lunes, 18 de septiembre de 2017

ANTES Y AHORA


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En un diálogo a 3, en los bajos del edificio donde vivo, mi amiga Esther afirmaba con rotundidad que siempre, en la historia, ha habido casos de estupros, incestos, maltratos a mujeres, etc., y que todo esto se desconocía porque antes no había radio, televisión, Internet, móviles, etc., y la gente vivía al tanto sólo de lo que ocurría en su entorno. Sí, interesante observación con cierta tónica de veracidad. Pero, aunque estoy de acuerdo con su apreciación, puedo citar varios ejemplos que la niegan en su totalidad: cuando yo fui un estudiante de primaria, secundaria y estudios superiores, recuerdo que si un profesor entraba en el aula todos nos poníamos de pie, todos lo tratábamos de doctor (aunque no lo fuera), y ningún alumno le tiraba pelotitas de papel, ni le faltaba el respeto, ni mucho menos, cuando el profesor lo regañaba, le iba con el cuento al padre, que acudía, hecho una furia, al centro, a entrarle a golpes al profesor por haber tratado mal a su hijo o (¡qué horror!) suspenderlo en una asignatura... hoy es todo lo contrario. O sea, que no puede asegurarse que siempre todo ha sido igual, porque pecaríamos de ilusos que tendríamos que cambiar el refrán tan fallido de "cualquier tiempo pasado fue mejor" por uno que dijera: "cualquier tiempo pasado fue igual al presente". Y quienes no somos ignorantes sabemos que eso no es cierto...

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Pero las discusiones, en pareja o en grupos, siempre terminan igual: los participantes en la misma se separan, cada cual pensando lo mismo,  pues es muy difícil, casi imposible, que alguien cambie de opinión por otra opinión distinta a la suya, de donde se deduce que discutir no es más que perder el tiempo que bien podría emplearse en “empeños mayores”, como decía mi suegro en Santiago de Cuba. Aunque al parecer, a la gente le gusta discutir, y cuando entras en un bar, por ejemplo, te encuentras a grupos de clientes que combinan su consumo con distintas opiniones que a veces terminan en bronca. Lo más sano, ya lo dije, es mantenerse al margen de estas “peleítas” dialécticas que no van a dejarnos ningún beneficio y sí algún que otro disgusto tan fácil de evitar, ayudando con eso a nuestra salud mental y física...

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Discutir es, al parecer, cosa habitual en los seres humanos. Y en las discusiones en las que no se gana ni se pierde nada, hay siempre una eminencia que intenta (y muchas veces lo logra) imponer su opinión sobre la de los demás, que la aceptan porque piensan que esa eminencia no va a hablar por hablar, que es lo que precisamente está haciendo. En mi diario bregar me he dado cuenta de que evitar las discusiones no sólo ayuda a mantener una buena salud y también una buena relación con los semejantes, sino que es más provechoso escuchar que hablar: de este modo, obviando las necedades o estupideces que pueda decir no sólo esa eminencia, sino algunos otros del grupo formado espontáneamente, siempre se aprende algo. Al menos, en muchos casos, se aprende a… no ser como la eminencia de turno en el uso de la palabra veraz y certera. O sea, que como hizo Fouché la madrugada antes de mandar a Robespierre a la guillotina (y es lo que hacía siempre), aprender a callar, cosa difícil, nos da mejores resultados que enredarnos en una discusión sin ton ni son que no va a reportarnos más que sinsabores, molestias y problemas… Contradicciones, ¿eh? Bueno, como todo ser humano…

Augusto Lázaro

@lazarocasas38


lunes, 11 de septiembre de 2017

VERDADES NO ACEPTADAS

los nombres propios
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Monterrey Tomás tenía dos características (entre otras) que llamaban la atención a sus maestros y a sus compañeros de escuela, en la que yo estudié la primaria hasta el grado sexto. Una de esas dos características era su propio nombre, pues lo lógico hubiera sido llamarse Tomás Monterrey. Sin embargo, él se llamaba así mismo: Monterrey de nombre y Tomás de apellido, por eso le decían, algunos con cariño y otros con recelo, "oye, Monte, préstame tu libreta de matemáticas, para ponerme al día", o "Montuno, mira lo que traigo en mi mochila", y así. En todo Pinar del Río, mi ciudad natal y donde radicaba la escuela del cuento, no creo que hubiera otro niño con aquella disposición para aprender y ser siempre el primero en su clase, además de que nunca vi a ninguna maestra (casi todos eran mujeres experimentadas en trabajar con infantes) regañarlo por algo mal que hubiera hecho. Lo que más le gustaba era llenar su libreta de Estudios de la Naturaleza con pequeñas fotos de animales, según los temas que se iban tratando. Una mañana recuerdo que la maestra de esa asignatura tomó su libreta y la mostró a los demás alumnos como ejemplo curioso de dedicación y gusto por el conocimiento. Así era Monterrey Tomás. Muchos años han pasado desde entonces y no sé si todavía estará vivo ni si seguirá en Pinar o en Cuba, pero nunca lo he olvidado, ni a él ni al resto de mis compañeros en mis comienzos a enterarme de qué cosa era la vida... ¡Ah!, y la segunda característica de Monterrey Tomás, que tenía a algunos patidifusos y a otros con cierta envidia saliéndosele por los ojos abiertos del todo era que Monterrey Tomás era... ¡negro! Tanto como el charol. Y muchos se preguntaban cómo era posible que el primer alumno de la clase, en cada materia estudiada, fuera ¡negro! Claro que entonces, y como éramos niños, no lo decíamos con la fuerza y el desprecio con que hoy se habría dicho, o quizás peor, le hubieran hecho la vida difícil, porque no era (no es para muchos todavía, vergonzosamente) lógico que un negro pudiera alcanzar ese tremendo mérito de ser el primer alumno de ninguna escuela...
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los “rectificadores”
Los hay en todas partes, se proliferan con los adelantos técnicos y electrónicos, pero sobre todo con el mal de la megalomanía equívoca. Siempre atentos a lo que tú digas, a las cosas que hagas, a cualquier afirmación que puedan refutar: son los que se dedican a enmendarles la plana a los demás, sin dejar pasar una sola errata (porque errores ni se diga). Sí, amigos: son los “rectificadores”, esas personas que creen saberlo todo, saber de todo, y que tienen el poder y la sabiduría suficientes para rectificarte cada vez que abres la boca. Y lo más curioso: casi siempre se trata de personas que saben menos que tú, que han estudiado menos que tú, y que no están preparadas ni de prácticas para decirte “no, eso no es así” o “estás equivocado” o “perdona, pero no es lo que tú dices”, etc. Se necesita tiempo para estar atentos a las “faltas” de los demás y por eso no lo tienen para el trabajo por el que les pagan. Y sobre todo, se necesita estómago para aguantarlos, pues si entablas una discusión con alguno de ellos (o de ellas), además de perder el tiempo, cabrearte por gusto, pasar un mal rato y demás, lo único que vas a lograr es enemistarte con esa persona con la que discutes. Lo mejor es cortar por lo sano: “hola, buenos días, qué tal, cómo estás, qué bien te ves, bueno, hasta luego”, o en todo caso aplicar la fórmula mágica de L Q T D Q (lo que tú digas, querid@)... Y se acabó la discusión... antes de comenzarla...
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los envidiosos
Creo que fue Arturo Pérez Reverte quien dijo que “el deporte favorito de España es la envidia”. Quizás exageró, pero es cierto que existen personas que sienten ese pecado capital por quienes están por encima de ellos en alguna actividad, y aunque muchos no lo tomen en cuenta, esas personas pueden hacer daño, pues intentan en su iniquidad desacreditar a quienes entienden que no son dignos de su trato o alabanza, y siempre encuentran a algunos que les hacen caso y divulgan calumnias, mentiras o cosas que perjudican la reputación de los “envidiados”. O sea, que hay que cuidarse, pero no sólo de los “enemigos” declarados, sino de las personas con las que por alguna razón tenemos contactos y a veces apreciamos sin saber que realmente no son ellas las dignas de nuestra atención ni mucho menos de nuestra amistad…
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 4 de septiembre de 2017

LOS POLITICOS, ¡AY!

