martes, 31 de agosto de 2010

ESPAÑA SIEMPRE PAGA

Parece que Al Qaeda ha decidido sostenerse y financiarse con el dinero de España. Porque España siempre pagará un rescate millonario por los secuestrados por esa organización criminal. El gobierno no lo confiesa, porque ya se sabe que este gobierno es un artífice en la falsedad y la impostura. Pero España siempre pagará. O sea, el gobierno que mal-representa a España ante los asesinos y ante todo el mundo. Es decir, que este gobierno va a financiar a quienes van a asesinar a los españoles en lo adelante (ya han comenzado a hacerlo, en Afganistán). Es como una pesadilla de la cual me parece que en cualquier momento voy a despertar. Pero enseguida reacciono y me doy cuenta, horrorizado, de que no se trata de una pesadilla. 51 compatriotas voluntarios han sido secuestrados desde 1996 (¿cuántos más pasarán por esa terrible situación?). Y siempre, al parecer, España ha pagado el rescate. En esta última ocasión se han salvado, en efecto, a tres españoles (que por cierto se veían muy sonrientes con su propio secuestrador), pero me pregunto ¿a cuántos se habrá condenado a morir por atentados que con la ayuda económica de este gobierno organizarán los señores de Al Qaeda?

Da rabia pensar que el dinero de los contribuyentes sirva para que unos criminales roben, asalten, destruyan, atenten, exploten bombas y asesinen a muchos inocentes en nombre de una "civilización" con la cual se ha aliado el gobierno de turno del país. ¿O es que ya han suprimido la famosa "alianza de civilizaciones", con esas (in)civilizaciones donde se mata a pedradas a una mujer y se cuelga de un árbol a un homosexual, sin que se enteren la Bibiana y el Zerolo, que tan cobardemente callan ante semajantes salvajadas?

Sin dudas, ya que el actual sistema de justicia no funciona como debe funcionar en una democracia (aquí se ha convertido en un juguete al que el mismo presidente se permite chulear sin que los magistrados muevan un dedo para enfrentarse a semejante y bárbara falta de respeto), la historia le pasará la cuenta a este gobierno que se ha convertido, por carambola, en cómplice de los crímenes que cometa Al Qaeda en lo adelante, y que al parecer ya ha comenzado a cometerlos con el asesinato de los guardias civiles y su intérprete en tierra de nadie, ese infierno en que están nuestros militares expuestos a la muerte, todavía con la flamante Ministra de Defensa negando que estén participando en esa guerra, y sin que un solo izquierdista se lance a la calle a pedir que regresen los soldados, como hicieron con los enviados a Iraq.

El hormigón armado palidece ante los rostros de algunos políticos cuando comparecen ante los medios informativos y sueltan por sus bocas las mentiras más inverosímiles, que desgraciadamente todavía millones de españoles se tragan. ¿Hasta cuándo? Pues hasta que se cumpla aquello de que "no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo"... ¿O sí se puede?

Augusto Lázaro

sábado, 28 de agosto de 2010

UN CUENTO PARA EL VERANO

A estas alturas de la humanidad todavía perviven prejuicios y costumbres que resultan poco menos que ridículas. El siguiente texto da una muestra de uno de ellos. Y no es el único.

AHORA LOS VECINOS

Doy tres golpes en la puerta y espero. El viento mueve el único bombillo encendido en la esquina del frente. El chirrido de la verja de hierro me hace recordar un cierto poema que comienza "cuando se abre la reja de tu jardín", Marta mía. ¿Mía? Todas las palabras posesivas andan conmigo hoy. Ahora especialmente. Antes de abrir oigo su voz que dice ¿quién?, pero no espera mi respuesta y abre. Me doy cuenta de que es un poco tarde y de que el viejo debe estar soñando con la plaza de toros de Sevilla. Ella lleva puesto un pulóver malva, el color del luto en la semana santa, según me dijo el viejo un día. ¿Irónica? El caso es que ella está preciosa o...
no sé, es que nunca he podido definirla como yo quisiera. Detrás de su pulóver se ve todo el pasillo hasta el fondo de la casa. Es una casa kilométrica. Cuando cierra la puerta me mira y me dice:

--Ahora los vecinos se van a creer que vienes a acostarte conmigo.

¡Los vecinos! ¡Qué frase! La noche duerme demasiado plácida para que alguno se levante, Pero ella... Mis ojos se prenden de su pulóver malva hasta que nos acomodamos en un espacio reducido al fondo de la casa. Ella está haciendo unos pinceles para sus niños, según me dice.

--Sí, ahora tengo un grupito de niños a mi cargo, de aquí del vecindario. Les enseño a pintar y a muchas cosas. Me entretengo con ellos cantidad.

La miro. Ella sigue trabajando sus pinceles y me mira algunas veces. Pero yo la miro siempre. Se rasca. Mis ojos siguen todo el movimiento de sus manos. Sus manos se escapan de cualquier descripción literaria. Toman la cuchilla de afeitar y sacan astillas de la madera blanda. Sus dedos juegan con el mechón de pelo que está sobre la mesa y ponen un pedazo en la punta afilada de cada pincel. Después lo pega. Se dedica a todo lo que hace con verdadero amor. Cuando termina el último pincel me trae un libro viejo sobre astronomía que acaba de encontrar no sé dónde y me lee algún párrafo, muy entusiasmada. Me contagio cuando leo varios.

