jueves, 2 de agosto de 2012

EL SIGLO DE ASIA


Se atribuyen a Napoleón estas desafortunadas e irrespetuosas palabras: "¡no despertéis al monstruo amarillo!", refiriéndose a China, país de cultura milenaria que a pesar de su gran tragedia (el sistema político que aún hoy pervive, condenado a morir como han muerto todos los sistemas totalitarios por distintas vías) se ha convertido en la segunda potencia económica del mundo en este comenzado siglo XXI, dejando atrás a Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Canadá e Italia, miembros ilustres del llamado G-7 que Estados Unidos ha encabezado siempre, siendo el único país que actualmente está por encima del gigante asiático, de cuya "fábrica" no puede prescindir la humanidad hoy por hoy.
China (sus dirigentes de las últimas décadas) comprendió que por la fuerza (por las armas) no resolvería nada (también lo comprendieron Japón y Alemania), y se dedicó a la economía, donde tan bien le ha ido, y con la cual ha colocado a ese país como el número 2, con tanta fuerza que ya nadie duda de que sin China el mundo no podría, o al menos le sería sumamente difícil, sobrevivir. El mundo está inundado de productos, artículos y equipos “made in China”, y actualmente no puede decirse que no tengan una alta calidad, como se ve en todos los centros comerciales donde sus productos invitan a la compra, aparte de que casi no hay dónde escoger, pues los demás países (casi nada, unos 200), muy poco tienen que ofrecer al consumidor.
Pero este ejemplo no ha sido seguido por otras grandes potencias, como Estados Unidos y Rusia, que persisten en su empeño de lograr con las armas lo que parece que temen no lograr con otros medios, sobre todo con la Economía. ¿Cómo estaría hoy Estados Unidos si no mantuviera esa enorme cantidad de tropas, cuyo gasto es inconmensurable, en distintos países que en definitivas no le van a reportar otra cosa que disgustos, sufrimientos, destrucción, y la muerte de sus mejores hijos?, con especial contingencia en dos lugares convertidos en fábricas de cadáveres, donde cada día se producen atentados y se derrama sangre, de militares y de población civil. Y lo peor: sus dirigentes (los de Estados Unidos) parece que no se han dado cuenta de que esas guerras (no son otra cosa) en Iraq y en Afganistán, no van a ganarlas. Obama, que tenía en sus manos acabar con ese desparpajo de creerse que en verdad son “el destino manifiesto” para arreglar el mundo, ha desaprovechado esta oportunidad y con la gloria (que según Martí cabe en un grano de maíz) del flamante y ridículo Premio Nobel de la Paz, arremete, contra la voluntad de la mayoría del pueblo norteamericano, en su pasión por la estúpida aventura militar.
Rusia es otro lamentable ejemplo de perseverancia en el militarismo y el poder de las armas como potencia mundial, que tampoco le dan ningún dividendo y sólo logra con eso continuar alejada de los cimeros lugares en la tabla universal de primeros países, mucho más ahora con esa idea estrafalaria de establecer bases militares en nuevas zonas para seguir gastando el dinero de su pueblo que piensa muy distinto a sus gobernantes embobados con el ideal sacrosanto de la poderosa Unión Soviética, que en paz descanse.
De persistir en esas ideas ingenuas que algunos trasnochados intentan justificar con frases como "no podemos salir de Afganistán", Estados Unidos perderá muy pronto su "hegemonía" de primera potencia mundial económica y después quizás hasta en lo demás, y seguirá envuelto en una gran crisis cuyo desenlace no soy capaz de imaginar. La humanidad no necesita guerras (la actual crisis lo demuestra) sino que todos los gobiernos, principalmente los de las potencias económicas y militares, dediquen sus esfuerzos y sus pensamientos a sus pueblos y que todo lo que hagan sea para mejorar la vida de los ciudadanos que los votaron de los que en realidad sólo parecen acordarse en épocas electorales.
Augusto Lázaro
para ver EL CUICLO pinche http://elcuiclo.blogspot.com.es

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