domingo, 27 de julio de 2014

HASTA QUE LA SUERTE NOS SEPARE

--Hola.
--Vaya, pensé que habías decidido dormir en el parque.
--Nunca se te ha dado la vena humorística.
--A ti sí, por eso todo lo tiras a guasa.
--Yo no he tirado nada a guasa, mujer, eres tú la que...
--Corta el rollo, Jacinto, que mira qué hora es.
--¿Qué hora es?
--¿Se te perdió el reloj o lo perdiste en el bar a los dados?
--Muy graciosa. Claro que no se me perdió, aquí lo llevo, mira.
--Y entonces, ¿por qué me preguntas qué hora es?
--Porque tú me dijiste mira qué hora es, con ese tonito de...
--Con el tonito que tengo que tener a esta hora de la madrugada, esperando en vela ahí en el sofá, y el hombre ni se asoma.
--No sabía que me echaras tanto de menos.
--No te echo tanto de menos, pero aparecerte en tu casa, donde tu mujer está esperándote, a estas horas de la madrugada, no es para recibirte con bombos y platillos, creo yo.
--Bueno, bueno, no estoy ahora para discusiones inútiles.
--Para ti todo lo que yo pienso, digo y hago son discusiones inútiles.
--No todo, la verdad es que guisas muy rico...
--Vete a la mierda...

Sin dudas, el matrimonio es una institución que vale la pena mantener como símbolo de una sociedad civilizada. Conociendo este tipo de parejas que aunque no son todas las que están son bastantes las que son, no digo yo si merece la pena dar el paso para vivir una especie de dolce vita en esa irresistible sensación de paz que es el "hogar, dulce hogar". ¿Alguien lo duda?
Claro que un pesimista diría, leyendo la anterior descripción de una escena típica de un matrimonio típico de varios años de casados: "los hay peores". Y un optimista replicaría: "son excepciones". Y usted, amig@, ¿qué opinaría de esta discusión quizás inútil pero interesante para refrescar el verano?
Augusto Lázaro
@augustodelatorr

domingo, 20 de julio de 2014

EL HUEVO DEL OFIDIO

--Pues como te lo cuento: me dijo que tú estabas medio loca, que no paras de hablar, que le das confianza a todo el mundo y hasta coqueteas con algunos de los hombres con los que te relacionas en el edificio, que eres una bala perdida, que sientes envidia de quienes saben más que tú, que te crees la mejor de todas entre tus compañeras, que...
Balbina tuvo que hacer un alto para respirar, porque sintió que se ahogaba. Sara estaba asombrada y poco a poco fue poniéndose furiosa.  La señora, que se había ganado una buena fama de chismosa y enredadora en todo el edificio, hablaba con un énfasis y con tanta seguridad en sí misma, que costaba no creerla. Ella estaba conciente de su facultad comunicativa, y la explotaba con eficacia, sobre todo en personas como Sara y en situaciones como en la que había logrado poner a la joven.
--Pero no te preocupes, hija, ese hombre no vale la pena, mejor es que lo ignores y punto.
Sara se levantó para retirarse del apartamento de Balbina, a donde había ido en busca de "algo importante que confiarte", como le había dicho la buena señora. Su cara ardía de rabia. Se despidió, agradeciendo a Balbina su información. Ya decidiría qué hacer al respecto. Ahora tenía que refrescarse un poco: no era saludable coger esos calores que podían alterar su sistema nervioso...
Sara había conocido a Ambrosio una tarde en que una amiga y ella visitaban a un tío de la primera que vivía en el edificio, y como la amiga también conocía al hombre que tan injuriado sería, le pidió que pasaran por su apartamento, "verás que te cae bien, es un tío estupendo, muy culto y muy agradable, y creo que en estos días está convalesciendo de una gripe". Al abrir la puerta y encontrarse por primera vez, entre Sara y Ambrosio surgió de inmediato una simpatía que había ido convirtiéndose en algo que se acercaba lentamente a una intimidad que la misma amiga llegó a decirle un día que aquello podía resultar peligroso, que tuviera cuidado, ya que como Sara trabajaba en los bajos del edificio y era conocida por todos los inquilinos, pues "ya sabes, los comentarios..." y etc.
La intimidad entre Sara y el inquilino de la cuarta planta fue creciendo, conversaban casi a diario, cuando ella estaba libre se cruzaban mensajes vía Internet, o se llamaban por teléfono, y aunque él insistía en que se reunieran los dos fuera del edificio, ella no le decía que sí ni que no, manteniéndolo en una especie de espera que se hacía angustiosa cuando él pensaba que desaprovechaban su tiempo trascendente, y que después se lamentarían de su indecisión, la de ella en este caso, pues él siempre etuvo dispuesto a encontrarse con ella en cualquier sitio, como le decía, "bonito, limpio, propicio" para convertir su relación en algo más profundo. Y el tiempo indetenible no los llevaba a la añorada cita fuera del edificio donde ella trabajaba y él vivía, y donde, por supuesto, ni él ni ella querían aparentar más que una correcta relación vecinal...
Cuando Sara se calmó del todo tomó una decisión: romper su relación hasta ahora amistosa con Ambrosio, sin más, ignorarlo, y tratarlo cuando no tuviera opción por motivos de su trabajo. Pero no acudió a él para pedirle explicaciones ni escuchar su versión. Balbina había triunfado: su veneno penetró profundamente en el cerebro de Sara, logrando su propósito de enemistarla con Ambrosio, véase por qué ocultos motivos que la señora tenía contra el tan calumniado vecino.
Ambrosio sufrió en silencio aquella afrenta, sin acudir tampoco a la mujer a la que tanto quería a pedirle explicaciones. “Si ella no quiere hablarme, no puedo hacer nada”, pensó erróneamente. Y su silencio lo llevó a una larga travesía de espera que él pensaba que no terminaría nunca...
(continuará)