--Es un sinvergüenza -le digo del autor del libro.

--No, qué va, si este libro...

--Quiero decir: es un poeta.

--¡Ah! -sonríe-, porque es que está escrito todo así, como si fuera una leyenda. Es que parece una leyenda, por eso me gusta. Me atrapó desde que comencé a leerlo.

--¿Así que a ti te pueden atrapar?

Nos reímos. Sí, porque a ella todo hay que pedírselo. Al menos yo. Dentro de la casa parece que se está muy lejos de todo cuanto nos rodea. A veces el silencio se hace insoportable. Demasiado espacio para dos personas. Le hablo de mi novela y de uno de sus personajes secundarios muy interesante: una anciana paralítica, tía de la protagonista. Me dice que ella conoció a una anciana parecida y me la describe y ojalá hubiera traído mi grabadora. Pero confío en mi memoria. Entonces se me ocurre ponerle un toque de misterio a la visita.

--Ven acá y dime una cosa: a que no adivinas dónde está encerrada esa anciana paralítica.

Pronuncia mi nombre, abre los ojos y me mira muy seria. Seca los pinceles y casi me arrepiento de la broma, pero confío en su entereza y a los pocos minutos el asunto declina. Me levanto, porque cuando se lo pido me dice que hoy no tiene café, y fumarme un cigarro así en seco nunca ha sido mi costumbre.

--¡Qué calor! -le digo, sacudiéndome la camisa.

Sus ojos brillan. Se levanta, corre a la ventana y la abre.

--¿Cómo no se me había ocurrido antes? Ahora los vecinos van a pensar que tú te has acostado conmigo.

Otra vez la niña. ¿Cómo es posible que le importen tanto los vecinos? Le doy un halón de pelo y me voy hasta el cuarto de desahogo a registrar las cosas tiradas unas encima de otras. Por casualidad descubro que en un clóset hay un espacio hueco encartonado. Doy varios golpes y ella viene enseguida y me pregunta qué estoy haciendo. Cuando le comunico mi descubrimiento se pone muy nerviosa,se mete en el clóset y comienza a golpear el cartón para romperlo. Halo sus brazos y la convenzo de que deje eso para mañana. Volvemos a la sala. Volvemos a sentarnos. Volvemos a conversar como antes. Trato de penetrar sus ojos y de saber qué piensa. Creo que la quiero bastante y se lo digo, pero no le digo cómo es que
la quiero. No se lo digo porque yo mismo no lo sé. Con ella todo siempre resulta indefinible. Pero todo atrae. Seguimos con la astronomía y yo le digo que cuando nació Napoleón el sol no estaba en Leo como creen los astrólogos. Me dice que los astrólogos, para sus predicciones, siempre han tenido en cuenta todas esas diferencias de tiempo y espacio. ¡Ja! Realmente es deliciosa. ¿Cómo podría yo descubrir sus posibilidades de delicia? Me dan ganas de darle un cocotazo. Me dan ganas de restregarle en la boca la ternura posible.

--Te queda bien el malva -le digo, cuando en mi reloj ya pasan de las doce y la noche se empeña en seguir con nosotros.

--Me gusta ese color, aunque no tengo mucha ropa así.

--Ese color te da un toque de misterio... pero te hace más bella.

Y es verdad. Por lo menos para mí es verdad. A ella no le miento, aunque tal vez en la mentira haya más atractivo. Pero esta noche la verdad me llena, de sueños y de imágenes. ¿Estoy filosofando? No, con ella no. Con ella la poesía.

--Me voy. Acompáñame a la puerta, no vaya a ser cosa que tu abuelo se despierte y me dé un bastonazo.

Se ríe. Quisiera ver su cara siempre en risa. Cuando se ríe parece más ingenua, más tímida, más niña. Me voy en realidad. En el portal hay un pedazo de muñeca rota, una pierna. Qué raro. Al llegar no lo vi. También hay dos balances blancos ya casi destartalados y me pareció ver uno solo. ¿Qué me pasa? Aunque no me extraña, con ella siempre están apareciendo cosas. Recojo el pedacito de muñeca y se lo tiro y se pierde en el pasillo detrás de su pulóver malva. ¿Tendrá miedo? Ojalá que duerma bien. La miro con todo el cariño que se puede ofrecer con los ojos. Entonces se acerca y me dice:

--Vete pronto, los vecinos se van a imaginar que te has acostado conmigo.

La miro con deseos de decirle me cago en los vecinos... pero no en ti, me vaciaría en ti, me encontraría quizás... Y no la miro más. Cruzo la calle y el aire suaviza mi piel. Es más de media noche. Vista Alegre duerme demasiado tranquila. ¡Ah, sí!¡Los vecinos! Quisiera ver alguno. Siento deseos de fumar y entonces veo sus ojos, sus ojos en el pulóver malva, en los pinceles, en sus manos, en las paredes blancas de su enorme casa, en el mechón de pelo negro, en la verja de hierro... sus ojos, siempre tristes y solos, que me sacan eso tan cercano al amor, eso que puede sentirse por una muchacha que nos dice que los vecinos se van a creer, van a pensar, se van a imaginar que nosotros...

