lunes, 20 de noviembre de 2017

¿QUE ESTA PASANDO?


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Según los medios universales, Al Gore estuvo cobrando $200,000 por cada conferencia que impartía sobre el llamado cambio climático, logrando con ello amedrentar e intimidar a millones de personas que se pusieron a temblar pensando que ahora sí se acabaría el mundo, derretido por tanto calor... Sin embargo, Gore no pudo implantar un récord para entrar en el famoso libro de Guinnes (que casi nadie ha visto), pues el ex-presidente de EEUU, Barack Obama, anda por ahí dando conferencias por las que cobra nada menos que $400,000 (por cada una, claro). Nada, que es muy sabroso ser ex presidente de EEUU, mucho más que ser Presidente, pues así se evitan problemas, críticas, etc., y se vive a sus anchas, sólo con sentarse en una silla y recordar las cosas que según su parecer interesan a una gran cantidad de seres humanos. Aunque en el caso del último, no creo que la gente tiemble por las cosas que se le ocurran al gran salvador del régimen castrista. Con ese solo hecho, ya tiene para que lo juzgue la historia...

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En un país con 3’500,000 desempleados, resulta indecente (y hasta grotesco) que los políticos cobren las enormes cantidades que cobran por distintos motivos, además de sus jugosos salarios y sus dulces perspectivas de que cuando se retiren permanezcan el resto de sus vidas cobrando 10 veces (por lo menos) lo que cobraría cualquier jubilado normal. Conozco un caso (personalmente) de un señor diputado que pertenece a otra comunidad pero vive en Madrid, y cobra a pesar de que no tiene que gastar en transporte, un viático extra por… oigan esto: “por distancia”. Sí, la distancia de 10 manzanas que tiene que caminar (no necesita coche aunque lo tiene a su disposición) para llegar al Gimnasio. Después uno tiene que oír a algunos tertulianos que declaran sin ningún pudor que los políticos españoles están mal pagados. Por eso cada vez son menos quienes creen a esos sabelotodos que se atreven a hablar y opinar sobre asuntos y problemas de los que saben menos que Celedonia González. Y lo mejor: ¡cómo cobran sus comparecencias a los platós de las tertulias!. Ya me gustaría a mí ganar la centésima parte de lo que gana uno de esos personajes que se hacen llamar “padres de la patria”, que seguro que se ganan el pan con el sudor de sus frentes. Hombre, ¿quién lo duda?

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España es (creo) el país donde más premios se otorgan: haciendo un pase rápido en Twitter, cada 10 tweets (como mucho) aparece alguien que ha recibido un premio. La mayoría son personas desconocidas y nadie sabe qué es ese premio que ha recibido, que seguramente estará acompañado de una buena suma de euros. Además, es el país donde más libros se publican, y sin embargo, los medios en su mayoría están de acuerdo en que es el país donde menos se lee. No sé si será cierto, lo que sé es que según la ciencia exacta de las Matemáticas, no es posible imaginarse a los millones de ejemplares que duermen en las librerías, siendo consumidos por los 45 millones de españoles (incluyendo niños, analfabetos, ciegos, etc.), y entonces me pregunto: ¿quién lee tantos libros con tantos ejemplares que a diario se publican y se exhiben en las librerías y en otros centros comerciales? Confieso que no lo sé. Pero tampoco lo creo. Sí, ya sé que muchos me dirán que cada día creo en menos cosas… ¡Y tienen razón!

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 13 de noviembre de 2017

NO SABER DECIR QUE NO


Desde niño estoy oyendo refranes y sentencias, casi todas de mis padres, sobre todo de mi padre, y casi todas sacadas de la biblioteca EL TESORO DE LA JUVENTUD, que mi tío Juan Antonio tenía en su casa, y a la que yo comencé a acudir desde antes de ir a la primaria. Entre esos refranes o sentencias había varios que nunca se me han olvidado, entre ellos cito 2 que me sirven muchas veces en cada momento de duda (lo único cierto según Carlos Marx):

“El que da lo que tiene, a pedir se queda”

“Si fío, pierdo lo mío. Si presto, al cobrar molesto. Si doy, a la ruina voy”

Este último lo tomó mi padre, al parecer, de la bodega donde comprábamos los alimentos que diariamente consumíamos, pero sirve igual para afrontar los avatares de la vida, que nos puede ocasionar muchos malos momentos si accedemos a lo contrario a lo que nos enseñan estas sentencias.

En mi vida he ayudado a mucha gente, cuya respuesta nunca ha estado a la altura de la circunstancia, pues no ha respondido como yo ante su solicitud (excepciones nunca faltan, pero son minoría inmensa). Con los años, descubrí 2 cosas que me han servido de mucho: 1) que en el diccionario hay una palabra poco usada, pero que tiene implicaciones favorecedoras: NO. Y 2) que Sor Juana Inés de la Cruz, desde aquella época tan remota, vislumbró lo que significaba ayudar en demasía, y escribió algo así como “padecemos más por los plegarias atendidas que por las no atendidas” (cito de memoria). Cuánta razón tenían los 2, el diccionario y Sor Juana. Porque si hubiéramos aplicado estas dos opciones durante nuestros años vividos, nos hubiéramos evitado muchos dolores de cabeza por ser tan “buenazos” y creernos que estamos obligados a “no saber decir que NO”.

En el fondo, todos tenemos algo de románticos y de solidarios, sólo que no nos damos cuenta de que no podemos arreglar el mundo tan lleno de injusticias, y por tanto, a veces llegamos a extremos de quitarnos algo nuestro para ayudar a quien consideramos que lo necesita más que nosotros. Conozco un caso que no deja dudas: un señor que recibe una pensión contributiva (el doble que la que reciben los que cobran la no contributiva) tiene una bien ganada fama de pedigüeño, porque siempre está pidiendo dinero prestado con algún cuento que encuentra oídos receptivos que caen en la trampa. Una señora respetable y seria del edificio donde vivo me contó que 2 veces le había prestado €5 a ese individuo, y por supuesto, no recibió la debida devolución. O sea, picó nada menos que 2 veces. ¿Y qué logró con eso? NADA. O sí, logró contraer un estado de nerviosismo depresivo, porque cuando necesitó esos €10 para cosas necesarias, se dio cuenta de que no tenía más que unas calderillas que no le alcanzaban ni para un café. El tipo siguió pidiendo y no resolvió su situación ni la resolverá, porque pedir y gastar lo obtenido en vicios y juegos, no da ningún resultado.

