domingo, 21 de marzo de 2010

DOMINGOS DE NOSTALGIA

Julio Cortázar dijo en su obra maestra, RAYUELA, algo así como que "todo lo que se escribe hoy y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia"... y esta mañana lo he comprobado una vez más: me he levantado, como siempre, muy temprano, me he asomado a la ventana de mi habitación que da al fondo de la basílica de San Francisco El Grande, y he mirado unos minuitos los árboles (lo que queda de ellos) después de un largo invierno con mucho frío y mucha lluvia, y sólo veo ramas secas con algunas palomas revoloteando y ningún trazo humano que me diga que yo no vivo en el desierto de Gobi. Y me sucede lo que me sucede siempre, cada domingo, al asomarme a la ventana y ver sólo palomas y árboles sin hojas y "nada por todas partes", como dijo Gerónimo, el protagonista de la obra Magia Roja, estrenada por el Cabildo Teatral Santiago hace ya varias décadas. Y no puedo evitar los recuerdos de una de mis épocas felices...

...pero ahora, con los pies en mi habitación de hoy, en pleno 2010, mis recuerdos se vuelven a otro de mis amores imposibles (porque hay cosas imposibles, sin dudas) del que resultó como algo muy agradable un poema que por la nostalgia del domingo paso a quien todavía, en esta época de "sangre, sudor y lágrimas" (¡qué claro lo tenía Churchill), aman la poesía y disfrutan leyéndola:

PRONUNCIARE TU NOMBRE
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
Roque Dalton (poeta salvadoreño)
Cuando yo esté muriendo pronunciaré tu nombre:
tu tan amado nombre
tantas veces relegado al viento
sin penetrar en tus oídos receptores
de otros susurros,
de otras voces distantes, porque siempre estás lejos,
muy lejos de mi voz, de mis ojos, de mis ansias,
atenta quizás a esa broma del viento
que se resiente a transportar mi artilugio
cuando alivio mis horas sempiternas vacías
en las que sólo alcanzo el infantil consuelo
de rememorar otras horas vividas
junto a ti sin pronunciar tu nombre muchas veces
como ahora lo hago sin tenerte delante,
sin que puedas captar mi clamor por descifrarte
en tu totalidad de mujer tímida y vergonzosa...
Entonces te busco en mi espacio vacío
y sólo puedo respirar mil gramos
de nostalgia de ti, de ti como imagen,
como una especie de astrolabio sensual
convertido a su vez en un arpegio
que define tu silueta femenina con sonidos musicales
a veces suaves, lánguidos a veces
estruendosos como un marcial impromptu,
porque tú eres tú y otra más,
cuando te empeñas en no ser como tú,
esa mujer que quizás logre un día construir
(quizás no demasiado tarde)
en lo más inexplorado de mi imaginación...
Pero no me perdono no haber descubierto mucho antes
definitivamente
que eres siempre en tu fondo real
sin imposturas
como un nido de pájaros
resguardado de la lluvia y del frío
por el poder de las palabras exactas
con las que pienso que logro definirte
aunque tú hagas vanos intentos
por mantenerte ajena e infranqueable
como un muro de granito,
como una muralla ante la cual
sólo pueda pronunciar tu nombre
y echarte de menos...
Y ¿resignarme? (aunque suene esta expresión
ridícula)
a morir una mañana de sol bravo
sin saborear la dulce miel de tus palabras
diciéndome al fin que me quieres...
AUGUSTO LAZARO

No hay comentarios: