lunes, 23 de mayo de 2016

AHI VIENE EL LOBO

“Donde el dolor desgarre, / donde la miseria oprima, / donde el peligro amenace, / donde la maldad impere... / allí estará Tamakún: / el vengador errante...”

Así comenzaba diariamente el capítulo de una serie que radiaban en la década del 50, y que yo oía en el pequeño radio de mi casa de niño, que era el único equipo eléctrico que había en aquel entonces, y que mi padre, haciendo sacrificios, había comprado para oír “la pelota” (el béisbol), programas de música, y novelas que oía mi madre, y de vez en cuando nos arrastraba a esas tramas que siempre se interrumpían en el momento culminante para continuarlas al día siguiente. La serie a que me refiero en el comienzo era la de Tamakún, episodios más bien de aventuras, con todas las atracciones que para niños y adultos resultaban de interés e incluso apasionantes. Claro que siempre triunfaba el bien sobre el mal. Tamakún luchaba contra los malos y siempre los vencía con su valor, astucia y heroísmo...

En estos tiempos donde el dolor desgarra, el peligro amenaza y la maldad impera (no hablo de la miseria, aunque puede que también tenga que dedicarle una entrada si seguimos como vamos) necesitamos a algún héroe de la categoría de Tamakún, a ver si puede desenredar la pita de este entuerto, que parece que no nos lleva a ninguna parte, a no ser al precipicio en que podemos caer en picado, por el egoísmo, la soberbia, y el enorme desamor que sienten quienes son dueños y señores de nuestras vidas, que jamás se acuerdan de que están donde están porque los hemos puesto ahí para que nos recuerden, cosa que parece imposible para personas que no conocen la vergüenza, la dignidad, la honradez, y que viven eternamente con la única misión de colocarse en un poder que les dará la gloria y el dinero (sobre todo este último) que los diferenciará cada día más del resto de sus contemporáneos que no tienen la suerte, o más bien, el descaro y la habilidad de quienes prometen y prometen lo que no van a cumplir, no porque no puedan sino porque no les interesa...

Alguien ducho en cuestiones de índole sospechosa dijo una vez que a Europa (la vieja, emputecida y estancada Europa) le hacía falta un Winston Churchill, entre otros grandes próceres que pensaran en los europeos y no en ellos mismos, y que pudieran sacar adelante este continente del desmembramiento y la ruina que parece amenazarlo desde hace algunos años. El continente que debiera avergonzarse de haber provocado dos guerras mundiales con más de 50 millones de muertos, sin contar el sufrimiento, el dolor, el luto, la destrucción, y los problemas mentales y físicos que crean las malditas guerras, cuyas estelas repercuten y permanecen per seculam seculorum sin que ni siquiera el tiempo, que todo lo cura según los optimistas a ultranza, pueda sacárnoslos de nuestros recuerdos que nos siguen martillando mucho tiempo después de izar las banderas blancas de la aparente paz...

Y aunque parezca exageración mía, la paz en Europa está nuevamente amenazada, y aunque parezca exageración mía (y ojalá lo sea), tal como van las cosas, con el auge de movimientos populistas y de extrema izquierda y derecha que ganan adeptos increíblemente en muchos de los países miembros, no darle importancia a ese “detalle” puede llevarnos a una gran confrontación que cada día, sobre todo en España, me parece más inevitable. Se ha exagerado la tolerancia y se ha malinterpretado el concepto de la democracia, y llegamos al punto en que cualquier cosa está aceptada como “normal”, y la cantidad de maleantes y delincuentes que gozan de impunidad es tal que de verdad que mete miedo pensar que los malos nos están ganando la batalla, con el apoyo cada vez mayor de una gran parte de la población que al parecer simpatiza con esa gentuza...

Augusto Lázaro



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lunes, 16 de mayo de 2016

EL GOLPE MAS DOLOROSO

Leyendo algunos escritos sueltos de Fernando Arrabal, me encontré con estos versos que no sé si serán suyos o de otro autor cuyo nombre no aparece. Recordármelos fue como un golpe que recibí muy adentro, pues la vida se compone de alegrías y tristezas, y a veces, por mucho esfuerzo que se haga, la segunda prima sobre la primera. Estos son los versos:

   Enterraron por la tarde


     la hija de Juan Simón
     y era Simón en el pueblo
     el único enterrador...

     El mismo a su propia hija
     al cementerio llevó.
     El mismo cavó la fosa
     pronunciado una oración...

     Y allá, al caer la tarde
     del cementerio salió.
     En una mano la pala,
     en el hombro el azadón...

     y la gente preguntaba:
     ¿de dónde vienes, Simón?
     --Soy enterrador y vengo
     de enterrar mi corazón...

