miércoles, 14 de octubre de 2015

COSAS VEREDES

COSAS DIFICILES DE CREER

Una joven bien vestida de aspecto normal sube al avión y se sienta en su sitio numerado. A su lado hay un señor también bien vestido y también de aspecto normal, que al ver a la muchacha se baja la cremallera y coloca encima del regazo el cojín de vuelo, comenzando unos movimientos extraños. La muchacha, escandalizada, llama a la azafata.
--¿En qué puedo servirla, señorita? –dice la azafata con una espléndida sonrisa.
--Oiga, es que...mire... este hombre... se está masturbando.
La azafata mira al hombre, imperturbable, y se vuelve a la muchacha.
--Pues sí, eso parece... pero ¿qué quiere que haga? ¿Qué busque una tijera y le corte el pito?
Y ante el asombro de la muchacha, la azafata sonríe, se vuelve, y sigue su camino contoneándose según sus posibilidades corporales, ante la boca abierta de la muchacha que no atina a pronunciar una sola palabra...

MATRIMONIO PERFECTO

En una fiesta familiar, Emeterio y Juliana rememoran aquella noche en que ambos discutían cómo se había quitado la vida la pobre Hermelinda, quizás cansada de vivir en la nada y en lo mismo tantos años como había vivido. El marido sostenía que ella se había quitado la vida con un cuchillo de cocina, a lo que había respondido Juliana que no, que había sido con una tijera. Los demás comensales callaron, al presentir que se acercaba una de sus discusiones famosas entre el matrimonio. Poco a poco fueron alzándose las voces discrepantes de la pareja:
--Que no, mujer, que fue con un cuchillo. Si me acuerdo perfectamente que Hermelinda fue a la cocina y allí mismo se lo clavó y empezaron los gritos,
--Parece mentira, Emeterio, los años te están volviendo desmemoriado.
La discusión parecía ganar en apasionamiento, pues ninguno daba su brazo a torcer.
--Fue con un cuchillo, carajo.
--Que no, que fue con la tijera, coño.
La casa donde estaban de fiesta se encontraba cerca de un precipicio que daba al mar, algo fatal que según la guardia costera contribuyó a la tragedia. De pronto, exaltado hasta la médula, Emeterio agarró de zopetón a Juliana por los hombros y la arrastró hasta el borde del precipicio, gritándole con voz de bajo grave en alza que CON CUCHILLO, CONDENADA, CON CUCHILLO... y la lanzó al mar de cabeza. Allá entre las olas, la pobre Juliana, consciente de que la muerte se acercaba sin remedio, pues no sabía nadar, atinó a última hora a sacar los dos brazos del agua, ya casi ahogada, y hacer con una mano el signo de la tijera que tanto había defendido en la mortal discusión con su marido de toda la vida...

DEMADIADAS PALABRAS

Un buen hombre decidió montar un puesto de venta de pescado con el dinero que había ahorrado durante buena parte de su vida. Una vez habilitado su negocio se dio cuenta de que le faltaba el letrero que indicara lo que se vendía. Después de meditarlo mucho, llamó a un pintor amigo suyo y colocó un letrero lumínico que daba gusto verlo, sobre todo de noche. Decía el letrero:

AQUÍ SE VENDE PESCADO FRESCO

Un vecino de la cuadra que pasaba por la acera se fijó en el letrero y le dijo: Oyeme, José, veo que has progresado y que has puesto una venduta de pescado, aunque... –y se quedó mirando el letrero colocado por el dueño del puesto- aunque creo que a ese letrero le sobra una palabra ¿Cuál?, pregunto el propietario. Pues mira, yo creo que sobre la palabra AQUÍ, porque vamos, ya se sabe que es aquí y no en la acera del frente donde se vende el pescado... José se quedó pensando cuando su amigo se despidió, felicitándolo por al mercadillo. Quitó el letrero y colocó otro que decía:

SE VENDE PESCADO FRESCO

Un amigo que había oído lo del puesto se acercó a José y después de darle sus parabienes, se quedó mirando el letrero y no pudo guardarse su opinión sobre el mismo: Mira, José, todo esto está de rechupete, pero óyeme una cosa, ¿por qué no le quitas a ese letrero las palabras SE VENDE? Al preguntarle José por qué le decía eso, el amigo respondió: Hombre, porque todo el mundo sabe que el pecado se vende, no se regala, sobran esas palabras... José, que era persona que sabía oír consejos, volvió a quitar el letrero y colocó el nuevo, suprimiendo lo que le había aconsejado su amigo, de forma que le letrero quedó así:

PESCADO FRESCO

La cuñada de José, mujer que no se detenía ante cualquier idea que se le ocurriera, al mirar el letrero del puesto de su cuñado, le dijo: yo tú quitaba eso de fresco, porque la gente que venga a comprar no va a pensar que tú le vas a vender pescado en mal estado, se supone que esté fresco... José quitó por tercera vez el letrero, dejándolo solo con la palabra pescado. Hasta que un mozetón del barrio que se destacaba por ser un poco burlón, le dijo al bueno de José: oiga, don José, ¿por qué pone ese letrero de pescado, si aquí lo único que se vende es pescado?... ¿no le parece que eso está de más? El bueno de José habló con su esposa, que no había abierto su boca ante tanta alharaca formada por el letrero del puesto, y le dijo, con voz de paciencia agotada:

--Pues óyeme, Engracia, mañana mismo quito el puesto y se acabó la venta de pescado, porque ya no aguanto ni un solo señalamiento más de nadie. Y chirrín chirrán. Aquí no se vende pecado, ni fresco ni podrido, ni nada. Al carajo la venta. Ya buscaré otra cosa para ganarme el pan sin que ningún entremetido venga a decirme lo que tengo que quitar o poner... ¡Y a la mierda!

Augusto Lázaro


@augustodelatorr

www.facebook.com/augusto.delatorrecasas


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