domingo, 26 de febrero de 2012

¿PUEDE NO DECIRSE NADA?

Dice Marina Burana en una entrada titulada Juega siempre, en su blog Ficción Burana: "por eso escribo cuando no tengo absolutamente nada que decir, porque no puedo escapar de la voluptuosidad orgánica de la escritura". Esto, que parece una burla, resulta curioso, porque Marina siempre dice algo, o sea, que eso de que no tiene "absolutamente nada que decir" no pasa de ser una sentencia aplicable a aquellos que se dejan vencer por la inapetencia literaria.

Pero... ¿en realidad debe alguien que escribe hacerlo, aunque no tenga absolutamente nada que decir? Entonces, ¿qué escribiría? Porque si escribe, algo dirá en lo que escribe, a no ser que repita una cuarteta que me decía mi padre cuando yo todavía no había descubierto las miserias humanas:

Cuatro ruedas tiene un coche / con mucha melancolía. / El sol alumbra de día / y las estrellas de noche.

Lo que demuestra que siempre puede decirse algo, aunque ese algo sea algo tan absurdo como la cuarteta que les muestro. Me gusta repetir algunas máximas (llamémoslas así) que aprendí ya de mayor, y cuyos autores se me escapan de la cita a memoria:

1) el hombre es el ser vivo más completo de la creación: sólo le falta no hablar para ser perfecto.

2) el hombre es el único animal (!) que come sin tener hambre, bebe sin tener sed, y habla sin tener nada que decir.

Pero hablar sin tener nada que decir y sin embargo decir algo (o mucho) como en el caso de Marina, es un atributo que sólo los verdaderos escritores poseen. Porque escribir algo que interese a los posibles lectores, que entretenga o enseñe, que sirva para que al terminar su lectura sintamos que no hemos perdido el tiempo, es cosa difícil. Muy difícil. El oficio de escritor tiene eso, además de ser un oficio solitario envuelto en el silencio y la tranquilidad, condiciones aparentemente necesarias para producir una obra de arte escrita.

Eso de que “cuando venga la inspiración que me coja trabajando” puede aplicarse al tipo de escritor que mecánicamente o por costumbre dedica una parte de su tiempo, digamos diariamente, a escribir, tenga o no “inspiración”. Prefiero otra palabra: motivación, que es lo que yo debo tener siempre para pararme (escribo de pie) frente a la pantalla en blanco y dejar estas letras que quizás interesen o no (y eso no es lo importante), pues no puedo ponerme a escribir a) sin tener nada que decir, y b) sin estar motivado por algo que me “inspire” a teclear uno o dos folios, o más si se trata de un texto narrativo largo.

En resumen, cada cual escribe a su manera, como en todas las actividades de la vida, en las que es imposible encontrar a dos seres humanos que lo hagan todo exactamente igual. Lo importante, en el caso de la literatura (quizás en todos los casos) es que lo que se hace se haga bien y el resultado de ese “trabajo” sea de provecho no sólo para el que lo realizó, sino, lo realmente importante, para el público consumidor de su obra.

Augusto Lázaro

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buen post. Cumple con el viejo refrán de que no tener nada que decir no es motivo suficiente para callar, sobre todo, ojo, cuando hay talento para develar zonas oscuras de las cosas, como es el caso.
Felicitaciones
R