domingo, 25 de julio de 2010

¿QUIERE USTED TRIUNFAR EN ESPAÑA?

Aunque hay mucha competencia y poca oferta, no es muy difícil, si usted sigue las siguientes recomendaciones:

--proclame que usted jamás ha leído un libro (como Victoria Beckham) cada vez que tenga la oportunidad de que alguien lo escuche (si son muchos mejor), mire lo bien que le va a la graciosa modelo.

--no aprenda ningún idioma extranjero (¿de qué le serviría?), hable sólo el suyo y no muy correctamente, no vaya a ser cosa que lo tomen por un finolis, observe cómo lo hacen muchos en la tele que disfrutan de un altísimo nivel de vida.

--no lea periódicos ni oiga la radio, sólo vea la televisión (por supuesto los programas del famoseo, que son los que más lo ayudarán), pero de vez en cuando eche un vistazo a las revistas llamadas "del corazón" (de los famosos) para que tenga una visión amplia y profunda de quiénes son los que tienen la sartén por el mango, así, cuando lo oigan dirán: "¡qué bien informado está Fulano!"

--trate de hacerse amigo de algún presentador de la televisión (aquí quien no se conecta con la televisión no existe), es el primer paso de su carrera hacia el estrellato.

--ponga una foto de Belén Esteban en su billetera, o en su plástico del abono de transportes, y registre la agradable voz de "El Moñas" en su móvil, eso es de muy buen gusto, muéstrelas a todos con orgullo, algún día usted será como ellos y habrá muchos que tendrán su foto en sus equipos.

--no se pierda un solo partido de fútbol, para que pueda participar en las tertulias de los bares y opinar con conocimiento de causa y no de oídas.

--declárese fanático de las corridas de toros y despotrique contra esos estúpidos que protestan por las torturas naturales a esos animales salvajes condenados a servir de espectáculo culto a tan cultas y civilizadas personas que acuden a presenciar y a disfrutar la "fiesta nacional".

--levántese tarde y acuéstese ídem, viva la madrugada, que la noche no se ha hecho sólo para dormir, así conocerá sus encantos y a otras personas que como usted nunca dejan la cama antes del mediodía.

--use pantalones rotos tipo barrendero (esos que van arrastrando los bajos recogiendo el polvo y la inmundicia de calles y aceras), calce zapatos sucios y aplastados, lleve los botones superiores de la camisa (o de la blusa) desabrochados, y si es varón no se afeite diariamente, la barba de tres días es muy elegante (observe los que aparecen en las revistas de moda).

--no hable de política, a no ser que sea imprescindible, y en ese caso aparente inclinarse por la izquierda y por creer todo lo que dice el gobierno, y a quien no piense así endílguele el calificativo de facha, de ese modo se integrará a la resucitada gauche divine (y si no sabe qué es eso, no pregunte, pasaría por ignorante político, cosa grave en este país).

--declare que sus personajes históricos favoritos son Nuria Bermúdez y Dinio García, verá que despierta admiración en los círculos más representativos de esta sociedad.

--diga que su película favorita es la última de Torrente, que usted detesta la música clásica, que nunca ha visitado un museo de arte, que no tiene ni puta idea de quién es Tamara Rojo, y sobre todo, que es televidente fiel y fan del programa estelar GRAN HERMANO, que no se pierde ni las retrasmisiones del día siguiente, y repita sin cansarse que España es el mejor país del mundo y que como aquí no se vive ni en la tierra de Jauja (no importa que no sepa qué significa eso, nadie se lo va a preguntar).

--no se le ocurra emitir ninguna opinión negativa sobre los islamistas, nooo, caca, niño, que ese tema es sagrado, eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca.

--siempre que tenga la oportunidad (y cuando no la tenga búsquela) exprese su apoyo al juez Garzón, encuentre mal todo lo que hace la oposición que no arrima el hombro para ayudar al gobierno, el pobre, que está pasando por un mal momento y hay que ayudarlo, eche al viento su admiración por Cándido Méndez (el gran dirigente sindical) y por Moratinos (otro héroe nacional de la Nueva España), y sobre todo, declare a viva voz que antes que los fachas, que siga Zapatero, aunque el barco se hunda, y dé "mueras" a Franco, aunque este tipo murió hace mucho tiempo, pero hay gente que todavía no se ha enterado.

