lunes, 31 de julio de 2017

ESPERANDO EL CARRITO


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Vivía al lado de mi casa, en la calle San Germán, cerca de la Alameda, aunque desde nuestras casas no veíamos el mar. El mar Caribe, tan deseado por excursionistas del patio y de fuera, como decía don Francisco Santa Cruz-Pacheco y Riverí. Todos los días, al regresar del trabajo, me lo encontraba sentado frente a la puerta de su casa.

--Buenas tardes, don Francisco. ¿Qué hace ahí, con este calor?

Siempre me contestaba lo mismo:

--Pues ya ves, hijo, como siempre, esperando el carrito...

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El Carrito era (muchos lo habrän entendido, sobre todo cubanos y caribeños) nada menos que el carro fúnebre que lleva los restos de los que un día fueron a su última morada, y don Francisco estuvo, mientras yo viví en esa casa junto a la suya, esperándolo, muchos años, mientras el tiempo pasaba y pasaba y pasaba... Yo me volví a casar, y  recomencé mi vida y mi trabajo, hasta olvidarme poco a poco del viejo don Francisco, personaje sin dudas pintoresco al que le había tomado cariño (que él se había ganado). Un día, por esas casualidades de la vida, mi esposa me sugirió que pasáramos frente a la casa donde yo había vivido tantos años, sólo para ver el ambiente, que, cosa rara, nunca se nos había ocurrido, inmersos como ambos estábamos en nuestras ocupaciones, que eran bastantes, y nuestras responsabilidades, que eran ídem. La cuestión: que por fin fuimos una tarde, también calurosa, y al pasar por frente a la casa de Don Francisco... ¿qué vieron nuestros ojos?

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Pues que allí estaba, en su mismo sitio, con su misma mirada perdida en una distancia que intentaba encontrar el Mar Caribe, allá abajo, sin lograr su empeño debido a la inverosímil estructura urbanística de la ciudad. Y allí estaba, algo más viejo y achacoso, pero vivo... la muerte todavía no quería llevárselo, parece que a la señora de la guadaña le gustaban sus bromas, porque don Francisco tomaba la vida y la muerte como los mexicanos, que se ríen de esta última etapa y hasta la celebran, dan fiestas y bailes con esqueletos y calaveras como pensando, con mucha razón, que la muerte es cosa natural que algún día vendrá, porque si algo no deja a nadie en el olvido es la parca. Y a don Francisco y a los mexicanos les tiene sin cuidado el carrito, que como me decía el querido viejo: “algún día vendrá, pero mientras yo aquí, sentado, viendo pasar la gente y el tiempo, esperándola”. Quizás todavía esté allí su figura, aunque sólo sea imaginaria, como siempre, con su sonrisa quizás de resignación o quizás de comprensión, esperando el carrito...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

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