En resumen, que es aconsejable aprender a usar el NO y no dejarse desplumar por estos elementos que nos toman el pelo porque saben que algunos de nosotros caeremos, nos creeremos sus cuentos, y les daremos lo que jamás nos devolverán, ocasionándonos problemas económicos que pudieran haberse evitado con una sola palabra del diccionario que casi nunca nos atrevemos a usar y que es muy útil para ayudarnos a nosotros mismos, recordando que para ayudar a los demás tenemos que empezar por ayudarnos a nosotros mismos, que no somos Amancio Ortega ni la madre Teresa, vaya…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 6 de noviembre de 2017

PODEROSO CABALLERO

Cuando era niño, mi papá me repetía con frecuencia, cada vez que en casa había una situación de emergencia económica: "el dinero es un rey loco / y esa es la pura verdad: / no da la felicidad, / pero le falta muy poco"... supongo que con eso intentaba justificar que no todo lo que yo quería o le pedía estaba al alcance de sus posibilidades, aunque yo no entendía entonces el por qué de esa situación. Pasó mucho tiempo, nuestra situación mejoró cuando comencé a trabajar, y así hasta hoy: nunca dejamos de ser pobres, pero de esos a los que algunos vecinos llamaban "desahogados"...
Si nos atenemos a la cuarteta (o como se llame la sentencia paterna), el dinero puede proporcionarnos una vida mejor, y eso no hay quién lo dude. Pues bien, si el dinero (casi) da la felicidad, o le falta muy poco para darla, cada vez que dejas de recibir, por alguna excusa inventada por los comerciantes o las empresas que se dedican a sacarte del bolsillo hasta el último céntimo, cierta cantidad de dinero, eso quiere decir que serás un poquito menos feliz. Un solo caso como ejemplo irrebatible (porque es mi propio caso que quizás a alguien pueda interesarle, por eso lo expongo):
Este año (que llega a su fin), me han aumentado en €5 la factura de mi contrato con Internet, mi banco (!), que nunca me ha cobrado comisiones, me ha cursado aviso de que a partir del próximo año me cobrarán unos €60, o sea, €5 mensuales, por mantenimiento de la cuenta, y para colmo, en el comedor que antes pagada algo más de €4, ahora tengo que pagar €5, por el mismo (o quizás peor) servicio que recibo. Cuestión, que sumando estos 3 nuevos gastos, voy a vivir €12.5 menos feliz que hasta ahora. Nada, que nos estamos volviendo más pobres, porque a todas éstas, casi todo ha subido menos los salarios y las pensiones: a mí me aumentan (asómbrense) €1 cada año en mi pensión. Así como suena. Saquen la cuenta y me dirán. España se está volviendo un país pobre, digan lo que digan los propagandistas políticos y mediáticos tomándonos por tontos (que puede que en eso no les falte razón, porque muchos somos tan tontos que no nos damos cuenta de lo que antes he expuesto)... y uno se ve en la disyuntiva de seguir haciendo el tonto, o sea, aceptando cada nuevo aumento en sus pagos, o renunciar a todo y vivir sin esos adelantos técnicos que crean adicción y son difíciles de abandonar…
Y ante tal situación, no hay otro remedio posible que ahorrar en extremo, ya que en la mayoría de los casos de personas honradas como el Menda, no puede esperarse una entrada extra de dinero. O sea, que la única forma de afrontar nuevos gastos es nuevos ahorros, hasta el punto de bajar el nivel de vida cada vez más, y conformarse con ese eufemismo que llaman “vida decorosa”, que es la que se debe mantener. Y sobre todo, no pensar que hay quienes pueden darse el lujo de comprarse un yate de ídem que cuesta la friolera de €15 millones, o una mansión cuyo precio me da hasta vergüenza señalar en este comentario. Pues eso, que vivimos en un país libre y democrático, donde todos somos iguales y tenemos los mismos derechos a ser iguales que nuestros semejantes, aunque no podamos comprarnos ese yate de €15 millones ni esa mansión colosal que parece sacada de una película de fantasía infantil con hadas madrinas y príncipes azules. Pero no hay que desesperarse: estamos vivos… ¡que no es poco, vamos!
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 30 de octubre de 2017

¿QUE HE HECHO CON MI VIDA?

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Lo más difícil para un ser humano normal es descubrir si su vida es o ha sido útil y si lo que ha hecho hasta hoy es lo más y lo mejor que podría haber hecho. Porque es demasiado triste y frustrante llegar a cierta avanzada edad, pararse frente a un espejo, y preguntarse a sí mismo: ¿qué he hecho con mi vida? ¿Dejaré algo cuando llegue mi última hora? ¿Alguien pronunciará mi nombre cuando yo haya muerto? Y entonces, si hacemos eso y somos sinceros con nosotros mismos, nos daremos cuenta de que no estamos conformes con nuestras vidas y que quizás si pudiéramos repetirlas, haríamos las cosas de otro modo, aunque la mayoría declare que “haría lo mismo” si le preguntaran al respecto. Yo declaro que si pudiera repetir mi vida, todo lo haría distinto. Porque pretender engañar a los demás diciendo lo que no se siente es, en primer lugar, engañarse a uno mismo, y cuando se tienen tantos años esa pretensión no pasa de ser una estupidez.
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Como también es una estupidez considerarse a sí mismo como lo que no se es, porque los Einsteins y los Hawkins no abundan como las patatas fritas, y por lo tanto, estas personas que tienen la mala costumbre de creerse eruditos y/o sabios capaces de indicarle a sus semejantes cómo deben vivir y lo que deben hacer, terminan por caer mal y aunque la mayoría no se los suelte en sus caras, por detrás, como es habitual, denostan y rajan de esos individuos y en general no los resisten ni soportan, augurándoles un futuro de soledad nada agradable que los mantenga alejados de cualquier grupo “normal” que no se deje influenciar por los iluminados consejeros rectificadores capaces de enmendarle la plana al mismísimo Tolstói.
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Vivimos en un mundo en que para desgracia nuestra se valora más lo externo, y donde la cultura, la educación, la sabiduría y la inteligencia tienen realmente muy poco valor. Y eso se muestra en los medios, sobre todo en la televisión, que es una especie de meta que ha provocado que en la calle y en los lugares donde se reúnen personas de diversas características, se llegue a decir que “quien no sale en la televisión no existe”. Y estas palabras no me parecen exageradas, sólo les añadiría que quien no posee los méritos anteriormente señalados (belleza física y sus componentes) está condenado a pasar inadvertido y lo peor, a no poder aspirar a una vida más plena y con mayor nivel (quizás siendo un verdadero erudito) y a tener que conformarse con la “suerte” que le ha tocado en la única vida que tiene, pues no hay otra oportunidad de volver a nacer para emprender una nueva búsqueda de esa felicidad, ese bienestar y ese alto nivel de vida al que todos, según papeles que resisten todo cuanto le garabateen encima los poderosos que hacen las leyes, tenemos derecho…
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 23 de octubre de 2017

