domingo, 28 de diciembre de 2014

MEJOR 2 FAVORES

Tener que soportar a personas que me encuentro sin tener las mínimas ganas de encontrármelas, pero que es inevitable encontrármelas en el ascensor o en las escaleras o en la planta baja del edificio, a las que tengo que saludar, porque esa es la educación que recibí de mis padres y de mis maestros desde la primaria, y aunque me haya prometido a mí mismo montones de veces volverme cada día más ácido con la humanidad, no me queda más remedio que tener ese contacto con ella (con la humanidad) representada por estas personas con las que me encuentro día a día, que no sé qué pensarán de mí, quizás lo mismo que yo de ellas, que me gustaría no tener que encontrármelas en ningún lugar y así saldría a la calle con una sonrisa casi oculta tipo monalisiada y no necesitaría ejercer esa diplomacia que para mí no es más que hipocresía, de decir buenos días, señora Tales, ¿cómo sigue su marido?, y la señora Tales lo menos que tiene es ganas de decirme cómo sigue su marido que debe estar ya en la última fase de su itinerario vital, según comentarios que oigo al pasar, porque no me interesa detenerme y enterarme de lo que le sucede al marido de esa señora ni al edificio en pleno, pero tengo que oírlo de refilón después de saludar a los inquilinos que conversan en los bajos antes de salir o al llegar de la calle.
Cuando salgo, no me detengo en los bajos ni siquiera un minuto, porque no me interesa conversar con nadie sobre ningún asunto, enseguida estoy en la calle dispuesto a pasar un día más como pasé ayer el día de ayer y como pasaré mañana el día de mañana, sin apenas cruzar varias palabras con algunos vecinos o si por mala suerte me encuentro en la calle con algún conocido con el que tenga que intercambiar saludos y frases sin ton ni son ni nada, porque ningún tema me llama la atención y lo que deseo es no ver a nadie que conozca, seguir hacia la parada del autobús, recorrer mi trayecto y así matar el día, hasta que me dé por regresar y entonces ya no volveré a salir en lo que queda de jornada.
Así me siento bien, pero cuando no tengo que hablar con nadie me siento mejor. Solitario empedernido, me dijo un día la portera, que siempre está atenta a ver si descubre alguna arista que le permita zarandearme un poco, porque dice que deperdicio mi pobre existencia en el dolce far niente (se ve que no se imagina cuánto tiempo dedico a no desperdiciar mi vida, leyendo los libros de la biblioteca, entre otras tantas cosas que hago, pero no pienso informárselo, hay que tener cuidado en esto de informarle a los demás algunas aristas íntimas de la vida, pues son armas que un día pueden volverse contra quien informa por pecar de gente abierta, extrovertida, simpática, etc.), y la portera, pues bueno, parece que su marido le da más importancia al fútbol que a sus deberes como tal, o será por el desgano que da una relación matrimonial de tantos años en la que como en casi todas el amor eterno que quizás se juraron sólo duró un par y ahora lo que quisieran es largarse cada uno con su música a otra parte y adiós, pero permanecen juntos porque no se atreven a romper la relación, el uno porque en vez de esposa tiene una sirvienta que le cocina, le lava, le plancha, le limpia la casa, y la otra porque aunque ya no aguanta más hacerlo todo mientras el huevón se tira en la cama cuando no está viendo la TV o si acaso leyendo el periódico, sentado muy cómodo, y cuando quiere darse un trago le dice a ella que le traiga un buchito de cualquier brebaje y a gozar descansando o viceversa, sabe que de quedarse sola le será muy difícil a su edad y con su estampa encontrar a alguien que se haga cargo del paquete con todo lo que implica: hacerse cargo de otras cosas no muy alentadoras, como los hijos ajenos, por citar un solo complemento.
Eso es la pareja moderna cuando pasan los primeros años, edulcorados con ilusiones y mentiras, como las que nos disparan esas organizaciones para mayores que se empeñan en enseñarnos lo hermosa que es la vejez que ellos llaman la tercera edad. Vaya mierda de tercera edad... Nada, que no tengo remedio, lo acepto y lo confieso y asumo las consecuencias que vivir como vivo dicen algunos que me traerá algún día. Quién sabe. Pero qué voy a hacer, mi mamá me lo decía a cada rato: "hijo, mueres en tu ley". Palabras sabias y certeras. Por madre y por vieja.
Pues desde que leí EL EXTRANJERO me sentí al absoluto identificado con Meursault, y entonces recordé de pronto lo que mi padre me repetía para que se me quedara interpretado (esta palabrita es de mi madre) en el meollo y que yo he convertido en la raíz de mi filosofía de café con leche (la mejor filosofía porque está acompañada de esa tan rica combinación alimenticia disfrutable): "hijo, oye esto: el que me saluda me hace un favor... el que no me saluda, me hace dos" y yo me reía, siendo niño, sin darme cuenta de la real enseñanza que tenían sus palabras que ahora son mías  y aplicables diariamente, deseando que cada persona que conozco me haga dos favores, en lugar de uno...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

próxima entrada: otra vez Encarni, ¿hasta cuándo?

lunes, 22 de diciembre de 2014

LA HISTORIA Y LA VIDA

Me gusta la biblioteca: estar dentro y registrar los estantes llenos de libros ordenados, y pasarme horas revisándolos, escogiendo según la lista que traigo donde anoto los títulos que pienso sacar, en caso de que no se los haya llevado algún zoquete que quizás en las primeras páginas los suelte y los deje abandonados sobre alguna repisa polvorienta de su casa y entonces yo tenga que esperar que los devuelva cuando se acuerde. Siempre me detengo frente al estante de las novedades (últimamente, según me dice una de las bibliotecarias de control, con esa estupidez de los recortes por la no menos estúpida crisis, llegan muy pocos libros nuevos, y tienen que colocar algunos no tan nuevos para mantener la ilusión del estante de las novedades que no son tan nuevas como pueden creérselo los que vienen a jugar con Internet en lugar de coger un par de libros y ponerse a leer en sus casas a ver si les entra un poco de cacumen que buena falta les está haciendo) antes de ir a ver la narrativa, que es lo que más saco, y seleccionar hasta 3 que es lo que permiten en la circulante. Y en eso le doy un tiro al tiempo, que se paraliza un poco, aunque enseguida continúa su larga travesía el muy empecinado.
Me gusta la bibliotecaria más delgadita, es como un gorrioncillo que se mueve de un lado a otro, y procuro que sea ella quien me atienda siempre, aunque ahora con esa máquina que han puesto para que el usuario no tenga que pasar por el control ni hablar con ninguna bibliotecaria a no ser cuando va a devolver los libros que antes sacó, que para eso sólo tiene que decirle buenos días y a viaje, me quedo con las ganas de ver su sonrisa y oír su voz de cerca. Cualquier día voy a sacarle una foto con mi móvil sin que se dé cuenta.
En la biblioteca hay de todo, tanto de lo que sería lógico encontrarse en una biblioteca como de lo que es ilógico, además de los empleados que no distinguen entre una novela negra nórdica y un estudio sobre la diversidad del entorno paulatino en la composición de los riesgos de invertir en bolsa, lo que no me sorprende, porque yo tampoco entiendo ni un pisto de ese berenjenal impreso, así que los justifico, o mejor dicho, justifico su ignorancia, que es la misma mía, vamos. Pero es que entre los usuarios los hay de observa y mira, y algunos, creo yo, no parecen muy lectores. Unos con los ordenadores buscando quién sabe qué carajos en Internet, y otros registrando la prensa escrita, para no caer en la ignorancia total de las cosas que pasan en este planeta que no es infinito como afirman tantos. Pero hay otros que vienen por vídeos de películas, que también están en la circulante, y se los llevan para deleitarse en sus casas con las locuras de algún aventurero de cine barato o con el sex-appeal de alguna maravilla corpórea de portada de revistas para personas muy inteligentes... por ejemplo. Como dije, de todo, como en la viña del Señor (no sé a qué viña ni a qué señor se refiere esta frasecita tan repetida, otra laguna que tendré que llenar algún día, y en esto los libros al seguro me ayudan. Creo yo)...

