jueves, 25 de agosto de 2011

LOS EJES DE MI CARRETA

Atahualpa Yupanqui (31-1-1908 = 23-5-1992), que en quechua significa “el que viene de lejanas tierras para decir algo”, cuyo verdadero nombre es Héctor Roberto Chavero Aramburo, compuso infinidad de canciones, extraídas de la idiosincrasia de su tierra argentina, colmada de alegrías y penas a granel, como se muestra en muchas de sus composiciones. Quizás no compuso su milonga LOS EJES DE MI CARRETA con ninguna intención sobrescrita en su texto. Quizás. Pero la poesía suele adueñarse de todas las imágenes que salen a la luz en las letras, musicales o no, y la letra de esta canción tiene ese encanto de lo oculto, de algo que se percibe que se mueve dentro de la misma, como un misterio convertido en nostalgia por algo perdido, que es lo que yo siempre he visto en esta añoranza del campesino que camina, con su carreta y sus recuerdos, por el trillo real por donde ahora anda solo sin otro acompañante que una gran carga de melancolía.

Porque no engraso los ejes
me llaman abandonao.
Si a mí me gusta que suenen
¿pa' qué los quiero engrasaos?

Es el campesino, noble como la inmensa mayoría de los hombres que cultivan la tierra y crían animales para alimentar al mundo que no se lo agradece ni lo estimula, que camina y camina, con el recuerdo a cuestas de alguien a quien ha perdido, que sólo aleja un poco el ruido de esos ejes que no quiere engrasar, porque el silencio ya no es un compañero necesario en su diario quehacer. Y ahí radica su misterio: ¿a quién echa de menos ese campesino?

Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella,
andar y andar los caminos
sin nadie que te entretenga.

¿Quién es ese alguien? Pudiera ser un hijo que siempre acompañaba al campesino en su diario quehacer por el largo camino del trabajo con sudor, quizás de sol a sol, con el cual conversaba y entretenía su dura labor, cuando el cansancio golpeaba el deseo de seguir camino adelante, superado precisamente por ese hijo que continuaba a su lado y quizás animaba su cansancio, hasta terminar una nueva jornada, preámbulo de otra similar del día de mañana.

No necesito silencio,
ya no tengo en quién pensar.
tenía, pero hace tiempo.
Ahora ya no tengo na.

Pero también podría ser una esposa que se llevó la muerte así, con previo aviso, o quizás súbitamente, y el buen hombre, al caminar entristecido y solo, por esos caminos de tierra a veces tan áridos y secos, recuerda con cariño a ese ser querido que se ha ido para siempre, que él “tenía, pero hace tiempo” para pensar en ella, y ahora sólo tiene su recuerdo tan amargo como su triste vida que lo espera sin posibilidad de cambiar, y su reacción primaria es solamente dejar que los ejes acompañen su itinerario como una canción monótona que va con él sin dejarlo ni un solo minuto.

Los ejes de mi carreta
nunca los voy a engrasar.

Lo dijo García Lorca: “todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio de todas las cosas”. Y la imaginación de alguien que dedica muchas horas a escribir y a pensar en escribir, hace que el vuelo de la idea que flota en el espacio infinito de la creación, asimile como posible lo que puede ser probable, que aunque en realidad no lo sea, como dijo Huidobro, en este caso yo lo asumo: “nadie ha visto nunca a una golondrina anidando en un arcoíris... pero qué hermoso sería verlo”...

Augusto Lázaro

Nota: en los versos he respetado la manera de escribir del autor, y su ortografía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias por su explicaciones.
yo amo lo sencillo , que es grande a su vez. Mi padre , en paz descanse ,la cantaba y yo de niño la escuchaba. Ahora con 56 años la sigo cantando en presencia de mis hijos que ya son mayores.No se porqué pero es una canción que a veces tengo la necesidad de cantarla para relajarme.
Por favor . amemos lo sencillo para poder ser grandes.

Toni Rox dijo...

Siempre escuché estos versos de pequeño y siempre los interpreté como un canto a la libertad individual. Te dicen que tus ejes suenan pues deberías llevarlos engrasados, es lo correcto, lo que demanda la sociedad. Nadie te entretiene porque el discurso es siempre el mismo y una persona que vive en su verdad, adolece de aburrimiento y soledad. Al abandonar la lucha no queda en que pensar y no hay vuelta atrás porque en mi libertad escojo no engrasar los ejes aunque el precio sea la soledad