Siendo todavía adolescente, cayó en mis manos un libro titulado PSICOLOGIA DE LAS MULTITUDES, cuyo impacto en mi formación intelectual fue definitivo. Yo apenas tenía nociones de asuntos políticos. Recuerdo que mis padres iban a votar en las elecciones, no sé por qué partido ni por qué iban a votarlo, pues más tarde me enteré de que todos los partidos eran lo mismo y ninguno merecía ser votado, pero eso es otra historia. Volviendo al libro, con él aprendí lo fácil que resulta manipular y movilizar grandfes masas de gente, si se sabe cómo hacerlo, y saber cómo hacerlo es la principal especialidad que tienen los políticos, verdaderos maestros en eso que después supe que se llama demagogia (actualmente le han agregado el epíteto de "populismo", vaya ocurrencia)...
Oí (o leí, no estoy seguro) a un escritor que a la vez, cosa rara, era un político (y no de los peores) algo así como que “es casi imposible convencer a una sola persona que esté reunida contigo, pero convencer a miles, a cientos de miles de personas concentradas en una plaza, es lo más fácil que un político puede hacer”. Me puse a pensar en eso durante varios días, y comencé a interesarme por la política y por los libros que hablaban del tema. En aquellos tiempos en mi país los llibros que se publicaban, sin censura, procedían fundamentalmente de la difunta Unión Soviética, y algunos de otros escritores, siempre de países donde gobernaban los comunistas. Leyendo y viviendo mi propia vida con mis propias decisiones, también aprendí que nunca ningún gobierno comunista había llegado al poder vía elecciones libres y democráticas. Y así, poco a poco, me fui desengañando de los políticos y recordando con fijeza aquellas palabras de mi tío por línea materna, Pancho Casas, cuando me dijo que “de los políticos no esperes nada, porque to`s son peores”. ¡Cuánta razón tenía mi querido tío!...
Otro de los postulados que oía decir con frecuencia era que “la política es el oficio de quienes no tienen oficio”, a pesar de que los medios llamadlos informativos (mejor sería llamarlos desinformativos) dedican casi toda su labor a divulgar y comentar asuntos relacionados con “el arte de engañar a las masas” (y esto no recuerdo si pertenece a algún filósofo, sociólogo o buscavidas de turno), pero me siguió alimentando mis “ansias” de dominar ese “arte” y así conocer mucho mejor lo que más tarde yo también viviría como propia experiencia: el dominio de las masas cuando están juntas a montones oyendo al demagogo correspondfiente y aplaudiendo a mares, aunque después, cuando estén tranquilas y en sus casas, y sobre todo, cuando no tengan que disimular porque nadie las esté vigilando, piensen y digan todo lo contrario a sus aplausos y sus vivas enardecidos entre la muchedumnbre...
Y esa es la política, de la que no podemos librarnos. Por eso lo mejor que podemos hacer es ignorarla. La ignorancia tiene una gran fuerza para derrotar adversarios. Porque si no lo hacemos así, tendríamos como única opción la sentencia que horroriza pero que muchos la tomarán en un futuro bastante cercano: “si no puedes vencer al enemigo, únete a él”... Y entonces este país sería el primer país gobernado por comunistas de toda Europa. ¿Qué sucedería si eso pasa?

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 28 de agosto de 2017

LA MANADA

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De niño, oí decir a alguien de mi familia, campesino robusto y quemado por el sol que trabajaba "desde el amanezco" hasta que las gallinas comenzaban a subirse a los árboles: “mira, sobrino, lo más duro de esta puñetera vida es que los demás comprendan tu trabajo en lugar de criticaarte tanto por cualquier metedura de pata". En aquel momento no pensé en esas palabras, sólo muchas décadas después me di cuenta de cuánta razón tenía aquel tío lejano en su muerte apacible, que con tanto cariño me trató siempre que mis padres me llevaban al campo a la casa de mi familia materna. Sus palabras he tenido oportunidad de comprobarlas demasiadas veces a través de los años: por cada elogio que recibes (si es que recibes alguno) caerán sobre ti miradas y palabras de desaprobación por cosas que quizás tú sabes y quienes te "machacan" ignoran. O quizás no, aunque esta última opción es minoritaria. Mi experiencia lo dice. No es que yo esté tocado por la estúpida megalomanía, es que la gente habla demasiado, y habla demasiado sobre cosas que desconoce, y cuando nota que alguien que sí conoce de lo que habla, lo habla, entonces saca las uñas y "a machacarlo"...
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Ser “distinto” a la manada sólo puede traerte disgustos, problemas y hasta enemistades. La manada no tolera que alguien se separe de su modelo de ser común que habla de lo mismo, que entiende lo mismo, y que emplea su tiempo en lo mismo. Y siempre está al acecho de cualquier detalle para atacar al “distinto”. Para ello emplea su solidaridad: se unen (más que los que no entran en su juego) para machacar al que se destaca por algo que la manada no tiene o no puede demostrar. Por eso las discusiones con la manada son estériles y estúpidas. Es como darle palos a un mulo que no quiere moverse: se parte el palo, duele mucho el brazo, y el mulo sigue ahí, inmóvil y riéndose (a su modo) del paleador que ha perdido su tiempo y no ha logrado su empeño. La comparación no es en este caso odiosa, porque la manada se comporta como el mulo del cuento: firme ahí, sin moverse un centímetro, a pesar de razonamientos (o palos), y así seguirá, hasta que la muerte se encargue de que no se joda  tanto a quien piensa, siente, habla y actúa de forma distinta. Conclusión: deja tranquila a la manada y ocúpate de tus cosas. Y sobre todo, ignórala, que esa es la bofetada que más le va a doler... y humillar...
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No hay que convertirse en un macao, metido en su concha a todas horas y asomándose sólo unos minutos para retornar a su hogar que lleva a cuestas (feliz él) porque lo que ha visto en segundos le ha parecido demasiado horrible. Pero lo más recomendable para alejarse de la manada y vivir un poco más feliz, es seleccionar minuciosamente a los amigos y a los tratantes, que también pueden echarle a perder un día a cualquiera que no entre en la manada todopoderosa. O sea, vivir aislado de lo que nos jode la vida, y olvidarse de ese mito de solidaridad con todos, aunque no se la merezcan, que no todos podemos ser la Madre Teresa de Calcuta ni tampoco el teléfono de la esperanza. No ser un antisocial, pero tampoco pecar de Crisanto Buenagente, del que ya mencioné algo en una entrada anterior. Término medio y justo, y sobre todo: para ayudar a alguien, primero hay que ayudarse uno mismo, y no hay mejor forma de ayudarse que vivir lejos de esa turba que sólo acepta a quienes piensan y viven como ella, anulando cualquier valor social y humano que una persona que no forme parte de la manada pueda tener...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 21 de agosto de 2017

