viernes, 11 de mayo de 2012

MECANICA VITAL

Despierto. Abro los ojos y veo lo mismo que veo cuando me despierto cada mañana en mi habitación. Entonces me doy cuenta de que todo ha sido un sueño y de que todo sigue igual, que soy el mismo y que nada ha cambiado: sigo en mi cama, en mi habitación, rodeado de las cosas que me rodean desde hace infinidad de tiempo, sin aumento ni disminución en su cantidad, aunque quizás sí en su calidad, porque hasta yo he disminuido en mi calidad de ser humano: soy más viejo y por lo tanto, más vulnerable, y la prueba es este sueño, o esta pesadilla que he tenido que hace sólo diez años nunca hubiera tenido. Decido levantarme y comenzar a hacer exactamente lo mismo que hago todas las mañanas cuando me despierto y me levanto: lo mismo, exactamente lo mismo, cada día de la semana, del mes y del año.

Porque mi vida, como quizás la vida de millones de seres humanos, no es más que una repetición constante de las mismas acciones y los mismos movimientos que se realizan cada hora, y en mi caso puedo estar seguro de que hoy, igual que ayer y que mañana, haré las mismas cosas, a las mismas horas, y en los mismos lugares. Sin dudas, una vida interesante, ¿no?

Me consuela, si es que algo puede consolar a un ser humano, lo que me dice mi vecino inmediato:

--Lo único que importa es que tú te sientas bien haciendo lo que haces. Si te sientes bien así, pues sigue así, no tienes que buscar amenidades en ningún otro lugar ni con ninguna otra actividad.

Con semejante sencillez mi vecino acepta que yo, al igual que él y que cada ser humano, viva como quiera vivir, siempre que pueda vivir como quiera. De tan simple parece un juego de palabras, pero no lo es. Aunque es cierto que la vida a veces se convierte en una monotonía inevitable, pues en algunos casos, aunque se pretenda salir de la rutina no se puede, pues para hacerlo hay que contar con ciertos factores, como por ejemplo desear salir de la rutina, que no todos los que viven rutinariamente desean salir de ella, bien porque se sienten bien así, como dice mi vecino, o bien porque no saben cómo hacerlo, o bien porque no pueden hacerlo por diversos motivos, sobre todo el motivo económico, factor fundamental para digamos hacer un viaje que los saque de esa sensación de estancamiento durante unos días, quizás unas semanas. Un amigo que vive como yo, dentro de una sucesión de acciones, movimientos, tareas y demás, siempre iguales, cada día, me confiesa que él no se sentiría nunca feliz apartándose de su rutina:

--Cuando yo era joven apenas calentaba la casa, como me decía mi madre (en eso se parecía a la mía, que me decía lo mismo), porque dentro de la casa no me sentía conforme. Pero los años tienen el poder de cambiar totalmente nuestra manera de pensar, de ver las cosas, de sentir la vida, y ahora te juro que no quisiera ni tener que ir a hacer las compras al mercado.

Quizás no sea muy positivo para la salud mental vivir como un macao terco, pero cuando me pregunto si estoy en verdad vivo y si me siento bien viviendo así como lo hago, siempre la respuesta es la misma, respuesta que pongo en boca de mi amigo, porque la coincidencia es total. O casi:

--Pues sí, creo que estoy vivo y me siento muy bien así como vivo, de eso no tengo la duda más ínfima.

Y así las cosas, vuelvo a mi vecino: cada cual disfruta con lo que le gusta hacer, y acepto que si cada ser humano pudiera dedicar su tiempo a hacer lo que le gusta hacer, todos seríamos mucho más felices, sin tanto análisis filosófico o psíquico, porque en definitivas, estar sentado en una poltrona oyendo una pieza musical que nos gusta, a veces es preferible a salir a enfrentarse con una realidad que tiene más de fea que de hermosa: la calle, que como dijo Nosequién, es “el remedio de todos los males”... sólo que yo añado: de quien tenga males que no pueda remediar si no es en la calle...

Augusto Lázaro