SOLO EN TU CABEZA

No sé si antes (cuando digo antes me refiero a varias decadas atrás) habría en el mundo tanta gente con stress o depresión, sólo sé que según las informaciones que a diario leemos, actualmente el número de personas deprimidas es bastante alto. Precisamente ahora que la ciencia y la técnica han avanzado tanto y existen tantos aparatos y medicamentos que se supone mermarían los estados depresivos que mucho daño hacen. O quizás precisamente por esa abundancia de tecnología y medicamentos es que se produce ese aumento en estas sociedades consumistas y súper desarrolladas que disfrutamos y/o padecemos. Descifrar el “misterio” requeriría un estudio mucho más amplio que los que se están haciendo o ya se han hecho.
Diariamente me encuentro con hombres y mujeres cuyas caras denotan que no se sienten del todo bien. A quienes trato, por ser amistades o personas con las que tengo un contacto casi diario, lo mismo en persona que por vía de Internet, les pregunto, cuando existe suficiente confianza, qué les sucede para estar en ese estado que tanto perjudica su salud mental, y por lo tanto, las demás actividades que debe o tiene que realizar durante cada día. La respuesta es similar en la mayoría: “me siento deprimida”, “tengo un estrés que me tiene medio loco”, “no me digas nada, estoy…” y así más o menos. Por supuesto que yo no soy médico ni especialista y mucho menos ese tipo de gente que se pasa la vida dando consejos como si fueran Sigmund Freud o como si lo supieran todo y estuvieran en condiciones de dictaminar lo que debe hacer cada cual para aliviar o eliminar su estado depresivo. Sólo soy un investigador de causas que tienen que ver con la vida de las personas (y de los animales) y me gusta saber. Eso es todo. O casi.
Hay un libro titulado TODO ESTA EN TU CABEZA de la famosa neuróloga Susanne O’Sullivan, que a juzgar por el subtítulo (9 historias reales de enfermedades imaginarias), ya pueden imaginarse que se trata no de uno de esos libelos llamados de autoayuda que no ayudan a nadie, sino de un relato de la actuación de esta doctora que leí con atención y lo consulté con mi médico de cabecera, llegando ambos a la conclusión de que el libro puede ayudar a muchos a comprender que la mayoría de las veces el estrés es provocado por cosas que sólo existen en sus cerebros y por lo tanto, con un esfuerzo y sobre todo con fe en que lo que se lee es cierto, les va a ayudar en su problema y en la mayoría de los casos estoy seguro de que aliviarán o eliminarán su estado depresivo. Como me sucedió a mí…
Después de todo, con probar no van a perder nada. Y pueden ganar mucho. Y ayudar a la gente, aunque muchos no merezcan esa ayuda, produce un bienestar que evita precisamente caer en una situación de estrés naturalmente evitable...
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 16 de octubre de 2017

LA GENERACION (IN)MOVIL

No soy de los que piensan que "todo tiempo pasado fue mejor". Pero estoy convencido de que con tanto adelanto en la técnica y la electrónica, sobre todo en la informática, la gente ha perdido en gran parte su disposición de comunicarse personalmente con sus semejantes, prefiriendo la soledad ante un aparato que en menos de un minuto logra poner en contacto a personas que pueden estar distantes miles de kilómetros. La pregunta de si eso es bueno, si ha hecho más beneficios que perjuicios a la humanidad, no estoy en capacidad de contestarla, y me veo obligado a dejársela a quienes investigan la sociología del momento, controlada casi totalmente por aparatos y máquinas que se desentienden de los seres humanos "en persona y frente a frente". Lo que sí sé es que estamos creando una generación de tontos cuyo único sentido en sus vidas parece ser el móvil (celular), sin el que prefieren no seguir viviendo, aunque esta afirmación parezca exagerada. He hablado con decenas de jóvenes (y algunos no tanto) que me han confesado que prefieren perder cualquier cosa (algunos han llegado a afirmar que hasta la salud) antes que renunciar a su adorado aparatico que llevan incluso cuando van a hacer sus deposiciones en el cuarto de baño. ¿No lo creen? Yo tampoco lo creía. Pero tuve que convencerme de que lamentablemente esa es la realidad…
Alguien la llamó “la generación del móvil” y no le faltaba razón, porque actualmente es casi imposible ver a un joven sin ese adminículo que absorbe gran parte de su vida. Una mañana, al subir al autobús de costumbre, en el que había alrededor de 14 personas, conté con la vista y noté que de esos 14, incluyendo a personas de todas las edades, había 9 con un móvil en las manos, totalmente abstraídos, como si lo que tuvieran ante su vista fuera el elíxir de la juventud eterna. Otra anécdota conocida (o no) es la de 4 chicas que se citaron en un bar para pasar un buen rato juntas, pues hacía tiempo que no se veían. Estuvieron allí alrededor de 3 horas, en las cuales las 4 apenas se dirigieron la palabra, pues cada una de ellas se entretuvo en mirar y manipular su móvil. Y al despedirse (lo mejor), una de ellas dijo “¡qué bien la hemos pasado! ¿Cuándo nos vemos otra vez?”. Sí, de esta generación depende el futuro. Menos mal que ya pronto viviremos en Marte… según dicen algunos científicos, claro…
Pero la vida no se reduce sólo al uso del móvil. La juventud ha perdido el deseo de realizar actividades físicas o no, que lo mantengan en contacto con sus semejantes: prefieren llegar a sus casas y enseguida conectarse al ordenador o al móvil que ya llevan conectado, y ponerse en contacto con amigos a distancia a los que a veces ven en las pantallas, gracias a las videollamadas, lo que les resulta mucho más interesante y además les permite estar en la comodidad del hogar sin soportar el gentío bullanguero que molesta o las incomodidades del transporte, junto a otras cosas no muy agradables que se encuentran en las calles. Así han llevado sus vidas a casi una sola acción que puede darles momentos agradables, pero al mismo tiempo los aleja cada vez más de la comunicación natural entre las personas, que con el tiempo, como se ve en la novela EL SOL DESNUDO, de Isaac Asimov, se convertirá en el único modo de encontrarse con seres queridos, amistades o personas que por alguna razón o motivo tengan que ver y tratar. Quizás ese tipo de vida sea mejor, no lo sé, pero sé que a todo se acostumbra el ser humano y a esta nueva forma de existencia tendremos que irnos acostumbrando, pues ya forma parte del sentido de nuestra vida mientras estemos en este planeta, porque quién sabe si en otro la situación que encontremos no nos permita dedicar tanto tiempo a tantas nimiedades…
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 9 de octubre de 2017

OSCURIDAD

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Mientras el futuro de la humanidad está en manos de un par de locos capaces de cualquier cosa, en España los políticos y sus medios sólo se preocupan de un asunto intrascendental como es el famoso referendo de Cataluña en busca de su independencia. Cada cual con su problema, claro, pero deberían pensar un poco más que en cualquier momento a uno de esos locos se le ocurre apretar el botón fatal y ni referendo ni Cataluña ni España ni nada...
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Por fin se celebró el referendo que unánimemente llamaron “ilegal” sin explicar por qué era ilegal. Al menos, no me enteré nunca del por qué esa calificación. El caso es que todo llegó, como es característica de este país, demasiado tarde: hasta la intervención del rey a última hora, cuando el daño ya estaba hecho. Y lo más lamentable y triste: que todo este follón que dejó cerca de mil heridos podía haberse evitado si se hubiera actuado desde el principio. Pero no se hizo. Pudo más la comodidad de la espera, esperar sentados que las cosas se resolvieran solas. ¡Ay, España!
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Y en definitivas, ¿alguien ganó algo con toda esa parafernalia política? Insisto y perdonen, pero yo gobierno hubiera dejado que los catalanes votaran todos los referendos que se les ocurriera, que al final veríamos que la mayoría de votantes (como el voto es secreto) hubiera votado por permanecer en España (como Québec y Escocia) y todos felices y contentos, siempre y cuando se hubiera hecho un pacto “de caballeros” para que los vencidos aceptaran la votación de la mayoría y se acabó. ¿Ven ahora lo fácil que todo hubiera sido? Pero nuestros políticos son empecinados, además de aferrarse a sus ideas como si fueran los sabios de la Grecia antigua que cuando decían que estaba lloviendo la gente corría a protegerse de la lluvia…
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Y al final ¿qué? Todavía no hay independencia. Todavía sigue la monotemática de los informativos. Todavía la gente está hasta los huevos de tanto referendo, de tanta independencia, de tanto perder el tiempo sin que quienes pueden se decidan a hacer algo. Seguimos esperando, como siempre. Es nuestro verbo definitorio. Pero lo peor de todo es que la mayoría de nosotros (y me incluyo) no sabemos realmente qué coño estamos esperando…
Augusto Lázaro
@lazarocasas38