Y así más o menos, hasta lograr su objetivo, que es alcanzar la fama, la fortuna y la gloria, con la categoría de héroe si se esfuerza un poquitico más, sin sudar la camisa (o la blusa). Nada, que usted está por la ley del ningún esfuerzo, emulando a quienes triunfan y poseen un satandard de vida como si fueran presidentes del Congreso de los Diputados... Eso sí, primero mírese en el espejo: si usted es feo (o fea), despídase. Entonces usted no tiene aquí nada que hacer...

Augusto Lázaro

martes, 13 de julio de 2010

DOS NOVELAS DE PASION Y MUERTE

No me acuerdo de haber nacido. Este hecho de mi nacimiento -acontecimiento esencial de mi pasado, como mi muerte será el acontecimiento esencial de mi futuro- no lo advertí más que por vía de autoridad y por vía de deducción.

Miguel de Unamuno fue Rector de la Universidad de Salamanca, donde enseñó casi toda su vida. Ejerció un auténtico magisterio sobre los intelectuales de su época, singularmente entre los escritores de la Generación del 98. De carácter vehemente, inconforme, violento, encarnó a su país en su aspecto "donquijotesco", mostrando en sus escritos su preocupación espiritual, su curiosidad intelectual, su original visión de los problemas. Cultivó casi todos los géneros literarios: poesía, teatro, novela, ensayo. Propugnaba, de hecho, un nuevo "humanismo", que colocara de nuevo al hombre concreto, a la inteligencia y a la voluntad, a la razón y a la sangre, en el centro mismo del interés.

Lo primero que descubre el lector en las novelas de Unamuno es la rapidez con que se van desarrollando los sucesos. Uno tras otro, pasan constantes y hacen pasar el tiempo por los ojos de quien se enfrenta a cada página, como secuencias cinematográficas ávidas de apuro. Sus personajes carecen de consistencia sicológica, a primera vista, pero adquieren una dimensión terriblemente humana a medida que la trama se va desenvolviendo, entre mil problemas y dificultades de lengua y pensamiento. Abel Sánchez y La tía Tula escarban en los más profundos sótanos del corazón humano. Estas dos pequeñas obras del ilustre español, emparentadas por él mismo, nos revelan, como en un gran fresco, con los más crudos colores, las grandes torturas y los más apasionados sentimientos del hombre.

"¿Por qué nací en tierra de odios? En tierra en que el precepto parece ser: odia a tu prójimo como a ti mismo". Estas palabras de Joaquín Monegro agonizante, parecen resumir toda la idea de ABEL SANCHEZ. Podríamos decir de esta novela que es el moderno Caín, aunque el autor haya negado esta intención. O que es la novela del odio, siendo al mismo tiempo la lucha contra el odio lo que da fuego a la pasión que aplasta la vida del protagonista (que contrario al título parece ser Monegro).

JOAQUIN Y ABEL


Unamuno los presenta diciendo que "aprendió cada uno de ellos a conocerse conociendo al otro". Y los dos se conocen, hasta que aparece Helena, la mujer que ama Joaquín y que escoge a Abel. A partir de entonces la pasión atormenta al primero: vive desesperado, el odio crece en sus entrañas y llega a hacerle escribir en su confesión que es capaz de matar al "hermano" de siempre. Pero asiste a la boda de Helena y Abel, cargado de odio. Y salva la vida de éste, también cargado de odio. Y este odio es un rasgo contra el cual Joaquín no puede hacer nada. Entonces el personaje se humaniza más en la medida en que es más fuerte su pasión. Pasión que lo va aniquilando lentamente, sin remedio.