LA AMBICION DEL PODER

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La lucha por el poder es el comienzo de un proceso que más tarde o más temprano termina corrompiendo al que logra alcanzarlo. Muchas veces me he preguntado por qué tantas personas viven obsesionadas con alcanzar el poder. ¿Es por amor al pueblo y su afán de dedicar sus vidas a servirlo? Eso no se lo cree ni Jacinto el loco. ¿Es porque no saben hacer otra cosa y no encuentran un sitio adecudo a su “no saber hacer nada”? En muchos casos es posible. ¿Es porque aman la política, como otros aman el tennis o el ajedrez? Bueno, esta hipótesis es algo más creíble, porque en verdad la política es fascinante, interesante, y no hay ningún ser humano que pueda sacarla de su vida, directa o indirectamente: todos los medios la mencionan y le dedican demasiado tiempo. Incluso si usted ve un telediario, notará que el 90% (y me quedo corto), excluyendo al fútbol y a algunos minutos de variedades, está dedicado a asuntos que tienen que ver (o están relacionados) con la política. Entonces, el aspirante a político activo sabe 3 cosas fundamentales: si logra su sueño: 1) ganará muchísimo más dinero, y tendrá poder, 2) será famoso y ocupará primeras planas en periódicos, revistas, televisión y noticias radiales, y 3) disfrutará, claro que con las molestias que tendrá que afrontar como críticas, burlas, etc., de un altísimo nivel de vida del que no disfrutan los demás sectores de la población, excepto los futbolistas y algunas celebridades de la farándula. Pues eso, que no le doy más vueltas y declaro mi convencimiento de que la afición a la política parte de uno de estos 3 puntos, o quizás de los 3 juntos...
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Los políticos mienten porque eso es una condición sine qua nom de sus características. No conozco ningún político que nunca haya mentido: en eso le va su cargo y todo lo que esto implica. Pero ellos saben que el pueblo acepta cualquier cosa que le digan, porque el pueblo quiere oír ciertas cosas y los políticos se las dicen, endulzadas y preparadas, sin ninguna espontaneidad. Un discurso de cualquier político, si se lee con detenimiento, nos descubre esto que les he escrito. Háganlo y verán que no exagero ni mucho menos miento, aunque yo he mentido algunas veces, lo confieso, pero yo no soy político ni de mis decisiones depende nada que tenga que ver con un conglomerado humano, y ahí radica la diferencia entre mentir desde un cargo importante y una persona cualquiera que sólo está conversando con amigos en un bar, sin dañar a nadie ni poner en peligro la estabilidad de ninguna región o país...
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Y en esto último sí hay que detenerse a pensar el daño que puede ocasionar un político, sobre todo en 2 casos: a) un imbécil con poder, que hace más daño que una bomba atómica, y b) un tipo que aspire a perpetuase en el poder indefinidamente implantando una dictadutra, sobre todo comunista, que es la que eterniza a un gobernante. Es muy lamentable que en pleno siglo XXI todavía existan dictaduras (de todo tipo, incluyendo dinastías como los KIM en Corea del Norte), que mantengan a sus pueblos bajo el terror, la miseria, el hambre, la opresión, etc., sin que hasta el momento se perciba una solución que acabe con esa plaga de una vez en todo el planeta. Y eso es lo peor, que tenemos que vivir con ella (con la plaga) no sabemos por cuánto tiempo. Por suerte, o por desgracia, yo no veré el fin del totalitarismo en este planeta. O quizás el fin del planeta mismo, que puede suceder, como dijo Allende, “más temprano que tarde”... y ojalá que no. Pero...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 14 de agosto de 2017

¿CRIAR CUERVOS? NUNCA

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Uno de los pocos que me dedican varios minutos de su tiempo me  preguntó por qué había cambiado totalmente el contenido de mis tweets. Se refería a que antes, hasta hace sólo dos semanas más o menos, mis tweets hablaban de la situación de España y del resto del mundo, sobre todo en los aspectos políticos, sociales, económicos, etc. Lo invité a que me acompañara a tomarnos un cafecito que tan bien cae a la hora en que nos encontramos en la calle, y en ese lugar tan acogedor le expliqué que, como él bien sabía, yo, siendo pesimista y escéptico a pesar de mi sonrisa y mi altísimo sentido del humor, me había cansado de repetir lo que tantos otros dicen y proclaman, y total, nada de nada: el mundo sigue (y seguirá) igual, de mal en peor, y por eso creo que la cuenta que tiene alguien a nombre de Jorge Luis Borges en Twitter, es la que debo seguir yo: hablar de lo realmente importante (al menos para mí) y dejar a otros especialistas que repitan mil veces lo del referendum, Venezuela, la UE, Corea del Norte, los jueces enemigos de la justicia, el yihadismo, los comunistas apoderándose de las instituciones, los políticos que sólo se ocupàn de sí mismos, y etc. Nos tomamos el café, mi amigo se quedó meditabundo (esa es la palabra), nos despedimos, y cada cual siguió su vida, yo quizás preocupándome menos ahora de todas esas cosas de las que tanto me he pasado la vida preocupándome sin lograr siquiera una respuesta cuando he cometido la tontería de enviar un escrito a alguien o a alguna publicación. Y eso es todo. Feliz semana y no coman demasiado, que eso es muy malo para la salud según dicen quienes saben lo que dicen, que son pocos, pero buenos...
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Ponerse a pensar en la cantidad de cosas (interesantes, claro) que se publican vía Internet, además de los millones de libros, cuadernos, separatas, revistas, sueltos, etc., que se publican en papel, es tentar a la locura pasajera. Demasiado. Y el día sigue  teniendo 24 horas y nuestras vidas cuanto más 80 años. Imposible satisfacer nuestros deseos de lecturas. Sobre todo para los jóvenes, que ven en aparatos electrónicos y otras “diversiones” mucho más interés que “perder” su tiempo leyendo digamos un libro. Pero al entrar en una gran librería y ver cientos y cientos de publicaciones siempre me pregunto (nunca me respondo) qué hacen con tantos títulos, porque todo el que no sea tonto de naciiento sabe que la mayoría de esos libros no se venden, y sin embargo, los editores, los autores y demás, tienen que ganar algo, de lo contrario, no sería lógico tanto papel invertido junto al esfuerzo, el trabajo de revisión, y todo lo que implica la publicación de un libro. O sea, ¿por qué se publican más libros de los que la población puede y desea consumir? ¡Ah! Otro de los muchos misterios del mundo de la cultura en general que nadie acaba de explicar o mejor desentrañar. Cuestión, que publicar un blog o tener una cuenta en Twitter es algo así como ponerse a jugar a los palitos chinos en solitario. ¡Nadie te va a leer!
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Entre los consejos, sugerencias, opiniones sobre mí (pocas, pues cada día quedan menos sinceros que te dicen la verdad), siempre copio los que me parecen certeros y saludables, aunque nunca entablo discusiones sobre aquellos que no juzgo conveniente seguir, pues las discusiones (eso sí lo noté hace mucho tiempo) ni cambian ningún punto de quienes discuten ni resuelven ninguna situación discutida, y sobran ejemplos en todos los aspectos vitales. Pero de vez en  cuando aparece alguna observación que lamento no haberla seguido de inmediato, lo que me ha traído problemas y hasta enemistades por no oír lo que con tan buen tino me dijo alguien una vez: “ocúpate de tus asuntos y de tus problemas, y deja al mundo que siga como va, que tú no vas a arregarlo, ni siquiera a mejorarlo, aunque te destarres intentándolo”. Sólo le faltó decir a quien me dijo semejante verdad que si yo “caigo” (en desgracia o en muerte), los demás se quedarán riéndose y viviendo su vida sin importarles mi “sacrificio” y a los 3 días (si acaso) ya mi nombre no se pronunciará ni por casualidad en la fecha de mi cumpleaños, si alguien todavía la recuerda. ¿Qué parezco un misántropo? Pues sí, lo reconozco, pero como ya cantó Jeanette hace muchos años: “porque siempre sin razón  / me negaron todo aquello que pedí / y me dieron solamente incomprensión”... ¿Tenía razón la jovencísima que engalanó mis oídos con PORQUE TE VAS en la película del gran director español Carlos Saura CRIA CUERVOS? Bueno, yo, porsia, no pienso criar ninguno: ya he recibido bastantes picotazos de los que he tenido la errática afición de criar.Y vamos, que aprender del perro es de sabiduría: “jamás se da un segundo golpe con la misma piedra”. ¡Qué distinto yo mismo, que me he dado tantos!
Augusto Lázaro

@lázarocasas38

lunes, 7 de agosto de 2017

LOS MALOS Y LOS OTROS


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La monotonía y la rutina parecen sinónimos, aunque en realidad no lo son. En el mundo las estamos viviendo las dos, sólo que un pequeño grupo de privilegiados que se compran yates de lujo que cuestan nada menos que €14m, no entran en esa definición, a pesar de que si los miramos con lupa, sus vidas tampoco son estimulantes para nadie con sensatez. Pero en nuestra sociedad sólo valen los atractivos físicos y económicos: los feos y los pobres no tienen nada que hacer aquí, salvo vivir de las ayudas oficiales o de las limosnas que siempre les dan en los transportes públicos o en las calles donde se esfuerzan por ganarse la vida, porque quieren seguir siendo honrados, que según don Macareno de la Palma Real no es más que una estupidez, porque el refrán lo dice muy claro: "en la tierra a que fueres, haz lo que vieres", y en esta hermosa tierra lo que más se ve es la corrupción. Y no sólo eso, sino que también se ve que los corruptos son quienes mejor viven, aunque algunos POCOS de ellos caen un día en la cárcel (no por mucho tiempo) y así están y seguirán estando las cosas. Parece que para que haya mundo tiene que haber de todo. Sí, de todo lo malo...