pd: y con este post llego a la hermosa cifra de 300 entradas en La Envolvencia... a ver cuántas más puedo hacer, escapándome de La Pelona, cosa muy difícil como todo el mundo sabe...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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domingo, 14 de diciembre de 2014

HACIA EL COMIENZO DE LA NADA

La poesía sirve para muchas cosas, entre tantas, para desahogarse cuando se tiene el agua bordeando el mentón y no hay ningún socorrista que lance un salvavidas. Quisiera lanzar al espacio todo el optimismo que cabe en mis entrañas, pero la realidad del mundo que me ha tocado vivir me obliga a poner los pies sobre la tierra y plantar cara en firme a la tendencia romántica de edulcorar la realidad que nos rodea. A veces enfrentarse a la realidad es más saludable que engañarse a sí mismo e intentar, con ello, engañar a quienes conocemos.
García Lorca dejó escrito que “todas las cosas tienen su misterio... y la poesía es el misterio de todas las cosas”. Cierto: porque adentrarse en el mundo mítico de la poesía es conocer el misterio y no intentar descifrarlo, pues en la poesía y en el misterio radica el encanto de no saber, de dejar a la imaginación ese a veces “triste y dulce” encanto de los versos que nos hacen recordar, sentir, y siempre emocionar...
LA NADA ABSOLUTA
Espantado de todo me refugio en nadie.
La nada me rodea y se empeña en machacarme
perforando mi coraza de acero intangible
que no resiste el peso de lo cotidiano,
agobiante y a todas luces inobviable
a pesar de mi todavía latente deseo
de luchar contra ella, inútil lucha
perdida de antemano por la equivalencia
de su  fuerza a favor y de mi loca pretensión
de enfrentarme a lo visiblemente obvio:
he perdido, eso es todo,
así de simple y de terrible,
el haz de luz oscura anocheció mi tiempo
y yo no me di cuenta hasta hace poco
cuando ya no tenía chance
ni oportunidad de intentar un último arrebato
de evadir la derrota... y quizás después
la muerte...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr

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domingo, 7 de diciembre de 2014

ESPAÑA EN EL CORAZON

1

España se está convirtiendo, con velocidad de crucero, en el país de la Unión Europea donde prima todo lo negativo que puede mostrar una sociedad moderna. Un ejemplo de ello es la comparación (no odiosa sino dolorosa) del número de aforados que tienen algunos países occidentales:

Reino Unido.........................0
Alemania..............................0
EEUU...................................0
Italia....................................1
Portugal...............................1
Francia..............................21 (miembros del gobierno)
España........................17,621

Esto, además de una desvergüenza tolerada por el gobierno, la oposición, los sindicatos, el Poder Judicial (dependiente), y todos los organismos e instituciones públicas, constituye un avance espeluznante de lo que nos espera en un país que es incapaz de eliminar de una vez sus gravísimos problemas y defectos y se enzarza en cuestiones baladíes que no tienen importancia y que no afectan realmente a los ciudadanos, sobre todo a los de a pie, muchos de los cuales se han acostumbrado a que lo que en cualquier otro país sería un puntual inaceptable, en el nuestro es, desde hace tiempo, lo más normal que puede esperarse de una sociedad enferma que ha perdido el norte y se dirige, al parecer, inevitablemente, al descrédito internacional que ya está apareciendo en muchos medios en todas partes del mundo.

¿Debemos aceptar esta situación? ¿Qué podemos hacer los que amamos a España para rescatarla de la mediocridad, de la incapacidad, de la condena a malvivir elevando a categoría de héroes a personas que no pasan de ser “destacados” en algunas manifestaciones menores (y a veces negativas como la “telebasura”)? Ahí les dejo la pregunta. Yo sólo tengo la preocupación y no dispongo de medios para ayudar a esta difícil empresa regeneradora.

2

Uno de los principales problemas que confronta España es la ilimitada tolerancia con la delincuencia y hasta la criminalidad más grave. Es demasiado frecuente en los medios la noticia de excarcelaciones de personajes que en otro país se pudrirían encerrados, y que en el nuestro muchos magistrados que parecen o bien amenazados o bien comprados con dinero --justificándose con su personal interpretación de las obsoletas leyes que el flamante Poder Legislativo (el Congreso de los Diputados) no puede, o más bien no quiere cambiar de una vez para acabar con tanta tolerancia que tanto irrita al pueblo-- ponen en libertad, a veces sin siquiera cargos ni fianzas. La mano suave sólo conduce al endurecimiento de las actividades criminales (la historia lo confirma): al enemigo no puede combatírsele con pétalos de rosa edulcorados con jarabes de tolerancia. A día de hoy puede notarse a dónde nos ha conducido esa lamentable equivocación: aumentan los actos delictivos y violentos, y la calle se va convirtiendo en escenario de batallas campales con vándalos, delincuentes, ultras y otras yerbas a las que la policía detiene (inútilmente) y los magistrados devuelven a las vías públicas para que continúen amedrentando y amenazando, golpeando y destruyendo, mostrando ante turistas extranjeros una visión muy desfavorable de un país que hace unas décadas no se parecía en nada a esto que hoy es cosa normal acostumbrada al ojo público.

3

Pero como contrapartida, un problema que no acaba de resolverse es la intolerancia con “el otro”, característica al parecer mayoritaria en la sociedad española actual. Es casi imposible encontrar un interlocutor que esté de acuerdo con opiniones contrarias a las suyas, lo que provoca un distanciamiento únicamente salvable cuando se acostumbra a decir SI a cualquier otra opinión o punto de vista, si no queremos entrar en discusiones inútiles que sólo nos provocarán alejamiento del “otro” que se mantiene firme en sus convicciones sin aceptar ni una sola vez que puede estar equivocado o no tener razón. Actitud que parece cosa de poca monta, pero que puede provocar una reacción unilateral en una sociedad que poco a poco se va acostumbrando a que hay cosas imposibles de contradecir, como ha ocurrido recientemente con la cacareada consulta soberanista de Cataluña, de la que ningún medio español se atrevió a manifestar en sus locutores, articulistas, tertulianos, columnistas, etc., la menor discrepancia con el pensamiento único (totalitario a lo cubano) de que LA CONSULTA (o sea, pedir al pueblo su opinión) ERA ILEGAL... Sólo en regímenes comunistas como Cuba o Corea del Norte se entiende esa actitud de que consultar la opinión de una ploblación resulte ilegal. La democracia, en España, con esta intolerancia que debería aplicarse a los infractores de la ley y no al pueblo catalán, está padeciendo de una enfermedad muy dañina que puede conducir a resultados realmente lamentables y sobre todo, ¡peligrosos!