lunes, 2 de octubre de 2017

UNA SOLUCION

Sí, ya sé que me van a decir que en ningún país se respeta la libertad de expresión, pero yo vivo en España y voy a hablar de España, porque me gusta hablar de España, de lo bueno y de lo malo. Sí, ya sé que me van a decir también que todos los países tienen cosas buenas y cosas malas, pero repito que como vivo en España no me interesa hablar de Bangla Desh, eso se lo dejo a los interesados en esa otra parte de este planeta que el día menos pensado puede deaparecer. Al menos sus habitantes, aunque la pelotita que gira y gira en el espacio no creo que explote y ¡pum!, adiós La Tierra. Además, en caso de acabose, siempre quedarán agunos bípedos, además de las cucarachas, que como se sabe, son inmortales y resistirían cualquier hecatombe. Está probado. Pero a lo que iba (siempre estoy incluyendo eso que llaman... pues no recuerdo cómo, pero los lectores inteligentes -ustedes, claro-, saben a lo que me refiero). Pues eso. En España, país libre y democrático según dicen los que lo dicen, hay algunos aspectos que demuestran que no hay total libertad de expresión. Veamos varios ejemplos:
1)      El peligro de caer en el pensamiento único: en algunas tertulias televisivas nadie puede opinar que está en contra de las corridas de toros, ni que está a favor de la independencia de Cataluña, ni que no le gusta el fútbol, etc. Tal parece que todos los tertulianos que participan tienen una misma idea sobre temas trascendentales e importantes y “cállate, soldado”. Y eso niega la democracia. Pero también sucede en periódicos y emisoras radiales. Vean y oigan, hagan la prueba y me dirán.
2)      Cuando alguien se expresa libremente sobre algo que está en el ambiente con una opinión distinta, corre el riesgo de ser llamado (saliendo bien) “rarito” y sentir, aunque no se lo digan directamente, el rechazo del grupo que parece estar de acuerdo unánime. Otra muestra antidemocrática, pues la unanimidad no existe, aunque algunos pretendan imponerla.
3)      Si es ud una persona con gustos diferentes a los de la mayoría, no los exprese, pues decir, por ejemplo, que la pelÍcula TAL del director MASCUAL es una (...), es buscarse problemas, porque aquí todo el mundo es entrenador de fútbol, crítico de todo y se cree que tiene la llave de los truenos, o sea, la verdad verdadera, total y única. ¿Democracia? Y menos mal que no les de a esos grupos por darle una azotaína, a eso no hemos (todavía) llegado.
Y podría poner otros muchos ejemplos, pero no vale la pena emborronar cuartillas hablando de cosas de todos conocidas. El caso es que la democracia y la libertad de expresión son dos términos muy fáciles de aplicar y muy difícles de ejecutar y probar, y por lo que se nota, parece que este es un mal que va a perdurar por largos y ¿felices? años...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 25 de septiembre de 2017

¿ESTO TIENE ARREGLO?


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España está revuelta. ¿Alguien lo duda? Pero la pregunta clave es: ¿podrá arreglarse? Y su continuación: ¿habrá alguien (o alguienes) capaz de acometer tan enorme tarea de arreglar algo que a todas luces parece, si no imposible, sí tan difícil que habría que pensarlo cuidadosamente para poner manos a la obra y no morir en el intento?. A mí se me ocurre una tercera pregunta que no logro contestarme: ¿cómo hemos llegado a esta situación? Quizás tendríamos que remontarnos en la historia sin memoria, pero de eso se encarga Pérez Reverte en su página semanal, y además, no soy historiador ni el más indicado para descifrar el intríngulis del por qué este país está tan revuelto por todas partes y en todos los sectores…

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Un gobierno totalmente incapaz de defenderse (y recordemos que la mejor defensa es el ataque) que sólo hace minúsculos intentos cuando la oposición lo machaca, dejando en manos de la izquierda todas las iniciativas que ésta sí tiene, y no resaltando ningún valor de la llamada (mal llamada) derecha, que los tiene, pero que nadie conoce porque los que dicen tener esa ideología no divulgan nada que pueda llegar a las masas, y no es ése el único problema que presenta este país, cuyo sumario alargaría demasiado este comentario, por lo que lo dejo para otras instancias y quizás otras entradas, que hoy, con la que está cayendo, no siento deseos ni de comerme una uva…

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El caso es que con tantos problemas que tenemos nos empeñamos en rechazar su existencia, y todos (los que detentan el poder o los poderes) están a su aire y por su propia causa: quienes ocupan un despacho en La Moncloa quieren seguir ocupándolo por tiempo indefinido, y quienes no, luchan denodadamente por ocuparlo. Gobierno y oposición: me pregunto si en verdad les preocupa la situación de millones de españoles que lo están pasando mal y con el temor, imposible de evitar, de que pronto lo pasarán peor, a pesar de los avances económicos que tanto se pregonan en los medios, y a pesar de que el 90% de los mismos los controla la izquierda que se resiste a admitir que al menos se ha avanzado algo (o bastante) en la vida en general de los habitantes de este bello país. En fin, que, esperando el dichoso 1ro. de octubre a ver qué pasa, seguimos en stand by confiando, ilusos que somos, que no va a suceder nada “del otro mundo”, mientras el “gordito” de Corea del Norte se demora en apretar el botón que podría acabar con nosotros en menos de 3 días. ¡Qué panorama, eh? Pesimista, sí, pero realista. Y es mejor abrir los ojos a seguir pensando que “estamos en el mejor de los mundos posibles”, como dijo no sé quién (pero ustedes sí)…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 18 de septiembre de 2017

ANTES Y AHORA


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En un diálogo a 3, en los bajos del edificio donde vivo, mi amiga Esther afirmaba con rotundidad que siempre, en la historia, ha habido casos de estupros, incestos, maltratos a mujeres, etc., y que todo esto se desconocía porque antes no había radio, televisión, Internet, móviles, etc., y la gente vivía al tanto sólo de lo que ocurría en su entorno. Sí, interesante observación con cierta tónica de veracidad. Pero, aunque estoy de acuerdo con su apreciación, puedo citar varios ejemplos que la niegan en su totalidad: cuando yo fui un estudiante de primaria, secundaria y estudios superiores, recuerdo que si un profesor entraba en el aula todos nos poníamos de pie, todos lo tratábamos de doctor (aunque no lo fuera), y ningún alumno le tiraba pelotitas de papel, ni le faltaba el respeto, ni mucho menos, cuando el profesor lo regañaba, le iba con el cuento al padre, que acudía, hecho una furia, al centro, a entrarle a golpes al profesor por haber tratado mal a su hijo o (¡qué horror!) suspenderlo en una asignatura... hoy es todo lo contrario. O sea, que no puede asegurarse que siempre todo ha sido igual, porque pecaríamos de ilusos que tendríamos que cambiar el refrán tan fallido de "cualquier tiempo pasado fue mejor" por uno que dijera: "cualquier tiempo pasado fue igual al presente". Y quienes no somos ignorantes sabemos que eso no es cierto...