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El problema no es que haya gente buena, muy buena (eso lo creo), sino que los buenos están perdiendo la batalla día tras día, porque los más listos (de los buenos) hacen suya la máxima de que ser bueno es ser tonto, mirándose en el ejemplo de la TV y de los demás medios que siempre ensalzan a quienes deberían machacar. Lógico. Y para más INRI, el mismo gobierno tiene la genial idea de eliminar requisitos fundamentales en cualquier país que se respete, para que pasen de nivel escolar los estudiantes aunque tengan varios suspensos y no sepan ni qué cosa es España (una estudiante de Secundaria me dijo un día que España era una Comunidad de gente que vive en el mismo lugar) y con esa medida lanzamos a la calle a miles de burros (con perdón de esos nobles equinos) que lo que van a hacer es hundir más este país, porque no saben hacer lo que dice su diploma de graduación que se supone que saben. No quiero imaginarme a un cirujano en un quirófano que no sepa lo que tiene que hacer en ese momento tan importante para la vida de quien está acostado, anestesiado e ignorante de que quien lo va a operar suspendió varias asignaturas cuando etudiaba medicina en la Universidad...

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El “buenismo” se ha convertido en tabla de medir para muchas personas y hasta instituciones. No les falta razón a quienes piensan que el buenismo es una tontería que debe evitarse, al igual que el uso del NO que tanto sufrimiento evita, y que también se aparta de cualquier acción sin meditar las consecuencias que puede tener decir SI a todo, sin pensarlo un minuto siquiera. La misma Sor Juana Inés de la Cruz dijo una vez que nos buscamos más problemas por las plegarias atendidas que por las no atendidas (o algo así) y nosotros los mortales contemporáneos nos negamos a aprender de quienes nadie puede negar su valía y bondad, como es el caso de Sor Juana. Y en el caso nuestro, mejor viviriamos si no tuviéramos esa tendencia de ayudar a todo el mundo, incluyendo a los criminales por quienes tantos piden mejoras en su reclusión carcelaria o en su persecución y trato. Y sobre todo, pensar que no todo el mundo puede ejercer el oficio de la Madre Teresa de Calcuta. Dejemos un poco de altruismo a quienes de corazón, y no buscando prebendas, fama o fortuna, se dedican a hacer el bien... a quienes realmente lo merecen...

 

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 31 de julio de 2017

ESPERANDO EL CARRITO


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Vivía al lado de mi casa, en la calle San Germán, cerca de la Alameda, aunque desde nuestras casas no veíamos el mar. El mar Caribe, tan deseado por excursionistas del patio y de fuera, como decía don Francisco Santa Cruz-Pacheco y Riverí. Todos los días, al regresar del trabajo, me lo encontraba sentado frente a la puerta de su casa.

--Buenas tardes, don Francisco. ¿Qué hace ahí, con este calor?

Siempre me contestaba lo mismo:

--Pues ya ves, hijo, como siempre, esperando el carrito...

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El Carrito era (muchos lo habrän entendido, sobre todo cubanos y caribeños) nada menos que el carro fúnebre que lleva los restos de los que un día fueron a su última morada, y don Francisco estuvo, mientras yo viví en esa casa junto a la suya, esperándolo, muchos años, mientras el tiempo pasaba y pasaba y pasaba... Yo me volví a casar, y  recomencé mi vida y mi trabajo, hasta olvidarme poco a poco del viejo don Francisco, personaje sin dudas pintoresco al que le había tomado cariño (que él se había ganado). Un día, por esas casualidades de la vida, mi esposa me sugirió que pasáramos frente a la casa donde yo había vivido tantos años, sólo para ver el ambiente, que, cosa rara, nunca se nos había ocurrido, inmersos como ambos estábamos en nuestras ocupaciones, que eran bastantes, y nuestras responsabilidades, que eran ídem. La cuestión: que por fin fuimos una tarde, también calurosa, y al pasar por frente a la casa de Don Francisco... ¿qué vieron nuestros ojos?

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Pues que allí estaba, en su mismo sitio, con su misma mirada perdida en una distancia que intentaba encontrar el Mar Caribe, allá abajo, sin lograr su empeño debido a la inverosímil estructura urbanística de la ciudad. Y allí estaba, algo más viejo y achacoso, pero vivo... la muerte todavía no quería llevárselo, parece que a la señora de la guadaña le gustaban sus bromas, porque don Francisco tomaba la vida y la muerte como los mexicanos, que se ríen de esta última etapa y hasta la celebran, dan fiestas y bailes con esqueletos y calaveras como pensando, con mucha razón, que la muerte es cosa natural que algún día vendrá, porque si algo no deja a nadie en el olvido es la parca. Y a don Francisco y a los mexicanos les tiene sin cuidado el carrito, que como me decía el querido viejo: “algún día vendrá, pero mientras yo aquí, sentado, viendo pasar la gente y el tiempo, esperándola”. Quizás todavía esté allí su figura, aunque sólo sea imaginaria, como siempre, con su sonrisa quizás de resignación o quizás de comprensión, esperando el carrito...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 24 de julio de 2017

¿SOMOS MALOS POR COSTUMBRE?

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Hay 2 tipos de personas malas: las que lo son sin saberlo, o sea, que ejecutan la maldad sin pretensiones de hacer daño, y las que sí saben muy bien cómo joder a alguien a quien odian o por el que sienten aversión, envidia, u otra de estas "virtudes" que destacan la iniquidad que hoy existe y cada vez más con más fuerza en nuestras llamadas sociedades civilizadas. Porque no son los yihadistas los únicos que hacen daño. No señor. ¡Cuidado! El inicuo puede estar tan cerca de ti, que hasta puede que duerma bajo tu mismo techo. ¿Cómo reconocerlo? ¿Cómo librarse de él (o de ella)? No es fácil, porque estos tipos despreciables siempre se las arreglan para parecer todo lo contrario a lo que son: sonrisas, abrazos, besos, caricias inocentes, muestras de comprensión y ayuda en caso necesario, y sobre todo, demostraciones de una disposición a hacer cualquier cosa por ayudar a quien necesite su ayuda.  Sólo que la verdad, tarde o temprano, surgirá de algún modo, aunque muchas veces la verdad se descubre demasiado tarde: cuando el daño está hecho y las secuencias durarán mucho tiempo y hasta a veces serán irreversibles...
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Es casi imposible encontrar a alguien que te acepte como eres sin decir ni una palabra ante las cosas que tú puedas tener que a esa persona no le gusten. Es un defecto de la humanidad que no va a desaparecer. Por eso las personas intolerantes no tienen tantos amigos, porque los verdaderos amigos te aceptan como eres sin pretender cambiarte. ¿Recuerdan el refrán “lo bueno viene en pomo chiquito”? Pues con los amigos sucede lo mismo. He visto enemistarse a amigos de tiempo por algo que bien analizado no pasa de ser una tontería: opiniones políticas (sobre todo), religiosas, de personalidades y características, hasta de fútbol. Increíble. Es como una manía que tienen de creer y aceptar sólo lo que sale de su cerebro, y pensar siempre que “el otro” es el que está equivocado, porque no hacerlo y reconocer la propia equivocación sería claudicar ante un amigo o conocido que es cualquier cosa menos un enemigo, pero que se tiene en esos momentos de ceguera ignorante como tal. Y esa manera de actuar traerá, con el tiempo, mucho dolor a quien ha cometido un grave error, no por haberlo cometido, cosa muy humana, sino por negarse tajantemente a reconocerlo y disculparse con “el otro” que era quien tenía, en ese caso, toda la razón...
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En fin, que ya he hablado en otras ocasiones sobre el asunto, que tiene tela y necesita un comentario mucho más extenso, que no es del caso. Lo existencial demuestra que la cuestión es muy simple: amigos, sólo cuatro o cinco cuanto más. Conocidos, montones. La amistad no es una enredadera ni una casualidad que surge de momento. Es una hermosa virtud cuando se siente de veras, y hay que cultivarla. Porque vale la pena. Recuerdo a mi padre cuando me dijo una vez que vale más tener una sola camisa de l0 pesos que diez de un peso cada una. Puede aplicarse al dedillo con los amigos. Yo tengo bastante pocos, lo confieso, y no me apena. Prefiero tener hasta uno solo que sea amigo de verdad a ese montón que tanto se ufanan de proclamar sobre todo los famosetes que se jactan de tener en su lista miles de amigos (eso creen ellos, o aparentan creerlo) cuando en realidad, a la hora de la verdad responderán a su llamado sólo esos cuatro o cinco de que hablé. Y hasta quién sabe si menos. Eso sí: buenos, sinceros, leales y amigos de verdad, que la calidad siempre será más valiosa que la cantidad, en amigos y en todo lo demás que existe...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 17 de julio de 2017

