miércoles, 12 de enero de 2011

LOS PROBLEMAS IGNORADOS


Si usted es de los que suele tomar autobuses para ir de aquí hacia allá (y viceversa), le sugiero que esté alerta con los baches, porque a veces, rodando en uno de esos vehículos, me parece que los riñones se me van a desprender, de los golpes que recibe mi cuerpo cada 4 metros, al caer una de las ruedas del bus en uno de los miles y miles de baches que existen en las calles de esta ciudad que se llama Madrid. No ahora con la crisis que quizás haya excusas para no remediar tamaño suplicio, porque en mis correrías rodantes por esta ciudad, desde hace más de diez años (y cuidado) estoy observando los baches que no hay Dios que pueda obligar a nuestro Ayuntamiento a dejar estas calles como si Madrid fuera una capital de Europa, o sea, del llamado Primer Mundo, y no un pueblo de tercera donde cada día se hará más difícil (y tortuoso) conducir un vehículo de 4 (o más) ruedas.

A veces el golpe es tan fuerte que no sólo se siente, sino que se oye como si fuera un petardo que los graciosos mozalbetes suelen explotar en los contenedores de basura. Y ahí están los baches, como la Puerta de Alcalá, "ahí está, ahí está /viendo pasar el tiempo", como dice la canción que canta la pareja eterna.
--¿Y yo qué diablos puedo hacer? -me pregunta mi amiga María Esther, porque llegué al edificio con cara de bulldog enchuchado y quejándome de los huequitos que tanto daño hacen, y se lo solté de zopetón como si ella fuera el Regidor.
--Claro que tú no puedes hacer nada para aliviar mis penas, que no son tantas, sobre todo si no me subo en un vehículo, cosa que estoy pensando seriamente, porque dice mi doctora que caminar es lo mejor que existe para fortalecer el corazón.
--Pero ya tú caminas bastante.
--Sí, pero este asunto de los baches está contribuyendo a que camine más y lo piense tres veces cuando me disponga a esperar en la parada uno de esos rodantes que dentro de poco nadie va a usar.
María Esther me dice que los que tienen coches y los usan esquivan los baches, y yo le contesto que como yo no uso el coche que no tengo, no puedo esquivarlos, porque los conductores de autobuses, entre sus características, tienen dos muy curiosas:

1) en verano, conectan el aire cuando les sale de... su alma.
2) nunca esquivan un bache, parece que les gusta fastidiar a los viajeros y reírse
con la cara que ponemos.

Como son los dueños y señores de los autobuses, nl les digas buenos días, porque te miran con cara de serpientes venenosas y son capaces de soltarte una palabrota, como ayer por la mañana que una señora protestó, tonta que es, ante el conductor, el pobre, que en este caso no tenía la culpa, de que hacía media hora que esperaba y ni un gorrión en el horizonte, pero la señora estaba algo alterada y le llegó a decir al infeliz conductor que

--mejor dedíquese a otra cosa y no haga esperar a los viajeros, hombre.

Pero hasta los tranquilos se saltan las normas cuando son atacados de esa forma, por eso el conductor le espetó a la señora que

--mire, señora, si no está conforme, bájese y camine, que a usted le vendrían muy bien unos cuantos kilómetros a pie, a ver si rebaja un poco la tripita...

Y aquello explotó... Pero en fin, que esas son pinceladas madrileñas que uno puede ver a diario en la dichosa calle. Alguien me dijo una vez que "si no fuera por la crisis y los baches, ¿qué sería de nosotros, no teniendo de qué hablar?". Y me puso a pensar: en efecto, sólo le faltó, además de la crisis y los baches, el fútbol, que sin eso no se concibe la vida en esta villa.

Augusto Lázaro