domingo, 1 de marzo de 2015

EL FRIO EN EL RETIRO Y LO DEMAS

¿A quién se le ocurre ir a pasear al parque de El Retiro, en diciembre, con un frío congelahuevos, y con ropa ligera para la temporada? Adivinaron: a la susodicha y al Menda, o sea, a la Encarni y a este seguro servidor. Seguro sí. Lo de servidor... es discutible. Pues sí, señoras y señores: Los dos tórtolos (o tontos, como quiera verse), acurrucándonos en las arboledas del parque y olvidándonos del ventarrón con amenaza de lluvia que se cernía sobre nuestras cholas en declive, porque para esa aventura tarzánica retando al frío invierno madrileño, hay que haber nacido 5 minutos después...
--Este jersey está impertinente, nené, casi no puedo...
--Y tú con ese abrigo casi transparente que mira, si se te ven las costillas.
--Caramba, no sabía que tenías la vista como Superman...
--Mira, nene, deja la milonga y ahora concéntrate, que yo
cuando tengo un calentón hasta Woody Allen me parece apetecible...
Y así fue, como diría la Biblia. Los dos pescamos un resfriado que por poco nos ingresan, por hacernos los cheches, que cuando nos encontramos hasta sentíamos un calorcito agradable con lo que teníamos encima, y mira tú lo que nos cayó. Ella poco tiempo, enseguida se recompuso y siguió con sus cosas, pero yo me tuve que pasar en posición horizontal y descanso forzoso lo que establece la metodología de la gripe (aunque fue un catarro, pero en fin), o sea: con médico 7 días, sin médico una semana. Ah, pero lo que se dice disfrutar, disfrutamos, y estoy seguro de que un nuevo calentón no nos va a coger desprevenidos en El Retiro, aunque la Encarni se empeñe en dejar que el viento frío le sacuda la piel de su cutis tan fino, delicado, terso, etc.
Todo tiene una explicación, aunque no tenga una razón (lógica, justa, correcta): nos gusta el frío, para bien o para mal, cosa rara en caso de los calentones, que según dice la voz del pueblo (¿) suelen producirse mucho más en verano por razones obvias que no voy a repetir aquí. Eso mismo. Y ya ven lo que puede pasar (lo que pasó) cuando no se siguen las normas acreditadas en los cerebros bien pensantes para protegerse de los inclementos (¿existe esa palabra?) temporales o de otra índole.
--Porque cuando hace mucho calor, tener un cuerpo pegado al de una lo que da son ganas de darle un empujón y lanzarlo bien lejos (opinión de ella).
--Porque cuando hace mucho frío siempre siento deseos de caminar, de moverme, de hacer cosas, duermo requetebién, tengo apetito a todas horas, y lo demás, ya se sabe. Y en fin, como siempre (opinión mía).
En efecto: el frío es el tercer personaje de la escena de marras, aunque a veces nos cueste su disfrute. A abrigarse bien y a reírse de los resfriados, que a un gustazo... una semana camera con mucha lectura y confianza en que no será la última...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr


http://elcuiclo.blogspot.com.es


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