lunes, 17 de julio de 2017

LAS CREENCIAS

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Dejé de creer en todo la noche en que, haciéndome el dormido, descubrí a mi padre colocándome los juguetes debajo de mi cama, junto a la cartita a los reyes y el agua y las yerbitas a los camellos que yo siempre ponía cada noche del 5 de enero, confiando en que al despetar vería junto a mi cama todo lo que había pedido, que era más de lo que mis padres me podían conceder, pero que como yo no creía en ellos, que eran pobres, sino en los reyes, que eran magos y todo lo podían, escibía en la cartita peticiones que ahora me dan risa y a la vez, tristeza en la nostalgia del sufrimiento que le daría a mis padres al ver cuántas cosas yo pedía que ellos de ninguna manera (ni robando quizás) podrían regalarme ese tan bello día de celebración y felicidad para casi todos los niños. Porque ser un niño es eso: no entender lo que no se puede, pero vivir la ilusión de despertar una mañana cualquiera con su sueño ralizado gracias a esos 3 viejos que sobre los camellos recorrían el mundo dándole un poco de felicidad a los niños "que se habían portado bien" y merecían ser dichosos... aunque fuera un solo día...
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Las creencias, en general, generan más dolores que placeres. Siempre he respetado a quienes creen en cualquier cosa, lo mismo en religión que en política, aunque no he tenido la suerte (llamémoslo así) de recibir a cambio el mismo respeto por mis NO creencias sin que por ello me enemiste con las personas que padecen la manía de no estar de acuerdo más que con ellos mismos y con lo que ellos piensan, sienten y dicen. Pero apartándonos de las creencias religiosas y políticas, que son las más “peligrosas”, porque son las que más fácilmente enemistan a personas que si nunca hablaran de ellas permanecerían todas sus vidas en una amistad hermosa y compartida, existen creencias que en verdad dan risa, y con las cuales ni siquiera puede bromearse, porque enardecen al “creyente” que puede reaccionar enfadado y hasta colérico en un encuentro de comentarios sin ninguna maldad. Es que mantener una conversación con los semejantes, últimamente, se ha vuelto difícil. Cito un solo ejemplo que puede resumir hasta dónde puede llegar el “fanatismo” de ciertas creencias que, repito, no son religiosas ni políticas, ambas rechazadas por mí en cualquier conversación, por amargas experiencias que he sufrido en muchas ocasiones y que he dado por considerarlas como “caso cerrado”. Pero oigan esto:
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Una mañana, al salir de mi apartamento, me encuentro en los bajos a una auxiliar leyendo una revista, tan abstraídamente que al saludarla ni se dio cuenta y no me respondió. Me acerqué con disimulo a ver qué era lo que la tenía casi en éxtasis y... adivinen: un horóscopo. Entonces me miró, nos saludamos, y le dije: mira, una sugerencia: compra 10 revistas y 5 periódicos de esos que tienen horóscopos y ponte a leer los 15 sin distraerte. Si encuentras 2 que digan lo mismo, yo también comenzaré desde mañana a leer horóscopos, que siempre son firmados por un ser humano igual que nosotros, por supuesto, para cobrar lo que le paga le entidad contratante por escribir lo bueno (nunca dicen nada malo) que te puede suceder durante los próximos días, y que tu signo, que es, digamos Piscis, está en línea con Virgo, lo que fevorece tus aspiraciones a... y así. La auxiliar, con la que me llevo de maravillas, se quedó otra vez en éxtasis, quizás pensando “caramba, no había pensado en eso” o algo parecido. Me pregunto si todavía seguirá leyendo hróscopos...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

1 comentario:

Ricardo Grimes dijo...

Atinado como siempre. El caso de Santa es triste ya que, de haber existido alguna vez, murió al instante. Cientos de miles de toneladas de juguetes viajando a tres mil veces la velocidad del sonido son difíciles de frenar...Con respecto al horóscopo, recuerdo un chiste muy viejo que decía algo así:
-- Hola María. ¿Que haces?
-- Leyendo el horóscopo.
-- Ajá. ¿Y que dice?
-- Hoy despertaste con escamas verdes en la piel. De tu espalda brotan alas de murciélago y con tu aliento puedes derretir el acero. Usas espejuelos.
-- ¡Que acertado! Tú sí usas espejuelos.