lunes, 10 de julio de 2017

CREER O NO CREER

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Una trabajadora del edificio donde vivo escribió en su cuenta de Facebook: “si alguien quiere salir de mi vida, le enseño la puerta, lo acompaño hasta ella, la abro y le digo adiós y suerte”. Pensé en ello durante varios días, y me di cuenta de que eso era exactamente lo que yo hacía de vez en cuando, y me llamó la atención que quizás ella también sintiera, como yo al hacerlo, una sensación de felicidad, tranquilidad y paz, porque nos quitábamos de encima un peso de piedra de molino que nos tenía atormentados. Y todo, teniendo la solución al alcance del diccionario: decir NO es tan necesario para ser feliz como decir SI cuando la situación merece uno de esos dos términos. Pero ¡ay!, que muchas veces por una falsa creencia en la buena educación o en no herir al semejante, soportamos a personas que no nos dan nada y por el contrario nos quitan esos pocos momentos de bienestar a los que todos tenemos derecho a disfrutar. ¡Cuántas batallas le hubiéramos ganado a la depresión, al malestar, a los problemas que nos hacen sufrir, si hubiéramos usado un poco más esa corta palabra, tan fácil de decir: ¡NOOOOO!

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Todos hemos sufrido traiciones de personas de las que nunca esperábamos semejantes actitudes. Por eso nos duelen tanto. Pero si repasamos un poco nuestra propia vida, nos daremos cuenta de que la culpa de esas traiciones son nuestras, por una razón muy simple: no supimos elegir. Y punto. La elección de quiénes pueden realmente ser amigos y además demostrárnoslo, no es nada fácil. Vivimos en un mundo hipócrita, donde prima la impostura, el engaño, la habilidad de ciertas personas para hacerse querer por los demás, fingiendo cariños y emociones que están muy lejos de sentir de verdad. ¿Cuántas veces nos hemos equivocado pensando, al conocer a alguien que nos llama la atención por sus “valores y méritos” (aparentes) que ese alguien es digno de nuestra amistad y nuestro cariño a toda prueba? Muchas.Y eso nos ha sucedido precisamente por idealizar a esas personas sin darle tiempo a conocerlas mejor y más profundamente. Yo mismo padezco de ese mal que he pagado con creces: he conocido a mucha gente a la que enseguida he idealizado, y el tiempo se ha encargado de sacarme de mi error, pero siempre con un precio demasiado alto. Por eso he decidido que mi amiga tiene toda la razón, sólo que también hay que darle un empujoncito a veces, no a quien desee salir de nuestras vidas, sino a algunos que no muestran deseos de hacerlo, pues lo que quieren es seguir “jodiéndonos la vida” como bien decía mi amiga Vicky Ruiz en su cuenta de Faceboook. A todos, hay que abrirles la puerta de salida, y en algunos casos, empujarlos y no desearles suerte: que se las arreglen como puedan mientras nosotros agradecemos al diccionario por su bellísima y oportuna (y salvadora) palabra: ¡NOOOOO!

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Lo dicho: evitar males mayores pronunciando esa palabra de tan poco uso en nuestra relación con los seres humanos con quienes por alguna causa tenemos que relacionarnos y a veces compartir con ellos algo más que saludos inevitables. Tenemos, si queremos de verdad quitarnos de encima a personas de esas que sólo sirven para amargarnos la vida, que aprender a pronunciar esa palabra que puede salvarnos en numerosas ocasiones de caer en un estado depresivo, pesimista, triste, que incluso pudiera echar a perder nuestra salud: Sólo hay que pronunciar una palabra: ¡NOOOOO!

Augusto Lázaro



@lazarocasas38

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