Joaquín se autocompadece, se tortura inútilmente, y piensa que es capaz de inspirar a su esposa sólamente asco. Antonia no termina el capítulo del odio, de la enfermedad de odiar a todas horas, porque Joaquín se repite, inmisericordemente: "¿Pero llegué yo a querer de veras a mi Antonia? ¡Ah!, si hubiera sido capaz de quererla me hubiera salvado. Era para mí otro instrumento de venganza. La quería para madre de un hijo o una hija que me vengara".

Los fantasmas acosan a Joaquín. Relaciona cuanto le sucede con el odio entre hermanos y eso lo lleva al callejón sin salida en que la única posibilidad de alivio es confesarse ante la esposa ajena y dejar que la maldad siga royendo sus entrañas. Pero, ¿es maldad acaso lo que le atormenta? Joaquín sufre aún más porque Abel no lo odia. Entonces desea que lo envidie, y al no lograr ni lo uno ni lo otro, se refugia en la idea (llevada a la acción) de quitarle el amor de Abelín, el hijo de su "hermano enemigo". De quitárselo y de hacerlo "su obra".

LOS HIJOS DE JOAQUIN Y ABEL

Pero no es necesario: Abelín desprecia a su padre, porque éste sólo piensa, según entiende el niño, en la gloria y el nombre, porque no se ocupa de él más que de un traje o de una revista dejada en la mesa. Por eso se acerca a Joaquín y lo admira, y lo hace su árbol de sombra para sustituir al padre que en realidad no tiene. Sin embargo, Joaquín olvida a su hija por cuidar de Abelín. Ha cambiado el amor por la venganza y ha perdido su última oportunidad de salvarse. Y acude al confesor, derrotado, sin esperanza de encontrar la libertad y el binestar que su alma necesita. "No, no creo en la libertad humana, y el que no cree en la libertad no es libre. No. No lo soy. ¡Ser libre es creer serlo!" El desenlace no puede evadirse: Abel muere. Y Joaquín muere también, aunque ya estaba muerto, humanamente muerto desde su pasión, desde su odio.

En La tía Tula se repite la historia de una pasión: con distintas pinceladas, los personajes se van realizando con independencia de la idea central, quedando la protagonista como símbolo humano de otra cosa, que según Julián Marías es el protagonista verdadero de la obra: la casa. "Este parece ser el tema de La tía Tula: la porción de realidad que es su verdadero personaje".

TULA: COMO SER, COMO NO SER.


Huérfana de madre y padre desde niña, a esta mujer no le basta ver a un hombre para conocerlo. Desde joven ya se siente dominante y "ordena" a Ramiro, su cuñado, como si éste fuera su hijo, se va convirtiendo poco a poco en una "mandamás" cualquiera, y llega hasta a usurpar el papel maternal sobre el hijo, sobre los hijos de Ramiro y Rosa, de Ramiro y la hospiciana. Rosa, la esposa de Ramiro, muere, rogándole a Tula que se case con él para que sus hijos no tengan madrastra. Pero la soledad de Tula había comenzado a cuajar desde el mismo día en que comenzaron las relaciones de su hermana con Ramiro. Después, esa soledad se va convirtiendo en una lucha pertinaz con la idea de casarse o no casarse. Y ahora, la idea de casarse con Ramiro la atormenta hasta el punto de consultar con el padre Alvarez (recuérdese que en Abel Sánchez hay una consulta similar), quien insiste en que ella debe aceptar a su antiguo cuñado.


Pero si la duda llegó a entrar en el cerebro de Tula, el episodio de Ramiro y la hospiciana (la joven "seducida") la saca enseguida. Y ya sin esa vacilación, Tula obliga a Ramiro a casarse con la "desventurada" muchacha, al enterarse de que hay por medio un hijo, y concluye por fijarse una idea: no casarse, ni con Ramiro ni con nadie. Ella no puede permitirse el hecho, para ella inaceptable, de ser elegida por un hombre. Y como no puede elegir a ninguno, su vida se ve reducida al "cómo ser" dentro del mote que después de muerta le aplicarán sus hijos y sus "nietos": la Tía.