LAS CREENCIAS

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Dejé de creer en todo la noche en que, haciéndome el dormido, descubrí a mi padre colocándome los juguetes debajo de mi cama, junto a la cartita a los reyes y el agua y las yerbitas a los camellos que yo siempre ponía cada noche del 5 de enero, confiando en que al despetar vería junto a mi cama todo lo que había pedido, que era más de lo que mis padres me podían conceder, pero que como yo no creía en ellos, que eran pobres, sino en los reyes, que eran magos y todo lo podían, escibía en la cartita peticiones que ahora me dan risa y a la vez, tristeza en la nostalgia del sufrimiento que le daría a mis padres al ver cuántas cosas yo pedía que ellos de ninguna manera (ni robando quizás) podrían regalarme ese tan bello día de celebración y felicidad para casi todos los niños. Porque ser un niño es eso: no entender lo que no se puede, pero vivir la ilusión de despertar una mañana cualquiera con su sueño ralizado gracias a esos 3 viejos que sobre los camellos recorrían el mundo dándole un poco de felicidad a los niños "que se habían portado bien" y merecían ser dichosos... aunque fuera un solo día...
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Las creencias, en general, generan más dolores que placeres. Siempre he respetado a quienes creen en cualquier cosa, lo mismo en religión que en política, aunque no he tenido la suerte (llamémoslo así) de recibir a cambio el mismo respeto por mis NO creencias sin que por ello me enemiste con las personas que padecen la manía de no estar de acuerdo más que con ellos mismos y con lo que ellos piensan, sienten y dicen. Pero apartándonos de las creencias religiosas y políticas, que son las más “peligrosas”, porque son las que más fácilmente enemistan a personas que si nunca hablaran de ellas permanecerían todas sus vidas en una amistad hermosa y compartida, existen creencias que en verdad dan risa, y con las cuales ni siquiera puede bromearse, porque enardecen al “creyente” que puede reaccionar enfadado y hasta colérico en un encuentro de comentarios sin ninguna maldad. Es que mantener una conversación con los semejantes, últimamente, se ha vuelto difícil. Cito un solo ejemplo que puede resumir hasta dónde puede llegar el “fanatismo” de ciertas creencias que, repito, no son religiosas ni políticas, ambas rechazadas por mí en cualquier conversación, por amargas experiencias que he sufrido en muchas ocasiones y que he dado por considerarlas como “caso cerrado”. Pero oigan esto:
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Una mañana, al salir de mi apartamento, me encuentro en los bajos a una auxiliar leyendo una revista, tan abstraídamente que al saludarla ni se dio cuenta y no me respondió. Me acerqué con disimulo a ver qué era lo que la tenía casi en éxtasis y... adivinen: un horóscopo. Entonces me miró, nos saludamos, y le dije: mira, una sugerencia: compra 10 revistas y 5 periódicos de esos que tienen horóscopos y ponte a leer los 15 sin distraerte. Si encuentras 2 que digan lo mismo, yo también comenzaré desde mañana a leer horóscopos, que siempre son firmados por un ser humano igual que nosotros, por supuesto, para cobrar lo que le paga le entidad contratante por escribir lo bueno (nunca dicen nada malo) que te puede suceder durante los próximos días, y que tu signo, que es, digamos Piscis, está en línea con Virgo, lo que fevorece tus aspiraciones a... y así. La auxiliar, con la que me llevo de maravillas, se quedó otra vez en éxtasis, quizás pensando “caramba, no había pensado en eso” o algo parecido. Me pregunto si todavía seguirá leyendo hróscopos...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 10 de julio de 2017

CREER O NO CREER

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Una trabajadora del edificio donde vivo escribió en su cuenta de Facebook: “si alguien quiere salir de mi vida, le enseño la puerta, lo acompaño hasta ella, la abro y le digo adiós y suerte”. Pensé en ello durante varios días, y me di cuenta de que eso era exactamente lo que yo hacía de vez en cuando, y me llamó la atención que quizás ella también sintiera, como yo al hacerlo, una sensación de felicidad, tranquilidad y paz, porque nos quitábamos de encima un peso de piedra de molino que nos tenía atormentados. Y todo, teniendo la solución al alcance del diccionario: decir NO es tan necesario para ser feliz como decir SI cuando la situación merece uno de esos dos términos. Pero ¡ay!, que muchas veces por una falsa creencia en la buena educación o en no herir al semejante, soportamos a personas que no nos dan nada y por el contrario nos quitan esos pocos momentos de bienestar a los que todos tenemos derecho a disfrutar. ¡Cuántas batallas le hubiéramos ganado a la depresión, al malestar, a los problemas que nos hacen sufrir, si hubiéramos usado un poco más esa corta palabra, tan fácil de decir: ¡NOOOOO!

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Todos hemos sufrido traiciones de personas de las que nunca esperábamos semejantes actitudes. Por eso nos duelen tanto. Pero si repasamos un poco nuestra propia vida, nos daremos cuenta de que la culpa de esas traiciones son nuestras, por una razón muy simple: no supimos elegir. Y punto. La elección de quiénes pueden realmente ser amigos y además demostrárnoslo, no es nada fácil. Vivimos en un mundo hipócrita, donde prima la impostura, el engaño, la habilidad de ciertas personas para hacerse querer por los demás, fingiendo cariños y emociones que están muy lejos de sentir de verdad. ¿Cuántas veces nos hemos equivocado pensando, al conocer a alguien que nos llama la atención por sus “valores y méritos” (aparentes) que ese alguien es digno de nuestra amistad y nuestro cariño a toda prueba? Muchas.Y eso nos ha sucedido precisamente por idealizar a esas personas sin darle tiempo a conocerlas mejor y más profundamente. Yo mismo padezco de ese mal que he pagado con creces: he conocido a mucha gente a la que enseguida he idealizado, y el tiempo se ha encargado de sacarme de mi error, pero siempre con un precio demasiado alto. Por eso he decidido que mi amiga tiene toda la razón, sólo que también hay que darle un empujoncito a veces, no a quien desee salir de nuestras vidas, sino a algunos que no muestran deseos de hacerlo, pues lo que quieren es seguir “jodiéndonos la vida” como bien decía mi amiga Vicky Ruiz en su cuenta de Faceboook. A todos, hay que abrirles la puerta de salida, y en algunos casos, empujarlos y no desearles suerte: que se las arreglen como puedan mientras nosotros agradecemos al diccionario por su bellísima y oportuna (y salvadora) palabra: ¡NOOOOO!

