le entra sueño y la apaga. Se acuesta. Mañana será otro día, piensa, ya casi dormido…
martes, 10.00 hrs.
Se despierta. Mira el reloj despertador. Bosteza. Piensa que debe levantarse y lo hace lentamente. Entra en el baño, orina, se lava la cara, vuelve a la habitación, se viste, y hace una mueca de resignación. Un día más, un día menos… Sale
Augusto Lázaro
@augustodelatorr

lunes, 17 de marzo de 2014

MEMORIAS DE INVIERNO

Las tardes invernales abruman cuando el sol es un recuerdo de algún día pasado que invitaba a caminar por estas calles tan abandonadas de mi ciudad. Antes de vivir en esta latitud me molestaba el sol que generaba en mi cuerpo un sudor y un brillo facial que podía interpretarse como ausencia de agua y jabón, así de simple y de grotesco. No podía imaginarme que el tiempo (que dicen que todo lo cambia y que todo lo borra) pudiera hacerme desear ese sol que tanto atropelló mi cuerpo en busca de una sombra con fresco que en mi lejana patria no era habitual ni podía encontrarse con sólo abrir la puerta de la calle y salir a pasear entre los arbustos de un parque que no me esperaba en la esquina para reconfortar mi estado anímico…
Ahora, entre las cosas que echo de menos, el sol ocupa un primerísimo lugar. Los días oscuros, lluviosos, con un viento capaz de tumbar un pasquín de propaganda electoral, y un frío que obliga a las muchachas a taparse todo el cuerpo dejando ver sólo sus caras y sus cabellos, me refugio (¡qué remedio!) en mi espacio de soledad, lectura y creación, con algo de música casi siempre de fondo y si acaso algún que otro filme que según mi gusto cinematográfico merezca la pena de pasar 2 horas frente al televisor vía DVD, porque entre otras cosas, los anuncios publicitarios me provocan alergia y corcomilla. No, prefiero los días soleados, y creo que es cierto que en los días soleados las personas se sienten mejor de ánimo, sonríen más, y tratan a sus semejantes con mucha más cordialidad. Incluso hay estudios que demuestran que en los días fríos, oscuros y ventosos, hay muchos más suicidios que en los días en que el astro rey brilla, ilumina y calienta los cuerpos y las mentes…
Salir al sol (ahora) me gusta. Calentarme con sus rayos que desde tan lejos nos llegan para llenar de luz y de calor cuerpos, sitios, edificios, fauna y flora que al compás de esa estrella centro de nuestro universo nacen, crecen, se desarrollan, dan sombra unos y alimentos otros, y respiran como pulmón pleno de cada geografía donde vivimos los terrícolas que estamos destruyendo lenta pero irreversiblemente nuestro hogar planetario, sin agradecer lo que decía Martí de ese sol que tiene manchas, y que es naturalmente más perfecto que nosotros los seres humanos…
Hoy es uno de esos días en que aflora la nostalgia y se hace pesada la estancia en cualquier sitio, dentro o fuera, porque el recuerdo surge inevitable y me trae la imagen perenne de aquellas personas que ya no están, porque la muerte se las llevó de cuajo cuando todavía podían dar de sí tantas buenas acciones y actitudes generosas que hacen que las recuerde con amor y tristeza. Tristeza irremediable que pesa como piedra de molino. Ojalá que salga pronto el sol. Quizás su poder de alumbrar y calentar y dar brillo a la ciudad me haga comprender que somos hijos de la muerte y que por eso mismo disfrutar de la vida es más que un acto natural, una necesidad. Como una necesidad es intentar ser felices, a pesar de las vicisitudes, los problemas y las sacudidas que sufrimos en nuestro paso por esta superficie que resplandece sólo cuando el astro rey se ve radiante y dueño de todo lo que es bueno y bonito en nuestra tierra…
Augusto Lázaro
@augustodelatorr

domingo, 9 de marzo de 2014

EL JUEZ Y LA ACUSADA

(diálogo apócrifo sin micrófonos ni cámaras ni testigos ni nada)

