domingo, 10 de agosto de 2014

LA RAZON EN PICADA

¿Misántropo? Cualquiera se vuelve, no digo yo, con la que nos está cayendo encima, en este siglo que me he permitido la arrogante soberbia de denominarlo el siglo de la estupidez, que avanza a pasos del gato con botas de tal manera que además he calculado sin computadora (sólo con mi porfiada cabeza) que de continuar en su avance aerodinámico, para el 2050 serán mayoría los estúpidos, que terminarán haciéndose los amos absolutos del planeta. Si no me creen procuren vivir hasta esa fecha, aunque al menos yo no llegaré, por suerte y por librarme del contagio y convertirme yo también en un cretino de oficio. ¿La informática? ¿La técnica? ¿La ciencia? ¿Los viajes espaciales? ¿A  quién demonios va a importarle todo eso cuando todos seamos estúpidos? Nadie se dará cuenta, nadie extrañará, nadie reclamará nada, la gente vivirá quizás más feliz, más sana, más saludable, como nuestros primitivos que sólo sabían gruñir, pero como no tenían maldad no hacían guerras ni destruían nada. La felicidad. ¡Quién lo diría! Un sabio de hoy tal vez: "seremos más felices porque seremos estúpidos y no analizaremos ni meditaremos ni nos romperemos el coco pensando cómo arreglar el mundo" (que por supuesto, no tiene arreglo). Qué lástima que el 2050 no pueda adelantarse.
¿Cómo se llegará a semejante situación de estupidez total? Hay muchas vías, pero todas pueden resumirse en 3 direcciones, y esas 3 en una sola: la televisión. No existe fuerza más poderosa para volver estúpidas a las personas que pasar entre 3 y 4 horas frente a la pantallita (cada día más grande en los modelos ultras), pues de la programacón televisiva en general y de todos los canales, los programas que más público logran son aquellos donde la tontería y la imbecilidad priman por sobre todo lo demás posible. Diariamente son millones de espectadores los que acomodan sus traseros en muelles butacones (cosa fatal para los varones por el daño que le hacen a sus próstatas) para disfrutar de esos reallity shows y de programas de participación en los que se presentan supuestos famosetes en combates verbales unos con otros al sacar a la luz sus indecencias, chismes, chanchullos, hasta delitos que siempre quedan impunes, o mejor, quedan forrados, al otorgárseles más dinero, porque por cada visita a los platós reciben cheques que ya quisiera yo ganar un día nada más en toda mi vida.
De segundones en el noble empeño de estupidizar a la población aparecen: 2) las revistas de famosetes con sus interioridades que únicamente a un coeficiente intelectual mínimo puede interesar, y 3) la política, portadora del germen que inocula una especie de sopor (más bien una especie de opio) que adormece al pueblo que tiene que seguirla, pues resulta casi imposible escaparse de su influjo, ya que es omnipotente y omnipresente, y aislarse de ella y de su fulminante veneno no es tarea al alcance de cualquier vecino. Como dicen que está Dios, la política está en todas partes (también es ubicua), y con eso ya tiene para idiotizar al más dotado de reserva intelectual rechazante.
Así que el grito de sálvese quien pueda aquí no cabe. Nadie se salvará.
Estoy de acuerdo: en el 2050, quizás antes, la estupidez habrá triunfado en esta esfera casi redonda. No hay opción, al menos que yo conozca... Pero eso sí, seremos más felices, porque nada nos quitará el sueño...
Augusto Lázaro
@augustodelatorr