Y LA TIA SOBREVIVE


La muerte de Ramiro sobrecoge a Gertrudis en un arranque de hostilidad y la lleva a confesarse derrotada, a comprender que ha sido inútil su pasión demasiado reprimida, y a ver por primera vez en los ojos de un hombre (y a sentir en sus labios) algo más de la vida que conocía hasta ahora. Tula sobrevive a su hermana, a Ramiro, a la hospiciana que también le da hijos, y queda como un "guardián del bien" que se va convirtiendo en Mamá Tula, hasta que llega a ser la Tía. La muerte, como en Abel Sánchez, cierra los capítulos de la pasión. ¿Por qué la muerte? Quizás porque Unamuno no se acuerda de haber nacido, en sus novelas aparece como una constante la muerte de sus personajes.


PERO LAS OBRAS VIVEN


Y el autor también, aunque sea muy dicutible si el mensaje de las mismas se recibe con ese aire positivo que plantean muchos de sus críticos, tal vez excediéndose en su generosidad ante un "monstruo" de la creación literaria, cuyos ilimitados aportes a las letras hispanas ni siquiera un "leguleyo" podría negar.


Augusto Lázaro

viernes, 9 de julio de 2010

PAPELES SON PAPELES

Cuando puso un pie en el aeropuerto de Barajas tenía muchas ilusiones, traía muchos sueños y muchas esperanzas. Como tantos. Había llegado a la tierra prometida, a la Madre Patria, al Primer Mundo. Era un soñador, y con ese viaje pensó que al fin su sueño se haría realidad. Como tantos que pensaron como él. Miró a su alrededor, comenzando a descubrir su nueva patria. Sonrió. Y se dijo: "ahora, a comerme al primer mundo"...


Pero la realidad siempre se impone a la ficción y quien vive de ilusiones muere de desengaños. O agoniza, que es peor. Los refranes casi siempre son certeros y él no era adicto a ellos. Por eso se enfrentó a la incógnita, a lo desconocido, a la aventura de buscar una nueva vida en una tierra nueva. Y pasó diez años intentando encontrar esa nueva vida, despejar esa incógnita, vencer lo desconocido. Y triunfar, por supuesto. Pero...


En esos diez años tuvo que vivir dedicado casi totalmente a 3 asuntos:

1) hacer gestiones para sobrevivir
2) obtener documentos para seguir sobreviviendo
3) manosear papeles de todo tipo de tamaños, espesores, consistencias, formas y colores, siempre con membretes, cuños y firmas, que fueron engrosando su archivo de visitas, reuniones y entrrevistas con funcionarios públicos con los que tramitaba sus correrías por el mundo de la burocracia. Un mundo que no aparecía en sus sueños...


Diez años, una década, casi nada, de aquí para allá y de allá para acullá, caminando, sudando, subiendo y bajando escaleras en el Metro, entrando y saliendo de oficinas encargadas de mantenerlo activo (como para que no se le encogiera el corazón y le diera un infarto) y en constante movimiento, eliminando la palabra sedentarismo durante esos dos lustros, lo que nunca pudo ejercitar. El se cansaba a veces, pero los funcionarios públicos no: esos no se cansaban de pedirle papeles, documentos, certificados, hagoconstares, comprobaciones, fotocopias, y muchas veces teniendo en sus gavetas o en sus ordenadores los datos que volvían a solicitarle. "Es como para reírse", comentaba con un compañero de desgracias a la salida de una institución obligatoria...

El mejor ejemplo de su lucha contra la estupidez de la burocracia lo tuvo cuando le pidieron un certificado que acreditara la fecha de su llegada al país, certificado que ya había entregado hacía algún tiempo para otra gestión, pero que una funcionaria del MININT le informó que tenía que llevarle uno "actualizado". Chúpate esa, Marcelo. "¿Actualizado?", le preguntó a la funcionaria. "Pero señorita, ¿cómo voy a actualizar mi fecha de llegada a España, si eso no varía? Haga lo que haga y tenga la situación que tenga, la fecha en que llegué a este país va a ser siempre la misma, y esa ya está en sus controles"...

