lunes, 25 de noviembre de 2013

CAMINAR Y NO PENSAR: ¿EL REMEDIO?

por estas calles tan golpeadas de Madrid...

Me gusta caminar. Es un buen ejercicio y además me sirve para darme cuenta de que no todo lo que me rodea es mierda: hay muchas caras bonitas de jóvenes que lanzan al mundo su total dominio de la vida, quizás olvidadas o ignorantes de las miserias humanas que pululan en cualquier meridiano. Hay mucho movimiento. Esta es una ciudad con una vitalidad de paréntesis. Pero cuando hay manifestaciones, botellones o huelgas que dejan la ciudad como un basurero descomunal, ya no me gusta caminar por estas calles tan golpeadas de Madrid...

mejor sostener la virtud de olvidar...

Atrapados como estamos por las manos (no quiero decir garras) de un poder que ni por casualidad da en el blanco con sus medidas de austeridad a ultranza, cada día nos va quedando menos a donde ir a quejarnos como hacen los judíos en su muro de lamentaciones (aquí debería haber uno) y menos subterfugios en que basar nuestras quimeras al pensar que puede que haya realmente un futuro mejor y más llevadero si salimos algún día de este laberinto. Pero no, quejarnos y recordar tiempos mejores ha sido nuestro derrotero salvador. Que no nos ha salvado nunca. Por eso pienso que quizás sería mejor sostener la virtud de olvidar...

¿y después qué?

Los paraísos celestiales no existen. Esa verdad ha aplastado con el tiempo y la ciencia que avanza a velocidad casi de luz a todas las supersticiones que intentaban consolarnos con una vida nueva y mejor tras nuestra muerte. Ya no basta pronunciar AMEN para tranquilizarnos. La ignorancia de lo que nos espera nos deja no felices como creíamos hace mucho tiempo, sino en una especie de stand by que sólo favorece la alteración del sistema nervioso. Hoy que creemos saber más nos damos cuenta de que no sabemos nada. Pero lo peor es que tampoco existen paraísos en la Tierra. Tampoco esa utopía puede salvarnos de la pregunta inevitable: ¿y después qué?

el cuento del gallo capón...

Mientras todos los habitantes del planeta continúan sus vidas (monótonas, rutinarias, movidas, interesantes, felices, desgraciadas, insípidas, atormentadas, entusiastas, ricas, pobres, miserables) y el mundo sigue andando cuando millones de ojos se cierran diariamente, cada mañana cuando me despierto ya no me pregunto ¿y después qué? Porque sé que después será lo que será y eso ni yo ni el resto de la humanidad puede saberlo, predecirlo, adivinarlo. Ese secreto no está en manos humanas ni divinas, simplemente no está. Y hay que continuar viviendo, convencidos de que el único esfuerzo que vale la pena es el de vivir lo mejor que podamos. Lo demás es el cuento del gallo capón...

Augusto Lázaro



@augustodelatorr