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

http://elcuiclo.blogspot.com.es

domingo, 13 de julio de 2014

DURO OFICIO

Alguien dijo que "la política es el oficio de los que no tienen oficio". Pero en realidad yo creo que los políticos sí tienen oficio: su oficio es enriquecerse, vivir la dulce vida, prometer cosas que no van a cumplir, insultar a los adversarios, y entrar de lleno en el fascinante mundo del poder (y a veces de la gloria) y el "figurao", dominando medios, servicios, organizaciones, y todo un conglomerado de atenciones y prebendas (sueldos elevados, pluses, viáticos, coches oficiales, despachos provistos de los más modernos equipos, etc.) que da esa situación colocando a personas que quizás no sirvieran para otra cosa, en altas cumbres de personalidad y representación. No pienso repetir ese lugar común de que "hay excepciones", eso lo dejo a quienes se dediquen a buscar esas excepciones que cada día son menos.
El libro de cabecera por excelencia de un político es según consenso EL PRINCIPE de Nicolás Maquiavelo, de quien la maledicencia ha regado por el espacio terrícola atributos negativos que no tuvo en realidad este noble florentino, a pesar de su tratado tan tratado en congresos, asambleas, reuniones, contactos, seminarios, estudios, y sobre todo en discusiones privadas entre esos personajes a quienes los medios (y hasta los enteros) llaman intelectuales. Un libro fundamental, sin dudas, pero hay otros, y entre ellos dos que pueden sustituir al citado sin restarle ninguna observación aprovechable. Uno es la famosa biografía de Fouché (el genio tenebroso al que bastó sólo una madrugada para enviar a la guillotina al ilustre Maximilien Robespierre que tanto la había usado contra sus aparentes y reales enemigos), escrita con brillantez por Stefan Zweig. Y el otro, de recién salida, que me ha entusiasmado para adentrarme más en la cabeza de ese bípedo abundante y por desgracia imprescindible en toda sociedad moderna: EL POLITICO.
El libro al que me refiero se titula FUEGO Y CENIZAS, de Michael Ignatieff, que fuera líder del Partido Liberal de Canadá, y de la oposición oficial entre 2008 y 2011, y en él se disecciona la mentalidad de un político cualquiera de cualquier latitud, porque la principal virtud que tiene es ésa: los políticos son iguales en todas partes, con mínimas diferencias, a excepción de los que ejercen el poder en dictaduras totalitarias, que pertenecen a otra rama de la especie humana, a los que hay que padecer casi siempre sin poder evitarlo.
Lo más triste y lamentable es que en las actuales circunstancias de la sociedad (de cualquier sociedad, quizás con excepción de las tribus nómadas o establecidas en lugares como el Matto Grosso) no nos queda otro remedio que soportar a los políticos, pues aunque no seamos miembros de ningún partido, aunque no vayamos a votarlos nunca, aunque intentemos aislarnos totalmente de esa plaga, nos será muy difícil, por no decir imposible, porque hasta encerrados en nuestros baños ejecutando nuestras necesidades perentorias, sabremos que al salir, frescos y perfumados, nos encontraremos, directa o indirectamente, con ese personaje imprescindible que nos acecha hasta en nuestras propias casas. Mejor leer un libro, si es que hay alguno que no mencione la política.
No por gusto (y repito aquí sus palabras) me decía mi tío Pancho Casas hace muchas décadas esta verdad insoslayable: "de los políticos no esperes nada, porque to's son peores"...
Augusto Lázaro
@augustodelatorr

