viernes, 15 de octubre de 2010

¿VIDA NUEVA?


¡Año nuevo, vida nueva! Cuántas veces usted mismo se ha repetido esas palabras. Y después de tragarse la última uva, ¿ha comenzado realmente una vida nueva para usted? Posiblemente no. Porque el ser humano se pasa toda su vida prometiéndose cosas que (sabe que) no va a cumplir. Es natural. A veces las promesas nos hacen soportar los avatares de la vida, aunque jamás las cumplamos. Porque como dice Cervantes en su obra mayor: "la felicidad no está en la venta, sino en el camino". O sea, que para "el caballero de la triste figura", la felicidad consistía en la búsqueda, no en el encuentro. Y quizás tenía razón el Quijote: ¿cómo pudiéramos soportar los avatares de la vida sin soñar, sin buscar lo que deseamos encontrar, aun sabiendo que no vamos a encontrarlo? Como me dijo un amigo cubano/español en estos días: "Compadezco a un hombre (a una mujer) que no sueñe... despierto. Porque soñar despierto es mucho más bonito que soñar dormido"...

Los sueños nos alientan a seguir viviendo. Y a seguir soñando. Porque un sueño es como una esperanza de que nuestra vida cambie algo, lo mismo en el aspecto material que en nuestro mundo interno. Este año compraremos aquella batería de cocina que tanto nos gustó cuando la vimos, o ahora con el año nuevo podré al fin plantearle a Rosi que podremos casarnos y formar una familia. Pero todos los sueños dependen casi siempre de un cambio en nuestra situación económica. Porque ¿de qué vale un sueño, incluso realizable, si con él no contamos también con que para realizarlo tendremos que mejorar nuestra situación económica? Me dirán que no, que a veces el dinero no es fundamental. Y tienen razón: no lo es, pero podría repetirles una cuarteta que mi padre me decía cuando yo pensaba que por ser yo y por ser un niño, un muchacho, un estudiante sin entradas, tenía derecho a todo lo que se me ocurriera desear o pedir:

El dinero es un rey loco,
esa es la pura verdad.
No da la felicidad
pero le falta muy poco.

Siemnpre ha habido controversias sobre lo que plantea esta cuarteta, y hay muchos que sostienen ideas atrevidas, quizás realistas, como que la gente pobre es más feliz que la rica, porque el dinero trae preocupaciones, problemas, situaciones en verdad riesgosas y hasta peligrosas en muchas ocasiones. Pero otro refrán se encarga de poner en duda cualquier afirmación hacia un bando o hacia el otro: "la felicidad, en casa del pobre, dura poco". Volvemos entonces a la situación de los sueños: el hombre siempre desea lo que no tiene, y cuando lo alcanza, enseguida comienza a desear otra cosa. Y el hombre, todos los hombres de la Tierra, no despreciarían nunca una buena suma de dinero, porque saben que con él, no tendrán la total felicidad (que por otra parte, no existe), pero les faltará muy poco para sentir eso que tanto se le parece cuando se está en posesión de los medios que pueden hacernos la vida mucho más agradable.

Pero es de lamentar que en nuestra sociedad el dinero (la posición económica de un ser humano) sea determinante para que se abran las puertas en todas las instancias. Y a esta situación económica reconocida públicamente, se une ahora, desde hace algún tiempo, la limitante de la belleza física: si no eres bonita o apuesto, despídete, tendrás pocas oportunidades de triunfo, y si además no tienes una cuenta bancaria responsable, ni lo sueñes, aunque sea dormido. Porque entonces sólo podrás continuar aspirando sólo a eso, a soñar, sobre todo despierto, para mantenerte con vida y con deseos de seguir soñando, quizás esperando encontratte la venta al final del camino, acordándote del Quijote, y esperanzado en el lugar común tan manido de tan repetido y en estos momentos tan lejano de nuestro horizonte geográfico: "ya vendrán tiempos mejores"...

Pero ¡cuidado! Porque esos tiempos puede que lleguen para muchos... post mortem.

Augusto Lázaro

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