lunes, 8 de mayo de 2017

MITOS Y REALIDADES

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Observando las dificultades que pretenden imponerle al Reino Unido para darse de baja de la Unión Europea (muy semejante a lo que le espera a quien pretenda darse de baja en un contrato de telefonía móvil) me doy cuenta una vez más de que en realidad la creación de la UE (aceptando que puede tener algunos beneficios prescindibles) fue un error, puesto que esta organización de estados soberanos simplemente le ha quitado la soberanía a todos sus miembros, que ahora dependen de las órdenes que emita Bruselas (capital comunitaria, véase por qué) convirtiendo a cada país en una especie de siervo que sólo puede realizar cualquier cosa que se le ocurra a su respectivo gobierno si tiene el visto bueno de la dirección de la UE. Algo así como “si quieres subir o bajar los impuestos, tienes que contar conmigo”. De verdad que, al menos para mí, esto se me parece bastante a una nueva esclavitud, no de personas, sino de países que antes eran libres y soberanos. Aunque parezca una exageración, no puedo evitar la odiosa comparación con el extinto Pacto de Varsovia (en el aspecto político, claro), ¿No les recuerda algún parecido?

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Me pregunto qué sucedería si en una capilla católica o judía en pleno Berlín entrara como una tromba un grupo de personas y una de ellas, mujer joven por cierto, bajándose la blusa y exponiendo sus senos que más tarde vería el mundo entero en las pantallas de todos los medios, gritara a toda voz: “los enviaremos a los crematorios como en el 42”. ¿Esa y/o esas personas seguirían ocupando puestos importantes en el Consistorio de la capital de Alemania? ¿Y la del grito nada menos que de portavoz de la institución? Pues no, seguro que a partir de ese mismo momento tendrían que irse a la calle y arréglenselas como puedan por su acción irrespetuosa y amenazante a un grupo de personas que rezaban tranquilas sin molestar a nadie... Pues algo muy parecido sucedió en España y no pasó nada. Absolutamente nada. Las personas siguen ocupando sus cargos y los más vulnerables rezando a todas horas para que no vuelva a suceder lo que en este país sucedió hace mucho tiempo y no tener que “arder como en el 36” al grito de los quemadores de iglesias, violadores de monjas, fusiladores de curas y liquidadores de la libertad, no sólo de expresión, sino de TODA LA LIBERTAD... Pero amigos, recuerden que Spain is different...

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Elecciones y más elecciones, tan inútiles como instrumento con el que puede manipularse a la opinión pública, haciéndole creer que puede resolver sus problemas votando a Juan o a Juana, que para el caso es el mismo perro, y a veces hasta con el mismo collar. No me explico cómo hay tantas personas que se dejan engañar, de buena fe, por tanto farsante disfrazado de “servidor del pueblo”, que una vez montado en la silla del poder ni se acuerda de ese pueblo que lo votó, y si acaso hace algunas “cositas” para aparentar, porque en la política todo es apariencia y a la vez competencia, pero no a ver quién hace más, sino quién dice y promete más. La política es eso: promesas y discursos, y si cualquier mortal se pone a analizar cuidadosamente lo que dicen los políticos, se dará cuenta (algún día) de que todos, con distintas palabras, dicen lo mismo: están aspirando al poder para “servir al pueblo” y nada más. Sólo eso. Y sí, puede que haya algunos, porque sin ésos no habría reglas, y ya se sabe que no hay reglas sin excepciones. Pero nada más. Sólo excepciones. Y esperanzas, porque “ahora sí...”

Augusto Lázaro



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lunes, 1 de mayo de 2017

EL MITO DE LA DEMOCRACIA

Winston Churchill dijo que “la democracia es el menos malo de todos los sistemas sociopolíticos”. No es el mejor, pues no hay ningún sistema bueno ni mucho menos mejor: cada uno tiene sus defectos y errores que la humanidad no ha sabido ni podido corregir. Pero al menos la democracia admite la libertad, que es el tesoro más preciado del ser humano, a decir del Quijote, y por el cual debe darse la vida si es preciso. La democracia además respeta la libre expresión y los derechos humanos, a pesar de que no al 100% en ambos acápites, pero se acerca bastante. No obstante... ¿es la democracia algo real? ¿Existe en realidad, de acuerdo con lo que según su etimología debería ser? Veamos...

La palabra democracia viene del griego: demos (pueblo) y cratos) gobierno. Por tanto,  se supone que la democracia es el gobierno del pueblo. FALSO. En una democracia no es el pueblo el que gobierna, sino una persona o un grupo de personas que forman el gobierno y nombran ministros y otros funcionarios, todos al servicio de lo que decida esa persona o ese grupo de personas que a su vez acatan lo que se le ocurre a esa persona principal que puede ser un Jefe de Estado, un Presidente, un Primer Ministro, etc. Lo demás es un grupo de partidos en la llamada Oposición, que no gobierna, y por lo tanto, sus militantes, simpatizantes y/o votantes, tampoco gobiernan, aunque aparentemente “controlen” lo que el gobierno decide, sobre todo en el Congreso de Diputados, pues el pueblo tampoco elige a los miembros de la cámara alta, o sea, del Senado, organismo que ni pinta ni canta en el organograma institucional. Por tanto, todos los “representados” por ambas cámaras forman parte del pueblo que es quien se supone que gobierna. Pero sólo se supone. Sigamos viendo...

Las elecciones sólo sirven para que el partido que obtenga más votos, si logra la mayoría absoluta, pueda gobernar, y si no, tenga que pactar con algún otro (u otros) grupo que lo ayude a alcanzar esa mayoría de la mitad más uno, al menos, del número de escaños que tiene el parlamento. Ahora bien: imaginémosnos que el partido gobernante obtuvo un 35% de los votos. ¿Qué porcentaje de la población es ése, en caso de que el pueblo sea el que gobierne: pues sólo una tercera parte. O sea, que habría un 66% de la población que quizás no estaría de acuerdo con ese gobierno. Por tanto, dos terceras partes de un pueblo que NO gobierna. Pero incluso, si tomamos la cantidad de los votantes, vemos que todos los menores de 18 años no pueden votar, o sea, que esa porción poblacional tampoco gobierna. En resumen: ¿quién gobierna realmente? ¿El pueblo? ¿Una parte ínfima de él? ¿O el equipo de gobierno que no ha sido elegido por el pueblo? Y si es así, “el gobierno del pueblo” no es más que un mito, porque en ningún país del mundo democrático es el pueblo el que gobierna. Un mito. Uno más. Y nada más.

Esa es la democracia que conocemos: un equipo que nombra el gobernante de turno, que ha sido elegido de una lista donde él encabeza una serie de personas que sus mismos votantes no tienen ni idea de quiénes son y lo que son al votar la lista del partido que votan. ¿Tiene solución? No, de momento, al menos a mí no se me ocurre cómo sería posible que sea el pueblo quien de verdad gobierne, pudiendo elegir directamente a cada uno de sus gobernantes a todos los niveles. Pero, desde luego, entre todos los regímenes sociopolíticos, me quedo con esa democracia imperfecta y digna de una profunda y desprejuiciada revisión...

Augusto Lázaro


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