domingo, 6 de julio de 2014

LA DUDA: VENENO SIN ANTIDOTO

Una de las frases históricas más certeras que dijo Karl Marx fue (si es verdad que la dijo): "lo único cierto es la duda". Digo si es verdad porque a Marx se le atribuyen tantas ideas, palabras, pensamientos, acciones, que muchas veces me he preguntado cuántas de esas cosas a él atribuidas serán suyas y no del rumoreo humano que ha existido desde que el hombre cavernario se convirtió en erecto y caminó como una estaca, y tan altanero que incluso en nuestros días miramos con admiración esa transfor
mación que no sé a cabalidad si la hemos mejorado o si la hemos puesto bocabajo, superando los rasgos salvajes que entonces tenían y que ahora quizás tengamos más los bípedos que poblamos y destruimos día a día este planeta llamado TIERRA.
Ya sé que comienzo hablando del pan y de pronto cambio el tema hacia el vino (por citar a los clásicos), pero no me negarán que cuando una persona habla con otra también incurre en estos pases que inevitablemente, en mi caso, llevo a la escritura, porque me gusta y porque a veces en el cambio aparece algo de más interés que lo que aparecía como el comienzo de un micro-estudio sobre -en este caso- el marxismo, filosofía que nunca me convenció, a pesar de su buen sentido y sus deseos quizás nobles, pero que en la práctica se ha demostrado que no pasa de ser el gran fracaso, o como diría un escritor mucho mejor que yo, "la gran estafa del siglo XX" (y el título sí es sic).
Pero tomando la duda como el quid de la cosa de esta entrada (o post, como suele decirse), así dicha tan simple parece algo normal que padece todo ser humano y que yo experimento y he experimentado a lo largo de mi larga vida, y que me ha provocado, lo confieso, muchos momentos de angustia, decepción, y hasta un poco de misantropía cuando la duda procede de haber perdido la fe en un ser querido que no responde en su momento cumbre a mis expectativas. Entonces surge la duda como un pinchazo eléctrico en el mismo corazón. Y créanme, la duda ante algún ser querido duele mucho más, y ofende, aunque no tenga fundamento, tanto al ser dudado como al ser dudante (o dudoso). La pregunta: ¿podemos librarnos de la duda? (las respuestas, que son varias, merecen otro post ).
En todo caso (o mejor, en todos los casos) yo siempre he optado por  otra máxima que no sé de qué cosecha es: "ante la duda, abstente", y eso es lo que hago, a pesar de que últimamente son tantas las dudas que de seguir con ese ritmo voy a terminar cambiando mi verbo favorito (esperar) por este otro nuevo y de nuevo calibre: abstener(me). Y así evitar cualquier problema, aunque me cataloguen de apático, lo que no va a quitarme el sueño. Sin dudas.
Augusto Lázaro
@augustodelatorr