Augusto Lázaro


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domingo, 30 de noviembre de 2014

BAJO UN SEÑOR AGUACERO

La conocí una tarde totalmente nublada. Claro, estaba totalmente nublada porque llovía a cántaros como en Macondo. Llegó corriendo, sin paraguas, intentando inútilmente guarecerse del torrencial con un cartón que después me confesó que había cogido de un contenedor para no pescar un resfriado (que al final pescó). Yo estaba esperando un autobús en una parada donde cabían sin empaparse sólo 6 personas y ya había, cuando ella llegó radiante y triunfal, unas 12. Sofocada, respirando corto, sonriente, no dijo ni buenas, lanzó el cartón a la acequia, me miró de refilón, y se unió al club de los pacientes que esperan autobuses cuando cae un diluvio que humedece hasta el alma. Casualmente mi autobús era el mismo que ella esperaba. Nos subimos, como estaba repleto tuvimos que apachurrarnos un poquito, y entonces ella, que cayó frente a mí, casi pegada como una lapa al cuerpo que yo creía que era el mío, pronunció una frase original:
--Qué aguacero tan molesto, ¿eh?
Y como yo no podía quedarme atrás, le respondí con otra ídem:
--Sí, mire cómo estoy, chorreando agua.
Y así comenzó todo. La casualidad quería unirnos, parece, porque nos bajamos en la misma parada, y como yo tenía un paraguas de 16 varillas, la invité a meterse debajo, pegadita a mí, sin malas intenciones, pensando que iba a rechazar tan caballeroso ofrecimiento, pero de eso nada, enseguida aceptó y juntos y casi revueltos caminamos bajo el huracán hasta la terminal donde pensábamos que quizás un café calientito podría ilusionarnos con la idea de que no estábamos empapados los dos, y los dos chorreando agua. La idea del café calientito fue de ella. Increíble. Desde el primer día me tomó la delantera que ha mantenido hasta hoy la muy.
--¿Así que te llamas Encarni?
--Me dicen Encarni, mi nombre es Encarnación de la Calzada y Peñavieja.
No pude evitarlo: solté una carcajada.
--Me estás tomando el poco pelo que me queda.
Miró mi cabeza y no hizo ninguna mueca.
--Te lo juro. Así mismo me llamo, por eso prefiero que me digan Encarni. Imagínate si cada vez que alguien me llama me dijera oye, Encarnación de la Calzada y Peñavieja...
--Sí, digo no, digo sí, me lo imagino, sí, ya lo creo que me lo imagino.
Y nos tomamos los cafecitos calientitos mientras esperábamos que el tiempo mejorara, cosa que tendría que ocurrir algún día. Ella iba a su casa, a dos pasos de la terminal, yo tenía que esperar un tren que me trajera cerca de mi casa, así que en lugar de ir cada cual a su dirección debida nos quedamos, repetimos el cafecito, y hablamos tanto y de tantas cosas intrascendentes que yo me separé de ella pensando (y creo que ella también pensó lo mismo): ésta es la mujer que me hace falta. No se parece en nada a mí, sólo en las tonterías que podemos hablar mientras esperamos que termine un aguacero monumental a ver qué hacemos y a dónde vamos si no lo sabemos después de la conversación intrascendente... Y así fue. Hasta hoy...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr

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lunes, 24 de noviembre de 2014

LA BIBLIOTECA

En invierno a las 07.00 todavía está oscuro. Al despertarme pulso el botón que enciende la lamparita de noche (nunca he podido comprender por qué se le llama de noche) y me desperezo, moviéndome en la cama como una iguana huyendo de los tiraflechas infantiles en un matorral. No soy perezoso, aunque me gusta permanecer despierto unos 5 minutos en la cama, pensando, meditando qué puedo hacer hoy que no se parezca nada a lo que hice ayer, y me doy cuenta de que realizarlo es tan difícil que lo mejor es levantarme y a ver qué aparece que pueda hacerme creer que todo es posible si se tiene la enorme voluntad de que todo sea posible, como no es mi caso. Me levanto. A lo de siempre, sin variedad, porque la variedad en mi caso no es algo que me urja redireccionar. Y después de trapichear con papeles (los inmortales e inobviables papeles) y pantallas informáticas e internéticas ¡a la calle! La calle, que como la cama, puede ser el remedio de todos los males. O quizás no.
Hoy debo ir a la biblioteca a entregar y sacar libros de la circulante, que gracias a eso me ahorro, o mejor dicho, dejo de gastar un montón de euros en la compra de libros que por cierto, cada vez están más caros y más gordos, como si por el desembolso la editora compensara con un copón de folios que casi siempre pasan de los 500, como para leer varias semanas (la gente normal, yo, que según algunos soy anormal, sólo tardaría unos cuantos días en dispararme, eso sí, si me gusta y la veo interesante, una de esas macronovelas de 600 pp). Benditos sean el sistema de préstamos y quien lo inventó. Pues eso, que hoy a la biblioteca y así le doy una estocada a la rutina de la calle y mi día no será como el de ayer ni como el de mañana.
La biblioteca me queda a unos 10 minutos de camino. Después, a disfrutar de mi mayor placer: sentarme en mi poltrona tipo Hemingway donde el viejo solía leer horas y horas con un vaso de whisky cerca de sus manos, y a leer (yo en este caso), con un jugo de naranja al natural, y con uno de los 3 libros que saco cada vez, faltaba menos.
Yo también, como Borges, estoy orgulloso no de los libros que (no) he escrito, sino de los que (sí) he leído, cuyo monto es tan ilimitado que no sé (nunca sabría, porque nunca sería capaz de llevar esa cuenta, como de llevar ninguna cuenta) a cuánto ascenderá dicha suma. El caso es que leo unas 6-8 horas diarias, contando con los libros, los periódicos en papel, las revistas culturales, y en Internet, donde además de ahorrar dinero al no comprar periódicos (esos que leo me los agencio de algún lugar asequible, como el edificio donde vivo, por ejemplo) tengo la comodidad de estar en casa, conectarme cuando me vienen las ganas, y no tener que vestirme, calzarme, y disponerme a enfrentar la estupidez humana que me espera en la calle. En fin, la biblioteca, sí. Eso es. Ya veremos... mejor dicho, ya veré, que para ir a la biblioteca no necesito compañía femenina ni de ninguna otra índole...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr
Próxima entrada: cómo conocí a la Encarni (el pecado original)




