viernes, 16 de diciembre de 2011

TODO LO QUE SOBRA

Mi amiga M.E. (no escribo su nombre porque ella me ha pedido que no lo haga y respeto las razones que tendrá) me preguntó recientemente para qué servía la UNION EUROPEA. No tuve que pensarlo.

--Para nada. Absolutamente para nada, al igual que la ORGANIZACION DE NACIONES UNIDAS, a no ser para mantener a quienes acuden a sus reuniones en representación de sus países miembros, con un altísimo nivel de vida al ser perceptores de sueldos astronómicos, viáticos, viajes y demás privilegios que concede el sentarse en sus escaños para “arreglar el mundo”, como si realmente les interesara arreglarlo, aunque al mundo no puede arreglarlo nadie. Y eso ellos lo saben.

¿Por qué entonces existen esas organizaciones y muchas otras que como las citadas no sirven para nada, porque nada resuelven? Buena pregunta. Pero pienso que si dejaran de existir la humanidad apenas lo notaría. En el caso de la ONU, ese organismo está dominado por 5 grandes potencias que son las que mandan en todas las decisiones que se tomen, aunque a él pertenecen además nada menos que otros 188 países corifeos que aunque hablan, protestan, proclaman, piden, plantean, demandan, en definitivas sus votos nada valen si uno o varios o los 5 grandes los vetan. En el caso de la UE, más de lo mismo. A día de hoy son dos países los que mandan y sin ellos no puede hacerse nada: Alemania y Francia, dejando al resto, o sea, otros 25, el papel de corifeos con voz que nadie oye y voto que de nada vale en el momento de ejecutar algún plan.

Pero hay otras muchas organizaciones que sobran, porque su función sólo consiste en celebrar reuniones del llamado “alto nivel” para que decenas de políticos, empresarios, dirigentes sindicales, religiosos, sociales, etc., vociferen sin sustancia, creyéndose que están dando una clase de sabelotodismo ante un auditorio que apenas los oye y que por supuesto, no los toma en cuenta.

En cuanto a los políticos, Bélgica ha demostrado que el mundo puede vivir sin ellos, porque ha permanecido 18 meses sin gobierno real y el pueblo ha disfrutado de vivir sin esa plaga que bienvive a su costa, dándole a la lengua y prometiendo villas y castillos para tan pronto asumir sus cargos desproporcionadamente remunerados olvidarse de aquellas palabras que como en la novela de Mitchel, se fueron con el viento.

Y en el sector administrativo pudiéramos preguntarles a esos señores que, si en los países occidentales democráticos existen 3 poderes: el Ejecutivo (o sea, el gobierno), el Legislativo (o sea, el Congreso de Diputados que discute y sanciona las leyes), y el Judicial (o sea, el encargado de impartir y hacer cumplir las leyes en vigencia), ¿para qué entonces existe un Ministerio de Justicia (en Estados Unidos no hay ministros, sino Secretarios, pero es lo mismo aunque no se escriba igual) si la justicia es, debe y tiene que ser independiente?

Y en España el despilfarro de dinero y recursos roza lo inaceptable: el Tribunal Constitucional (con el Supremo debería bastar) -que cuenta en su historial la desvergüenza de haber metido a los terroristas en las dependencias del Estado-, el Consejo de Estado, que nadie conoce ni sabe dónde está ni lo que hace ni para qué sirve, el Senado, un ente administrativo que nada pinta, porque cuando le llega alguna disposición del Congreso, aunque la rechace, ésta vuelve al Congreso, allí se aprueba y ¡que viva la pepa! Y ni hablar de los miles de liberados sindicales que no son más que “vividores” que no hacen nada y cobran por no hacer nada sino usar la lengua y la boca (para hablar y comer) y si acaso formar piquetes en las huelgas para amedrentar a quienes no las siguen, o claques en los mítines cuando el pueblo no acude a oír las mismas tonterías que aburren. Y no sigo, porque este espacio no alcanza para enumerar lo que no debería existir. Ni aquí ni en ningún otro país donde se dilapida el dinero de los contribuyentes en edificios, guardias de seguridad, vehículos, equipos eléctricos y electrónicos, viáticos, pagas extras, etc., para en definitivas no resolver ni hostias ante ningún acontecimiento que discutan en sus innumerables asambleas.

Hombre, si se eliminara todo eso, casi seríamos ricos en todo Occidente. Y sin ninguna crisis económica. Y si se eliminaran las guerras y el costo de las mismas... ¡millonarios seríamos, sin dudas! Y mucho más felices, sin tantas muertes que jamás podrán ser justificadas por ningún mandamás.

Augusto Lázaro