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Lo dicho: evitar males mayores pronunciando esa palabra de tan poco uso en nuestra relación con los seres humanos con quienes por alguna causa tenemos que relacionarnos y a veces compartir con ellos algo más que saludos inevitables. Tenemos, si queremos de verdad quitarnos de encima a personas de esas que sólo sirven para amargarnos la vida, que aprender a pronunciar esa palabra que puede salvarnos en numerosas ocasiones de caer en un estado depresivo, pesimista, triste, que incluso pudiera echar a perder nuestra salud: Sólo hay que pronunciar una palabra: ¡NOOOOO!

Augusto Lázaro



@lazarocasas38

lunes, 3 de julio de 2017

AHI VIENE EL LOBO

Cuando era un niño inocente que comenzaba la escuela, solía oír cuentos que me fascinaban, sobre todo por el poder de la imaginación que me transportaba a la realidad de aquellas historias tan llenas de esa fantasía que un niño necesita para seguir siendo niño tras rebasar la edad de sus primeros pasos en la primaria. Una de aquellas historias era la de “ahí viene el lobo”, cuento simple que sólo servía para alertarnos del cuidado con que atender los avisos metemiedos como aquél de que un lobo venia corriendo a devorarnos, para, cuando nos poníamos a temblar, aclararnos que no, tontitos, si sólo se trataba de una broma. O sea, que el lobo no venía en realidad. Y así nosotros creíamos que el lobo nunca vendría en realidad y mucho menos a devorarnos...

Ahora, ya adultos (quizás demasiado adultos) nos enfrentamos al mismo cuento de que el lobo puede venir en cualquier momento y devorarnos. Sólo que el lobo no es ya ese animal tan injustamente tratado en infinitas descripciones y obras artísticas y literarias, sino algo peor: un hombre. O “el hombre” para ser exactos, que es el peor enemigo del propio hombre, cuando debería ser su hermano. Y no nos amenaza con sus colmillos, sino con armas que pueden devorar miles o millones de seres humanos inocentes que preferirían, sin dudas, tener por enemigo únicamente al lobo del cuento citado y no al hombre que carece de virtudes que le impidan aniquilar su propia raza, lo que jamás haría un lobo con la suya...

Una de esas opciones de “devorarnos” es la del gran dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-un (la dinastía eterna en ese país), que raro es el día en que no amenaza nada menos que a Estados Unidos, a los que dice poder destruir en cuestión de horas. Kim no conoce la historia, pues no puede decirse que es un hombre instruido ni muy inteligente, y parece que su equipo de asesores sólo se ocupa de tomar notas de las estupideces que se le ocurren cada vez que abre su boca. Ya ese error lo cometieron los japoneses en 1945 y todo el mundo conoce cuál fue el resultado, lamentable, pero como respuesta, no como agresión, que es el caso actual a que nos remitimos...

No obstante, sería un error de parte del mundo libre menospreciar un posible daño irreparable, porque... si a Kim se le ocurriera lanzar varios de sus misiles nucleares (si es que los tiene y si es que sirven) a Corea del Sur o a Japón... ¿qué sucedería entonces? Pues que el lobo no era una broma, sino que al fin se decidió a intentar devorar a los cabritos y se lanzó al ataque mortal, que aunque jamás podría ganar, causaría quizás miles o millones de muertes que podrían evitarse si la cordura y el miedo a la muerte (que no tienen los yihadistas, pero sí los coreanos) pusiera un freno a los alardes beligerantes de quien padece de una megalomanía sin parangón en la historia...

“Ahí viene el lobo” puede convertirse, de la noche a la mañana, en una amenaza cumplida que desencadenaría una confrontación que nadie puede vaticinar lo que costaría a la raza humana. Mejor estar preparados, pues como dijo uno de los Castro (en algo puede estarse de acuerdo con él): “si queremos la paz, debemos prepararnos para la guerra”. Y a veces nos olvidamos de que el lobo está ahí, al acecho, y puede venir en cualquier momento en que no lo esperemos. O en que cometamos el error de creernos que ese lobo no se atrevería nunca, porque él sí tiene miedo a morir...

Augusto Lázaro



@lazarocasas38

lunes, 26 de junio de 2017

CAROL Y THERESE

(reproducción de una entrtada relacionada con el día del llamado orgullo gay)
LA ENVOLVENCIA
Septiembre 1 de 2011
CAROL Y THERESE
De ella se ha dicho que era una mujer compleja, de carácter explosivo, atormentada y hasta perversa, antipática, maleducada, huraña, alcohólica, misógina, con relaciones de pareja siempre fracasadas y una relación tempestuosa con su madre, que la llevó a detestar a los seres humanos y enclaustrarse en su mundo literario, que nunca dejó de significar para ella toda la razón de seguir existiendo sobre la superficie de este pobre planeta que llamamos Tierra. Encantadora, ¿verdad?
Nacida en Fort Worth (Texas), vivió sus últimos años en Suiza, donde falleció a los 74 años, víctima de un cáncer probablemente provocado por su adicción al alcohol. Su verdadero nombre era Mary Patricia Plangman, pero el que la hizo famosa en una veintena de obras que la consagraron como una de las escritoras más originales y perturbadoras de la narrativa contemploránea, fue Patricia Highsmith. Maestra indiscutible de la novela de suspenso, de la cual hay que admirar su creación y olvidar, es lo mejor, su errática y desgraciada vida, porque sucede con ella y con otros grandes creadores que cuando se conocen aspectos de sus vidas privadas puede que nos caiga el desencanto hasta el punto de no comprender del todo cómo fue posible que semejantes autores (o autoras) con una vida tan disparatada, pudieran producir tan grandes obras de la literatrura universal.
Y una de esas grandes obras de la literatura universal es, de eso no tengo una mínima duda, la titulada CAROL (The price of salt), primero publicada, tras muchos esfuerzos, bajo el seudónimo de Claire Morgan, hasta que logró su ¿aceptación? editorial y entonces la firmó en segundas ediciones con su nombre literario, Patricia Highsmith.
CAROL no es en realidad una novela de suspenso, pero sí tiene ese halo misterioso que va llevando al lector a una compenetración tan íntima con las dos protagonistas, que cuando se va acercando el final de la obra se niega (el lector) a aceptar que el mismo no sea un “final feliz”, porque Cárol y Therèse, tras deleitarnos con un amor que traspasa los prejuicios y gracias a la maestría de la autora llega a ser hermoso, nos han conquistado, hasta el punto de que tras la resolución literaria a su historia nos queda una sensación de nostalgia tan intensa que nos parece recordar a dos personas reales y no a dos personajes magistralmente creados por la gran escritora norteamericana.
Porque una vez conocidas, a Carol y Therèse no pueden olvidarse: su descripción, su manera de ser, de ver las cosas, la vida y el mundo, su comportamiento, pero sobre todo, su amor, nos conquistan a medida en que vamos penetrando la historia narrada, donde no se encuentra una sola pizca de grosería ni de mal gusto: es una bella historia de amor entre dos mujeres que llegan a quererse tanto que al final, cuando Carol le plantea a Therèse que vuelva a vivir junto a ella, ésta reacciona pensando que “me quiere más que a su hija”, lo que deja un margen de interpretación al lector con el fin único –pienso-- de calibrar hasta qué punto era ese un amor verdadero, por encima del prejuicio, pero también del sexo, porque en la novela Carol y Therèse se aman como sólo pueden amarse dos personas que descubren que su relación, la una con la otra, constituye toda su razón de vivir.
Patricia Highsmith ha sido capaz de crear dos personajes tan bien diferenciados, cada uno en su mundo que sólo puede unir el amor, con su forma de hablar, de reír, de moverse, de sentir la pasión, la ternura, el cariño que une y a veces la discrepancia que amenaza separar, que durante toda la obra van creciendo ante los ojos del lector, hasta convertirse en amigas entrañables a las que se desea que sean felices y que vivan su amor porque se lo merecen, sin gotas de melodramatismo ni de ñoñerías ni de nada que huela a cursi ni a soez ni a degradante. Carol y Therèse están tan vivas como nosotros, nos conminan a aceptar su relación y nos convencen de su necesidad de amarse y de desear, por encima de todo lo demás, estar juntas, vivir juntas, compartir sus vidas sin separarse bajo ningún concepto. Novela valiente en la época en que fue escrita y publicada, cuyo planteamiento quizás haya contribuido a lograr más comprensión al derecho de los seres humanos a amar a quienes deseen y como lo deseen, venciendo al lacerante látigo de los prejuicios que todavía pululan incluso en nuestras sociedades primermundistas tan desarrolladas.
Cuando cerré el libro, tras la apasionante lectura (y está hablando un hombre heterosexual) me senti totalmente encariñado con las dos protagonistas e identificado con su amor y con su final “feliz”, cuando Therèse reacciona y al “no” anterior planteado, rectifica, dándose cuenta de que es inútil engañarse a sí misma: su vida sin Carol sería insoportable, y por eso vuelve a ella, en unas páginas cargadas de esa nostalgia de la que decía Cortázar que no puede prescindir “todo lo que se escribe hoy y que vale la pena leer”...
Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 19 de junio de 2017