domingo, 16 de noviembre de 2014

ADIOS Y BUEN VIAJE

1
Me lo dijo Carmen: "vive tu vida y que los demás vivan la suya", y yo, que siempre estoy al tanto de lo que oigo, rechazando las estupideces que dentro de poco serán mayoritarias, y guardando en mi cerebro lo que, como en este caso, tiene lógica y sabiduría, he tomado una decisión más (no sé cuántas ya habré tomado, pues no me ocupo de anotarlas ni me interesa hacerlo) y es que a partir de ayer por la tarde cuando Carmen me soltó su máxima (que no es suya, pero que de ella la oí con su buena intención) lo que le suceda a mi vecino Don Pepe Tirabuzón (así le dicen aunque él se pone giro cuando se lo dicen) me importa una plasta. Basta ya de hacer de su Secretario de Oficio, para recordarle todo lo que se le olvida, que es casi todo, porque Don Pepe está perdiendo la poca memoria que siempre tuvo antaño, y cuenta (sin darse cuenta) con mi ayuda para decirle dónde puede haber puesto la llave cuando regresa e intenta en vano abrir la puerta de su apartamento y no la encuentra. Pues nada de nada. Y como decía Juan Retranca: “el que no cambia, se estanca”. Ha sido un placer, querido Pepe, pero en lo adelante, arréglatelas con el olvido y así serás feliz, a veces no acordarse puede ser más sustancioso que acordarse de toda la mierda que nos ha embarrado y que nos pasa dejándonos su peste. ¿No te parece?
2
Mírales a los ojos y notarás enseguida la falsedad, la mentira, la hipocresía, y a partir de esa inspección ocular sabrás a qué atenerte con esas personas a las que ves, saludas y tratas diariamente, porque no te queda otro remedio, y porque desde niño tus padres te enseñaron a ser decente, amable, y a tratar a todas las personas que vieras con educación y respeto. Hoy, a años luz de tu niñez y de aquella enseñanza paterna (que también encontraste en tus maestros de primaria), te preguntas si todo eso te ha servido para algo, y tras sólo unos segundos para pensarlo descubres que todo eso no te ha servido para nada, y que en realidad para triunfar no hace falta nada de eso que aprendiste, sino tener otras virtudes que son las que priman para destacarse y llegar a lo alto en esta sociedad, con un nivel de vida que distas mucho de sostener, quizás precisamente por ser siempre tan decente, amable, educado y respetuoso con todos, sin ninguna distinción. Y no hacer distinciones entre los seres humanos es una estupidez y una ingenuidad, porque todos los seres humanos son distintos y no merecen igual trato...
3
Pues un día me lo dije a mí mismo: muchacho, si no puedes escribir una novela mejor y más grande que LA GUERRA Y LA PAZ, por ejemplo, o si no estás capacitado para decir lo mismo que dice Cortázar en RAYUELA, pero mejor, por otro ejemplo, cierra el teclado y dedícate a mirar la forma que tienen las nubes cuando están tranquilas, así al menos no sufrirás cuando termines lo que crees que será tu obra maestra (y que no es otra cosa que un bodrio de los tantos que se publican) después de desperdiciar varios años renunciando a todos los demás placeres por pasarte horas y horas dando tecla frente al aparatico este que compraste para esa noble tarea de eso que llaman escribir... pues nada, que mejor eso, al carajo la vela y a ver qué haces con el aparatico, que está muy mono, pero que no te sirve ni para dedicarle versos a tu dulcinea imaginaria, porque como es imaginaria no se va a enterar de que los escribes y de que se los dedicas, ¿no te parece? (bis)
El espejo no me respondió, pero hizo una mueca como de confirmación, y desde ese día ya no me dedico a escribir narrativa. Adiós, dulce oficio, ahí les dejo esa mierda, como dijo el Gabo una vez a no sé quiénes que se echaron a reír, como yo ahora me he echado a reír estrepitosamente, condoliéndome por el tiempo que he perdido intentando escribir una novela distinta y diferente...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr
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domingo, 9 de noviembre de 2014

AMANECER UNA VEZ MAS

Amanezco... abro los ojos y recuerdo que lo último que leí anoche fue la confesión de un escritor que decía: haberme despertado es lo mejor que me ha pasado en todo el día, y me pongo a pensar qué haría en todo el tiempo desde que se despertó hasta que volvió a acostarse ese escritor para decir que lo mejor que le había pasado era haberse despertado, como si todo lo demás fuera secundario o incluso careciera de importancia. Y pienso: ¿puedo decir yo también que lo mejor que me ha pasado (o que me va a pasar) es haber amanecido?

Porque soy yo quien ha amanecido, mientras que millones de otros terrícolas todavía están durmiendo o ya hace rato que se despertaron y se dedican a sus tareas de todos los días. Me desperezo, me levanto, y a hacer lo mismo que hice ayer y lo mismo que voy a hacer mañana sin ninguna variación posible en la mecánica de mi vida diaria. Son las 07.00 y todavía está oscuro. Al baño, a asearme, a afeitarme, a desayunar, a vestirme, y a salir a enfrentarme un día más con lo mismo de todos los días.

A veces me pregunto por qué no intento cambiar mi itinerario vital para convertir cada día en algo nuevo y distinto y no en la repetición casi exacta de todo lo que hago en las 18 horas en que estoy despierto. Pero rechazo la idea, pues estoy seguro de que si eso sucediera me sentiría extraño, como un nuevo cerebro rector en el mismo cuerpo que no circularía por sus movimientos con la seguridad con que ahora circula, convencido de que encontrará en cada acción y en cada sitio la seguridad de no enfrentarse a una incógnita, a una incertidumbre, a lo desconocido. Y lo desconocido no me atrae a estas alturas, ni siquiera por curiosidad.

Lo conocido me resulta más seguro en su quehacer: salir de lo mismo es una empresa a la que yo no estoy dispuesto a acceder: tendría que dar a mi vida un giro de 180 grados y olvidarme de todo lo que hago y que en realidad me produce bienestar y placer. Un vecino me confesó una vez que él todos los días hacía lo mismo porque haciéndolo se sentía feliz, y esas palabras tan simples me llamaron la atención. El vecino continuó con su filosofía de café con leche (así la llama él mismo):

--Mira, mi hermana, cuando viene a visitarme, siempre me lo dice: Pepe, no te preocupes, lo importante es que te sientas bien, y si te sientes bien así como vives, pues olvídate de lo demás y sigue así.

Y eso intento hacer: olvidarme de lo demás y seguir amaneciendo para repetir mecánicamente todo lo que hago durante el día y parte de la noche: esa es mi vida y a estas alturas no quiero buscar otra, y además, ¿de qué me serviría esa otra vida? ¿Me sentiría mejor? Lo dudo tanto que ni siquiera se me ocurre intentarlo una vez a ver cómo sale.

No. La vida es una sucesión de ideas, pensamientos, acciones, y a la larga la vida de todos termina convirtiéndose en una mecánica de repeticiones imposibles de evitar. Somos una rueda de autobús que diariamente avanza por la misma ruta, llega a su destino, y regresa por la misma ruta hasta el punto de donde partió. Y nunca cambia. A no ser cuando su conductor la lleva hasta la sede, y entonces tiene que tomar otro itinerario, quizás con no tanta destreza como en el que realiza siempre, y yo prefiero el refrán que niega ese que dice que “vale más malo conocido que...” Pues para mí, lo malo, ni conocido ni por conocer. Me quedo con lo bueno que tengo, que aunque no es mucho, lo conozco y sé lo que de él puedo esperar...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

