domingo, 13 de octubre de 2013

MAS QUE MIL PALABRAS

Me lo contó mi padre cuando yo era apenas un niño de primaria que desconocía la maldad y la mentira. Lo evidente, lo que está a la vista, no necesita palabras que demuestren lo que con la visión está demostrado. Y eso también sucede con acciones y actitudes humanas no materiales o físicas. Se lo paso a mis lectores como curiosidad que descubre que solemos ser demasiado explícitos cuando no es necesario que lo seamos...

Un comerciante inauguró una venduta de pescado en una calle céntrica y al terminar de pintar su fachada colocó un letrero que decía:

AQUÍ SE VENDE PESCADO FRESCO

Un amigo que pasaba se detuvo a saludarlo y lo felicitó por su nuevo negocio. Al mirar el flamante lumínico, le dijo:

--Oye, Genaro, pero esto es... bueno, eso de AQUÍ me parece que sobra, porque todo el que venga ya sabe que es aquí donde tú vendes el pescado. ¿Por qué no lo quitas?

Cuando el amigo se marchó, Genaro lo pensó una sola vez y se dijo que tenía razón, y enseguida quitó del letrero la palabra, quedando entonces:

SE VENDE PESCADO FRESCO

Al día siguiente, un cliente algo entradito en años, tas hacer su compra, se paró frente al letrero luminoso, se rascó el mentón, y dijo al pescadero:

--Genaro, te felicito por el negocio. Pero viejo, ese letrerito... tiene algo que... mira, eso de que “se vende” me parece ilógico, pues se sabe que no vas a regalar el pescado. Creo que sobra.

En  su casa conversó con su mujer y ambos llegaron a la conclusión de que era cierto, y enseguida volvieron a cambiar el anuncio, que quedó así:

PESCADO FRESCO

Una vecina, amiga de la esposa de Genaro, yendo a estrenar la nueva pescadería, se detuvo frente al luminoso, y no pudo contener su normal cuchareta:

--Pero Genaro, ¿cómo que pescado fresco? Hombre, se supone que no vas a vender pescado podrido o en mal estado, ¿eh? Eso sobra, caramba.

El letrerito, cada vez más esmirriado, quedó entonces con una sola palabra:

PESCADO

Pero a la mañana siguiente volvió por el lugar el amigo que primero señaló lo que sobraba en el anuncio, y al ver que sólo quedaba “pescado” se echó a reír, y le dijo al ya no tan contento propietario:

--Genaro, pero... ¿todavía con eso? ¿Así que pescado? Hombre, si cualquiera que se acerque ve que es pescado lo que vendes, está ahí expuesto, a la vista, no estás vendiendo relojes ni vestidos de señoras, ¿eh?

Cuando Genaro regresó a su casa, sólo de ver la cara de su mujer ya supo lo que venía. Le dio un beso en la mejilla y le dijo:

--No me digas nada. Mañana mismo vendo la dichosa pescadería y al carajo...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr