viernes, 6 de agosto de 2010

¿MI TRABAJO?... SONREIR

¿Cree usted posible que a alguien se le pague por sonreír? O sea, que una persona pueda percibir un salario mensual sólamente por pasarse ocho horas sonriendo? Pues es posible, y no en un solo caso, sino en muchos, que por milagro de la burocracia ocurren con frecuencia. He aquí un solo caso como ejemplo, que demuestra que lo real maravilloso pulula con tanta asiduidad como los pedigüeños del Metro (y de la RENFE) que ya no encuentran nuevos temas para tomarle el pelo a quienes provistos de una generosidad sin límites siempre les echan alguna moneda en sus vasitos de cartón.

El caso: una "chica" que trabaja en una residencia de ancianos y desea cambiar de empleo por razones que más adelante se exponen. Y que conste, que esto es algo muy serio...

8 HORAS SONRIENDO

FUNCIONARIO: Su nombre, por favor.
ESTRELLA: Estrella Luminosa del Camino y Pérez
FUNCIONARIO: ¿En serio que se llama así?
ESTRELLA: Oigame, ¿tengo yo cara de política?
FUNCIONARIO: ¿Y por qué de política?
ESTRELLA: Porque son los que siempre están diciendo mentiras.
FUNCIONARIO: ¡Ah! Muy bien. ¿Qué edad tiene?
ESTRELLA: La que aparento.

(El funcionario piensa que la "chica" es muy graciosa y la mira con disimulo, escribiendo en el formulario 45. "Con esa edad debería estar pensando en la jubilación anticipada", piensa).

FUNCIONARIO: Dígame, ¿por qué desea trabajar aquí?
ESTRELLA: Pues porque aquí voy a trabajar menos y a ganar más.
FUNCIONARIO: ¿Cómo dice?
ESTRELLA: Como he dicho, señor. En la Administración del Estado la gente casi no trabaja, y por supuesto, cobra mucho más que nosotros, y además, ni sábados ni domingos.
FUNCIONARIO: Y usted... ¿en qué trabaja?
ESTRELLA: Yo no trabajo, yo sonrío.
FUNCIONARIO: ¡Perdón?
ESTRELLA: Que yo no trabajo, yo sonrío todo el tiempo.

(El funcionario hace una mueca y piensa que la mañana no tiene buena pinta).

FUNCIONARIO: Si no se explica mejor, no la entiendo, la verdad...
ESTRELLA: Mire, resulta que a mí me pagan por sonreír y...
FUNCIONARIO: ¿Me está tomando el pelo?

(Estrella mira la cabeza casi calva del funcionario y sonríe, como pensando que de ninguna manera puede estarle tomando el pelo que el hombre no tiene).

ESTRELLA: Pues la verdad que no podría tomarle el pelo, porque...
FUNCIONARIO: Oiga, señorita, un poco de...
ESTRELLA: Señora, y a mucha honra.
FUNCIONARIO: Bueno, como usted diga, pero... oiga, mire usted...
ESTRELLA: Perdone, es que estoy algo nerviosa...
FUNCIONARIO: Está bien. En fin, continúe usted con eso de la sonrisa...
ESTRELLA: Pues es muy fácil: le decía que mi trabajo consiste en sonreír a todos los que me pasan por el lado. Vaya, para hacerles la vida más agradable, ¿no? Figúrese que todos son ancianos, y usted debe saber que a los ancianos les gusta el cariño...
FUNCIONARIO: Bueno, sí, pero...
ESTRELLA: Nada, que es un trabajo agotador.
FUNCIONARIO: ¿Agotador? ¡Y lo único que hace es sonreír? Mire, señora, eso no se lo cree ni El Tato.
ESTRELLA: ¡A que no! Pues así es: ¡Agotador! ¿Usted sabe lo que es pasarse ocho horas sonriendo a diestra y siniestra? ¡Ocho horas, señor mío! Imagínese cuando termino y llego a mi casa, ¿cómo llego? ¡Ajá! Pues con la boca estirada y un dolor en las encías que para qué le cuento. Por eso quiero cambiar de trabajo.

(El funcionario la mira, perplejo, pensando "lo que me ha caído esta mañana, madre mía", toma unos papeles de encima del buró y le engrega uno a Estrella).

FUNCIONARIO: Muy bien. mire, firme aquí y ya le avisaremos (Piensa para sí: "seguro que le avisaremos, con esas referencias en primera persona ya le avisaremos, ja, dentro de un par de veinte años -y sonríe, disimuladamente-).
ESTRELLA: (Lee el formulario, mira al funcionario, firma, se pone de pie, vuelve a mirar al hombre que no le quita ojo de encima aguantando las ganas de soltar la carcajada, y se dirige a la puerta del despacho para marcharse de una vez, pensando que quizás el hombre no la haya creído y por lo tanto no le dé camino a su solicitud). Muchas gracias. Adiós.
FUNCIONARIO: ¡Adiós, señorita!

Desde la puerta y antes de cerrarla, Estrella le grita:

ESTRELLA: ¡Señora! Ya le dije que señora. Y a mucha honra, hombre. (Y se va).

N del A: a veces la realidad supera a la ficción. Si no lo creen pregúntenle a Beckett. Y si no saben quién es Beckett vayan a Internet, que ése sí lo sabe todo... o casi todo.

AUGUSTO LAZARO

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