domingo, 2 de noviembre de 2014

PAREJA DE LUJO

Tú a tu casa, yo a la mía, solución genial para que las parejas duren al menos lo que dura el amor eterno según filósofos/filólogos/filófilos: ¡3 años! Hombre, eso era en el siglo XX felizmente pasado, aunque el XXI de feliz va teniendo muy poco, pero no viene al texto (por ahora). Actualmente, el amor eterno dura menos de 12 meses, va en picada permanente, y eso sin escepticismo, que si a esto añadimos un poco de eso que dijo Sartre que había inventado él que por supuesto era una de sus tantas bobadas que millones se tragaron, entonces dura unos 6, los que llevamos Encarni y este seguro servidor (un poco de diplomacia no viene mal del todo), disfrutando de un amor que no muere porque está latente, sobre todo porque somos dos seres que no tenemos en común absolutamente NADA. Esa es la clave. Nada de nada, sólo que la pasamos requetebién cuando no estamos discutiendo en nuestros laberintos sin fin de intentar ambos al unísono descubrir por dónde le entra el agua al coco.
--Te lo dije. Pero a ti decirte algo es como decírselo al vendedor de mangos de la terminal.
--Pero si en la terminal no hay ningún vendedor de mangos, querido.
--Precisamente...
Somos una pareja realmente encantadora: ¿una pareja que nunca discute? Pues está muerta, tiene sangre de cangrejo, dos vegetales que aún respiran, bobos de la yuca enyuntados, resignados a la nadería, sin alma y sin sal, condenados al fracaso, paripé del amor, mentiras tuyas, muchacho, eso es imposible, la serenidad perpetua, no juega, no gana, no vende, y en fin... que no, hombre, que no, no puede ser.
--¿Cuándo vamos a visitar a tu amiga que tanto ha insistido en que vayamos a verla, que está muy sola, y que...
--Es que tanta insistencia me relame un poco.
--Traduce, que ese idioma no lo conozco.
--Ya veo que son muchas las cosas que no conoces.
--Pero bueno, deja el brete y aclara lo de que te relame la insistencia de tu amiga.
--Pues nada, que con tanta insistencia me pregunto qué se traerá.
--Qué desconfiada eres. ¿Qué se va a traer?
--¿Tú qué sabes, si apenas la conoces?
--Cierto, pero la conoces tú y no creo que alguna de tus amigas no esté a la altura de tu categoría.
--La ironía no te sienta bien, querido.
--L Q T D Q, pero entonces ¿qué?
--¿Qué de qué?
--¿Vamos a no vamos a casa de tu amiga?
--Déjame pensarlo.
--Para ir a visitar a una amiga ¿tienes que pensarlo? El colmo.
--Mejor me callo y no te digo lo que quisiera decirte.
--Ya me lo imagino.
--Qué va, si te lo imaginaras me soltarías una de tus groserías.
--¿Tan malo es lo que quisieras decirme?
--Pues sí, tan malo es... mejor intenta imaginártelo a ver si puedes,
y así me ahorras el calificativo.
--Ya está bien de atracarse de cascaritas de chayote, nené. Mira, si tienes que pensarlo, decidido: no vamos y se acabó.
--¿Sabes una cosa? Que de pronto se me ha ocurrido que tienes razón, o sea: vamos a visitar a mi amiga...

Augusto Lázaro


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domingo, 26 de octubre de 2014

EL ESPEJO, UN AMIGO SINCERO

Mi rostro envejece (mi cuerpo también, pero no lo veo en el espejo), algo que jamás pensé que pudiera aceptar. Pero tengo que rendirme a la evidencia: me estoy poniendo viejo y la vejez es irreversible. Todavía nadie ha inventado nada que pueda detener el envejecimiento, detenerlo sólo puede ocurrir en la literatura, en la ficción, en el deseo de quienes nos acercamos a la cuenta atrás, a ese viaje de ida solamente del que nadie ha regresado ni regresará jamás.
De los seres humanos y de todo lo creado por ellos (por nosotros) el espejo es lo único que no nos miente: mirarse en su cristal azogado es enfrentarse a la realidad que ni el mejor amigo nos diría. La sinceridad, que se está perdiendo a pasos largos, permanece en el espejo: nos dice cómo somos y cómo estamos, pero también lo que somos, pues en la cara se refleja la personalidad inocultable cuando estamos solos y no tenemos que fingir, aunque abundan quienes se engañan a sí mismos, pero la evidencia es inobviable: lo que vemos en el espejo es la realidad, lo demás es una tontería que no genera nada positivo: despertar de un sueño bello es peor que no haberlo soñado.
La cruda realidad que a veces me niego a aceptar: esto es lo que soy actualmente (frente al espejo), lo que he llegado a ser tras una larga vida que se me escapará algún día sin que yo me dé cuenta, porque no querré darme cuenta. Pero el espejo me sacude y me obliga a poner los pies en el suelo, en firme, y dejar de soñar: lo que se fue no volverá, lo que perdí no podré recuperarlo, así viva 100 años (cosa que no creo que ocurra), aquel que un día fui ya no seré jamás. Afrontar la verdad, la única verdad en que puedo creer porque viene de quien nunca me ha mentido -el espejo-, es una opción que no admite sucedáneos: vivir con esa sensación de que me falta algo, de que todo pudo ser distinto, es engañarme inútilmente: todo fue como fue y el pasado, lo he dicho muchas veces, no puede repetirse ni cambiarse ni olvidarse. Entonces la única actitud inteligente es aceptar el presente, porque en realidad el pasado no existe (existió y se esfumó tan rápido como el tiempo en que lo viví) y el futuro no sé si existirá: lo veo tan frágil, tan poco promisorio, tan espeluznante, que mejor ni recordarlo.
Basta. El espejo está ahí para privarnos de la ilusión de creer que todavía somos jóvenes y podemos hacer lo que no podemos hacer y deseamos con tanta vehemencia. Ante ese adminículo diabólico que nos alerta sin miramientos para que no nos engañemos, sólo nos queda decir sí, tienes razón, mejor vivir mientras podamos y no seguir soñando para a la larga despertar abruptamente y al darnos cuenta de que, como dijo don Pedro, "los sueños, sueños son", lamentarnos de haber caído en la ingenuidad de intentar engañarnos a nosotros mismos...
¿Cuántos de quienes me honran leyendo estas notas podrían subscribirlas como suyas? ¡Ah! Estoy convencido de que si fueran sinceros a cabalidad, serían muchísimos...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr
foto: yo, en la actualidad

 



domingo, 19 de octubre de 2014

LA LENGUA, ESA AMIGA PELIGROSA

He llegado a la inobjetable conclusión de que todos los seres humanos disfrutamos hablando mal de otros. Es (casi) imposible que en una reunión de 2 o más personas no se mencione a alguien que no está presente, y (casi) siempre resaltándole algún defecto o algún desliz que haya cometido, que quizás no es tan grave como el que cometen a diario quienes lo están juzgando, pero en ese momento lo que importa es rajar del aludido, sacarle los trapitos sucios y reírse un poco si se encuentra alguna faceta cómica que permita ahondar más en la crítica a que es sometido. No me diga que usted no es de ésos, pues a quien engaña es a usted mism@. Pero no se preocupe, si usted es un ser humano y terrícola, es normal que hable mal de otros seres humanos y terrícolas a los que usted conoce. Y le digo más: según estadísticas dignas de crédito (como todas las estadísticas, vamos), por cada comentario favorable que se hace en grupos sobre un ausente, se sueltan diez desfavorables, porque el morbo radica en eso: hablar bien de alguien no hace falta: todos conocen sus virtudes. Ah, pero hablar mal... tiene un sabor a jalea que no puede rechazarse.

En Santiago de Cuba nos reuníamos en varios locales apropiados donde podíamos permanecer hasta altas horas de la noche, artistas y escritores miembros de la organización que nos agrupaba. Recuerdo varias veces en que estábamos cómodamente sentados en la UNEAC (unos 7 u 8) y habla que te habla, y café o té o cualquier otra bebida, mientras el reloj caminaba sin detenerse... y las 11, las 11.30, las 12... nadie quería ser el primero en marcharse a su casa. El por qué era muy sabido: cuando alguien decidía retirarse de la grata compañía y ocupar el agradable tiempo para irse a dormir, ya sabía que enseguida que cruzara la puerta principal, los que se habían quedado comenzarían a hablar de él (o de ella), pero resaltando lo negativo, lo ridículo, lo temperamental, y todo lo que pudiera catalogarse como digno de criticar, desde su risa incontenible, por ejemplo, hasta la manera de caminar del ausente. Anécdota que refrenda lo dicho en el párrafo anterior, y que no quede duda.

