sábado, 26 de mayo de 2012

EL PAPEL QUE CONOCEMOS


¿Para qué sirve un bloc de notas? Para anotar cosas que no tienen ninguna importancia. Para perder el tiempo. Para entretenerse si no se tiene otra cosa que hacer. Para comprender que hay datos que sería muy bueno anotar y conservar. Para dejar constancia de algo que no quisiéramos olvidar. Y etc., o sea, para que quien desee utilizarlo lo utilice para lo que desee. Antes usábamos una simple libretica de papel normal y ahí anotábamos cualquier cosa que no quisiéramos dejar como responsabilidad de la memoria, que siempre es peligrosa y traicionera. Pero el papel cada día va perdiendo terreno, y dentro de poco ni los periódicos ni las revistas se editarán en papel. Ahora, ¿quién no tiene un teléfono móvil (celular) donde poder llevar una agenda con todo lo que debe o tiene que hacer cada día? Ojalá que este adelanto de la técnica nos libre del burocratismo, pues sin papel no habrá burocratismo y entonces los ahora burócratas serán informácratas y tendrán que usar los aparatos que se han inventado, al parecer, aunque eso no se cumpla, para eliminar el papel, que según dicen los díceres, lo aguanta todo. Aunque los ordenadores (computadoras) también aguantarán todo lo que pulsen en sus teclas quienes los manipulen (nunca mejor usada esta palabreja).
--¿Quieres decir que la era del papel ha terminado? –me pregunta Juan.
--Todavía no, pero tengo la certeza de que va a terminar pronto.
Soy de los que piensan que los libros en papel no durarán eternamente. Cada día vemos más personas leyendo en esos adminículos electrónicos que llevan dentro de su pequeñísimo tamaño miles de novelas o cuentos o ensayos o escritos de diversa índole. Y el día llegará -siento dar esta opinión pesimista a los adoradores del libro tradicional (entre los que me cuento)- en que eso que ahora disfrutamos apretándolo, estrujándolo, oliéndolo, doblándolo, subrayándolo, escribiéndolo en sus márgenes, será sólo un recuerdo perpetuado quizás como exponente en esas bibliotecas que hoy muestran sus tesoros en cientos de estantes que ocupan tanto espacio que no podrán competir con un mueble reducido donde se almacene la historia de la humanidad en apenas varios metros cuadrados.
Contra la opinión (autorizada dicen) de quienes no se cansan de pregonar que el libro como lo conocemos será eterno (como si existiera algo eterno) me atrevo a pronosticar que en menos tiempo de lo que imaginan veremos en los medios de transporte a hombres y mujeres que ahora sacan un libro pesado de su bolso, sacando una cosita chiquitita que parece un estuche de manicuri o un espejo, y deleitándose con las grandes obras de la literatura universal, que eso sí no podrá desaparecer, aunque incluso de esa permanencia a veces dudo.
Como ya no vemos a nadie echando una moneda en una cabina telefónica, porque casi todo el mundo usa el móvil (celular), y tantas otras cosas que han dejado de verse en su uso corriente, así sucederá con los libros, y no sólo con los libros, sino con periódicos, revistas, hasta esas separatas con publicidad comercial que tanto molestan a la mayoría, aunque esa mayoría los reciba y los mire a veces con deleite pensando lo que pudieran adquirir con la próxima paga.
--O sea, que según tú, hay que irse acostumbrando a leer electrónicamente.
--Y a escribir. ¿No has leído que ya no se fabrican máquinas de escribir como las de siempre? Pues así sucederá con las fábricas de papel en un futuro muy cercano. Ahora nos parece molesto, pero como a todo lo demás nos iremos acostumbrando poco a poco. Anótalo y verás, si no te mueres antes. Porque lo único que de verdad es eterno es la muerte, y contra ella no creo que pueda la electrónica o la técnica o la ciencia inventar algo...

Augusto Lázaro

augustorre1938@yahoo.com