miércoles, 10 de octubre de 2012

Y MI MADRE: UN PERSONAJE


Permítanme presentarles a la persona que más quiero en la vida (porque después de muerto ya no se quiere a nadie): yo mismo. ¿Qué esperaban? ¿Que dijera: la reina Isabel? Pues no señor. ¡Yo mismo! ¿Quién mejor? Pero debo aclarar que antes no era así, antes no era yo la persona que más yo quería. No. Era el prójimo. Como lo oyen. ¡El prójimo! Yo quería mucho al prójimo. Pero un día, afeitándome frente al espejo, me quedé mirando la otra cara reflejada en el azogado, y le pregunté: oye, ¿tú crees que hago bien queriendo tanto al prójimo? La otra cara, muy seria, me contestó:

--¡Serás tonto! –hizo una mueca-, ¿no te das cuenta de que para querer a alguien primero tienes que quererte tú mismo? ¡A tu edad con eso!...

Y desde ese día decidí quererme más que al prójimo, que en definitivas, no me da ni los buenos días cuando me pasa por el lado y lo saludo. El prójimo se ha vuelto muy mal educado. Quizás sea la crisis. La crisis y esta gente que anuncia que el mundo se va a acabar en este 2012. Mi mamá, cuando oía estas cosas (porque eso del fin del mundo es más viejo que el negro Primitivo), cuando oía a algún zoquete decir que el mundo se iba a acabar, exclamaba: “sí, para el que se muera”, y lanzaba una carcajada que se oía a tres casas de distancia. ¡Mi mamá! Un personaje. Le gustaba embromar. Una vez le dijo a una vecina, al enterarse de que otro vecino había decidido pasar a mejor vida (esto de mejor vida me huele a jodedera, porque el tipo lo que había hecho era morirse y nada más, pero en fin):

--Oye, Josefina, ¿qué te parece lo de don Antonio? Primera vez que se muere, el pobre, ¿eh?

La vecina se quedó impávida (¿estaré usando bien esta palabra?), parece que turbada, porque mi mamá la cogió por sorpresa, y sólo dijo:

-¿Eh? Que... ¿Cómo dices?

Pero no contenta con su éxito, mi mamá insistió en reírse de la humanidad, que en estos tiempos es lo mejor que uno puede hacer, y en un velorio (ella siempre asistía a los velorios para enterarse de los chismes del barrio) donde entre los dolientes voluntarios se encontró a otra vecina que solía hacer comentarios indiscretos sobre el resto del vecindario, pero que no era muy avispada de sesera, se acercó y se sentó junto a ella, susurrándole:

--Oye, Jacinta, ¿tú has observado cómo últimamente se está muriendo gente que nunca se había muerto?

La tal Jacinta cerró los ojos, abrió la boca, se persignó, y cuando pasaron varios minutos reaccionó y le dijo a mi mamá:

--¡Ay, doña Carmen! Pues si usted supiera... no había pensado en eso...

Y aquí estoy yo ahora presentándoles a ustedes, que desde el momento en que me están leyendo demuestran que al menos sabios no son, estas entraditas que intentarán buscar lectores entre la enorme mayoría de personas, o sea, entre los no-sabios, porque no creo que el  cosmonauta Pedro Duque deje lo que esté haciendo y se ponga a leerme. El español cosmonauta, o viceversa. Cosa rara, ¿eh? Pero sí.

Augusto Lázaro

@augustodelatorr