Augusto Lázaro

miércoles, 25 de agosto de 2010

DE CAL Y DE ARENA

UNA DE ARENA

De cualquier persona puede aprenderse algo, porque en el fondo no hay nadie totalmente negativo. Mi vecino José me ha enseñado algo muy importante y necesario para vivir a plenitud y sentirse bien con uno mismo: José es un gran amante de la música, y pasa más de la cuarta parte de cada día disfrutando de lo que para él es el mayor placer imaginado. Gran conocedor de ese arte, posee un tesoro calculado a ojos vista (además de por su confesión) en más de cinco mil discos compactos, que contienen música de todos los géneros, de todos los tiempos y de todos los países. Un día le pregunté si no lo agobiaban tantos disímiles sonidos, si no se aburría alguna vez de sentarse en su casa a deleitarse con lo que él considera "un vicio" saludable (José no fuma ni bebe), y si no sentía deseos de hacer otra cosa (aparte de las imprescindibles que hace por necesidad, como salir a la calle a comprar alimentos o el periódico, o a dar su paseíto corto cada mañana antes de "recogerse" en su espacio de notas). Su respuesta, tan simple como aleccionadora, me puso a pensar:

--Mira, lo importante en esta vida es que tú te sientas bien con lo que haces, o sea, que te sientas bien haciendo lo que quieres hacer, lo que te gusta hacer, lo que te hace feliz...

Pensé cuántos hay por ahí que si conocieran a José pensarían "qué tipo más raro, se pasa el día oyendo música, metido en su casa, sin hacer apenas otra cosa". Qué erráticos sus juicios, porque José ha encontrado la forma, a sus avanzados años, de sentirse feliz, haciendo lo que más le gusta hacer en la vida. Y que por suerte puede hacerlo. Hay otros que se pasan el día sentados en un banco sin hacer otra cosa que dejar pasar el tiempo, o metidos en un bar tragando alcohol y conversando sobre fútbol o política, o metiendo sus manos en bolsillos ajenos intentando arrebatarle a personas decentes el dinero que llevan encima. Me pregunto si serán felices con eso. Puede que me dijeran que sí, sobre todo los carteristas, porque hasta delinquir puede proporcionar placer, sobre todo en una sociedad donde las leyes legisladas, sancionadas y aplicadas por sus poderes legislativo, ejecutivo y judicial, miran a los delincuentes con tanta benevolencia que parece cariño. Y los tratan como a niños pequeños a los que hay que "educar" (intento tonto), apoyar, y hasta querer.

Yo, que también tengo un vicio, llamémosle "espiritual o intelectual", que es pasarme muchas horas diarias leyendo, comprendo a José. Creo que tiene mucha razón, y que al igual que él, puedo sentirme feliz porque tengo la dicha de poder hacer lo que me gusta, y tanto tiempo como quiero y tengo para hacerlo, sin que nada ni nadie me lo impida. Y estar en esta situación es, verdaderamente, un privilegio.

=================================================================

UNA DE SOL

En estos días he pasado muchas horas agradables con un amigo que no veía (ni sabía nada de él) desde hacía más de veinte años. Ese amigo, cubano por más señas, me localizó gracias a este blog, lo que me hace pensar que en realidad Internet es algo que además de ponernos en contacto con todo lo que se hace en este mundo tan mal hecho, nos sirve para reencontrar esas amistades que se pierden, sin quererlo, cuando colectividades enteras tienen que dispersarse por todo el planeta por motivos políticos, que en pleno siglo XXI parece que persistirán todo el tiempo que persista todavía la raza humana... que me temo no será demasiado.

Pues durante estos días le serví de cicerone, mostrándole los lugares que sabía que le gustarían, no los que siempre se muestran a los visitantes como representativos o, como se dice ahora, "emblemáticos" de cada sitio. A mi amigo le gustó Madrid, sobre todo la parte antigua, a donde casi siempre nos dirigíamos a tomarnos un café y a conversar de infinidad de cosas que nos interesaban. Pero lo que más le gustó fue el trato de los madrileños.

--Es una sensación que sientes cuando hablas con alguien, como si fueras otro madrileño más, y ves en ese alguien una disposición a servirte y ayudarte, y eso, al menos en las ciudades de otros países que he visitado, es difícil de notar.

Suerte que mi amigo conoció lo mejor de este país. Otra opinión vertería si hubiese tratado con los políticos o con las instituciones burocráticas. Entonces, cuando nos despedimos en el aeropuerto, no me hubiera dicho lo que me dijo:

--Estoy encantado, me han tratado tan bien que no quisiera irme, nunca me he sentido rechazado en ningún sitio. Dichoso tú que vives en un lugar tan acogedor y rodeado de gente tan amable, agradable y simpática.

Y es verdad, porque lo mejor de España, siempre lo he pensado, es su pueblo, del que desde el mismo día en que llegué me sentí parte. Las excepciones no vale la pena contarlas...

