domingo, 8 de junio de 2014

ESCRIBIR... ¡AY!

Escribir: se ha definido tanto esta palabra que ya no se sabe qué es en realidad escribir. Han dicho, entre infinidad de otras cosas, que escribir es:

--oficio de solitarios
--arte de las palabras
--expresión escrita
--pérdida de tiempo
--trabajo inútil
--renuncia a todo lo demás
--esfuerzo tonto
--dedicación absoluta
--hobby de vagos
--cosa de maricones

y etc. Como soy escritor (o creo serlo, porque a veces lo dudo), aunque no dedico mucho tiempo a ejercer ese oficio, intento identificarme con alguno de los 10 anteriores calificativos, o con otros que no aparecen porque sería una lista demasiado larga, y porque habrá muchísimas más definiciones que desconozco, y confieso que no me siento afín a ninguna de ésas, y además confieso que tampoco he descubierto cómo podría llamarse a esta profesión, trabajo, oficio, entretenimiento, dedicación, etc., a la que algún tiempo cada día me dedico, y no todos los días, porque en eso no soy muy adicto a sentarme frente a la pantalla en blanco y permanecer dando tecla durante 2 o 4 horitas, que empleo en otras cosas que considero tan o más importantes que soltar lo que tengo dentro para que sólo me lean 4 gatos...

¿Que por qué sigo escribiendo si pienso lo que acabo de decir? ¡Ah! Pues la respuesta tiene dos caminos: 1) yo mismo no lo sé, 2) por costumbre y nada más, porque hace mucho rato que dejé de aspirar al Premio Nobel (ni siquiera al de la Comunidad de Navarra que paga unos... no sé cuántos euros en su certamen anual)... Pues eso, que la costumbre, al igual que los vicios, es muy difícil de superar. Además, dando tecla cada día "mato" esos ratos en que te sientas y te pones a pensar ¿qué me falta hoy por hacer?, y entonces te acuerdas y ¡bingo!, ya: ponerme a escribir tonterías para los cuatro gatos que me son tan fieles que cuando leen algo mío se creen que están leyendo a Thomas Mann, los pobrecillos. ¡Cómo los quiero! Y así sucesivamente, creo que escribir es para mí como el chocolate, que cuando no lo consumo me parece que la vida se me escapa en la respiración anhelante del disfrute. O sea, queridos lectores, que hay cosas en la vida (y quizás en la muerte) que, como el ole, no tienen explicación. Por mucho que uno mismo se rompa el coco intentando descifrar el intríngulis... Cómo me gusta esa palabrita...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr