sábado, 24 de diciembre de 2011

LA PREGUNTA INOCENTE

Era apenas un mocoso que comenzaba la Secundaria y solía visitar a su familia materna, donde se entretenía registrando la enorme biblioteca en el fondo de la casona antigua, y sobre todo, con los cuentos que le hacía su tío don Pancho, con el que pasaba largos ratos oyendo las anécdotas, las historias, los chistes, y riéndose con lo que llamaba "las cosas de tío Pancho".
Su madre tenía como segundo apellido Gómez, pero el hermano, o sea, su tío don Pancho, tenía otro muy distinto: nada menos que Bustamante, curiosidad que siempre le había llamado la atención. Y aquel día del acabose se le ocurrió formular la pregunta fatal:

--¿Y cómo es eso, tío Pancho, que siendo usted hermano de mi mamá, ella lleva el apellido Gómez y usted Bustamante?

Para qué fue aquello. Don Pancho se quedó como en éxtasis, dejó caer el periódico que siempre leía, sentado en su poltrona favorita (porque sólo había una en la sala), puso los ojos en blanco, y lanzó un bramido estrepitoso que hizo retumbar las descascaradas paredes, llegando incluso a derribar un falso gobelino que adornaba una de ellas, y que al chocar contra el suelo agregó un sonido seco al producido por la garganta y las cuerdas vocales del jefe de la familia, y que más tarde Fefa declararía a los vecinos que le había parecido una de las bombas que hacían etallar los grupos de revolucionarios que combatían al dictador de turno.

--¡AAAJJ@@000$$$JPAFPOM%%%CRONNN&&&¿?=PAMPUMBOOOOOM... RECOÑO DE SU MADRE!

La reacción en cadena fue inmediata: Fefa salió del baño en sus paños menores dando gritos estentóreos y diciendo palabrotas que jamás solía decir, Panchita se quemó en el fogón, revolviendo unas albóndigas que por el olor parecían estar deliciosas, a Dominga se le cayó una olla repleta de potaje que se desparramó en el suelo de la cocina, regando frijoles por todos los mosaicos, La Nena se pinchó el dedo gordo de su mano izquierda, con la que sostenía la bufanda que estaba cosiendo a ganchillo casero, a Emilio le entró “el salto” que ponía sus nervios a cien y sus brazos y piernas a temblar, los niños se abalanzaron hacia la escalera y fueron a parar a la calle dando berridos y chocando con las personas que por allí pasaban, y como era de esperar, el joven de la pregunta comenzó a reírse sin parar y así estuvo hasta que un enfermero de atención llamado por una vecina asombrada de tanto aspaviento le dio una cachetadita que lo volvió a la realidad...

Cuando pasó la furia y se calmó el paisaje, el tío le confirmaría la razón: “bueno, la pregunta que me hiciste, sobrino... es que esa fue una de las tantas estupideces que cometió mi padre, al casarse con la madre de tu madre”... y diciendo esto se encaminó hacia su poltrona con un periódico en las manos dispuesto a enterarse de lo bien que marchaban las cosas en el país y en todo el mundo.

Cuando el muchacho regresó a su casa y le contó a su madre lo ocurrido, aumentándole escenas y añadiéndole énfasis y su poco de dramatismo, tuvo que soportar la descarga de la asombrada mujer que como no podía echársela al hermano porque no lo tenía delante, no encontró otro desahogo que cogerla con el pobre chico que escuchaba impávido pero asustado los improperios que su madre le decía que a su vez le diría al cretino de su hermano tan pronto se encontrara con él allá en su casa, “que seguro que cuando se casó con su primera esposa no cometió ninguna estupidez el cabrón viejo peleón ese que lo único que sabe hacer es sentarse a leer el periódico y llenar la casa de peste a tabaco en esa vieja y desvencijada poltrona que huele a mil demonios porque el hombre no suele asearse con mucha frecuencia y...” y otros cariños similares que dejaron al hijo mudo por un largo rato, entretenido con los muñequitos que le compraba su padre todas las semanas en el quiosco La Colosal, en plena calle principal de la ciudad, propiedad del muy ilustre miembro de la cofradía de masones “Hermanos de la Sinceridad”, don Antonio Lara y Melapones...

Augusto Lázaro

NOTA: agradezco a Anónimo sus comentarios a varias entradas de mi blog y respeto su deseo de no identificarse, aunque confieso que me gustaría que lo hiciera.
augustorre1938@yahoo.com