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Pero las discusiones, en pareja o en grupos, siempre terminan igual: los participantes en la misma se separan, cada cual pensando lo mismo,  pues es muy difícil, casi imposible, que alguien cambie de opinión por otra opinión distinta a la suya, de donde se deduce que discutir no es más que perder el tiempo que bien podría emplearse en “empeños mayores”, como decía mi suegro en Santiago de Cuba. Aunque al parecer, a la gente le gusta discutir, y cuando entras en un bar, por ejemplo, te encuentras a grupos de clientes que combinan su consumo con distintas opiniones que a veces terminan en bronca. Lo más sano, ya lo dije, es mantenerse al margen de estas “peleítas” dialécticas que no van a dejarnos ningún beneficio y sí algún que otro disgusto tan fácil de evitar, ayudando con eso a nuestra salud mental y física...

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Discutir es, al parecer, cosa habitual en los seres humanos. Y en las discusiones en las que no se gana ni se pierde nada, hay siempre una eminencia que intenta (y muchas veces lo logra) imponer su opinión sobre la de los demás, que la aceptan porque piensan que esa eminencia no va a hablar por hablar, que es lo que precisamente está haciendo. En mi diario bregar me he dado cuenta de que evitar las discusiones no sólo ayuda a mantener una buena salud y también una buena relación con los semejantes, sino que es más provechoso escuchar que hablar: de este modo, obviando las necedades o estupideces que pueda decir no sólo esa eminencia, sino algunos otros del grupo formado espontáneamente, siempre se aprende algo. Al menos, en muchos casos, se aprende a… no ser como la eminencia de turno en el uso de la palabra veraz y certera. O sea, que como hizo Fouché la madrugada antes de mandar a Robespierre a la guillotina (y es lo que hacía siempre), aprender a callar, cosa difícil, nos da mejores resultados que enredarnos en una discusión sin ton ni son que no va a reportarnos más que sinsabores, molestias y problemas… Contradicciones, ¿eh? Bueno, como todo ser humano…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38


lunes, 11 de septiembre de 2017

VERDADES NO ACEPTADAS

los nombres propios
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Monterrey Tomás tenía dos características (entre otras) que llamaban la atención a sus maestros y a sus compañeros de escuela, en la que yo estudié la primaria hasta el grado sexto. Una de esas dos características era su propio nombre, pues lo lógico hubiera sido llamarse Tomás Monterrey. Sin embargo, él se llamaba así mismo: Monterrey de nombre y Tomás de apellido, por eso le decían, algunos con cariño y otros con recelo, "oye, Monte, préstame tu libreta de matemáticas, para ponerme al día", o "Montuno, mira lo que traigo en mi mochila", y así. En todo Pinar del Río, mi ciudad natal y donde radicaba la escuela del cuento, no creo que hubiera otro niño con aquella disposición para aprender y ser siempre el primero en su clase, además de que nunca vi a ninguna maestra (casi todos eran mujeres experimentadas en trabajar con infantes) regañarlo por algo mal que hubiera hecho. Lo que más le gustaba era llenar su libreta de Estudios de la Naturaleza con pequeñas fotos de animales, según los temas que se iban tratando. Una mañana recuerdo que la maestra de esa asignatura tomó su libreta y la mostró a los demás alumnos como ejemplo curioso de dedicación y gusto por el conocimiento. Así era Monterrey Tomás. Muchos años han pasado desde entonces y no sé si todavía estará vivo ni si seguirá en Pinar o en Cuba, pero nunca lo he olvidado, ni a él ni al resto de mis compañeros en mis comienzos a enterarme de qué cosa era la vida... ¡Ah!, y la segunda característica de Monterrey Tomás, que tenía a algunos patidifusos y a otros con cierta envidia saliéndosele por los ojos abiertos del todo era que Monterrey Tomás era... ¡negro! Tanto como el charol. Y muchos se preguntaban cómo era posible que el primer alumno de la clase, en cada materia estudiada, fuera ¡negro! Claro que entonces, y como éramos niños, no lo decíamos con la fuerza y el desprecio con que hoy se habría dicho, o quizás peor, le hubieran hecho la vida difícil, porque no era (no es para muchos todavía, vergonzosamente) lógico que un negro pudiera alcanzar ese tremendo mérito de ser el primer alumno de ninguna escuela...
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los “rectificadores”
Los hay en todas partes, se proliferan con los adelantos técnicos y electrónicos, pero sobre todo con el mal de la megalomanía equívoca. Siempre atentos a lo que tú digas, a las cosas que hagas, a cualquier afirmación que puedan refutar: son los que se dedican a enmendarles la plana a los demás, sin dejar pasar una sola errata (porque errores ni se diga). Sí, amigos: son los “rectificadores”, esas personas que creen saberlo todo, saber de todo, y que tienen el poder y la sabiduría suficientes para rectificarte cada vez que abres la boca. Y lo más curioso: casi siempre se trata de personas que saben menos que tú, que han estudiado menos que tú, y que no están preparadas ni de prácticas para decirte “no, eso no es así” o “estás equivocado” o “perdona, pero no es lo que tú dices”, etc. Se necesita tiempo para estar atentos a las “faltas” de los demás y por eso no lo tienen para el trabajo por el que les pagan. Y sobre todo, se necesita estómago para aguantarlos, pues si entablas una discusión con alguno de ellos (o de ellas), además de perder el tiempo, cabrearte por gusto, pasar un mal rato y demás, lo único que vas a lograr es enemistarte con esa persona con la que discutes. Lo mejor es cortar por lo sano: “hola, buenos días, qué tal, cómo estás, qué bien te ves, bueno, hasta luego”, o en todo caso aplicar la fórmula mágica de L Q T D Q (lo que tú digas, querid@)... Y se acabó la discusión... antes de comenzarla...
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los envidiosos
Creo que fue Arturo Pérez Reverte quien dijo que “el deporte favorito de España es la envidia”. Quizás exageró, pero es cierto que existen personas que sienten ese pecado capital por quienes están por encima de ellos en alguna actividad, y aunque muchos no lo tomen en cuenta, esas personas pueden hacer daño, pues intentan en su iniquidad desacreditar a quienes entienden que no son dignos de su trato o alabanza, y siempre encuentran a algunos que les hacen caso y divulgan calumnias, mentiras o cosas que perjudican la reputación de los “envidiados”. O sea, que hay que cuidarse, pero no sólo de los “enemigos” declarados, sino de las personas con las que por alguna razón tenemos contactos y a veces apreciamos sin saber que realmente no son ellas las dignas de nuestra atención ni mucho menos de nuestra amistad…
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 4 de septiembre de 2017

LOS POLITICOS, ¡AY!