===================================================================

UNA DE CAL

En la ciudad de Nueva York viven actualmente más de medio millón de musulmanes y hay edificadas y en funcionamiento 82 mezquitas. Parece que al señor Barack Obama le parecen pocas y ha decidido apoyar la construcción de una nueva, una más, enorme, precisamente en el lugar donde asesinos cuyo máximo símbolo es una mezquita, cortaron las vidas de más de tres mil inocentes cuyas familias destrozaron sin ningún tipo de consideración. Construir esta manifestación religiosa en ese lugar es simplemente una traición a la memoria de los asesinados en aquel acto brutal e incivilizado. Una burla al pueblo norteamericano. Me pregunto cuántas iglesias cristianas existen en las ciudades de los países islámicos. ¿Lo sabrá el señor Obama?

El señor Obama debería pensar más y analizar objetivamente sus opiniones y sobre todo no apoyar esta descabellada, absurda y demoníaca idea de
hacer un nuevo centro de rezo donde no se sabe qué ventaja puede obtener Estados Unidos y sí cuántas amenazas, ya que cuando se hacen concesiones a los criminales, éstos se envalentonan y arremeten más y más contra nosotros, sabiendo que con sus accciones podrán obtener nuevos y mayores beneficios. Por supuesto que la mayoría de los fieles que van a rezar a esas edificaciones no son miembros de Al Qaeda... pero sí es cierto que todos los miembros de Al Qaeda van a rezar a las mezquitas...

Augusto Lázaro

domingo, 22 de agosto de 2010

PORQUE TODO PUEDE SUCEDER...

Lo he dicho y lo repito una vez más: con Juan Maguey cualquier hijo de vecino puede aprender muchas cosas muy intersantes y disfrutar de una conversación amena e instruida, porque Juan, además de buen amigo, es un gran conversador. Pero a veces le da por anunciar el Apocalipsis, según su punto de vista:

--Con la última ocurrencia del señor Obama, me temo que ya Estados Unidos no es, como siempre ha pretendido, "el salvador de los valores occidentales".

--A ver con qué vienes ahora. Suéltalo.

--Hombre, ¿es que no te has enterado de que el hombre pretende apoyar la construcción de una mezquita gigantesca precisamente donde los islamistas destruyeron las torres gemelas y asesinaron a miles de inocentes norteamericanos y de muchos otros países?

--Bueno, pero eso, hasta donde yo sé, sólo es una idea.

--¿Una idea? Tú, como siempre, rondando la inocencia. Ya son muchos los que apoyan esa idea, como tú la llamas. Y si el río sigue sonando, dentro de poco veremos, donde estaban esas torres, el símbolo de quienes las destruyeron.

--No exageres, querido Juan, que la cosa no va a llegar ahí.

--Pues yo creo que puede llegar. Es que yo creo que los pueblos se están volviendo tontos, y por eso eligen a políticos que no están a la altura de la situación que hoy afronta este dichoso planeta. Pasa aquí en España y mira qué sorpresa, hasta en los mismos Estados Unidos.

--Pues yo te aconsejo que te calmes, porque estás, y voy a usar unas palabras que ya te he dicho, "sufriendo por adelantado". Mira, mejor vamos a tomarnos el acostumbrado, anda. Y deja ya la política, coño, que la vida tiene otras cosas.

Pero a Juan le rondaba una idea, y al día siguiente me llamó para decirme que habÍa escrito una especie de predicción que él mismo no sabía cómo catalogarla. Yo lo ayudé, después de leerla y no saber si reírme... o llorar:

¿CIENCIA-FICCION, FANTASIA, FUTUROLOGIA?

2000: todo marcha sobre ruedas, medios afines al gobierno español publican declaraciones de varios personajes políticos que expresan que las relaciones entre España y Marruecos son excelentes...

2005: hay algunos incidentes, contratiempos, malentendidos, pero algunos políticos del gobierno español expresan que las relaciones entre España y Marruecos son excelentes...

2010: continúan los incidentes en Melilla, que generan un desabastecimiento del comercio y por ende, malestar y problemas en la población, y todo esto con el visto bueno del gobierno marroquí, pero el Secretario de Estado del gobierno español ha declarado que las relaciones entre España y Marruecos son excelentes y que no hay que preocuparse por estos incidentes puntuales...

2015: fuerzas militares de Marruecos toman las ciudades de Ceuta y Melilla y las declaran, unilateralmente, independientes de España, y que por tanto formarán parte del Reino de Marruecos en lo adelante, como siempre debió ser, pero el Secretario de Estado para Africa del Norte, el Ministro de Exteriores y el Presidente del Gobierno comparecen ante los medios y exponen que la situación no ofrece mayores consecuencias, reclaman prudencia, y reiteran que las relaciones entre España y Marruecos son excelentes...

2020: el ejército marroquí ha tomado ya totalmente todo el territorio de Andalucía, colocando interventores en los organismos del estado desmantelados y publicando la Declaración de Pertenencia del Territorio Andalusí al Reino de Marruecos. El Rey de España, por encontrarse en delicado estado de salud, ha declinado la petición del gobierno de intervenir con sus buenos oficios y su amistad con el Rey del vecino país para remediar esta situación, que el Secretario de Estado, el Ministro de Exteriores y el Presidente del gobierno consideran que no es nada grave, y que se etán haciendo gestiones para solucionar la crisis, y además vuelven a exponer ante los medios que las relaciones entre España y Marruecos son excelentes...

