lunes, 14 de diciembre de 2015

NUBARRONES A LA VISTA

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En diciembre de 2014 se hicieron obras en el edificio donde vivo, cuyo propietario es el Ayuntamiento de Madrid. Ahora, en diciembre de 2015, el Centro de Mayores, conjuntamente con el comedor social también para mayores, y que también pertenecen al Ayuntamiento madrileño, están en obras. Me pregunté por curiosidad por qué esas obras se realizaban siempre en el mes de diciembre, y como dice el refrán que preguntando se llega a la verdad (cosa de la que no estoy seguro), llegué a un consenso entre las personas a quienes pregunté de que la explicación es muy sencilla:
--Es que a los ayuntamientos se les entrega un presupuesto para todo el año, y si al terminar el mismo, o sea, el 31 de diciembre, no lo han gastado todo, lo que les sobra se lo quitan, o sea, lo pierde para nuevos empeños.
Y ahí está la cosa. Me sigo preguntando, pero esta vez no hay consenso porque no he “entrevistado” a nadie, por qué esas instituciones públicas no planifican mejor sus gastos para que no tengan que inventar obras ni arreglos ni remozamientos a fin de año, cosa que muchas veces molesta a los usuarios por tratarse de una fecha en que lo mejor sería que todo se mantuviera en paz y esperar que pasaran las fiestas y las celebraciones para llenar de polvo, ruidos, golpes, derrumbes, movimientos, etc., los lugares donde aparentemente hace falta esa “remodelación”...

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El que crea que los políticos son distintos no conoce la política. En el fondo todos los políticos son iguales y su principal característica es prometer, endulzar los oídos de quienes están dispuestos a oírlos y verlos (o leerlos) con las cosas que esas personas desean oír y ver (o leer), y lo más curioso es que esos que les sirven de público creen lo que oyen y ven (y leen), aunque hayan tenido antes demasiadas experiencias sobre la mentira que están consumiendo y que después refrendan con sus votos en las urnas. Esta reacción de las multitudes se ha tratado miles de veces en ensayos, críticas, artículos, por prominentes estudiosos de las masas, y pasa el tiempo y cambian los siglos y desde que el mono dejó de serlo para convertirse en un animal peor al que se dio por llamar ser humano existen esas masas que enfebrecidas aplauden, dan vivas, gritan, se desgañitan ante un nuevo líder que parodiando al Quijote toma a su público por un Sancho tan fácil de manipular que da risa, aunque a veces se tengan deseos de llorar...
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Una curiosidad que se ve mucho en estos días es un letrero (de varios tamaños, formas y colores) que dice: “felices fiestas”. Parece que quienes inventaron esa genial felicitación conocen fiestas que no son felices, o sea: fiestas infelices. Todo por dos cosas: 1) ignorancia, y 2) no usar el tradicional “feliz Navidad”, pensando quizás en su ignorancia que de ese modo la gente va a creer menos en esa fecha, que por cierto, tiene tela por donde cortar, porque según la mitología bíblica, Jesús nació (y cada año nace) un 25 de diciembre, pero cada año muere un día distinto, pues se escoge para su muerte no un día del mes (como el 25 de diciembre para su nacimiento), sino un día de la semana, caiga el día del mes que caiga. ¿Cómo se explica eso? Pues no tiene explicación. Y sin dudas es original, porque todas las personas mueren un día del mes, digamos: José falleció el 15 de marzo del año tal, y cada año se conmemorará por sus seres queridos el 15 de marzo, no si cayó jueves o lunes. Cuestión, que Cristo murió un día de mes que nunca se ha sabido o se ha dicho cuál, por eso se conmemora su muerte un jueves y un viernes llamados santos, y no un 22 o un 19, como debería ser. Nada, que la mitología tiene ese encanto de poner la “historia” (sea sagrada o pagana) como le plazca a quien la escriba, sin respetar las mínimas leyes de la lógica. Y eso será per seculam seculorum...

Augusto Lázaro






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