Pero ya lo dijo Hemingway: "no te atrevas a discutir con un imbécil, la gente podría pensar que son dos". Claro, no siempre se trata de un imbécil, lo que sucede es que esos funcionarios cobran sus sueldos gracias a los papeles. Imagínense que nadie pidiera papeles a nadie para nada. ¿Cuántos españoles quedarían en la calle, engrosando aún más la cifra de parados que ya causa pánico? Pues nada, a pedirle papeles a todo el mundo, que ese es su trabajo. A pesar de que mi amigo se preguntaba sin encontrar respuesta: ¿para qué sirven los enormes avances en la tecnología de la computación? Si todos los documentos que piden están registrados en esas pantallitas que ya dentro de poco te vas a encontrar hasta en los baños públicos? Con sólo pulsar una tecla ya tienen hasta los lunares que uno luce en las nalgas...

Mi amigo no entendía ni hostias, pero quería convertirse en funcionario, ya que en ninguna otra cosa pudo convertirse para ganar un salario más o menos decoroso que le permitiera vivir como Dios manda ( y que parece que nadie obedece). Sí, funcionario público, cinco días semanales laborables muy bien pagados, digan lo que digan los protestones y los huelguistas salvajes o civilizados. Pero pasaron sus movimientos intentones y mameyes verdes. La burocracia es todopoderosa, implacable, indestructible. Pues eso, que acabó admitiendo que los papeles no se acabarían jamás. La última vez que lo vi me dijo que se largaba a otro país en busca de nuevos horizontes. No quise desanimarlo diciéndole que tal vez en ese otro país tendría que enfrentarse a lo mismo, porque eso no lo sé, ya que no vivo en otro país sino en éste, al que conozco muy bien. Nos tomamos nuestro último café, le deseé buena suerte, lo abracé, y me puse a pensar cuántos habrá como él, víctimas de un sistema tan machacador de personas que sólo buscan en sus vidas una estrella que los ilumine y les dé alguna esperanza de encontrar lo que no pudieron encontrar en sus países de origen por obra y gracia de dictaduras repugnantes o situaciones económicas insoportables. Y eso es una espina enorme que millones de seres humanos tienen que llevar clavadas en sus desesperanzados corazones, mientras muchos se dan el lujo de despilfarrar dinero público, sobre todo los políticos, que son parte del tumor canceroso que padecen los pueblos...

IMPOTENCIA ANIQUILADORA

Te sientes sacudido en medio del tornado
de la burocracia
que te machaca los cojones del alma
hasta el agotamiento de tu insistencia en ver el vaso
medio lleno (pobre iluso que creíste lo que te dijeron)
y todavía dudas quizás recordando aquello tan lejano
de que la duda es lo único cierto.
Dudas mareado y sin perdices en una vereda que se difumina
hacia uno y otro lado de tus ojos:
¿doy la batalla contra el poderoso aparato
del Estado?
¿Me resigno a continuar borregueando a merced
de las pocas mercedes que Don Estado me lance
sin mirarme a los ojos en el cuerno
de la escasez y la carencia permanentes hasta quién sabe
si post mortem?
¿Qué hago entonces, qué puedo hacer entonces
para librarme de estas madrugadas de ojo abierto
y de respiración acelerada
estrujando las sábanas inútilmente esperanzado
en que antes de la luz estaré ya morfeando?,
porque no hay insomnio que dure tantas noches
ni tantos desvelos en un túnel sin fondo.
Pero deja de pensar, insolente, desvalido,
no vuelvas a intentarlo, no vuelvas a sufrir
(¿es que eres masoquista?).
Pienses lo que pienses,
digas lo que digas, hagas lo que hagas,
y sobre todo, envíes lo que envíes
(cartas, solicitudes, documentos,
toneladas de papel emborronados o tecleados
en horas raptadas al sueño, cuando haya algo de sueño),
todo será inútil, pobre hombre desamparado y solo
como un farero en su noche sin luna:
el Estado terminará machacándote sin compasión
porque el Estado es el poder que siempre,
en cualquier circunstancia,
machaca, machaca, machaca,
sin mover un solo músculo de su rostro cancerbérico.

AUGUSTO LAZARO