Claro que todo esto no es más que una ficción. Pero... ¿y si no lo fuera?

Augusto Lázaro

martes, 17 de agosto de 2010

ANIMALES Y HUMANOS

A los 12 años leí Azul, el libro que más me impresionó cuando penetraba en los caminos siempre descubridores de la adolescencia. Con él a cuestas transité esa edad tan difícil, compleja y maravillosa, que sólo cuando se pierde se valora en su justeza real. Junto a Martí, el genio nicaragüense compartió conmigo muchas horas de placer y dolor, pero siempre permaneció irremplazable su lectura, una y otra vez, deleitando mi pequeño mundo que aprendía y conocía lo que ya de adulto llegó a ser (y todavía es) el mayor placer que puedo experimentar: leer (por encima de todos los demás placeres, humanos y divinos, si estos últimos existen).

Escribiré sobre Azul más ampliamente en otra ocasión. Hoy quiero referirme a dos de sus poemas que conmueven y erizan los pelos al pensar cómo en aquel 1888 ya el autor presentía que este mundo nuestro no marchaba nada bien, y para expresarlo, líricamente, con su genio total, escogió el reino animal para traerlo a competir con los seres humanos, en batalla desigual cuya victoria, para el autor (y para mí) habría que concederle a los "irracionales". Veamos los textos:

El primero, titulado Estival, en la sección El año lírico, narra el romance de una pareja de tigres con una descripción tan preciosa que gracias a la pericia de Darío, leyéndolo, nos parece que se trata de dos amantes humanos que se prodigan caricias y viven su felicidad... hasta que llega un cazador (el Príncipe de Gales) y mata a la tigresa, dejando al "macho" desolado, pero con deseos de venganza que no puede ejecutar contra quienes han roto su vida. Al final, el poema sentencia:

Aquel macho que huyó, bravo y zahareño,
a los rayos ardientes
del sol, en su cubil después dormía.
Entonces tuvo un sueño:
que enterraba las garras y los dientes
en vientres sonrosados
y pechos de mujer, y que engullía
por postres delicados
de comidas y cenas,
como tigre goloso entre golosos,
unas cuantas docenas
de niños tiernos, rubios y sabrosos.

El segundo poema, también de la sección El año lírico, marca una diferencia al colocar como representante de la maldad a un animal (en este caso un gavilán) que observa a una paloma cantar al azul desfalleciente, proclamando ante la inmensidad cuán feliz es por poder hacerlo sin que nada ni nadie perturbe su dicha. Pero al terminar su canto, expresado líricamente con una belleza que sorprende, el "gavilán infame" se la mete en el buche, terminando de esta forma drástica la manifestación poética de la promesa alada.

El final no gustó al académico Juan Valera, al que Darío había enviado su libro, manifestándole su complacencia al disfrutar de su lectura, con esa única excepción, y a pesar de su "afrancesamiento" en el lenguaje, el erudito español colma al joven poeta de elogios por haber logrado embellecer el mismo, lo que yo mucho más tarde exclamé en una conferencia sobre el autor de los Cantos de vida y esperanza que jamás había visto tan altamente enaltecida la belleza de nuestro idioma. El final del poema es también una sentencia:

Entonces el buen Dios, allá en su trono,
mientras Satán, para distraer su encono
aplaudía a aquel pájaro zahareño,
se puso a meditar, arrugó el seño,
y pensó, al recordar sus vastos planes
y recorrer sus puntos y sus comas,
que cuando creó palomas
no debía haber creado gavilanes...

Aquí también Darío utiliza la palabra "zahareño" dirigida a la "bestia" que interrumpe el canto del ave en el "inmenso azul", y yo, en la temprana edad del teen, di mi nota versada igualmente sentenciosa de una visión muy poco alentadora del mundo que me ha tocado vivir:

RAZONES DE LA BESTIA

Yo soy el Minotauro que afanosamente
busca una salida hacia su sed de sangre:
he de morder la paz, he de despedazar toda esperanza,
he de comerme las entrañas de la última oportunidad,
cubrir de oscuridad la primavera,
incrustar un candado gigante
en todas las fronteras, desatar los truenos
del Apocalipsis
que frustren peregrinaciones a la tierra prometida.
Porque yo soy el Minotauro y de mi puta madre
Pasifae
heredé sólamente la insidia, y no quiero
decir lo que heredé de Poseidón, mi creador
por carambola,
recocijado en su rencor satánico
con este encierro mío laberíntico e injusto
donde rompen el silencio sólamente los gritos anuales
de las siete doncellas y los siete imberbes
a mí sacrificados
cuando crujen sus huesos al son de mis colmillos
y los arbustos de cada sendero se tiñen de púrpura.
Sí, yo soy el Minotauro, el engendro asqueroso y asqueado
del aire exterior enrarecido
por los depredadores del siglo terrible
en este planeta condenado por la furia mesiánica
milagrosamente rotando todavía, escapado
de tanta barbarie enfrascada en la insana intención
de destruirlo
aun antes de que las campanas proclamen el inicio
de la última cruzada
a principios del milenio que comienza.
Yo soy el monstruo asqueroso y asqueado
de esa máscara aglutinadora
de sonrisas hipócritas y crímenes perversos
conocida como ser humano rey del planeta Tierra
condenado a disolverse en un gran éxodo
de sentimientos solidarios
cuando el lobo motivado busque el último refugio
en el infierno (allí estará seguro)
y la promesa alada de Rubén Darío haya caído
exánime sobre la nieve sin cantar al azul desfalleciente
mientras los tigres de Bengala desfallezcan
ametrallados por las crueles ráfagas
de eso que dicen que se llama humano.
Yo soy el Minotauro que agoniza
maldiciendo a Minos tras su encuentro
con el mítico Teseo,
pero la agonía alimenta mi rabia
y antes de exhalar el último bufido
haré real aquel sueño del macho que huyó
bravo y zahareño:
enterraré mis garras y mis dientes
en vientres sonrosados y pechos de mujer
y engulliré docenas
de niños tiernos, rubios y sabrosos...
porque ¡yo soy el Minotauro!,
el menos salvaje de los bípedos parlantes
que pueblan la Tierra...

