domingo, 29 de noviembre de 2015

ESCRIBIR: ¿PARA QUE?

En el Centro Comercial y de Ocio enclavado en ese lugar que siempre está lleno de jóvenes y al que voy 1) porque me da la gana, y 2) porque ¿dónde voy a ir, al asilo de ancianos venerables de San Emeterio Santovenia? Pues no señor, que la juventud es contagiosa, y cuando alguien que ya no es taaan joven se envuelve en ella, llega a creerse de verdad que todavía es joven y le queda mucha guerra que dar (y recibir). Pues como decía, en el citado centro, una de esas mañanas en las que el sol parece que está meditando si se deja ver o mejor espera a otro día con menos viento y ningún frío, me encuentro con Nicolás Duermevela (Nico para mí y para algunos que lo tratan todavía), y aclaro que el apellido no es inventado por mis ínfulas tardías de fabulador: el hombre se apellida así como lo están leyendo, si es que hay tontorrones del limbo que todavía leen lo que yo escribo, pero eso no viene al caso abierto, así que vamos a la concreta. Ah, caramba, si se me olvidaba lo más importante: el centro es el de Príncipe Pío, ya que centros comerciales y de ocio hay en Madrid hasta para perderse en ellos. Si no me creen dense una vuelta por La Vaguada, o mejor aún, por Makro, donde para localizar a un acompañante en la gastadera en grande con tarjeta tienen que avisar por la megafonía. Pero en fin...

Nico me confiesa que hasta él ha dejado de leer mi blog, porque
--la verdad, mi hermano (¿?) es que no me queda tiempo ni para apretarme el cinturón cuando los pantalones se me aflojan...
Y tiene razón. Por eso le digo:
--Pues sí, Nico, fíjate que después que murió Juan (Maguey) nuestro común amigo, al que recuerdo cada día con cariño, quedamos 4 gatos, incluyéndome yo mismo en la lectura del blog, porque déjame decirte que, aunque tú no lo creas, yo también lo leo...
Me corta como un cuchillo matavaca:
--No son 4 gatos, acuérdate de que Blogger envía automáticamente a tus contactos cada entrada que publicas, así que vienen siendo...
--Deja, que yo creo que ni esos que reciben el blog cada semana se toman el trabajo de leerlo. Y pensándolo bien, ¿para qué van a leerlo? ¿Qué van a ganar con ello?
--Nada, clarete. Perder el tiempo. Pero cuenta conmigo, soy tu lector más fiel, no te olvides de eso. Para aliviar tu tristeza de ignorado, te prometo que a partir del lunes seguiré leyéndote, total, dedicarte unos minutos no creo que vaya a perjudicar mi bienestar acostumbrado. Y vamos a echarnos dos calientes, que tú invitas, ¿eh? Acuérdate: tu lector  más fiel.
Y claro que tuve que pagar los cafés, el Nico se pasó de listo con el cuento de que me lee semanalmente, lo que no le cree ni El Tato (que puede que ese sí lo lea, ya que siempre está detrás del palo, como dicen en Cuba)...

El caso es que crear un blog y mantenerlo, sabiendo que no te va a leer ni Dámaso Alonso (si estuviera vivo, claro), es punto menos edificante que pararse en la esquina de Menéndez Pelayo y O’Donnell, a soñar con vivir en uno de esos apartamentos que aunque no los he visto deben estar para dar gritos de euforia cuando entres, así al menos te entretendrías viendo pasar a gente que ni siquiera sabe lo que es un blog, mucho menos que tú escribes uno que se llama así o asá, perdiendo tu precioso tiempo, diciendo tonterías que no tienen punta, en lugar de buscarte una acompañante para tus noches frías, acordándote del poema Invernal, de Rubén Darío, que tanto echaba de menos a aquella ingrata que a esa hora lo tenía al pobre vate abandonado como un latón de basura desperdigado en la acequia... pero esto tampoco viene al caso, si es que esto es un caso, que no lo parece...

Conclusión arriesgada: que tener un blog y además una cuenta en Twitter y otra en Facebook, además de conectarte diariamente a Internet a enterarte (aunque ya lo sabes) de lo jodido que está el mundo y que parece que va a empeorar... es atracarse de cascaritas de chayote, porque no vas a resolver con todo eso ni siquiera el placer (¿el placer?) de saber que algún que otro de tus amigos (o amigas) es tan... que una vez al año se va a dignar en buscarte en Internet y leer algo de ti para saber si todavía estás vivo, porque hasta eso, que la comunicación personal está en baja tocando el suelo y amenazando con meterse debajo de la superficie. De esta superficie que tanto cuidamos, no hay que olvidarlo, ¿eh? Vamos, que para eso somos ciudadanos ejemplares. No digo yo...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


www.facebook.com/augusto.delatorrecasas

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