¿UTILIDAD DEL BLOG?

Cuando comencé a escribir este blog hace unos cuantos años (ya va por la entrada # 381) no pensé que duraría tanto tiempo ni que escribiría tanto. En los primeros meses publicaba con mucha más frecuencia: hasta 6 y 8 posts cada mes, y recibía algunas opiniones sobre lo que escribía, en pro o en contra, a las que yo siempre agradecía, pues pienso que lo que un autor publica pertenece a los consumidores (lectores en este caso) que son dueños de opinar lo que les plazca y yo como autor no tengo derecho a ripostarles ni mucho menos a intentar demostrar algo que yo he llevado a la pantalla que es posible que las opiniones que provoque estén mejor orientadas hacia la razón que las mías...

Con el tiempo, las opiniones que recibía fueron desapareciendo, hasta que llegó el día en que recibí la última, y hasta hoy. Me puse a pensar y descubrí que yo tampoco leía ya los blogs que al comenzar el mío también seguía. Y es que el día sólo tiene 24 horas y en el mundo hay millones de blogs y millones de cuentas en redes sociales, al igual que miles de libros que quisiera leer y sé que por el tiempo nunca leeré. Y seguramente eso ha pasado con mi blog (tengo 2, éste y otro llamado El Cuiclo, donde he publicado cuentos, novelas, poemas, etc., que tampoco lee nadie). Por tanto, me cuestioné la utilidad que podría tener insistir publicando entradas que nadie leería, sobre todo porque no había tiempo para leer tantas cosas que diariamente salen a  la luz en todo el mundo...

Imagínense a un lector voraz como yo, intentado acometer una “hazaña” imposible: periódicos, suplementos culturales, revistas culturales, libros, publicaciones llamadas on-line (que son bastantes), artículos, comentarios, blogs, redes sociales, separatas, entrevistas, críticas literarias o de cine, teatro, vídeos, películas, documentales,
etc., y en fin, tantas cosas que me pierdo porque, como dije al principio, el día sólo tiene 24 horas, y aunque sólo duermo 6, me restan 18 que contando con que yo no tengo los servicios de una “compañera” como Mercedes Barza, por ejemplo, que me haga las tareas tontas pero imprescindibles para seguir viviendo digamos decorosamente, pues... me repito yo mismo la pregunta: ¿sirve de algo mantener un blog, una cuenta en alguna red, cualquier cosa dirigida a un público harto de tener demasiadas opciones al alcance de sus ojos y demasiado poco tiempo para atender una millonésima de lo que quisiera consumir?

En esa duda estoy desde hace tiempo. Casi no publico en La Envolvencia, pues cada vez que me enfrento a la pantalla en blanco y voy a comenzar una idea que se me ha ocurrido, pienso: ¿para qué?, ¿alguien va a leerla? ¿le va a servir a algún lector? Y como no me decido, mantengo estos blogs hasta que tome una decisión muy bien analizada, meditada, pensada, de la que no pueda arrepentirme después. Siempre que publique o vaya a publicar algo nuevo, por costumbre, avisaré en mi cuenta de Twitter: @lazarocasas38, y a ver cuánto me dura la duda, que según Karl Marx “es lo único cierto”. Muchas gracias a los “héroes” que me han seguido hasta hoy, y a los que todavía (increíble) me seguirán esporádicamente. Les deseo a todos lo mejor, de corazón, y que pasen una buena semana como pienso pasarla yo, despreocupándome de tanto Internet y tanta vida artificial como se vive hoy con esos aparatos que nos rodean en todas partes. Hasta en nuestra propia intimidad...


Augusto Lázaro

lunes, 5 de junio de 2017

EL AGUJERO NEGRO

Nunca he creído en las casualidades. Eso que dice Cortázar en Rayuela (“un encuentro casual es lo menos casual de nuestras vidas”), es pura literatura, en este caso con la excelencia de un gran escritor en una obra fundamental de la literatura latinoamericana, a pesar de sus denostadores, que siempre los hay. Pero la realidad no es casual, como piensa la mayoría (quizás exagere y no lo piensen tantos). Creo que cada cosa sucede porque la vida nos da sorpresas cuando menos las esperamos. Y si nos referimos a la política (“el arte de enemistar y dividir”), entonces cada asunto hay que analizarlo sin prejuicios, pero con cierta “malicia” (“piensa mal y acertarás”, dice otro refrán). Por eso esa avalancha de investigaciones, acusaciones, imputaciones, trapos sucios (que tiene todo ser humano, unos más que otros y más dañinos que otros) culpas, etc., que han lanzado sobre miembros todos del Partido Popular de España. no se la traga ni Perico Pajuela. De casual no tiene nada. Absolutamente nada. Está todo planeado y cuidadosamente organizado, incluso el nombre de los posibles y futuros cuadros que caerán en desgracia uno a uno, algunos con razones justificadas, otros con motivos inventados o exagerados, ¿quién puede saberlo? Pero hay dos preguntas que nadie se atreve a poner en el papel o en las pantallas: 1) ¿por qué esto ahora) y 2) ¿quién tiene la culpa?

1)      ¿por qué esto ahora? Pudiera haber sido en cualquier momento, pero se ha aprovechado muy bien la coyuntura de esta etapa de corrupción destapada que ha hecho mucho daño al Partido Popular, sobre todo entre sus militantes y simpatizantes, y los organizadores de la avalancha han entendido, con mucha claridad, que es el momento propicio para darle el tiro de gracia al partido que gobierna y contra el cual está la mayoría de la oposición, no sé si por juego político de adversarios, por envidia, por odio, o simplemente por aquello de “quítate tú pa’ ponerme yo”, esto último muy notable en el nuevo partido de “la gente” que de la Puerta del Sol llena de mugre se ha convertido en casta, en lo que tanto combatían y contra lo que pretendían luchar...

2)      ¿quién tiene la culpa? Hombre, pues el PP, que con su conocida y connotada pasividad y el inmovilismo de esperar a ver qué pasa, no se ha dado cuenta (tan viejo como es) que “la mejor defensa es el ataque”, y sólo se dedica a intentar desmentir las acusaciones y las críticas que diariamente le llueven sobre su cabeza descansada y sin ninguna iniciativa para luchar contra quienes lo machacan sin piedad. El PP es el único culpable de esa avalancha de acusaciones e imputaciones que han caído sobre sus cuadros importantes, a algunos de los cuales deberían haberlos defenestrado ellos mismos desde hace tanto tiempo...

¿En qué va a parar todo esto? Es un dilema que puede parar en cualquier situación, siempre negativa para los españoles, que son siempre quienes pagan el pato de las barbaridades que cometen sus políticos. Y en esta situación hay sólo dos variantes: una, que el PP se vea tan acorralado que vaya a ocupar un tercer o cuarto lugar en el Gimnasio de los diputados, mientras que el PSOE y PODEMOS se enzarcen en una lucha descomunal por llegar a la Moncloa, cosa que pudiera suceder, aunque muchos lo pondrán en duda, seguramente. Y otra, que haya un cambio notable en el PP o que se vea obligado a convocar a elecciones otra vez, y lo que nadie puede adivinar es el resultado de las mismas, que puede ser una sorpresa y de las grandes.