Siendo todavía adolescente, cayó en mis manos un libro titulado PSICOLOGIA DE LAS MULTITUDES, cuyo impacto en mi formación intelectual fue definitivo. Yo apenas tenía nociones de asuntos políticos. Recuerdo que mis padres iban a votar en las elecciones, no sé por qué partido ni por qué iban a votarlo, pues más tarde me enteré de que todos los partidos eran lo mismo y ninguno merecía ser votado, pero eso es otra historia. Volviendo al libro, con él aprendí lo fácil que resulta manipular y movilizar grandfes masas de gente, si se sabe cómo hacerlo, y saber cómo hacerlo es la principal especialidad que tienen los políticos, verdaderos maestros en eso que después supe que se llama demagogia (actualmente le han agregado el epíteto de "populismo", vaya ocurrencia)...
Oí (o leí, no estoy seguro) a un escritor que a la vez, cosa rara, era un político (y no de los peores) algo así como que “es casi imposible convencer a una sola persona que esté reunida contigo, pero convencer a miles, a cientos de miles de personas concentradas en una plaza, es lo más fácil que un político puede hacer”. Me puse a pensar en eso durante varios días, y comencé a interesarme por la política y por los libros que hablaban del tema. En aquellos tiempos en mi país los llibros que se publicaban, sin censura, procedían fundamentalmente de la difunta Unión Soviética, y algunos de otros escritores, siempre de países donde gobernaban los comunistas. Leyendo y viviendo mi propia vida con mis propias decisiones, también aprendí que nunca ningún gobierno comunista había llegado al poder vía elecciones libres y democráticas. Y así, poco a poco, me fui desengañando de los políticos y recordando con fijeza aquellas palabras de mi tío por línea materna, Pancho Casas, cuando me dijo que “de los políticos no esperes nada, porque to`s son peores”. ¡Cuánta razón tenía mi querido tío!...
Otro de los postulados que oía decir con frecuencia era que “la política es el oficio de quienes no tienen oficio”, a pesar de que los medios llamadlos informativos (mejor sería llamarlos desinformativos) dedican casi toda su labor a divulgar y comentar asuntos relacionados con “el arte de engañar a las masas” (y esto no recuerdo si pertenece a algún filósofo, sociólogo o buscavidas de turno), pero me siguió alimentando mis “ansias” de dominar ese “arte” y así conocer mucho mejor lo que más tarde yo también viviría como propia experiencia: el dominio de las masas cuando están juntas a montones oyendo al demagogo correspondfiente y aplaudiendo a mares, aunque después, cuando estén tranquilas y en sus casas, y sobre todo, cuando no tengan que disimular porque nadie las esté vigilando, piensen y digan todo lo contrario a sus aplausos y sus vivas enardecidos entre la muchedumnbre...
Y esa es la política, de la que no podemos librarnos. Por eso lo mejor que podemos hacer es ignorarla. La ignorancia tiene una gran fuerza para derrotar adversarios. Porque si no lo hacemos así, tendríamos como única opción la sentencia que horroriza pero que muchos la tomarán en un futuro bastante cercano: “si no puedes vencer al enemigo, únete a él”... Y entonces este país sería el primer país gobernado por comunistas de toda Europa. ¿Qué sucedería si eso pasa?

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 28 de agosto de 2017

LA MANADA

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De niño, oí decir a alguien de mi familia, campesino robusto y quemado por el sol que trabajaba "desde el amanezco" hasta que las gallinas comenzaban a subirse a los árboles: “mira, sobrino, lo más duro de esta puñetera vida es que los demás comprendan tu trabajo en lugar de criticaarte tanto por cualquier metedura de pata". En aquel momento no pensé en esas palabras, sólo muchas décadas después me di cuenta de cuánta razón tenía aquel tío lejano en su muerte apacible, que con tanto cariño me trató siempre que mis padres me llevaban al campo a la casa de mi familia materna. Sus palabras he tenido oportunidad de comprobarlas demasiadas veces a través de los años: por cada elogio que recibes (si es que recibes alguno) caerán sobre ti miradas y palabras de desaprobación por cosas que quizás tú sabes y quienes te "machacan" ignoran. O quizás no, aunque esta última opción es minoritaria. Mi experiencia lo dice. No es que yo esté tocado por la estúpida megalomanía, es que la gente habla demasiado, y habla demasiado sobre cosas que desconoce, y cuando nota que alguien que sí conoce de lo que habla, lo habla, entonces saca las uñas y "a machacarlo"...
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Ser “distinto” a la manada sólo puede traerte disgustos, problemas y hasta enemistades. La manada no tolera que alguien se separe de su modelo de ser común que habla de lo mismo, que entiende lo mismo, y que emplea su tiempo en lo mismo. Y siempre está al acecho de cualquier detalle para atacar al “distinto”. Para ello emplea su solidaridad: se unen (más que los que no entran en su juego) para machacar al que se destaca por algo que la manada no tiene o no puede demostrar. Por eso las discusiones con la manada son estériles y estúpidas. Es como darle palos a un mulo que no quiere moverse: se parte el palo, duele mucho el brazo, y el mulo sigue ahí, inmóvil y riéndose (a su modo) del paleador que ha perdido su tiempo y no ha logrado su empeño. La comparación no es en este caso odiosa, porque la manada se comporta como el mulo del cuento: firme ahí, sin moverse un centímetro, a pesar de razonamientos (o palos), y así seguirá, hasta que la muerte se encargue de que no se joda  tanto a quien piensa, siente, habla y actúa de forma distinta. Conclusión: deja tranquila a la manada y ocúpate de tus cosas. Y sobre todo, ignórala, que esa es la bofetada que más le va a doler... y humillar...
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No hay que convertirse en un macao, metido en su concha a todas horas y asomándose sólo unos minutos para retornar a su hogar que lleva a cuestas (feliz él) porque lo que ha visto en segundos le ha parecido demasiado horrible. Pero lo más recomendable para alejarse de la manada y vivir un poco más feliz, es seleccionar minuciosamente a los amigos y a los tratantes, que también pueden echarle a perder un día a cualquiera que no entre en la manada todopoderosa. O sea, vivir aislado de lo que nos jode la vida, y olvidarse de ese mito de solidaridad con todos, aunque no se la merezcan, que no todos podemos ser la Madre Teresa de Calcuta ni tampoco el teléfono de la esperanza. No ser un antisocial, pero tampoco pecar de Crisanto Buenagente, del que ya mencioné algo en una entrada anterior. Término medio y justo, y sobre todo: para ayudar a alguien, primero hay que ayudarse uno mismo, y no hay mejor forma de ayudarse que vivir lejos de esa turba que sólo acepta a quienes piensan y viven como ella, anulando cualquier valor social y humano que una persona que no forme parte de la manada pueda tener...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 21 de agosto de 2017

