sábado, 3 de marzo de 2012

AMOR Y ARQUEOLOGIA

Agatha Christie, además de ser una excelente novelista del género que a tantos nos sigue gustando (aunque en su demasiado extensa producción quizás sobren unas cuantas docenas de títulos), era también medio filósofa, con ribetes algo cínicos, que contenían cierto fondo de verdad. Una de sus máximas que algunas quisieran sustentar como certeras dice:

cásate con un arqueólogo: cuanto más vieja te hagas, más atractiva te encontrará.

Siguiendo la “filosofía” de la ilustre creadora de tantas novelas “únicas” (que no pueden repetirse, como El asesinato de Roger Ackroyd, Crimen en el expreso Oriente, Diez negritos, Testigo de cargo –esta última realmente genial, pues el caso se decide con... ¡la última palabra de la obra!-), hay que lamentar que los arqueólogos no pululen en las plazas públicas, y para una dama de edad avanzada no sería fácil encontrar uno de ellos que además, decidiera casarse y compartir sus vidas para irla encontrando más atractiva a medida que envejeciera más y más.

Pero el amor puede surgir sin la necesidad de que el marido encuentre a la esposa más atractiva según vaya envejeciendo, pues habría que preguntarse, despojándonos del todavía existente y estúpido lastre del machismo, si ella podría encontrar también al hombre más atractivo en la medida en que los años le pasaran por la piel y los huesos. ¿O acaso las mujeres no nos miran con el mismo interés cuando el almanaque nos va dejando la piel y los huesos algo depauperados, como a ellas? La Christie no tuvo en cuenta ese detalle, lo que demuestra que el machismo imperaba (e impera) incluso en las mismas mujeres, que toman (casi) siempre como medida marcadora de juicios y prejuicios al varón, como si éste tuviera “la llave de los truenos” y fuera el único poseedor de poder encontrar o no atractiva a su pareja.

No se han publicado muchas novelas sobre el amor entre personas que rebasan la llamada “tercera edad” (mi viejo amigo Ernesto Crespo Frutos, que hace mucho rato descansa en la paz eterna del inmovilismo, me decía siempre que él estaba “en la tercera juventud”, y Nicolás Guillén cuando llegó a los 60, dijo en un cónclave literario en la sede de la UNEAC que él tenía “30 y 30”), y es reiterativo mencionar la clásica El amor en los tiempos del cólera, entre algunas otras dignas literariamente. Sin embargo, recuerdo una película basada en alguna novela que me hubiera gustado leer, en la que Mel Gibson queda hibernado o congelado durante 50 años, y unos niños descubren su cuerpo todavía intacto, hasta que llegan quienes lo reviven. Entonces él comienza a buscar a su antiguo y gran amor, que por entonces ya rebasa los 70, hasta que encuentra a su damita encantadora sola, y ese encuentro entre los dos, ya tan viejitos, en cuyos ojos se refleja el amor que todavía sienten el uno por el otro, me parece una de las escenas más conmovedoras que he visto en el cine, y además, algo que realmente nos anima a pensar que el amor jamás será muy viejo, y que cuando se ama a alguien la edad es algo intangible que no pasa de anécdota aritmética.

En fin, que no se necesita de ningún arqueólogo, como planteaba la Christie, para encontrar atractiva (o atractivo) a la pareja. Lo que se necesita es mucho amor, porque el amor está por encima de todo lo demás, y quien lo dude es un pobre ser humano que no ha experimentado nunca ese destello de bienestar y de felicidad que da el sentir amor por alguien...

Augusto Lázaro

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