viernes, 3 de febrero de 2012

BOMBAS NO, VIDA SI.

Juan Maguey resucita de sus frías tierras heladas del norte de Madrid y se planta como estaca de cerca delante de este servidor, con deseos de discutir y de polemizar. Tomamos el camino acostumbrado hacia nuestras tazas del néctar negro de los dioses blancos, y me dispongo a discutir, pues la vida no es un manojo de rosas silvestres metidas en un cono para regalar a alguna ninfa del asfalto.

--Anoche soñé con... no lo vas a creer –me suelta Juan-, con Kim Jong-un.

Siempre logra sorprenderme, pero esta vez se ha pasado de rosca.

--Bueno, Juan, es conocida tu adicción a las bellezas asiáticas, esas niñas son en realidad hermosísimas, pero... ¿soñar con ese dictador fantoche?

--Verás: había estado viendo un documental sobre las armas nucleares, con fotos de esa región del Asia y de sus personajes, y parece que al acostarme ese fue mi último pensamiento. Un horror.

Entonces Juan y yo nos tomamos nuestros cafés diferentes, como siempre, y nos sentamos a darle tren al asunto. Es que nos gusta, vamos.

--Cada día me convenzo más –me dice-, hay que vivir al día, hermano, Carpe Diem, que aquí no se sabe cuánto más vamos a poder tomarnos un café con leche en esta santa paz.

--No exageres, que la cosa no está para cavar la tierra.

--No te enteras... Piensa: supón que a ese fantoche, como le llamas, se le ocurre apretar el botón y ¡BOOOOOM!, la bomba, contra Corea del Sur y Japón... ¿qué sucedería?

--¡Qué trágico estás hoy, Juan! No es tu costumbre.

--No, si yo no estoy por echarme a llorar, al contrario, sólo que no me sorprendería que esta humanidad hiciera ¡PUM! Y al carajo la vela. Por eso hay que reírse mientras podamos, porque no es sólo el fantoche: imagínate que el tal Ahmadineyab también apriete el botón y...

--Todavía Irán no tiene armas nucleares, Juan.

--Pero las tendrá. Y pronto. Y cuando las tenga, adiós Lolita de mi vida. Lo dicho: a divertirse, a reírse, a bailar, a comer espaguetis en El Corte Inglés, o arroz con frijoles negros en La Bodeguita del Medio, que la vida no es para pensar en las bombas, y en esto admito que me contradigo, sino para vivirla a plenitud...

Y es cierto: la vida no es para pensar en las bombas, sino en vivirla lo mejor posible, por eso me pregunto por qué tantos problemas, tantas discusiones, tanto sufrimiento, tanta agonía pensando en el fin, que quizás no llegue nunca, en lugar de disfrutar de lo que podamos disfrutar y lo que sea sonará.

--Es que hay quienes sufren por adelantado –me dice Juan.

--Lamentablemente demasiados. Conozco un caso de un empleado de un banco que malvivió más de dos años imaginándose que iba a perder su empleo, y al fin no lo perdió, y pudo jubilarse con una pensión no muy alta, pero decorosa. ¿De qué le sirvió el sufrimiento?

Y Juan y yo nos levantamos, nos retiramos cada cual por su ruta, mientras pienso, caminando, cuán feliz podría ser la humanidad si en lugar de regodearse en las tragedias dedicara su vida a luchar para evitarlas y al mismo tiempo disfrutar de las cosas buenas de la vida, que las tiene sin dudas, aunque muchas veces, ocupados como solemos estar en lamentarnos inútilmente, no alcancemos a verlas...

Augusto Lázaro

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