Augusto Lázaro

jueves, 12 de agosto de 2010

CO-PAGO... ¿Y DESPUES QUE?

Me encuentro a mi amigo Juan Maguey en la estación de Méndez Alvaro sin café ni cigarrillo a la vista, lo que me extraña en él, porque esos dos vicios siempre lo acompañan, dondequiera que esté.

--Pero Juan, ¿es que al fin lo dejaste?

Juan es muy inteligente y no hay necesidad de ser con él muy exhaustivo.

--No, hombre, es que estoy pensando en mi tio, que me tiene sirico con la cantaleta de ese asunto del copago.
--¿El copago?... Ah, es que tu tio es pensionista.
--Pues claro, y desde que a esa señora ministra se le ha metido entre las cejas que los pensionistas tienen que pagar un porciento de las consultas médicas, el pobre hombre se pasa el santo día con un papel y un boli, sacando cuentas, a ver cuánto le bajará la pensión. Está de atar.

Nos dirigimos a la cafetería a cumplir nuestras obligaciones con los vicios. Me acuerdo de que uno de mis profesores universitarios siempre nos estaba diciendo que "es muy fácil renunciar a una virtud, lo difícil es renunciar a un vicio", y un alumno gordo y fofo, buen estudiante y mejor compañero, le contestaba, con respeto, porque en aquel tiempo existía el respeto hacia los profesores: "ah, profesor... pero ¡si no fuera por los vicios!"

--¡Oye! Mi tío está de atar, pero tú estás en la luna de Valencia.

Juan me hace reaccionar y pedimos los cafés acostumbrados.

--Estaba pensando en los vicios -le digo.
--Buen pensamiento. Deberías vivir con mi tìo, seguro que harían buenas migas.
--En fin, que ese asunto que tanto preocupa a tu tío todavía no etá decidido. Tu tío está, como decía mi ex, "sufriendo por adelantado".
--Sí, pero cuando el río suena... no, y eso no es lo peor. Mi tío piensa que también van a hacer una ley para que los pensionistas tengan que pagar otro porciento de las medicinas que ahora les dan gratuitamente.
--Por Dios, es verdad que el hombre está de atar. Si eso sólo se ha comentado no sé por qué personaje del Congreso, pero en los pasillos.
--Sí, pero aquí todo es posible. Con la que está cayendo, imagínate. Si a uno de estos locos del Consejo de Ministros se le ocurre plantear algo así, que hay que pagar las medicinas...

Entonces pienso, por primera vez, en esa posibilidad, aunque no creo que la sangre llegue al río, pero como dice Juan, aquí todo es posible. Y él me eriza los pelos con su cuenta personal, porque Juan también, aunque sin papeles ni bolis, sabe sacar sus cuentas.

--Oye esto: no sé si sabes que mi tío es infartado, y para seguir viviendo, entre otras medidas del cardiólogo, tiene que tomarse diariamente nueve comprimidos de 5 medicinas distintas: adiro, coropres, ezetrol, lisinopril y omeprazol... y ya tú sabes que a los mayores de 65 años todo eso se lo suministran gratis... O sea, que si mi tío tiene que pagar esas medicinas, se muere de otro infarto. Y como me repite cada cinco minutos cuando estoy en su casa, que con las pensiones congeladas y en peligro de rabajas, con eso del copago, y además, pagar las medicinas... es como para suicidarse.
--No hay que exagerar -le digo no muy convencido de que está exagerando.

Como siempre que me encuentro con Juan, cuando nos separamos y yo llego a casa, me pongo a pensar en lo que hablamos, y la imagen de su tío con el boli y el papel me llega diáfanamente. No le basta al gobierno con congelar las pensiones y acaso rebajarlas después, sino que pretende que paguemos por las consultas médicas, y de contra, puede ser posible, otras cosas más disparatadas lo han sido, que se le ocurra al mandamás que también los pensionistas tengan que pagar parte de esos medicamentos que actualmente son totalmente gratis...

Vamos, que hay que sentir empatía por ese tío suyo y por tantos otros tíos, abuelos, ancianos, que hay por ahí, comiéndose el coco y con las cuentas diariamente aturdiéndolos a ver cómo salen de esta última ocurrencia ministerial. Y pienso entonces en los pensionistas no contributivos que sólo reciben una ridícula suma que no llega a los 350 euritos, y que no salen en las listas cuando hablan de la pensión mínima en España. Nada, que dentro de poco el aumento de suicidios y de esquizofrénicos va a ser astronómico... si sigue el establo sin cambiar de petiso...

