martes, 22 de febrero de 2011

EL PODER DE LA POESIA

Pues eso, que cuando mi amiga MAR leyó "su" entrada, me llamó enseguida, como acostumbraba (y uso el pasado porque últimamente, quizás por ahorrar, ya no me llama tan seguido como cuando nos conocimos) para preguntarme -no sé por qué ni qué tendrá que ver su pregunta con esa entrada- por qué no publicada poemas, porque a ella, tan romántica la picarilla, le encanta sumirse en ese éxtasis que según me dijo le provocan los versos y las estrofas... aunque, aquí entre nosotros, yo creo que MAR me está tomando las pelusas, porque una vez me confesó que ella jamás lee poesía. Parece que ya no se acuerda de habérmelo dicho.

Pues bien, ahí te va un poema como hecho especialmente para ti, querida MAR, y confío en que éste sí lo vas a disfrutar, porque se te parece mucho más que la entrada anterior que al leerla me dijiste (o me preguntaste) si aquello era una declaración de amor. Y yo te dije:

--Bueno, MAR, sí, es posible, pero... bueno, ya eso no se usa, en todo caso eso sería una declaración de amor virtual, que está más a la moda...

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ESPACIO ROTO EN EL RECUERDO

al menos, MAR, esto es todo tuyo

Anda, llega hasta mi espacio y endúlzalo,
llénalo del perfume que emanas altanera,
desata mis ansias encendidas con tus ojos
cuando se me clavan como dardos
y despiertan esta sed de colmarte de besos,
de mordiscos apurados, de lamidos dispersos
por todos los poros de tu piel...
Vamos, quémame con ese sol que arde
en tus labios añorados como fuente
de una eterna sensación de placer,
arráncame los hálitos de la pasión más burda,
conviérteme en algo vulgar, hazme gritar
y lanzar al espacio palabrotas muy fuertes,
gritando tú conmigo mientras nuestros cuerpos
no se cansen de moverse bruscamente,
haz que vibren mis entrañas, aráñame,
muérdeme con bríos, rompe mi rutina de
pasividad intrascendente,
dame todo tu amor, y regálame
esa tan codiciada y grata dicha
del fuego abrasador que encenderá
mis deseos -dormidos hasta que apareciste
como un último reto-
para agotarme en tu furor de mujer
que rendirá mi fuerza a tus pasiones
hasta que ya no pueda más
y desfallezca entre tus brazos...

Augusto Lázaro,

si sobrevivo...

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