Lo que sí me atrevo a afirmar es que esta situación de acoso no puede continuar mucho tiempo, porque después de acabar con la mayoría de los dirigentes del PP, ¿qué van a hacer? ¿Se va a paralizar la avalancha? ¿Van a empezar una nueva “cruzada” contra los otros 3 partidos? ¿Y España, en qué se convertirá entonces, para nosotros y sobre todo para el extranjero? Esas son las preguntas que los partidos no tienen tiempo de hacerse y menos de contestarse. Al parecer...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38



lunes, 8 de mayo de 2017

MITOS Y REALIDADES

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Observando las dificultades que pretenden imponerle al Reino Unido para darse de baja de la Unión Europea (muy semejante a lo que le espera a quien pretenda darse de baja en un contrato de telefonía móvil) me doy cuenta una vez más de que en realidad la creación de la UE (aceptando que puede tener algunos beneficios prescindibles) fue un error, puesto que esta organización de estados soberanos simplemente le ha quitado la soberanía a todos sus miembros, que ahora dependen de las órdenes que emita Bruselas (capital comunitaria, véase por qué) convirtiendo a cada país en una especie de siervo que sólo puede realizar cualquier cosa que se le ocurra a su respectivo gobierno si tiene el visto bueno de la dirección de la UE. Algo así como “si quieres subir o bajar los impuestos, tienes que contar conmigo”. De verdad que, al menos para mí, esto se me parece bastante a una nueva esclavitud, no de personas, sino de países que antes eran libres y soberanos. Aunque parezca una exageración, no puedo evitar la odiosa comparación con el extinto Pacto de Varsovia (en el aspecto político, claro), ¿No les recuerda algún parecido?

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Me pregunto qué sucedería si en una capilla católica o judía en pleno Berlín entrara como una tromba un grupo de personas y una de ellas, mujer joven por cierto, bajándose la blusa y exponiendo sus senos que más tarde vería el mundo entero en las pantallas de todos los medios, gritara a toda voz: “los enviaremos a los crematorios como en el 42”. ¿Esa y/o esas personas seguirían ocupando puestos importantes en el Consistorio de la capital de Alemania? ¿Y la del grito nada menos que de portavoz de la institución? Pues no, seguro que a partir de ese mismo momento tendrían que irse a la calle y arréglenselas como puedan por su acción irrespetuosa y amenazante a un grupo de personas que rezaban tranquilas sin molestar a nadie... Pues algo muy parecido sucedió en España y no pasó nada. Absolutamente nada. Las personas siguen ocupando sus cargos y los más vulnerables rezando a todas horas para que no vuelva a suceder lo que en este país sucedió hace mucho tiempo y no tener que “arder como en el 36” al grito de los quemadores de iglesias, violadores de monjas, fusiladores de curas y liquidadores de la libertad, no sólo de expresión, sino de TODA LA LIBERTAD... Pero amigos, recuerden que Spain is different...

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Elecciones y más elecciones, tan inútiles como instrumento con el que puede manipularse a la opinión pública, haciéndole creer que puede resolver sus problemas votando a Juan o a Juana, que para el caso es el mismo perro, y a veces hasta con el mismo collar. No me explico cómo hay tantas personas que se dejan engañar, de buena fe, por tanto farsante disfrazado de “servidor del pueblo”, que una vez montado en la silla del poder ni se acuerda de ese pueblo que lo votó, y si acaso hace algunas “cositas” para aparentar, porque en la política todo es apariencia y a la vez competencia, pero no a ver quién hace más, sino quién dice y promete más. La política es eso: promesas y discursos, y si cualquier mortal se pone a analizar cuidadosamente lo que dicen los políticos, se dará cuenta (algún día) de que todos, con distintas palabras, dicen lo mismo: están aspirando al poder para “servir al pueblo” y nada más. Sólo eso. Y sí, puede que haya algunos, porque sin ésos no habría reglas, y ya se sabe que no hay reglas sin excepciones. Pero nada más. Sólo excepciones. Y esperanzas, porque “ahora sí...”

Augusto Lázaro



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lunes, 1 de mayo de 2017

EL MITO DE LA DEMOCRACIA

Winston Churchill dijo que “la democracia es el menos malo de todos los sistemas sociopolíticos”. No es el mejor, pues no hay ningún sistema bueno ni mucho menos mejor: cada uno tiene sus defectos y errores que la humanidad no ha sabido ni podido corregir. Pero al menos la democracia admite la libertad, que es el tesoro más preciado del ser humano, a decir del Quijote, y por el cual debe darse la vida si es preciso. La democracia además respeta la libre expresión y los derechos humanos, a pesar de que no al 100% en ambos acápites, pero se acerca bastante. No obstante... ¿es la democracia algo real? ¿Existe en realidad, de acuerdo con lo que según su etimología debería ser? Veamos...

La palabra democracia viene del griego: demos (pueblo) y cratos) gobierno. Por tanto,  se supone que la democracia es el gobierno del pueblo. FALSO. En una democracia no es el pueblo el que gobierna, sino una persona o un grupo de personas que forman el gobierno y nombran ministros y otros funcionarios, todos al servicio de lo que decida esa persona o ese grupo de personas que a su vez acatan lo que se le ocurre a esa persona principal que puede ser un Jefe de Estado, un Presidente, un Primer Ministro, etc. Lo demás es un grupo de partidos en la llamada Oposición, que no gobierna, y por lo tanto, sus militantes, simpatizantes y/o votantes, tampoco gobiernan, aunque aparentemente “controlen” lo que el gobierno decide, sobre todo en el Congreso de Diputados, pues el pueblo tampoco elige a los miembros de la cámara alta, o sea, del Senado, organismo que ni pinta ni canta en el organograma institucional. Por tanto, todos los “representados” por ambas cámaras forman parte del pueblo que es quien se supone que gobierna. Pero sólo se supone. Sigamos viendo...

Las elecciones sólo sirven para que el partido que obtenga más votos, si logra la mayoría absoluta, pueda gobernar, y si no, tenga que pactar con algún otro (u otros) grupo que lo ayude a alcanzar esa mayoría de la mitad más uno, al menos, del número de escaños que tiene el parlamento. Ahora bien: imaginémosnos que el partido gobernante obtuvo un 35% de los votos. ¿Qué porcentaje de la población es ése, en caso de que el pueblo sea el que gobierne: pues sólo una tercera parte. O sea, que habría un 66% de la población que quizás no estaría de acuerdo con ese gobierno. Por tanto, dos terceras partes de un pueblo que NO gobierna. Pero incluso, si tomamos la cantidad de los votantes, vemos que todos los menores de 18 años no pueden votar, o sea, que esa porción poblacional tampoco gobierna. En resumen: ¿quién gobierna realmente? ¿El pueblo? ¿Una parte ínfima de él? ¿O el equipo de gobierno que no ha sido elegido por el pueblo? Y si es así, “el gobierno del pueblo” no es más que un mito, porque en ningún país del mundo democrático es el pueblo el que gobierna. Un mito. Uno más. Y nada más.

Esa es la democracia que conocemos: un equipo que nombra el gobernante de turno, que ha sido elegido de una lista donde él encabeza una serie de personas que sus mismos votantes no tienen ni idea de quiénes son y lo que son al votar la lista del partido que votan. ¿Tiene solución? No, de momento, al menos a mí no se me ocurre cómo sería posible que sea el pueblo quien de verdad gobierne, pudiendo elegir directamente a cada uno de sus gobernantes a todos los niveles. Pero, desde luego, entre todos los regímenes sociopolíticos, me quedo con esa democracia imperfecta y digna de una profunda y desprejuiciada revisión...

Augusto Lázaro


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