domingo, 10 de octubre de 2010

LA ESTRELLA DE BELEN

Todos los paises tienen sus figuras más representativas que generalmente se toman como símbolos de sus sociedades, sus pueblos y su historia: Cuba a José Martí, Argentina a San Martín, México a Benito Juárez, Venezuela a Bolívar, Estados Unidos a Washington, Francia a Napoleón, Italia a Garibaldi, Rusia a Pedro el Grande, Nepal a Buda, Tibet al Dalai Lama, India a Gandhi, Suráfrica a Mandela... y etc. España tiene a Belén Esteban, heroína nacional elevada a esta categoría por consenso de los medios de información masiva (prensa, radio, televisión, que cada día dejan la seriedad a los científicos y se toman la información a relajo) y que ha llegado a constituir un llamado "fenómeno mediático" estudiado incluso en algunas universidades.

BELEN ESTEBAN, sí señor. Si usted sale a la calle y pregunta, no habrá un solo español que no la conozca. Sin embargo, habrá millones que no conozcan a Agustina de Aragón, ni a Mariana Pineda, ni a José Ortega y Gasset, ni a Dámaso Alonso, ni a Miguel Hernández, ni a Pedro Duque, ni a Tamara Rojo, ni a Calatrava, Ramón y Cajal, Albéniz, y así sucesivamente usted se encontrará que estos nombres no le dicen nada a una gran parte de nuestra población, y a la vez hallará muchos, muchísimos, que no sólo conocen, sino que casi adoran a la Esteban, a quien siguen diariamente en sus múltiples comparecencias televisivas donde hace gala de sus infinitos méritos que la han colocado en tan alto sitial, con ese título que ya muchos le otorgan: heroína nacional, y hasta he oído (y leído) en algunos -por favor, que hablo en serio, no se rían- llamarla "la princesa del pueblo". Hombre, cosas peores se han oído, vamos.

El principal mérito de Belén Esteban (el que la ha llevado al más alto sitial de la teleaudiencia y de las informaciones del famoseo), es la lengua. Sí, señoras y señores: la lengua, la sin hueso, la suelta, esa que tanto poder tiene que incluso ha provocado guerras y enfrentamientos entre países, culturas y religiones. Hay que reconocerlo: Belén Esteban es una verdadera especialista en ejercitar ese ógano, especialmente delante de cámaras y micrófonos, haciendo gala de un talento rayano en la genialidad para usarlo y obtener, con su servicio, múltiples beneficios y su imparable ascensión hacia la fama (que ya traspasa los límites geográficos) y la fortuna. Sobre todo la fortuna. Porque entre las aspiraciones de Doña Belén Esteban (hay que darle el trato que merece su tan alta categoría) está la de llegar a ser la mujer más rica y (quizás dentro de poco) la más poderosa de España. Así como suena. Hombre, si ya casi lo es.

Noche por noche hay 5 millones de españoles que se acomodan en sus butacas preferidas para deleitarse viendo y oyendo a la Esteban despotricar de cuanta persona conocida en el cultísimo mundo del famoseo existe, sacarle los trapos sucios al más pinto de la paloma, lanzar al espacio los secretos más íntimos de señoras muy decentes, de caballeros muy honestos, de jóvenes muy correctos, y de todo aquel que pueda interesar a esa masa televisiva que experimenta sus orgasmos mentales ante tanta erudición chismográfica soltada al aire sin el más mínimo recato. Ya sale Belén... gran expectación... ¿qué traerá hoy? ¡Silencio!

--Que está hablando Belén, Raquelita, cállate, que no dejas oír.

Pues en las pantallas de millones de televisores aparecen, en sucesión cinematográfica, cuernos pegados, citas descubiertas, estafas cometidas, banquetes descompuestos, bragas encontradas en habitaciones de hoteles de lujo, de modelos mantenidas por grandes empresarios, tríos consentidos, detalles fraudulentos de operaciones económicas de personalidades del mundo del corazón, celos, insultos, desatinos, secretos revelados, apaños clandestinos, broncas públicas no divulgadas, vídeos tomados a los infragantis, conversaciones grabadas sin permiso, malas intenciones, palabrotas, gritos, pataletas, ripostas, desmentidos, acusaciones, juicios, denuncias, amenazas, ofensas, quejas, protestas, y un sinfín de palabras, gestos, actitudes, movimientos, siempre cruzando las piernas y mostrando parte de sus "encantos" que esta súper ninfa sabe hacer tan diestramente que no existe ninguna otra capaz de destronarla del lugar cimero que ocupa actualmente en este fabuloso mundo de la programación televisiva tan artística, cultural y educativa.

Sólo falta que Belén de el paso que sus fans le sugieren que dé: que se meta en política. ¡Ah, Catana! Entonces... ya no habrá gobierno ni oposición que se le enfrente: con toda seguridad Belén Esteban obtendría la mayoría absoluta en la primera vuelta, para dirigir los destinos de España, tan necesitada como está de alguien que tenga lo que a Belén le sobra para salir del peligroso camino hacia el abismo por el que transcurre lenta pero firmemente.

Augusto Lázaro

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