martes, 23 de marzo de 2010

EL MISTERIO DE LOS DETENIDOS

Con tantas detenciones que se publican a diario me pregunto cómo es que el gobierno no ha construido decenas de cárceles nuevas, pues siguiendo la aritmética, tanta gente detenida habría rebasado el límite humano de existencia/convivencia en las aglomeraciones imposibles que existirían en los centros penitenciarios. ¿Dónde están, entonces, esos detenidos? Y otra pregunta: ¿cómo es posible que se detenga a un individuo 10, 20, 30, hasta 50 veces, y se ponga en libertad otras tantas para que continúe cometiendo fechorías y molestando a las personas decentes y honradas que tienen que sufrirlo otra y otra y otra vez, impotentemente? Y otra más: ¿por qué se condena a un delincuente a 950 años, si hasta Abundio se ríe de esa tomadura de pelo, pues ni Matusalén, que en paz descanse, pudiera cumplir semejante cantidad? Y sabiendo como todos sabemos que de esos 950 sólo va a estar 3, cuanto más.

Conversando con mi amigo Juan Maguey, que no cree en la ley, alcancé una luz que me estaba vedada, porque los años no pasan por congraciarse con nuestra longevidad.

--Mira, majete -me dijo Juan con su café cortado al frente- es que tú no te enteras: la casi totalidad de esos detenidos sólo están horas en la comisaría, y tan pronto el juez los interroga, ¡pum!, a la calle a seguir delinquiendo, que esto es España y lo demás bobadas.

--¿Y qué razones esgrime el susodicho juez para ponerlos de patitas en la calle?

--¿Razones? Sobran. Por ejemplo, "no sabía lo que hacía cuando cometió su delito", "hay que darle otra oportunidad para que se reinserte en nuestra sociedad", "está arrepentido", "es un menor, cuidadito con eso", "quiere estudiar y hacerse de un título para ayudar a su país", "no está bien de la chola, el pobre", y así sucesivamente...

--¿Y ese cúmulo de detenciones? ¿Es que no saben que si sueltan a ese fulano volverá a reincidir?

--Pues claro que lo saben, pero ahí entran otras cuestiones que no me atrevo a enumerar, por si acaso no me vayan a acusar de injuria, calumnia, acusación sin pruebas o algo parecido.

--Pero oye, Juan, es que da vergüenza ver cómo a un mismo delincuente lo detienen tantas veces y enseguida lo sueltan, y no hay manera de tenerlo entre rejas para que no fastidie más al pueblo que lo repudia y quiere verlo encerrado.

--Ya lo sé, pero tú y yo no vamos a resolver ni pitoche. Las leyes son así. Y lo peor no es la gente que las hizo, sino la gente que puede y debe reformarlas y no lo hace, o sea, los llamados padres de la patria, el Congreso de los Diputados, vaya, que parece que del pueblo sólo se acuerdan para pedirles que voten por sus candidatos. Ah, y en cuanto a la cantidad de años que los fiscales piden para los detenidos, no es más que una tomadura de pelo, porque todo el mundo sabe que mejor sería no pedir tanto, sino sólo 10, o 20, o 30 años, y que el tal los cumpla en su totalidad, sin grado uno ni dos ni tres ni Lolita de mi vida... ¿otro cortadito?

Y al dejar a Juan esperando el autobús me quedo pensando en que sería mejor que no existieran los encargados de hacer las leyes si no son capaces de cambiar las que el pueblo pide diariamente que se cambien, alegando razones que de oírlas al menos a mí me da un ataque de risa que después tengo que tomarme un calmante para el dolor de estómago.

Augusto Lázaro

1 comentario:

carol dijo...

Este es bueno... la Ley del Menor es una vergüenza y deberían reformarla cuanto antes porque a un menor le sale más "barato" cargarse a 3 que a uno... Una vergüenza!


PD Besitos