martes, 25 de septiembre de 2012

COSAS QUE PASAN


1
La política acapara toneladas de información en todas las vías: Internet, prensa escrita, radial y televisiva, revistas, suplementos, vídeos, libros, todo lo imaginable. Me pregunto qué halo mágico tiene para atraer tanto esfuerzo, tanta dedicación, tantas horas secuestradas de otras actividades de seguro mucho más productivas e interesantes. Pero sobre todo, teniendo en cuenta que todo lo relacionado con la política está sucio y manchado con la sinvergüencería, no alcanzo a comprender cómo es posible que personas que merecen todo mi respeto dediquen tantas horas de su trabajo creador a malgastar palabras en asuntos relacionados con semejante bazofia. Confieso que soy uno de ellos, me avergüenza decirlo, y que he tratado y trato de sacarme esa hez de las entrañas. Lo conseguiré sin dudas. Pero mientras, cada vez que abro mi boca o pulso teclas en el ordenador para emitir alguna idea sobre ese oficio de los que no tienen oficio pero sí enormes beneficios... ¡me siento sucio!
2
Un amigo de unos 50 años al parecer bien vividos, que no padece ninguna enfermedad (ni siquiera tiene callos en los pies segun dice) se queja de su mala suerte con respecto a su salud. Me asombro, conociendo su excelente estado físico y mental, y le pregunto. Su respuesta:
--Verás... es que necesito arreglarme la boca, y tengo la mala suerte de que lo único que estoy obligado a pagar es precisamente ese arreglo, o sea, al dentista. Porque todas las demás especialidades son gratuitas.
Pienso que tiene razón: si cualquier ciudadano necesita resolver un problema de sus vías urinarias, de sus pulmones, de sus oídos, de su corazón, tiene esos servicios totalmente gratis. Hasta un trasplante de corazón puede hacerse, en caso de aparecer un donante, totalmente gratis. Pero a los señores dentistas hay que pagarles, pues ese servicio no está amparado por la Seguridad Social. ¿Por qué?
--Porque son los niños lindos de la salud pública -me dice mi amigo, cuyo nombre omito por ética-, me he preguntado mil veces por qué, y no encuentro la respuesta.
Yo también me pregunté por qué, y le envié la pregunta a la Ministra de Sanidad del Gobierno de España hace algunos meses, acompañándole mi inquietud con un artículo sobre ese problema que no es sólo estético, sino imprescindible para la masticación y la consiguiente correcta digestión. ¡Ah!, tonto de mí: la Ministra no se dio por enterada de mi solicitud. Y pienso ante esa indiferencia que el mundo sería mucho más hermoso si no existieran políticos como esa Ministra, sorda a quejas de humildes ciudadanos que sólo desean SABER y que se les informe sobre sus dudas acerca de un problema tan importante que no parece importar a quienes tienen la obligación de interesarse por las inquietudes y las necesidades de la población...
3
Publicar (en España y en muchos países) se ha convertido en una obsesión: quien no haya publicado un libro es como quien no aparezca en la televisión: no existe. Aquí publica lo mismo una presentadora de televisión que un taxista que un cocinero que un bioquímico. Lo que no sé es si tantos libros dejarán ganancias a sus editores, si se venderán, y si los autores reciban algo más que un desencanto. Pero hay otra fórmula de las personas que se dedican a otras actividades y se empeñan hasta el delirio en recolectar sus artículos o hacer la historia autobiográfica de sus vidas aunque no hayan cumplido 30 años: la publicación pagada, o sea: tú pagas una cantidad a una editora o a una imprenta para que te publiquen el libro que quieras, que al salir se unirá a la inundación de bodrios que colman los estantes de las librerías, cuyos propietarios no hallan cómo salir de tales autores que nadie sabe quiénes son. En vista de eso he decidido abandonar mi ingenua idea de publicar un libro y que me paguen por él. No quiero ser pasto de aglomeraciones papíricas para que no me lea ni El Tato. Y como dijo García Márquez: "ahí les dejo esa..." Bueno, ya saben...
Augusto Lázaro
@augustodelatorr