--Su nombre, por favor.
--Cristiana de Bombón.
--¿De chocolate?
--No señor, de Gracieta y Bellavista.
--O sea, Cristiana de Bombón de Gracieta y Bellavista.
--Eso.
--¡Hum!... Edad y lugar de nacimiento, por favor.
--Edad la que aparento y nací aquí en este país. ¿Le parezco haber nacido en Nueva Zelanda?
--De ninguna manera, señora. Bueno... dígame… dedicación.
--¿Cómo dice?
--Que a qué se dedica.
--Bueno, la verdad... yo... yo soy… no sé cómo decirle…
--Ya, comprendo... Dejemos eso ahora. ¿Sabe por qué está aquí?
--Porque usted me citó.
--¡Hum!... Bueno, sí, claro, porque yo la cité. Pero quiero decir, si sabe por qué la cité.
--Supongo que no fue para invitarme a un crucero por el Mediterráneo.
--No no no, por supuesto que no, señora... la cité porque...
--Ya sé. Porque como estoy de moda en los medios y usted quiere destacarse...
--Pues no, no es por eso, señora... mire, vamos a ver... la cité porque... bueno, dejemos eso ahora y concretémonos a las preguntas que voy a formularle, si le parece.
--A mí lo que me parece es que no sé qué quiere usted saber, porque lo que es yo no sé nada…
--¡Hum!... Ya veo... pero de todos modos, voy a formularle algunas preguntas relacionadas con su situación en la empresa de Descargas Financieras SADL...
--¿SADL?
--Sin ánimo de lucro, eso es lo que quieren decir las siglas. ¿No es esa su empresa?
--Pues... la verdad, ahora es que me entero de lo que significan esas siglas.
--Ya veo. Pues verá... a ver: ¿era o no era usted la co-directora de esa empresa?
--Bueno, yo lo único que hacía era firmar los papeles que mi marido me ponía delante.
--¿Su marido era el gerente de la empresa?
--Eso me decía él, pero no puedo asegurárselo.
--Pero usted aparece como co-propietaria o algo por el estilo.
--Yo no sé si aparezco ni cómo aparezco, yo le repito: sólo firmaba.
--Ya. ¡Hum! Veamos... Aquí en mi atestado tengo nóminas y recibos firmados por usted. ¿No los leía usted antes de firmarlos?
--¿Cómo voy a leerlos si no tenía tiempo? Yo los firmaba y a otra cosa.
--Entonces, usted desconocía lo que firmaba.
--Yo desconocía y desconozco muchísimas cosas, señoría, porque no me interesaban ni me interesan.
--¿Y los ingresos obtenidos gracias a su firma, en qué los invertía?
--Hombre, pues en muchas cosas… y en cosas de mi marido y mías, naturalmente
--¿Cosas suyas dice? ¿Como cuáles?
--Mire usted, yo, como usted debe saber, tango muchos gastos... por ejemplo, mi marido y yo compramos un chalé que nos costó un ojo de cada cara... ¿cómo íbamos a pagarlo si no con esos ingresos que usted menciona?
--Pero esos ingresos provenían de la empresa, no eran ingresos para que usted los utilizara en asuntos privados... creo.
--Pues no sé, la verdad...
--¿No sabe?
--No sé nada de eso que usted dice.
--Bueno... déjeme consultar con este atestado a ver... dígame, señora, aquí aparece una relación de gastos suyos que provienen de dinero obtenido por la empresa que usted co-dirigía.
--Yo no co-dirigía nada, señoría, yo le repito, sólo firmaba. Nada más.
--¿Y no sabía que eso que firmaba eran transacciones comerciales de la empresa?
--Pues no, no lo sabía.
--¿Y su marido no le hablaba de esas transacciones?
--No, no me decía nada de eso.
--Disculpe, señora, pero es difícil creer que siendo usted la esposa del gerente de esa empresa no supiera nada de la dedicación de la misma y de sus ingresos, y me perdona, eh.
--Bueno, yo firmaba, pero no sabía nada más.
--¿No sabía nada más?
--Nada más.
--¿Y sobre las demás actividades de la empresa… ¿tampoco estaba al corriente?
--No, señoría, no estaba al corriente.
--Entones, ¿sólo su marido se encargaba de todas las operaciones y usted se limitaba a firmar y nada más?
--Así es. Yo firmaba y nada más.
--Pero no sabía lo que firmaba.
--No, no sabía lo que firmaba. Sólo firmaba.
--¿Y nunca le preocupó para qué le pedían su firma.
--No, nunca. Firmaba y nada más.
--Porque no sabía nada.
--Exacto: porque no sabía nada.
--Ni se interesó nunca por nada relativo a lo que firmaba.
--Así es. Nunca me interesé por nada de eso.
--¡Hum! En fin… según sus palabras, usted desconocía en su totalidad de qué iba la empresa, a qué se dedicaba, cómo se había creado, etc.
--Usted lo ha dicho, señoría, yo desconocía todo eso.
--Y ¿recuerda qué operaciones hacía su marido en la empresa?
--No, no lo recuerdo.
--¿No sabía que su marido negociaba con los fondos de la empresa?
--No, no lo sabía.
--O sea, que usted firmaba y nada más.
--Nada más.
--No sabía nada más.
--No sabía nada más.
--Ni recuerda otra cosa que las firmas que hacía.
--No, no recuerdo nada más…

(Tras una maratónica sesión de preguntas cuyas respuestas eran más o menos las mismas, el juez instructor del caso decidió posponer la continuación de su entrevista para una fecha aún no decidida, por lo que no podemos seguir informando sobre la misma. Rogamos a nuestros lectores nos disculpen por esta incidencia totalmente ajena a nuestros deseos de mantenerlos informados de esta situación)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr