viernes, 19 de noviembre de 2010

COMO PARA REIRSE


ORDENES DE ALEJAMIENTO

(en España, época actual)

Dos amigos se encuentran en una parada de autobuses. Uno de ellos es policía, aunque ahora está sin uniforme, y con cara de poblemas. El otro se extraña y le pregunta:

--Pablo, ¿qué te pasa, ya no eres poli?
--¡Ay, Jacinto! Lo que me ha pasado, viejo.
--Anda, cuéntame.

El policía, que no está de servicio, le cuenta a su amigo que le han encargado vigilar el alejamiento de un maltratador que ha amenazado de muerte a su ex pareja, y que esa tarea es demasiado para él.

--Me estoy volviendo loco, de verdad.

El amigo piensa unos segundos y al fin le pregunta, interesado:

--Pero vamos a ver, ¿qué es eso de vigilar el alejamiento de...
--Pues eso, que tengo que estar todo el tiempo detrás del tipo ese, con una cinta de medir, para que el hombre no traspase el límite de los 500 metros que el Juez dictaminó que debe mantener de donde esté su ex.
--Vamos, Pablo. Es una broma, ¿eh?
--Nada de broma, viejo. Si te digo que me estoy volviendo loco, por eso me ves ahora aquí, porque pedí unos días para ver si me repongo con ayuda de un psicólogo desde luego.

Los dos amigos se acercan a un bar y piden dos cafés. Uno de ellos enciende un pitillo y mira al otro, como pensando que no puede ser verdad, que todo es una fantasía, una exageración, un cuento de caminos trillados.

--Y lo peor: el caso es que yo me dediqué a vigilar al maltratador para que no se acercara a su posible víctima, pero sin darme cuenta de que no podía medir la distancia que lo separaba, porque yo no sabía dónde se encontraba su ex cuando estaba con él, midiéndole cada paso... un fenómeno, de verdad.

El amigo terminó su café, pagó, le dio una palmada al policía de civil, y sonrió.

--Hombre, Pablo, desconocía tus dotes histriónicas. Eres un gran actor. Casi me lo creí.
--Pero bueno, que estoy hablando en serio, coño. Es que cuando uno dice la verdad nadie lo cree.
--Vamos, Pablo, que poner a un policía detrás de cada maltratador con una cinta de medir... tendrían que poner a otro detrás de la mujer, y ¿cómo comprobarían que están a más de esos 500 metros el uno de la otra? Hombre, si es como una obra de Arrabal, vamos.
--Pues por eso mismo casi pierdo la chaveta, porque me puse a pensar cómo podía estar al mismo tiempo con el hombre y con la mujer para saber a qué distancia estaban cada cual de cada cual...

Pues cosas como éstas ocurren en España diariamente. No se asombren, amigos, que esta es una realidad no virtual sino tomada del teatro del absurdo de Samuel Beckett. Me imagino que el que se le ocurrió esta idea del alejamiento (que entre paréntesis no ha logrado sino aumentar los asesinatos de mujeres en lo que va de año en comparación con el anterior) debe estar preparándose para obtener un gran ascenso en el gobierno... porque se lo merece. No digo yo. Y el gobierno siempre premia este tipo de genialidades, vamos.

Augusto Lázaro