domingo, 6 de julio de 2014

LA DUDA: VENENO SIN ANTIDOTO

Una de las frases históricas más certeras que dijo Karl Marx fue (si es verdad que la dijo): "lo único cierto es la duda". Digo si es verdad porque a Marx se le atribuyen tantas ideas, palabras, pensamientos, acciones, que muchas veces me he preguntado cuántas de esas cosas a él atribuidas serán suyas y no del rumoreo humano que ha existido desde que el hombre cavernario se convirtió en erecto y caminó como una estaca, y tan altanero que incluso en nuestros días miramos con admiración esa transfor
mación que no sé a cabalidad si la hemos mejorado o si la hemos puesto bocabajo, superando los rasgos salvajes que entonces tenían y que ahora quizás tengamos más los bípedos que poblamos y destruimos día a día este planeta llamado TIERRA.
Ya sé que comienzo hablando del pan y de pronto cambio el tema hacia el vino (por citar a los clásicos), pero no me negarán que cuando una persona habla con otra también incurre en estos pases que inevitablemente, en mi caso, llevo a la escritura, porque me gusta y porque a veces en el cambio aparece algo de más interés que lo que aparecía como el comienzo de un micro-estudio sobre -en este caso- el marxismo, filosofía que nunca me convenció, a pesar de su buen sentido y sus deseos quizás nobles, pero que en la práctica se ha demostrado que no pasa de ser el gran fracaso, o como diría un escritor mucho mejor que yo, "la gran estafa del siglo XX" (y el título sí es sic).
Pero tomando la duda como el quid de la cosa de esta entrada (o post, como suele decirse), así dicha tan simple parece algo normal que padece todo ser humano y que yo experimento y he experimentado a lo largo de mi larga vida, y que me ha provocado, lo confieso, muchos momentos de angustia, decepción, y hasta un poco de misantropía cuando la duda procede de haber perdido la fe en un ser querido que no responde en su momento cumbre a mis expectativas. Entonces surge la duda como un pinchazo eléctrico en el mismo corazón. Y créanme, la duda ante algún ser querido duele mucho más, y ofende, aunque no tenga fundamento, tanto al ser dudado como al ser dudante (o dudoso). La pregunta: ¿podemos librarnos de la duda? (las respuestas, que son varias, merecen otro post ).
En todo caso (o mejor, en todos los casos) yo siempre he optado por  otra máxima que no sé de qué cosecha es: "ante la duda, abstente", y eso es lo que hago, a pesar de que últimamente son tantas las dudas que de seguir con ese ritmo voy a terminar cambiando mi verbo favorito (esperar) por este otro nuevo y de nuevo calibre: abstener(me). Y así evitar cualquier problema, aunque me cataloguen de apático, lo que no va a quitarme el sueño. Sin dudas.
Augusto Lázaro
@augustodelatorr