miércoles, 12 de abril de 2017

RUINAS Y NOSTALGIA

La vida es una constante repetición de acciones que en casi todos los seres humanos resulta inevitable. Cada vez que abro los ojos al despertaarme por las mañanas pienso en que ese día voy a hacer lo mismo que hice el día anterior y lo mismo que haré el día siguiente, con una exactitud que llega a preocupar, si pensamos que somos unos seres raros, unos robots que funcionan de acuerdo a una programación electrónica establecida por su creador, que nos hemos convertido en seres más bien vegetales, mecánicos, cibernéticos, que respondemos a un programa que nos indica lo que tenemos que hacer cada día de nuestras vidas. Falso. Si investigáramos a fondo descubriríamos que casi todas las personas que conocemos o tratamos también hacen lo mismo todos los días, repitiendo hora por hora acciones, pasos, salidas, lugares, conversaciones, contactos con amigos o conocidos que vemos a diario sin detenernos a pensar si ellos también estarían pensando en nosotros como comparación a sus vidas que se parecen tanto a las nuestras que podríamos decir que han sido “programadas” por el mismo creador que nos ha programado a todos, o a casi todos, de la misma forma y con los mismos o parecidos resultados de rutina y mecánica en nuestra manera de vivir... Por eso es que...
Julio Cortázar dijo en su obra maestra, RAYUELA, algo así como que "todo lo que se escribe hoy y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia"... y esta mañana lo he comprobado una vez más: me he levantado, como siempre, muy temprano, me he asomado a la ventana de mi habitación que da al fondo de la basílica de San Francisco El Grande, y he mirado unos minuitos los árboles (lo que queda de ellos) después de un largo invierno con mucho frío y mucha lluvia, y sólo veo ramas secas con algunas palomas revoloteando y ningún trazo humano que me diga que yo no vivo en el desierto de Gobi. Y me sucede lo que me sucede siempre, cada mañana, al asomarme a la ventana y ver sólo palomas y árboles sin hojas y "nada por todas partes", como dijo Gerónimo, el protagonista de la obra Magia Roja, estrenada por el Cabildo Teatral Santiago hace ya mucho tiempo. Y no puedo evitar los recuerdos de una de mis épocas felices...
...pero ahora, con los pies en mi habitación de hoy, en pleno 2017, mis recuerdos se vuelven a otro de mis amores imposibles (porque hay cosas imposibles, sin dudas) del que resultó ser un desengaño más cuyo único culpable he sido yo por no poder superar ese enorme defecto de idealizar a personas, lugares y situaciones, que me ha acompañado desde que aprendí a dar mis primeros pasos en ese misterioso avatar del amor que siempre nos tiende una trampa en la que solemos caer sin poder evitarlo, bien porque no nos damos cuenta a tiempo o porque somos humanos y no perros que serían incapaces de darse un golpe con la misma piedra más de una vez...
Es que la vida se repite, inevitablemente. Por eso se repiten estas divagaciones nostálgicas que quizáz nos ayuden a paliar un poco la monotonía de una vida que no planificamos como la veíamos en nuestros sueños de adolescentes románticos o mentecatos, como nos llamaban algunos que tenían el cerebro más desarrollado entonces y los pies más firmes en la tierra que pisábamos con los zapatos nuevos regalados por los reyes magos, mensajeros de la paz, como esa pieza de Isao Tomita que yo suelo escuchar cuando quiero alejarme (no olvidarme) de esos recuerdos tan pesados que a veces me agobian...

Augusto Lázaro

http://elcuiclo.blogspot.com.es



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