domingo, 13 de julio de 2014

DURO OFICIO

Alguien dijo que "la política es el oficio de los que no tienen oficio". Pero en realidad yo creo que los políticos sí tienen oficio: su oficio es enriquecerse, vivir la dulce vida, prometer cosas que no van a cumplir, insultar a los adversarios, y entrar de lleno en el fascinante mundo del poder (y a veces de la gloria) y el "figurao", dominando medios, servicios, organizaciones, y todo un conglomerado de atenciones y prebendas (sueldos elevados, pluses, viáticos, coches oficiales, despachos provistos de los más modernos equipos, etc.) que da esa situación colocando a personas que quizás no sirvieran para otra cosa, en altas cumbres de personalidad y representación. No pienso repetir ese lugar común de que "hay excepciones", eso lo dejo a quienes se dediquen a buscar esas excepciones que cada día son menos.
El libro de cabecera por excelencia de un político es según consenso EL PRINCIPE de Nicolás Maquiavelo, de quien la maledicencia ha regado por el espacio terrícola atributos negativos que no tuvo en realidad este noble florentino, a pesar de su tratado tan tratado en congresos, asambleas, reuniones, contactos, seminarios, estudios, y sobre todo en discusiones privadas entre esos personajes a quienes los medios (y hasta los enteros) llaman intelectuales. Un libro fundamental, sin dudas, pero hay otros, y entre ellos dos que pueden sustituir al citado sin restarle ninguna observación aprovechable. Uno es la famosa biografía de Fouché (el genio tenebroso al que bastó sólo una madrugada para enviar a la guillotina al ilustre Maximilien Robespierre que tanto la había usado contra sus aparentes y reales enemigos), escrita con brillantez por Stefan Zweig. Y el otro, de recién salida, que me ha entusiasmado para adentrarme más en la cabeza de ese bípedo abundante y por desgracia imprescindible en toda sociedad moderna: EL POLITICO.
El libro al que me refiero se titula FUEGO Y CENIZAS, de Michael Ignatieff, que fuera líder del Partido Liberal de Canadá, y de la oposición oficial entre 2008 y 2011, y en él se disecciona la mentalidad de un político cualquiera de cualquier latitud, porque la principal virtud que tiene es ésa: los políticos son iguales en todas partes, con mínimas diferencias, a excepción de los que ejercen el poder en dictaduras totalitarias, que pertenecen a otra rama de la especie humana, a los que hay que padecer casi siempre sin poder evitarlo.
Lo más triste y lamentable es que en las actuales circunstancias de la sociedad (de cualquier sociedad, quizás con excepción de las tribus nómadas o establecidas en lugares como el Matto Grosso) no nos queda otro remedio que soportar a los políticos, pues aunque no seamos miembros de ningún partido, aunque no vayamos a votarlos nunca, aunque intentemos aislarnos totalmente de esa plaga, nos será muy difícil, por no decir imposible, porque hasta encerrados en nuestros baños ejecutando nuestras necesidades perentorias, sabremos que al salir, frescos y perfumados, nos encontraremos, directa o indirectamente, con ese personaje imprescindible que nos acecha hasta en nuestras propias casas. Mejor leer un libro, si es que hay alguno que no mencione la política.
No por gusto (y repito aquí sus palabras) me decía mi tío Pancho Casas hace muchas décadas esta verdad insoslayable: "de los políticos no esperes nada, porque to's son peores"...
Augusto Lázaro
@augustodelatorr