LA AMBICION DEL PODER

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La lucha por el poder es el comienzo de un proceso que más tarde o más temprano termina corrompiendo al que logra alcanzarlo. Muchas veces me he preguntado por qué tantas personas viven obsesionadas con alcanzar el poder. ¿Es por amor al pueblo y su afán de dedicar sus vidas a servirlo? Eso no se lo cree ni Jacinto el loco. ¿Es porque no saben hacer otra cosa y no encuentran un sitio adecudo a su “no saber hacer nada”? En muchos casos es posible. ¿Es porque aman la política, como otros aman el tennis o el ajedrez? Bueno, esta hipótesis es algo más creíble, porque en verdad la política es fascinante, interesante, y no hay ningún ser humano que pueda sacarla de su vida, directa o indirectamente: todos los medios la mencionan y le dedican demasiado tiempo. Incluso si usted ve un telediario, notará que el 90% (y me quedo corto), excluyendo al fútbol y a algunos minutos de variedades, está dedicado a asuntos que tienen que ver (o están relacionados) con la política. Entonces, el aspirante a político activo sabe 3 cosas fundamentales: si logra su sueño: 1) ganará muchísimo más dinero, y tendrá poder, 2) será famoso y ocupará primeras planas en periódicos, revistas, televisión y noticias radiales, y 3) disfrutará, claro que con las molestias que tendrá que afrontar como críticas, burlas, etc., de un altísimo nivel de vida del que no disfrutan los demás sectores de la población, excepto los futbolistas y algunas celebridades de la farándula. Pues eso, que no le doy más vueltas y declaro mi convencimiento de que la afición a la política parte de uno de estos 3 puntos, o quizás de los 3 juntos...
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Los políticos mienten porque eso es una condición sine qua nom de sus características. No conozco ningún político que nunca haya mentido: en eso le va su cargo y todo lo que esto implica. Pero ellos saben que el pueblo acepta cualquier cosa que le digan, porque el pueblo quiere oír ciertas cosas y los políticos se las dicen, endulzadas y preparadas, sin ninguna espontaneidad. Un discurso de cualquier político, si se lee con detenimiento, nos descubre esto que les he escrito. Háganlo y verán que no exagero ni mucho menos miento, aunque yo he mentido algunas veces, lo confieso, pero yo no soy político ni de mis decisiones depende nada que tenga que ver con un conglomerado humano, y ahí radica la diferencia entre mentir desde un cargo importante y una persona cualquiera que sólo está conversando con amigos en un bar, sin dañar a nadie ni poner en peligro la estabilidad de ninguna región o país...
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Y en esto último sí hay que detenerse a pensar el daño que puede ocasionar un político, sobre todo en 2 casos: a) un imbécil con poder, que hace más daño que una bomba atómica, y b) un tipo que aspire a perpetuase en el poder indefinidamente implantando una dictadutra, sobre todo comunista, que es la que eterniza a un gobernante. Es muy lamentable que en pleno siglo XXI todavía existan dictaduras (de todo tipo, incluyendo dinastías como los KIM en Corea del Norte), que mantengan a sus pueblos bajo el terror, la miseria, el hambre, la opresión, etc., sin que hasta el momento se perciba una solución que acabe con esa plaga de una vez en todo el planeta. Y eso es lo peor, que tenemos que vivir con ella (con la plaga) no sabemos por cuánto tiempo. Por suerte, o por desgracia, yo no veré el fin del totalitarismo en este planeta. O quizás el fin del planeta mismo, que puede suceder, como dijo Allende, “más temprano que tarde”... y ojalá que no. Pero...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 14 de agosto de 2017

¿CRIAR CUERVOS? NUNCA

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Uno de los pocos que me dedican varios minutos de su tiempo me  preguntó por qué había cambiado totalmente el contenido de mis tweets. Se refería a que antes, hasta hace sólo dos semanas más o menos, mis tweets hablaban de la situación de España y del resto del mundo, sobre todo en los aspectos políticos, sociales, económicos, etc. Lo invité a que me acompañara a tomarnos un cafecito que tan bien cae a la hora en que nos encontramos en la calle, y en ese lugar tan acogedor le expliqué que, como él bien sabía, yo, siendo pesimista y escéptico a pesar de mi sonrisa y mi altísimo sentido del humor, me había cansado de repetir lo que tantos otros dicen y proclaman, y total, nada de nada: el mundo sigue (y seguirá) igual, de mal en peor, y por eso creo que la cuenta que tiene alguien a nombre de Jorge Luis Borges en Twitter, es la que debo seguir yo: hablar de lo realmente importante (al menos para mí) y dejar a otros especialistas que repitan mil veces lo del referendum, Venezuela, la UE, Corea del Norte, los jueces enemigos de la justicia, el yihadismo, los comunistas apoderándose de las instituciones, los políticos que sólo se ocupàn de sí mismos, y etc. Nos tomamos el café, mi amigo se quedó meditabundo (esa es la palabra), nos despedimos, y cada cual siguió su vida, yo quizás preocupándome menos ahora de todas esas cosas de las que tanto me he pasado la vida preocupándome sin lograr siquiera una respuesta cuando he cometido la tontería de enviar un escrito a alguien o a alguna publicación. Y eso es todo. Feliz semana y no coman demasiado, que eso es muy malo para la salud según dicen quienes saben lo que dicen, que son pocos, pero buenos...
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Ponerse a pensar en la cantidad de cosas (interesantes, claro) que se publican vía Internet, además de los millones de libros, cuadernos, separatas, revistas, sueltos, etc., que se publican en papel, es tentar a la locura pasajera. Demasiado. Y el día sigue  teniendo 24 horas y nuestras vidas cuanto más 80 años. Imposible satisfacer nuestros deseos de lecturas. Sobre todo para los jóvenes, que ven en aparatos electrónicos y otras “diversiones” mucho más interés que “perder” su tiempo leyendo digamos un libro. Pero al entrar en una gran librería y ver cientos y cientos de publicaciones siempre me pregunto (nunca me respondo) qué hacen con tantos títulos, porque todo el que no sea tonto de naciiento sabe que la mayoría de esos libros no se venden, y sin embargo, los editores, los autores y demás, tienen que ganar algo, de lo contrario, no sería lógico tanto papel invertido junto al esfuerzo, el trabajo de revisión, y todo lo que implica la publicación de un libro. O sea, ¿por qué se publican más libros de los que la población puede y desea consumir? ¡Ah! Otro de los muchos misterios del mundo de la cultura en general que nadie acaba de explicar o mejor desentrañar. Cuestión, que publicar un blog o tener una cuenta en Twitter es algo así como ponerse a jugar a los palitos chinos en solitario. ¡Nadie te va a leer!
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Entre los consejos, sugerencias, opiniones sobre mí (pocas, pues cada día quedan menos sinceros que te dicen la verdad), siempre copio los que me parecen certeros y saludables, aunque nunca entablo discusiones sobre aquellos que no juzgo conveniente seguir, pues las discusiones (eso sí lo noté hace mucho tiempo) ni cambian ningún punto de quienes discuten ni resuelven ninguna situación discutida, y sobran ejemplos en todos los aspectos vitales. Pero de vez en  cuando aparece alguna observación que lamento no haberla seguido de inmediato, lo que me ha traído problemas y hasta enemistades por no oír lo que con tan buen tino me dijo alguien una vez: “ocúpate de tus asuntos y de tus problemas, y deja al mundo que siga como va, que tú no vas a arregarlo, ni siquiera a mejorarlo, aunque te destarres intentándolo”. Sólo le faltó decir a quien me dijo semejante verdad que si yo “caigo” (en desgracia o en muerte), los demás se quedarán riéndose y viviendo su vida sin importarles mi “sacrificio” y a los 3 días (si acaso) ya mi nombre no se pronunciará ni por casualidad en la fecha de mi cumpleaños, si alguien todavía la recuerda. ¿Qué parezco un misántropo? Pues sí, lo reconozco, pero como ya cantó Jeanette hace muchos años: “porque siempre sin razón  / me negaron todo aquello que pedí / y me dieron solamente incomprensión”... ¿Tenía razón la jovencísima que engalanó mis oídos con PORQUE TE VAS en la película del gran director español Carlos Saura CRIA CUERVOS? Bueno, yo, porsia, no pienso criar ninguno: ya he recibido bastantes picotazos de los que he tenido la errática afición de criar.Y vamos, que aprender del perro es de sabiduría: “jamás se da un segundo golpe con la misma piedra”. ¡Qué distinto yo mismo, que me he dado tantos!
Augusto Lázaro