Hablar mal de la gente es como una especie de deporte digamos lEngüístico: darle a la sin hueso y hacer del semejante la víctima de nuestros dardos (a veces realmente venenosos) es una costumbre tan natural como darle una palmada o un apretón de manos a un amigo o conocido cuando nos lo encontramos en la calle. Así que siga usted haciendo polvo a esos que conoce, que se lo tienen merecido, qué caray. ¿Acaso esas personas no se dan gusto rajando de usted en su ausencia? Pues como decía el doctor Lecter: quid pro quo...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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domingo, 12 de octubre de 2014

PRENSA A LA CUBANA

Por mucha propaganda que se le hace a los llamados e-books, o sea, a los libros electrónicos, sigo prefiriendo (disfrutar de) los libros en papel, y no sólo los libros: los periódicos, las revistas culturales que son las que leo, y cualquier separata donde pueda encontrar algo que me interese, entre la vorágine de basura que además de la política, la televisión, los anuncios, el fútbol, etc., atosigan al más pinto. Por eso compro un periódico alguna que otra vez, sobre todo los fines de semana, que traen suplementos y demás. ¡Ah!, disfrutar del placer de leer libros y periódicos en papel no puede compararse con un adminículo que siempre será igual, trate de lo que trate, carente de variedad en su forma y diseño, y sin emoción, como algo inanimado y frío.
Claro que leer periódicos es como ver una película que ya se ha visto una docena de veces, y de la que sabemos hasta en qué lugar del cuerpo tiene la protagonista un precioso lunar color de chocolate. O sea, que todos los periódicos dicen lo mismo, con la diferencia de que lo que para unos es muy  bueno, para otros es pésimo: es el mismo perro, el collar es otro y nada más. Lo que no entienden muchos es tan sencillo como lamentable: los periódicos publican su versión de los hechos y su opinión sobre los mismos de acuerdo con las órdenes del dueño y jefe del diario, que no es más que una vía de las órdenes del dueño y jefe de la empresa o asociación que patrocina y edita dicho órgano de prensa. Y el salario de los periodistas depende de lo que publiquen. Eso del periodismo independiente es un cuento para abuelas enfermas. Independiente como periodista... habría que ser un periodista sin órgano, sin jefe, para escribir y expresar lo que le saliera de salva sea la parte. ¿Y dónde va a publicarlo? Si lo publica en un diario o en una revista, olvídense, sus opiniones nunca estarán en contra de la dirección del mismo o de la misma.
Pero dentro de toda esta parafernalia mediática (me olvidé citar que no sólo la prensa se edita en forma de periódicos, también está la radio, la televisión, Internet, y algún que otro ejemplar que trasmita lo referido arriba) en las últimas semanas, en España, se ha caído en un peligroso error mediático que tendremos que lamentar todos algún día: la consulta para conocer la opinión de los catalanes sobre si se quiere realmente la independencia de España o si se desea seguir formando parte de este país. Se ha cerrado la puerta con candado y bloqueo a toda opinión que no esté en contra de dicha consulta, ignorando (incluso personas de cultura e inteligencia –lo que no me extraña, pues esas personas también están a favor del salvaje espectáculo de las corridas/torturas de toros-) que con esa medida ridícula y absurda, sólo se logrará:
--que España demuestre a ojos extranjeros que tiene una idea muy rara de la democracia y que desconoce la etimología de ese término
--que el pensamiento único y la falsa unanimidad sólo pueden conducir a la opresión totalitaria y contraproducente de mantener a alguien en casa que no quiere estar, volviéndose ese alguien enemigo fuerte y con más odio y rencor hacia quien no le permite largarse, e inevitablemente surge la comparación (nada odiosa en este caso) con el método castrista o kimista de no permitir que el pueblo se exprese libremente, inventando excusas como lo de la Constitución, que no es más que un papel redactado por varias personas no perfectas ni infalibles, y que puede en cualquier momento (y debería urgentemente) ser analizado, desmenuzado y totalmente transformado, por su ya clara ausencia de actualidad...
Pero ya se sabe que quien manda, manda, y quien no tiene el mando, obedece, si no le da por otra cosa que mejor no imaginarla...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr
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domingo, 5 de octubre de 2014

Y DALE CON ENCARNI

Cuando decidimos salir a respirar aire puro (cosa difícil en esta ciudad) nos damos gusto discutiendo a ver si nos ponemos de acuerdo en cuanto hacia dónde dirigir nuestros pasos, como toda pareja que se respete. Si yo fuera machista no habría que discutir nada, le diría vamos al parque a coger fresco y se acabó. Pero yo no soy machista (lo juro) y además estoy seguro de que si lo fuera ella me hubiera mandado a la mierda desde el primer encuentro, porque la Encarni parece medio tonta (o le gusta aparentar la tontería) pero tiene un carácter de amazona salvaje que cuando le da por lucirse con él hay que salir corriendo.
--¿Qué te parece si vamos a ver esa película que...
--No no no, de cine nada, que en el cine lo menos que hacemos es ver la película.
--Pero ¿qué dices? Si cuando salimos hasta la comentamos.
--Comentamos algunas escenas, porque lo que es de la película completa, ni nos enteramos de qué va.
--Cómo te gusta exagerar.
--Y a ti replicarme. Eres un replicón, eso es lo que eres. A todo lo que te digo siempre tienes que replicar.
--Parece que te aprendiste esa palabrita hace poco, porque en los últimos días me la sueltas cada 3 minutos.
--Pues no, la sabía desde que nací, no la usaba porque tenía otros calificativos para aplicártelos.
--Bueno bueno, pero en fin... ¿vamos o no vamos al cine?
--No vamos al cine. No tengo ganas hoy de ir a ningún cine.
--¿Entonces?
--Entonces ¿qué?
--Entonces, ¿a dónde carajo vamos?
--Te estás poniendo, además de gruñón, grosero. ¿Qué manera es ésa de hablarle a una dama?
Ante tales argumentos irrebatibles, lo mejor es aplicarle las siglas que aprendí de una amiga que también parece tonta pero no lo es: L Q T D Q, o sea, lo que tú digas, querida, que según don Mariano El Sobrio, usuario principal del bar AQUÍ TE ESPERO, son las últimas palabras que él siempre dice en su casa cuando discute con su mujer, que es un día sí y otro quizás. Aunque con la Encarni, que es mi mujer, pero que no vive conmigo en mi casa, sino en la suya propia que a veces compartimos (quizás por eso hemos durado más de 6 meses), esas siglas no funcionan, porque si está de venas, como hoy, puede replicarme con otras que no sé de dónde las sacó, pero que en estos casos resultan contundentes: A T P C, o sea: a tomar por culo... y ante tanta ternura  no hay nada que puedas decir... ni hacer...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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domingo, 28 de septiembre de 2014

Y SEGUIMOS VOTANDOLOS

1

¿Es imprescindible la hipocresía? Si juzgamos por las personas que suelen hacer uso de ella (casi toda la humanidad) diría que sí: es imprescindible. La cuestión es en qué momento, situación, circunstancia, se debe practicar esa virtud que otros denominan defecto o viceversa. No conozco a nadie que no haya sido alguna vez (o muchas veces, o siempre) en su vida un hipócrita. Creer que hay personas real o totalmente sinceras es como creer que hay personas totalmente buenas o totalmente malas, y eso no es así, pues en las personas buenas hay matices malos y en las malas hay matices buenos: lo que prima es lo que la define como buena o mala persona. Pues lo que prime en la hipocresía de cada cual, o sea,
la cantidad que se imponga en su característica, es lo que define a esa persona: algunas veces hipócrita, pero sólo algunas veces, el resto del tiempo sincera, pues es una persona a la que no puede catalogarse de hipócrita porque un día, una vez, o algunos días, algunas veces, haya sido hipócrita. Gloso a Cristo: quien nunca haya sido hipócrita que me escupa la cara.