Augusto Lázaro

augustorre1938@yahoo.com

viernes, 6 de agosto de 2010

¿MI TRABAJO?... SONREIR

¿Cree usted posible que a alguien se le pague por sonreír? O sea, que una persona pueda percibir un salario mensual sólamente por pasarse ocho horas sonriendo? Pues es posible, y no en un solo caso, sino en muchos, que por milagro de la burocracia ocurren con frecuencia. He aquí un solo caso como ejemplo, que demuestra que lo real maravilloso pulula con tanta asiduidad como los pedigüeños del Metro (y de la RENFE) que ya no encuentran nuevos temas para tomarle el pelo a quienes provistos de una generosidad sin límites siempre les echan alguna moneda en sus vasitos de cartón.

El caso: una "chica" que trabaja en una residencia de ancianos y desea cambiar de empleo por razones que más adelante se exponen. Y que conste, que esto es algo muy serio...

8 HORAS SONRIENDO

FUNCIONARIO: Su nombre, por favor.
ESTRELLA: Estrella Luminosa del Camino y Pérez
FUNCIONARIO: ¿En serio que se llama así?
ESTRELLA: Oigame, ¿tengo yo cara de política?
FUNCIONARIO: ¿Y por qué de política?
ESTRELLA: Porque son los que siempre están diciendo mentiras.
FUNCIONARIO: ¡Ah! Muy bien. ¿Qué edad tiene?
ESTRELLA: La que aparento.

(El funcionario piensa que la "chica" es muy graciosa y la mira con disimulo, escribiendo en el formulario 45. "Con esa edad debería estar pensando en la jubilación anticipada", piensa).

FUNCIONARIO: Dígame, ¿por qué desea trabajar aquí?
ESTRELLA: Pues porque aquí voy a trabajar menos y a ganar más.
FUNCIONARIO: ¿Cómo dice?
ESTRELLA: Como he dicho, señor. En la Administración del Estado la gente casi no trabaja, y por supuesto, cobra mucho más que nosotros, y además, ni sábados ni domingos.
FUNCIONARIO: Y usted... ¿en qué trabaja?
ESTRELLA: Yo no trabajo, yo sonrío.
FUNCIONARIO: ¡Perdón?
ESTRELLA: Que yo no trabajo, yo sonrío todo el tiempo.

(El funcionario hace una mueca y piensa que la mañana no tiene buena pinta).

FUNCIONARIO: Si no se explica mejor, no la entiendo, la verdad...
ESTRELLA: Mire, resulta que a mí me pagan por sonreír y...
FUNCIONARIO: ¿Me está tomando el pelo?

(Estrella mira la cabeza casi calva del funcionario y sonríe, como pensando que de ninguna manera puede estarle tomando el pelo que el hombre no tiene).

ESTRELLA: Pues la verdad que no podría tomarle el pelo, porque...
FUNCIONARIO: Oiga, señorita, un poco de...
ESTRELLA: Señora, y a mucha honra.
FUNCIONARIO: Bueno, como usted diga, pero... oiga, mire usted...
ESTRELLA: Perdone, es que estoy algo nerviosa...
FUNCIONARIO: Está bien. En fin, continúe usted con eso de la sonrisa...
ESTRELLA: Pues es muy fácil: le decía que mi trabajo consiste en sonreír a todos los que me pasan por el lado. Vaya, para hacerles la vida más agradable, ¿no? Figúrese que todos son ancianos, y usted debe saber que a los ancianos les gusta el cariño...
FUNCIONARIO: Bueno, sí, pero...
ESTRELLA: Nada, que es un trabajo agotador.
FUNCIONARIO: ¿Agotador? ¡Y lo único que hace es sonreír? Mire, señora, eso no se lo cree ni El Tato.
ESTRELLA: ¡A que no! Pues así es: ¡Agotador! ¿Usted sabe lo que es pasarse ocho horas sonriendo a diestra y siniestra? ¡Ocho horas, señor mío! Imagínese cuando termino y llego a mi casa, ¿cómo llego? ¡Ajá! Pues con la boca estirada y un dolor en las encías que para qué le cuento. Por eso quiero cambiar de trabajo.

(El funcionario la mira, perplejo, pensando "lo que me ha caído esta mañana, madre mía", toma unos papeles de encima del buró y le engrega uno a Estrella).

FUNCIONARIO: Muy bien. mire, firme aquí y ya le avisaremos (Piensa para sí: "seguro que le avisaremos, con esas referencias en primera persona ya le avisaremos, ja, dentro de un par de veinte años -y sonríe, disimuladamente-).
ESTRELLA: (Lee el formulario, mira al funcionario, firma, se pone de pie, vuelve a mirar al hombre que no le quita ojo de encima aguantando las ganas de soltar la carcajada, y se dirige a la puerta del despacho para marcharse de una vez, pensando que quizás el hombre no la haya creído y por lo tanto no le dé camino a su solicitud). Muchas gracias. Adiós.
FUNCIONARIO: ¡Adiós, señorita!