@lázarocasas38

lunes, 7 de agosto de 2017

LOS MALOS Y LOS OTROS


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La monotonía y la rutina parecen sinónimos, aunque en realidad no lo son. En el mundo las estamos viviendo las dos, sólo que un pequeño grupo de privilegiados que se compran yates de lujo que cuestan nada menos que €14m, no entran en esa definición, a pesar de que si los miramos con lupa, sus vidas tampoco son estimulantes para nadie con sensatez. Pero en nuestra sociedad sólo valen los atractivos físicos y económicos: los feos y los pobres no tienen nada que hacer aquí, salvo vivir de las ayudas oficiales o de las limosnas que siempre les dan en los transportes públicos o en las calles donde se esfuerzan por ganarse la vida, porque quieren seguir siendo honrados, que según don Macareno de la Palma Real no es más que una estupidez, porque el refrán lo dice muy claro: "en la tierra a que fueres, haz lo que vieres", y en esta hermosa tierra lo que más se ve es la corrupción. Y no sólo eso, sino que también se ve que los corruptos son quienes mejor viven, aunque algunos POCOS de ellos caen un día en la cárcel (no por mucho tiempo) y así están y seguirán estando las cosas. Parece que para que haya mundo tiene que haber de todo. Sí, de todo lo malo...

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El problema no es que haya gente buena, muy buena (eso lo creo), sino que los buenos están perdiendo la batalla día tras día, porque los más listos (de los buenos) hacen suya la máxima de que ser bueno es ser tonto, mirándose en el ejemplo de la TV y de los demás medios que siempre ensalzan a quienes deberían machacar. Lógico. Y para más INRI, el mismo gobierno tiene la genial idea de eliminar requisitos fundamentales en cualquier país que se respete, para que pasen de nivel escolar los estudiantes aunque tengan varios suspensos y no sepan ni qué cosa es España (una estudiante de Secundaria me dijo un día que España era una Comunidad de gente que vive en el mismo lugar) y con esa medida lanzamos a la calle a miles de burros (con perdón de esos nobles equinos) que lo que van a hacer es hundir más este país, porque no saben hacer lo que dice su diploma de graduación que se supone que saben. No quiero imaginarme a un cirujano en un quirófano que no sepa lo que tiene que hacer en ese momento tan importante para la vida de quien está acostado, anestesiado e ignorante de que quien lo va a operar suspendió varias asignaturas cuando etudiaba medicina en la Universidad...

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El “buenismo” se ha convertido en tabla de medir para muchas personas y hasta instituciones. No les falta razón a quienes piensan que el buenismo es una tontería que debe evitarse, al igual que el uso del NO que tanto sufrimiento evita, y que también se aparta de cualquier acción sin meditar las consecuencias que puede tener decir SI a todo, sin pensarlo un minuto siquiera. La misma Sor Juana Inés de la Cruz dijo una vez que nos buscamos más problemas por las plegarias atendidas que por las no atendidas (o algo así) y nosotros los mortales contemporáneos nos negamos a aprender de quienes nadie puede negar su valía y bondad, como es el caso de Sor Juana. Y en el caso nuestro, mejor viviriamos si no tuviéramos esa tendencia de ayudar a todo el mundo, incluyendo a los criminales por quienes tantos piden mejoras en su reclusión carcelaria o en su persecución y trato. Y sobre todo, pensar que no todo el mundo puede ejercer el oficio de la Madre Teresa de Calcuta. Dejemos un poco de altruismo a quienes de corazón, y no buscando prebendas, fama o fortuna, se dedican a hacer el bien... a quienes realmente lo merecen...

 

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 31 de julio de 2017

ESPERANDO EL CARRITO


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Vivía al lado de mi casa, en la calle San Germán, cerca de la Alameda, aunque desde nuestras casas no veíamos el mar. El mar Caribe, tan deseado por excursionistas del patio y de fuera, como decía don Francisco Santa Cruz-Pacheco y Riverí. Todos los días, al regresar del trabajo, me lo encontraba sentado frente a la puerta de su casa.

--Buenas tardes, don Francisco. ¿Qué hace ahí, con este calor?

Siempre me contestaba lo mismo:

--Pues ya ves, hijo, como siempre, esperando el carrito...

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El Carrito era (muchos lo habrän entendido, sobre todo cubanos y caribeños) nada menos que el carro fúnebre que lleva los restos de los que un día fueron a su última morada, y don Francisco estuvo, mientras yo viví en esa casa junto a la suya, esperándolo, muchos años, mientras el tiempo pasaba y pasaba y pasaba... Yo me volví a casar, y  recomencé mi vida y mi trabajo, hasta olvidarme poco a poco del viejo don Francisco, personaje sin dudas pintoresco al que le había tomado cariño (que él se había ganado). Un día, por esas casualidades de la vida, mi esposa me sugirió que pasáramos frente a la casa donde yo había vivido tantos años, sólo para ver el ambiente, que, cosa rara, nunca se nos había ocurrido, inmersos como ambos estábamos en nuestras ocupaciones, que eran bastantes, y nuestras responsabilidades, que eran ídem. La cuestión: que por fin fuimos una tarde, también calurosa, y al pasar por frente a la casa de Don Francisco... ¿qué vieron nuestros ojos?

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Pues que allí estaba, en su mismo sitio, con su misma mirada perdida en una distancia que intentaba encontrar el Mar Caribe, allá abajo, sin lograr su empeño debido a la inverosímil estructura urbanística de la ciudad. Y allí estaba, algo más viejo y achacoso, pero vivo... la muerte todavía no quería llevárselo, parece que a la señora de la guadaña le gustaban sus bromas, porque don Francisco tomaba la vida y la muerte como los mexicanos, que se ríen de esta última etapa y hasta la celebran, dan fiestas y bailes con esqueletos y calaveras como pensando, con mucha razón, que la muerte es cosa natural que algún día vendrá, porque si algo no deja a nadie en el olvido es la parca. Y a don Francisco y a los mexicanos les tiene sin cuidado el carrito, que como me decía el querido viejo: “algún día vendrá, pero mientras yo aquí, sentado, viendo pasar la gente y el tiempo, esperándola”. Quizás todavía esté allí su figura, aunque sólo sea imaginaria, como siempre, con su sonrisa quizás de resignación o quizás de comprensión, esperando el carrito...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38