2

¿Es necesario mentir? Pues a veces sí, y me contradigo con lo que expresé en un post hace algunas semanas, de que mentir es una rama de la hipocresía (¿o al revés?) y que siempre puede eludirse la mentira, o sea, la hipocresía, pues dándole vueltas al asunto me he dado cuenta de que es imposible no mentir jamás: en alguna ocasión lo hemos hecho, al igual que con la hipocresía, que en alguna ocasión la hemos practicado. Eso no significa que seamos mentirosos ni hipócritas, sino que dentro de cada personalidad humana se esconde una oportunidad en que lanzamos al aire una mentira o nos comportamos como hipócritas delante de personas con las que nos relacionamos, sin poder (o sin querer) evitarlo, por razones tan variadas que sería muy extenso señalar. Otra cosa es engañar: me parece que en el engaño se esconde una intención y que nunca es espontáneo: no se engaña a nadie sin tener, aunque no se reconozca, una motivación definida dentro de la intención con que se hace. Pero esa tela da para muchos cortes.

3

Cuestión, que llegamos a la conclusión de que el ser humano es, por naturaleza, una suma de virtudes y defectos, y que cada cual tiende a juzgar a sus semejantes priorizando sus defectos, que siempre se encuentran, porque cada ser humano los tiene, y algunas veces a montones. Pero lo interesante y a la vez preocupante es que actualmente la humanidad está avanzando en el camino de la impostura: la sinceridad se ha vuelto peligrosa y lo que más se logra practicando esa virtud es buscarse problemas, o malentendidos, o que a la persona “tan” sincera siempre se mire con desconfianza, por la naturaleza escasa que muestra al decir siempre y con crudeza lo que piensa. Decir lo que se piensa no es muy agradable para quien lo oye, y si lo que se piensa afecta al que lo oye, peor todavía. Nos buscamos enemigos diciendo siempre la verdad sin tapujos. Y sin embargo, mintiendo, raras veces caemos mal y no vemos enemigos entre quienes nos escuchan mentir. El clásico ejemplo es un político cualquiera, que miente sin cesar y a pesar de eso recibe aplausos, vivas, asistencia a sus mítines, y lo mejor (o lo peor): recibe votos que lo llevan al altar del poder para que siga mintiendo, engañando, prometiendo lo que todo el mundo sabe que no va a cumplir, aunque muchos aparenten creerlo. Me pregunto si es que la humanidad se ha vuelto totalmente idiota...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

pd: próxima entrada: ¿se acuerdan de Encarni? Pues aquí estará otra vez


domingo, 21 de septiembre de 2014

UNO MAS

Obstinado es poco. Harto se queda corto. Hasta las narices todavía suena suave. Tendría que buscar una palabra justa, certera, correcta, para denominar la sensación que siento al enfrentarme diariamente y en cada lugar a donde voy por necesidad con eso que Einstein calificó como infinita: la estupidez humana. No doy más, mi paciencia está agotada, mis nervios a millón, mi cansancio a todo tren, mi cuerpo se rinde a la evidencia: la estupidez es inmortal, y no sólo es inmortal, sino que crece a la velocidad de la luz (300,000 kms. x segundo), y según el cálculo informático que acabo de terminar, dentro de menos de 25 años el 90% de la humanidad será estúpido. Entonces tendremos por fin el añorado paraíso terrenal, porque según consenso científico, sólo los estúpidos son felices, y si el 90% de la humanidad es feliz, ¿quién negará que esto es un paraíso? Sin embargo, me pregunto qué sucederá con ese 10% que no será estúpido. No quisiera imaginarme lo que me estoy imaginando, pero pudiera ocurrir que los estúpidos decidieran eliminar a ese 10% y... en fin, que yo no lo veré, por suerte. O quizás por saber morirme a tiempo. Porque si no lo logro, mis opciones no son muchas:
--sufrir un IAM (infarto agudo de miocardio)
--convertirme en un amargado
--ser declarado aguafiestas o rompegrupos
--perder el apetito y otros deseos igualmente deliciosos
--hacer que otros se rían de mí por estar obstinado sin remedio mientras ellos gozan de los placeres de la vida que podrán gozar los miembros del 90%
--empecinarme en el suicidio liberador de la obstinación
Así que pensándolo bien, como dice ese refrán (los refranes a veces nos salvan): “si no puedes vencer al enemigo, únete a él”, y como en este caso el enemigo es la estupidez, y probado está que es inmortal e invencible, a partir de hoy mismo decido unirme al 90% sin esperar 25 años: arriba, corazones, desde hoy cuentan con un estúpido más engrosando sus crecientes y geométricas filas. Oh la la!

Augusto Lázaro

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domingo, 14 de septiembre de 2014

AL ASALTO!

1

Pues heme aquí, elucubrando, a ver cómo puedo asaltar un banco sin ningún riesgo de que me atrapen, y hacerme con una suma digna de que me respeten hasta en el barrio de La Bibijagua. Asaltarlo no es difícil, incluso ya tenía escogida la agencia propicia: sólo tiene 8 empleados y ningún policía ni vigilante ni perro guardián. Pero precisamente por ser tan pequeña no debe tener mucho dinero en caja ni en los automáticos, y esa es la falla. Además, tengo que averiguar sin equivocarme qué día y a qué hora es que se acumula más dinero, pues si voy cuando han sacado el grueso y sólo puedo llevarme unos tres mil euritos, no vale el esfuerzo ni el riesgo. Cuestión, que tras analizarlo con calma chicha, he decidido buscar otra agencia algo mayor, y ahí está la dificultad: he entrado en algunas, pero tienen muchos empleados y vigilantes, y si soy yo solo, pues a ver cómo podría. Tendría que buscarme 2 cúmbilas y entrar, como en las películas de USA, con las cabezas cubiertas y dando gritos estentóreos: ESTO ES UN ASALTO, AL SUELO TODO EL MUNDO, Y TU, ¿QUÉ COÑO ESTAS MIRANDO? y etc. Nada, está chupado. Sólo que encontrar esos 2 cúmbilas no es tarea fácil: 1) que tienen que ser de total confianza, 2) que la mayoría de los de total confianza son miedosos, 3) que si no son expertos, algo puede fallar y entonces sí que la mula tumbó a Genaro. En fin, que seguiré meditando, aunque no dejaré mi plan de enriquecerme con lo que saque del banco que asalte, yo solo o los 3 mosqueteros, pero eso sí: por menos de 10 milloncitos nada de nada. ¿Arriesgarme por una minucia que no me duraría ni un par de semanas? De eso nada, monina. Ya veré. Algo me saldrá. Pero ya está bueno de ser pobre, coño, que la pobreza no sólo es mala y dura, sino lo peor: que es muy aburrida.

2

Hay otra vía para hacerme rico: meterme en política. Pero eso tampoco es tan fácil: ¿cómo convenzo a la gente de que me apoye para formar un nuevo partido (uno más ¿qué importa?) y comenzar a dar discursos prometiendo todo lo que los incautos quieren oír (no se cansan de oír lo mismo desde hace cuatrocientos siglos) y agitando a las masas como buen populisto y mejor fanfarrón (shhh, esto es entre usted y yo, oiga), mencionando siempre a los pobres y desamparados que conmigo serían elevados a la categoría de ciudadanos con todos sus derechos, bla bla bla, etc. Aunque mejor sería ingresar en uno de esos grandes partidos y ya dentro buscar la manera de subir con intrigas, chanchullos, chantajes, cizañas, esas cosas tan comunes en los partidos, y poco a poco irme ganando un sitio en la pequeña nomenclatura de los que mandan más, o sea, los mandamases, y de ahí a la conquista del trono... bueno, me faltaría muy poco y con mi inteligencia no digo yo.

