domingo, 10 de julio de 2011

EN VERDAD OS DIGO...

Leo una carta que remite Josefina Galán desde Málaga a un diario de circulación nacional, que resumo:

"La iglesia, en 2009, asistió a casi millón y medio de personas en 1,769 centros asistenciales, entre delegaciones de Cáritas, comedores, parroquias, albergues, etc. En el terreno educativo, la iglesia sostuvo 5,347 centros católicos, donde estudió más de un millón y medio de alumnos, que ahorraron al Estado 4,399 millones de euros..."
Y finalizaba Josefina lamentando que nada similar hacen los sindicatos ni los partidos políticos que tanto se proclaman defensores de los pobres y dedicados a servir a los más necesitados.

Quienes me conocen saben que yo no milito en ninguna religión, en ningún partido político, en ninguna organización social, cultural, política, masónica, sindical, etc., siendo, como me considero, una persona independiente hasta donde se puede serlo, que cuando se desea serlo se puede bastante. Pero me da cierto cosquilleo que se ataque tanto a la iglesia (que no ataca tanto a nada ni a nadie) por parte de quienes no son capaces de afrontar los sacrificios de miles de religiosos que en España y en el mundo renuncian a todos los placeres y todo el bienestar existente para ayudar a quienes más necesitan esa ayuda, sin escatimar ningún esfuerzo, ningún peligro, ninguna renuncia a los bienes materiales que tanto atraen a sindicalistas y políticos tan críticos con la institución religiosa.

Estoy seguro de que este mundo sería mucho más feliz con ese espíritu de verdadero sacrificio que tienen tantas monjas, tantos misioneros, tantas personas dedicadas sólo a hacer el bien (porque no tienen el poder de eliminar el mal que prolifera en la Tierra), y sobre todo, a no ganar varios sueldazos astronómicos ni disponer de viviendas, coches, privilegios, etc., de que disponen los políticos engreídos, farsantes y mentirosos que padecemos en España y en otros lugares (por no decir en todos) del planeta, enriqueciéndose a costa de los cándidos que acuden a votarlos en cada nueva cita electoral. Y no hablo de nuestros flamantes sindicatos (o mejor, de la dirigencia de esos grandes sindicatos UGT y CCOO) que son un accesorio de los gobernantes y que sólo están al servicio de éstos, sin importarles una mierda los trabajadores ni mucho menos los parados que casi rozan los 5 millones en nuestro país.

Más valiera que se llenaran la cara de al menos un poco de vergüenza antes de censurar una labor cristiana de ayuda y sacrificio a millones de personas necesitadas, ayuda y sacrificio que ellos, políticos y sindicalistas, están muy lejos de afrontar.

Augusto Lázaro

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