Desde la puerta y antes de cerrarla, Estrella le grita:

ESTRELLA: ¡Señora! Ya le dije que señora. Y a mucha honra, hombre. (Y se va).

N del A: a veces la realidad supera a la ficción. Si no lo creen pregúntenle a Beckett. Y si no saben quién es Beckett vayan a Internet, que ése sí lo sabe todo... o casi todo.

AUGUSTO LAZARO

domingo, 1 de agosto de 2010

POR SUPUESTO, PRESCINDIBLE

Acabo de leer una novela que me ha convencido de que soy un "héroe", porque leer las 700 páginas de que consta y salir del proceso sano y salvo (mentalmente hablando) es un acto heroico. ¿Por qué la leí toda entonces? Pues porque necesitaba convencerme de que era verdad que lo que estaba leyendo había sido escrito por el autor que tantas otras buenas obras nos había dejado. Por eso seguí pasando páginas, a pesar de saber lo que seguiría leyendo y casi sin poder creer lo que leía, por venir de ese escritor.

700 páginas dedicadas casi totalmente a describir y narrar sus aventuras "galantes" en la ciudad de La Habana, en la época anterior a la llamada Revolución Socialista.Página a página asistimos a encuentros fortuitos con mujeres de distintas categorías, apariencias, culturas, etc., que ceden todas ante los aparentes "encantos" del gran conquistador que se las arregla para que ninguna rechace sus pretensiones de llevarlas a la cama, destino único y final de todas las que caen ante sus facultades casanóvicas o rubirósicas.

Y todo sin que se haga mención a lo demás que debe suceder en la vida de cualquier persona: estudios, trabajos, ocios, estancias en casa, lecturas, comidas, compras, etc., porque en las 700 páginas sólo se ve, casi al 100%, lo que le ocurre al protagonista, que es el mismo autor (la novela parece ser autobiográfica), que sólo se dedica (triste vida la suya) casi a tiempo completo, a buscar mujeres en calles, parques, autobuses, cines, y a todas llevarlas a una posada (escasísimas veces a sus casas), donde únicamente en una ocasión (la excepción de la regla) el gran "ligón" no puede "cumplir" su "papel de hombre" conquistador y semental a cabalidad.

La narración está dotada con gran efusividad de palabras y giros vulgares, groseros, estúpidos, siempre gratuitamente, regalándonos cuantas palabrotas malsonantes y ridículas el autor quizás considera que "enriquecen" el gracejo popular, cuando resultan todo lo contrario, porque llega el momento en que el lector, por muy zafio que sea, tiende a rechazar este abuso de expresiones totalmente prescindibles para describir una y otra vez (el autor es incansable en sus encuentros sexuales donde el amor brilla por su total ausencia) esos "ligues" que hace, lo mismo en un transporte que en el lunetario oscuro de un cine barato, donde siempre coloca su mano en el muslo de la víctima de turno, siendo aceptada (la mano y la intención) por ésta sin un solo rechazo de ninguna.


Todo esto acompañado de un constante juego de palabras y de medias citas como para que sólo las capten aquellos acostumbrados a leer mucho, o personas con una elevada cultura, lo que forma un contraste con la fraseología, el vocabulario, y los giros populacheros de un lenguaje que curiosamente quien lo emplea es el narrador y no los personajes femeninos cautivados no se sabe por qué atractivos personales que al parecer el autor intenta ostentar, indirectamente, a sabiendas de que carece de ellos, porque de tanto exponerlos uno recuerda el refrán que "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces".


El colmo del autobombo como gran cazador de hembras callejeras viene cuando en una de las tantas posadas donde ejecuta sus "hazañas" cameras, llega a practicar el coito... ¡5 veces seguidas! en una noche rápida, y se queda después tan fresco como un helado de fresa. Y nada más: no hay otra cosa en toda la obra que esos encuentros sexuales que se repiten como los anuncios televisivos hasta el cansancio y el aburimiento, y donde creo que sólo algunos tontos como yo pueden llegar a la última de las 700 páginas, en un epílogo que en pocas cuartillas se aleja del mundo "follante" que describe no sé qué idea ni con qué intención, pues si las hay confieso que yo no las he detectado.


Una novela casi idéntica a otra titulada Trilogía sucia de La Habana, en la que su protagonista, nuevo "héroe" de estos tiempos inciertos, sólo se dedica a follar y a beber ron...


En fin, que lamento muchísimo que tamaño escritor, un gran escritor sin duda alguna, que nos ha dado tantas buenas obras, haya caído en esta chapucería inútil y grosera, indecente y estúpida, donde tal parece que La Habana para un infante difunto no tiene otra cosa que ofrecer que ese mundillo de sexo, bebidas y dolce far niente. Y para colmo, publicada por una editorial supuestamente seria como Seix Barral (en Biblioteca Breve), lo que me hace pensar que nuestras casas de publicaciones literarias sólo suelen fijarse en "el nombrecito" del autor y no en la calidad de tantas obras que publican.


Y porque todavía me cuesta trabajo aceptar que esa laaarga novelucha haya sido escrita por este Premio Príncipe de Asturias, no quiero escribir su nombre, con la vaga esperanza de que se trate de un error... porque una tontería más seguramente no me va a hacer menos tonto.


Augusto Lázaro