viernes, 7 de octubre de 2011

¿VIVIR DE LOS RECUERDOS?

¿Recordar es volver a vivir el tiempo que se fue? ¿Por qué el tiempo no puede repetirse? ¿Por qué tenemos que cargar con lo que hicimos dentro de él toda la vida sin poder hacerlo de otro modo? Porque al menos yo desearía no haber hecho tantas cosas que hice y que ahora tengo que recordarlas, porque no puedo perder la memoria como tantas veces he deseado para no tener que recordar lo que no quiero recordar. El recuerdo no deseado es un puñal que penetra en la materia gris, lacerando la estabilidad cuando creemos que la hemos alcanzado.

Pero al igual que el tiempo, que no puede detenerse, los recuerdos no pueden olvidarse, sólo los amnésicos pueden permitirse ese “lujo”. Estoy seguro de que hay millones de personas, por no decir todas las personas vivas del planeta, que desearian olvidar muchos momentos de sus vidas, por supuesto desagradables, que les hacen regresar a una etapa, quizás a unos días, unas horas, que tuvieron la dudosa virtud de enclaustrarse en su cerebro definitivamente para no salir de él por mucho tiempo que viviera esa persona que no quiere acordarse y no puede evitar acordarse de esos momentos, o días, o semanas, o meses, y en algunos casos hasta años.

Sin embargo, los recuerdos agradables ayudan a seguir viviendo, sobre todo cuando se tiene cierta edad en la que otros estímulos se ven reducidos o incluso eliminados de la vida diaria. Esto es lo que le sucede a muchas personas de avanzada edad, con las que hablo y me confiesan que si siguen viviendo (quizás exageren, aunque quién sabe) es por los recuerdos de sus tiempos buenos, bonitos, agradables y positivos, y cuando los ejercitan (o sea, cuando recuerdan esos pedazos de sus vidas) se sienten como si en verdad los estuvieran viviendo otra vez.

En el aspecto amoroso (erótico, sexual), los recuerdos pueden servir de complemento a experiencias actuales o recientes, o a la carencia de esas experiencias, y hay personas que se los guardan para sí mismas (y solas), pero hay otras que gustan de confiarlas a amigos de cierta intimidad, y con esas “confesiones” al menos se reconfortan pensando, como aquel que lanzó la frase histórica y popular: “¡que me quiten lo bailao!”. Porque, está claro que “lo bailao” es lo único que sólo la muerte puede quitarle a quien lo haya recordado, solo o con alguien de su confianza.

Y existe un detalle muy curioso dentro de los recuerdos, que es la música. Porque la música acompaña muchos momentos que hemos vivido, malos o buenos, sobre todo buenos, y si cuando hemos vivido esos momentos (en nuestras relaciones amorosas mucho más) oímos alguna pieza musical, esa pieza ya no nos abandonará jamás, y cada vez que recordemos el momento de disfrute en que la oímos, recordaremos también y quizás tararearemos mentalmente esa pieza. Alegrándonos, o quizás poniéndonos un poco melancólicos, pero con esa dulce sensación de sentir que otra vez vivimos lo que tanto placer nos dio, un tiempo atrás que no se borra. Ni se quiere borrar.

Augusto Lázaro

1 comentario:

Anónimo dijo...

No quiero ser pesimista don Augusto, pero “Lo bailado, lo comido y lo paseado” se lo puede quitar “ese alemán que lo vuelve a uno loco” llamado Alzhimmer ;)