martes, 8 de noviembre de 2011

CRIMENES IMPUNES

Cuando era un niño que todavía almacenaba en su cabeza infinidad de creencias y un montón de fe en el ser humano, contemplaba en la iglesia donde mis padres me bautizaron una imagen de María ante el cadáver de su único hijo, Jesús. Era tal la angustia reflejada en aquel rostro que había que tener el corazón como una piedra de molino para no conmoverse. El tiempo me fue endureciendo poco a poco ante los avatares de un derrotero no escogido por mí, en cuya trayectoria, sin embargo, pensé que no volvería a verme ante una imagen que mostrara un dolor capaz de conmoverme como aquél de mi tan lejana infancia.

Me equivoqué: en muchas ocasiones tuve que pasar por el dolor de ver, como ahora mismo, reflejado en unos ojos que dicen toda la verdad que no puede decirse con palabras, la angustia de una madre a la que han arrebatado a su hija, sin siquiera concederle el consuelo, si es que a una madre que ha perdido a su hija puede haber algo capaz de consolarla, de enterrar el cadáver de lo que más ha amado en su vida.

Conocía la historia que me había impresionado antes cuando me sentí, quizás como muchos, impotente ante los bárbaros que cometieron el crimen y que no recibirán el castigo que merecen, que en cualquier otro país sería, cuando menos, el resto de sus vidas entre rejas. Sin embargo, España se ha vuelto un país donde se puede asesinar impunemente y donde existe, hasta el colmo de la desfachatez, un número bastante elevado de magistrados, jueces y autoridades e instituciones que supuestamente amparados por leyes que parecen ser elaboradas y sancionadas por seres desprovistos de dignidad, ponen a estos hijos de la gran en la calle sin que sus conciencias les impidan dormir a plenitud cada noche junto a sus familias. Porque la conciencia no puede remorder a quienes no la tienen.

Marta del Castillo duerme su eternidad cortada brutalmente en algún lugar desconocido, porque sus asesinos no quieren confesar dónde la arrojaron tras cometer su repugnante crimen, y porque las autoridades no son capaces de sacarles la verdad, y se dejan ridiculizar por esos mozalbetes que deberían pasar el resto de sus miserables vidas en una cárcel que de verdad lo fuera, no como las cárceles españolas que parecen hostales, a veces de lujo, para que quienes sólo merecen escupitazos de desprecio pasen poco tiempo en la mayor comodidad: casos como el de De Juana Chaos abundan en esta península.

Me gustaría que todos los españoles, pero sobre todo los magistrados que deberían impartir la justicia tan escasa en nuestras instituciones judiciales, y lo que hacen es poner en la calle a estos engendros de la Naturaleza para que continúen cometiendo delitos y segando vidas inocentes, miraran esta foto. La miraran un rato, observaran bien esos ojos de madre cuyo dolor no podrá ser reparado con nada, que la miren mucho rato, detenidamente, hasta que se cansen de ver ese rostro de mujer machacada por la tolerancia frente a la maldad, y después se fueran a sus casas y se acostaran a dormir... quizás algunos podrían dormir en paz y tener sueños dorados, pero quizás los haya, y no pocos realmente, cuyas conciencias no les permitan cerrar los ojos y creerse que han cumplido su deber...

Augusto Lázaro

foto: Eva Casanueva, madre de Marta del Castillo.

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