lunes, 9 de marzo de 2015

LO QUE NOS ESPERA

¡a las urnas, que ahora sí!

Cada vez que se convocan elecciones, millones de personas acuden a depositar sus votos en las urnas. La actual coyuntura política de España no es nada alentadora para que se piense que esta vez los elegidos van a ser distintos y van a resolver los problemas de este país tan pisoteado por la corrupción, sobre todo en los políticos. Se sabe, porque en todos los medios han aparecido pruebas, que en todos los partidos hay corrupción y hay candidatos que no ofrecen la más mínima confianza en que su gestión futura, de ser elegidos, pudiera ser honrada, honesta, limpia, y su dedicación a servir al pueblo pudiera ser ejemplar. Ante este panorama, me pregunto: entonces ¿por qué va tanta gente a votar a esos políticos si sabe (tiene que saberlo) que no van a responder a los reclamos de sus electores?

la nueva casta

La letra de La Internacional dice cosas dignas de una antología de Tomás Moro, como ésta: “no más salvadores supremos, / ni césar, ni burgués, ni dios”... Sin embargo, los “salvadores supremos” son en realidad aquellos que permanecen eternamente al frente de países donde no existen los césares clásicos ni los dioses de las religiones imperantes, porque esos líderes “amados” por sus pueblos se han convertido en dioses que todo lo dirigen, todo lo controlan, todo lo orientan, y todo lo dominan. Como Dios, según la biblia católica. Y en los países llamados democráticos, que escogen a sus gobernantes mediante elecciones libres, cuando la situación se torna insoportable por alguna crisis eventual (las crisis económicas no son nada nuevas, existen desde siempre en todas partes), siempre surgen nuevos líderes que se autoproclaman “salvadores supremos” siendo en realidad una nueva casta que sólo aspira a sustituir la ya establecida para colocarse ella en su lugar, como magistralmente se plantea en la novela de George Orwell REBELION EN LA GRANJA (Animal farm).

la hora de los mameyes

En España ha surgido una nueva casta que acusa de casta a los demás políticos (con bastante razón por cierto) y promete el paraíso encarnado en una sociedad comunista que ha demostrado en la historia que no sirve para nada que no sea esclavizar y oprimir, además de arruinar las economías que controlan totalmente una vez tomado el poder (que por cierto, nunca los comunistas han llegado al poder en ningún país vía elecciones democráticas y libres. ¡Nunca, en ningún país!). Pero los pueblos no escarmientan, ni siquiera por cabeza propia, y eso pudiera suceder en este país. Todavía está caliente el espejo de Grecia, donde un nuevo salvador supremo prometió y juró, y una vez en el poder, ha tenido que rendirse a la evidencia de que sus promesas han caído en saco roto y tiene que morder el cordobán colectivo del capitalismo, gústele o no, para mantenerse y más o menos sacar a Grecia del abismo en el que está a punto de caer

vae victis

Pero lo triste de todo esto es que los sinvergüenzas que han gobernado, gobiernan y gobernarán, no pagan por sus barbaridades: el pobre pueblo de a pie es quien fue, es y será el que tenga que sufrir las consecuencias de una casta política (vieja o nueva) que se reirá de él mientras sus arcas crecen y se reproducen con la rapidez de la luz...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



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