3

Futbolista no puedo ser, por mi edad. Famoso idiota de la TV tampoco, por lo mismo y además porque todavía no me he idiotizado lo suficiente para ganarme un puesto en alguno de esos tantos platós. Gran empresario tampoco, pues no cuento con un capital iniciante para formar algo que dé digamos como Telefónica o algo así. ¡Carajo la vela! No lo tengo tan fácil. Creo que por despeje me está quedando sólo el banco. Total, que suponiendo que me cojan no me van a hacer nada, enseguida saco el DNI y miren, no pueden encarcelarme, si acaso una condenita de consolación como la reclusión domiciliaria, y como no tengo otro domicilio que éste donde vivo que no es un domicilio realmente, pues... en fin. Pues eso, al asalto. A reproducir en vivo y en directo una de esas fascinantes escenas de las pelis de USA, donde casi siempre los asaltantes son vencidos, pero eso en películas, porque aquí en la realidad, es al revés: los asaltantes, lo mismo a un banco que al poder, casi siempre (por no decir siempre) son quienes se llevan el gato al agua, como dice Antonio Jiménez en su aburrido programa...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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domingo, 7 de septiembre de 2014

CONSEJOS QUIZAS SANOS

1
Toda precaución es poca, siempre se nos queda algo fuera del tintero y ahí mismo nos dan el fotutazo. Y el fotutazo duele, sobre todo dentro, muy adentro. Enseñanzas de mi padre y de algunos otros familiares y amigos de la familia que aprendí desde niño:
--no darle mucha confianza a nadie, en la confianza está el peligro y en el peligro el despelote
--mantenerse siempre lejos de la estupidez y de quienes la portan
--abrir mucho los ojos y cerrar mucho el bolsillo
--nunca meterse entre marido y mujer o entre parejas que discuten o pelean, queda uno como impertinente y hasta puede recibir algún que otro puñetazo de él y carterazos de ella
--no tomar partido por ningún partido (político) y la política, mientras más lejos mejor, al igual que los amores, y cuidado con descuidar esta máxima:
--ni con miembros de la familia, ni con vecinos de la cuadra, ni con compañeros de estudio o de trabajo, nooo: el amor, mientras más lejos, más saludable. Y esta otra, genial, que me ha servido de mucho y cuando la he descuidado, al final siempre salgo como el malo de la película:
--"no hagas favor que no te pidan, pasarás por santo o por entrometido, carreras ambas largas y de mucha penitencia" (*)
Por eso, lo mejor es: yo por aquí, la humanidad por allá...
2
A mí la humanidad no me da insomnio (duermo 6 horas de un tirón, aunque haya bulla, pues lo que me despierta de súbito es que alguien en mi habitación encienda una luz, ahí sí, pero ¿quién va a encender una luz en mi habitación si yo duermo solo y sin compañía?). Pues eso, que la humanidad resuelva sus problemas, que a mí nunca me ha resuelto ninguno, por suerte. Dice el periodiquero de la esquina que yo soy un misántropo. Parece que al hombre, de tanto estar entre periódicos y revistas, se le ha pegado algo. Puede ser que yo sea un misántropo, pero me pregunto si la humanidad merece que uno se dedique a servirla sin condiciones ni peros. Tal como está, o como yo la veo, mejor es olvidarse de ella y a la porra. ¡La humanidad! Vaya, hombre, ¿y yo qué, no formo parte de la humanidad? ¿Cuenta conmigo la humanidad cuando decide algo o toma una medida o acepta o rechaza algún plan? Claro que no. Pues al carajo la vela. Cada cual a su aire, y así nos llevamos divinamente la humanidad y yo, sin meternos la una con el otro, o viceversa...
3
Y rodando y rodando, que quien mete sus narices donde no debiera termina como el carnero que pierde su lana con el trasquilado, o como el famoso gallo de Morón: sin plumas y cacareando. Yo como si nada, que a estas alturas de mi vida mis dos palabras favoritas son paz y tranquilidad, que producen un gozo exquisito, y si éstas se acompañan de la eximia soledad, mucho mejor. Me lo decía mi padre, siempre con sus refranes, máximas, sentencias y dicharachos basados en su propia experiencia que intentó (y logró en muchos casos) transmitirme: "lo mejor es no meterse en nada, cerrar el pico y abrir las guatacas, a ver por dónde viene la comparsa". Y si la comparsa no viene, yo no pienso ir a buscarla. Eso seguro...
(*) tomada de la novela Gaspar Pérez de Muela Quieta, del cubano Gustavo Eguren

Augusto Lázaro

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domingo, 31 de agosto de 2014

TODO UN PERSONAJE

La diferencia entre Don Quijote y yo se resume en una sola condición: él tenía un amor que curiosamente, siendo el personaje femenino central de la obra, no existía, o sea: un personaje fantasma que sin embargo ha pasado a la historia de la literatura como lo más vivo y real que puede imaginarse: Dulcinea del Toboso, qué nombrecito, ¿eh? Pues eso, la diferencia es que yo, simple mortal del que cuando liquide el finiquito de mi existencia a los 3 días nadie se acordará de mí, también tengo un amor, pero en mi caso no es imaginario ni de ciencia ficción, aunque tiene algo de fantástico: mi pareja única, singular, literaria, que yo mismo me pregunto a veces cómo puede aguantarme, porque a veces yo mismo no me aguanto: Encarni. No necesita presentación.
--Hola –dice ella.
--¿Se te rompió el reloj? –pregunto yo.
--Pues no, funciona perfectamente, mira (me lo muestra).
--Entonces sabrás qué hora es (le señalo el mío).
--No soy retrasada mental como tú... pareces suponer.
--Pues por eso mismo, ¿a qué hora quedamos, cosa linda?
--Pues... no sé, creo que ahora, ¿no?
--Ahora no es ninguna hora.
--Para ti puede que no, pero para mí ahora es la hora de ahora.
--Claro, pero la hora de ahora tenía una hora señalada que tú has olvidado.
--Bueno, a cualquiera se le olvida una hora señalada.
--Sí, a cualquiera, pero a ti se te suelen olvidar muchas horas señaladas para nuestros encuentros. Hace media hora que te espero aquí, haciendo el tonto.
--¿Tanto? Ya decía yo...
--¿Qué decías, si puedo saberlo?
--Ya decía que me iba a coger tarde por demorarme bañándome.
--¿Qué, te estabas dando lija en el cuerpo?
--Muy gracioso.
--Sí, porque otra cosa, con ese delirio que tienes por el agua y el jabón no digo yo.
--Parece que a ti no te gusta verme limpia.
--A mí lo que me gusta es que si nos citamos a una hora te aparezcas a esa hora y no media hora después.
--¿Por qué siempre tienes que protestar por todo? ¿No estoy ahora aquí? Eso es lo que debería importarte, gruñón...
Y así sucesivamente: esa es mi pareja, Encarnación de la Calzada y Peñavieja, toda una damisela encantadora, sobre todo cuando duerme plácidamente, que es casi siempre, pues nunca la he visto preocupada por ningún asunto. Pero así es y así la he aceptado, como ella dice que me ha aceptado así como soy sin ponerme ningún pero, aunque de vez en cuando me echa su sermoncito cuando yo digo o hago algo que está en contra de su brillante entendimiento. Encarni, sí: a veces pienso que es mi hija, o mi hermana, o mi novia, o mi tía, o mi madre, y hasta pudiera pensar que es mi abuelita que vela por mi seguridad y por mi bienestar personal y permanente. Como dije: no necesita presentación, ella se presenta sola... ¡Y de qué manera!

Augusto Lázaro

@augustodelatorr
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