jueves, 30 de septiembre de 2010

¿APOCALIPSIS SOON?


En un artículo publicado en LA RAZON el domingo 26 de septiembre, la periodista y escritora Angela Vallvey, hablando de las antiguas civilizaciones que habitaron Europa, planteaba que los cromañones habían desplazado a los neandertales de este continente, porque éstos se habían desvalorizado tanto dentro de su desinterés por el futuro y su disgregación, que facilitaron a aquéllos --que, por el contrario, tenían una organización mucho más fuerte y asumieron su victoria, sustituyendo a quienes no supieron defender su "civilización" debilitada por su falta de organización y de afianzamiento en una idea colectiva y unida como protección a su identidad y permanencia--, apropiarse del territorio hasta entonces ocupado por los primtiivos neandertales.

Más adelante planteaba Vallvey que hoy Europa se encuentra, al igual que en aquella época primitiva, en peligro de que su población sea desplazada por otra con mucha más pujanza que lentamente está posesionándose del espacio que ocupa nuestra llamada "civilización occidental y cristiana". Se trata, por supuesto, de la población del mundo islámico que cada día avanza más en su afán de implantar su religión, su cultura, sus costumbres, en el territorio de la vieja y debilucha Europa.

En su último libro titulado La experiencia totalitaria, editado por Galaxia Gutenberg, el ensayista Tzvetan Todorov, quien ha afirmado que "hay riesgo de mesianismo en países democráticos" (como si se estuviera refiriendo a España), plantea que "el neoliberalismo está desmantelando la idea de Estado", para concluir con una afirmación discutible sobre lo que puede o no puede ser considerado un peligro para nuestra sociedad. Dice el autor:

(...) los países islámicos, donde hay pequeños grupos capaces de hacer mucho daño, pero no una amenaza para Ocidente.

Creo que precisamente el peligro radica en ignorar la amenaza, planteada desde el artículo de Vallvey, porque si seguimos la trayectoria del aumento de actividad y concesiones que ha obtenido el islamismo en los últimos años, el panorama que se nos presenta no puede ser más desalentador. Pero voy más lejos: creo que, además del islamismo, hay un peligro mayor, y no sólo para la vieja y debilucha Europa, sino para todo nuestro planeta: estamos, lenta y aplastantemente, destruyendo nuestro hábitat, y los gobiernos de La Tierra no quieren aceptarlo ni mucho menos ponerle coto a semejante destrucción. A este paso no hará falta que ningún sistema, ninguna religión o ninguna cultura se apodere de un continente o de todos, porque dentro de poco tiempo nuestro tan maltratado planeta dejará de ser morada del hombre. No explotará, como predicen novelas de ciencia-ficción, pero los seres vivientes desaparecerán, y esta vez no habrá nuevos cromañones que sustituyan a los actuales, más salvajes incluso que los primitivos, que en realidad de salvajes tenían mucho menos que nosotros los actuales habitantes del tercer planeta del sistema solar.

Un poema pesimista (o realista) enfoca la visión inobjetable de lo que puede sucedernos, cuando la esperanza de cordura y acción se van disipando cada día en el egoísmo y la dejadez de quienes pudieran hacer algo para evitar el apocalipsis real y no bíblico... y no hacen nada.

TIERRA SIGLO XXI

Malos presagios amenazan
trastrocar la calma chicha que a veces nos aturde
cuando podemos oír el silencio
del crepúsculo
metidos dentro de nosotros mismos
como si la Tierra estuviera sana y salva
de la caja de Pandora.
Cada nuevo día es un nuevo esperpento
de zozobra y sinsabores que nos vuelan
rasantes
advirtiéndonos de que el Apocalipsis
no es una fábula bíblica,
que ya está ahí cerquita, ya casi a la vista,
mientras sólo esperamos inmóviles
a que se nos termine el plazo
por desidias y abulias
incapaces de enlazar la esperanza
para sentarla a conversar un rato
y preguntarle qué podemos hacer
para librarnos de lo que nos espera
que no es poco
y que terminará por convertirnos en polvo
como si fuera cierto que del polvo
vinimos cuando todo era silencio,
oscuridad y ausencia
como otra vez será si nos sentamos
a esperar el milagro
que otros realicen por nosotros.

Augusto Lázaro

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