domingo, 17 de agosto de 2014

DOLCE FAR NIENTE

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Tengo una amiga cibernética con la cual me comunico vía Internet y leyendo su blog, cuya cuenta en Twitter no voy a decir para no descubrirla, pero sí voy a decir que esa amiga que apenas ha rebasado la adolescencia, suelta al espacio su visión pesimista del mundo y de sus pobladores, con la cual me identifico totalmente, porque si analizamos sin careta la situación actual tenemos que estar de acuerdo en que esto se está yendo a volina como el papalote de Cuquito. O sea, que esto está fatal, como diría don Macareno de la Palma Real (el gran filósofo, sociólogo, pensador, filólogo, ensayista, crítico, etc.), obstinado de estudiar el (mal) comportamiento humano en los últimos 50 años, durante los cuales no ha hecho otra cosa (el ser humano, claro) que machacar este planeta hasta sacarle el jugo sin aportarle ningún sucedáneo o sustituto de las energías que se agotan inmisericordemente, sin que nadie mueva el dedo gordo para intentar (sólo intentar) que La Tierra vuelva a ser lo que era antes de iniciar (tal vez reiniciar) su camino hacia la nada. A esa amiga dedico estas pinceladas deseándole que siga tan pesimista, que no es otra cosa que, como diría Voltaire en su famosa obra, "un optimista bien informado" o algo así...
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Domingo, día pesado, difícil de matar. Y más en mi caso, por 2 razones de peso: 1) no veo la TV por el día, porque no me gusta la programación y demás, y 2) los domingos no salgo, todo el día en casa, en tareas domésticas de mantenimiento, reordenación interna, lecturas extraídas, arreglos ligeros, etc. Así que paso como en el dominó cuando no llevas el palo tirado, o los palos si es en los dos extremos del fichero. Aclaro que veo la TV por la noche por costumbre y porque por la noche pasan pelis para mayores, y además, si no me gustan acudo al DVD y escojo una de las tantas que tengo en mi cinemateca privada y se acabó. Por cierto, tengo que actualizarla, hace tiempo que no compro ningún vídeo y ya van haciéndose aburridas las pelis que tengo de fondo. Todo llega a aburrirse por el exceso de uso. Pues eso. Los domingos, días que si yo pudiera borraría del almanaque. A pesar de que leo bastante y todo lo que enumeré que hacía, a veces me siento en la butaca y me pongo a pensar en... en nada, en que no tengo deseos de hacer nada, cosa rara en mí que nunca estoy ocioso, por lo que algún que otro pariente, más bien parienta, me llama ardillo, así con O, graciosilla la interfecta. Pues hoy es domingo y por lo tanto, escribo esta cuartilla que supongo no le interesará ni al recogedor de envases del súper de la Plaza de San Francisco (no dice El Grande, por lo que deduzco que debe ser otro San Francisco). Y adiós, que ya me cansé de matar el domingo, aunque el muy ladino creo que no es muy fácil de suprimir del tiempo. Me voy a comer un yogur griego natural edulcorado a ver si se me pasa la matadera infructuosa...
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A pesar de todo, los domingos tienen ese encanto que no tiene el resto de la semana: es el día en que uno se pone a pensar y a planificar lo que va a hacer la semana que entra y se da cuenta de que está perdiendo el tiempo, ya que lo que lo que va a hacer, que es lo que pueda hacer la semana que entra, es nada menos que... exactamente lo mismo que acaba de hacer la semana que sale, por lo que no vale la pena dedicar un minuto a atracarse de cascaritas de chayote, y lo mejor es reírse, por lo fácil que lo tiene: ya está todo planeado, pensado, meditado, etc. Entonces llega la hora de exclamar: ¡carajo! Al fin tengo todo un día libre para no hacer nada...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr


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