Estos versos fueron trasladados a la música, pues recuerdo que de muy joven oía en la radio a algún cantante de actualidad en aquellos años que entonaba el golpe de mala suerte que traduce la canción versada o viceversa, patética en verdad y con la fuerza de no dejar indiferente a ninguna sensibilidad. Como era de esperar, afloraron mis recuerdos, el tipo de recuerdos que yo lucho por desterrarlos de mi vida y que no puedo lograrlo: cuando menos lo espero, aparecen y me dicen que todavía eso no es historia muerta, y que no deben ni pueden olvidarse. 

Mi padre murió en mis brazos, a las 6 de la mañana de un 6 de junio de 1966 (coincidencia del maldito numero 6). Al menos, lo vi vivo en sus últimos momentos. Pero a mi madre no la vi morir, ni siquiera pude verla insepulta, pues cuando murió, yo vivía en Santiago de Cuba, y por la pésima situación del transporte (fue en 1991) no pude llegar a tiempo a Pinar del Río, mi ciudad natal, donde vivía ella con mi hija mayor. La mejor mujer que he conocido en toda mi vida murió de cáncer de nasofaringe, con apenas algo más de 40 años. Nació después de mí y murió antes que yo. He visto sufrir y morir a muchos familiares y amigos, y sé que, como dijo mi tocayo Monterroso en su discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias, “la vida es triste”, y sólo vivimos momentos felices, pero no podemos decir nunca que somos felices. Voluntad de la Naturaleza en su injusta decisión de lo que debe suceder a cada ser humano.

Pero el dolor más grande y poderoso que puede sufrir un ser humano es ver morir a un hijo. He tenido la suerte de no verlo, y me horrorizo sólo de imaginármelo. En estos versos aparentemente vulgares, rebuscados y de poca monta, hay una verdad que no puede soslayarse: la muerte de una hija, en este caso, es un golpe demoledor del que nadie se recupera jamás. No puedo pedirle a Dios que yo no tenga que pasar por ese trance, pero confío en que la Naturaleza, la Vida, la Casualidad, o lo que sea que exista si es que existe algo, me libre de semejante tragedia, y tenga la dicha de morir antes que mis hijos, pues un golpe como ése sería para mí casi imposible de superar...

Augusto Lázaro


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lunes, 9 de mayo de 2016

RAZONES DEL SILENCIO

Al principio de crear LA ENVOLVENCIA recibía algunos comentarios (no muchos) sobre las entradas que solía publicar los lunes, sin faltar uno solo de esos primeros días de cada semana. Poco a poco, los comentarios fueron desapareciendo, hasta no tener ninguno. Recuerdo que en aquel entonces yo también solía leer algunos blogs de personas amigas o conocidas vía Internet, así como otras publicaciones a las que dedicaba con mucha atención varias horas de mi tiempo semanal. Mis lecturas de esas publicaciones también fueron decreciendo, hasta llegar a hoy, que realmente dedico muy poco tiempo a leerlas, dándole preferencia a los periódicos y a algunas revistas o suplementos de esos periódicos, pues prefiero leer en papel y no poner mis ojos un par de horas en la pantallita que nada bueno reporta a la vista, según consenso médico/especialista. Pero en fin, que el caso es que he llegado a la conclusión de que en el mundo hay demasiadas cosas que requieren nuestra atención, entre ellas la lectura, y que como de todos modos vamos a morirnos, y algunos “más temprano que tarde”, tenemos que priorizar nuestro tiempo dedicado a la lectura, y por lo tanto, Internet queda relegado a segundo plano, en lo que respecta a mi caso personal, que nunca he sido de esos que se pasan el día pegados a sus computadoras (ordenadores) y a sus móviles (que también tengo y al que dedico menos de una hora al día) como si la vida para ellos se redujera a esa dedicación con visos patológicos en la mayoría de los casos...

Demasiados blogs, sin dudas algunos interesantes, pero el día sólo tiene 24 horas, a las que descuento las 6 que dedico a dormir, y otras 6 a menesteres domésticos y de otra índole más práctica, y el resto a la lectura, con algo de música y de películas o series por TV, a las que dedico bastante poco tiempo. Y ni siquiera pienso ya en la cantidad de libros que me voy a morir sin leer, pues sería, además de inútil, estúpido padecer por algo que no tiene remedio posible. La leche derramada. En lo que hay que esforzarse es en que no se derrame, y lográndolo nos ahorraríamos muchos sinsabores y frustraciones evitables. Y volviendo al temita del blog y de sus derivados, escribir es además de todo lo que de esa acción intelectual se ha dicho y no voy a repetir, una costumbre que es muy difícil de quitar. Quizás por eso, a partir de ahora, de vez en cuando, me dedique a teclear alguna tontería que tal vez sea leída por unos cuantos que no encontrarán nada más productivo que hacer, y por ello merecerán mi admiración y mi asombro...

En resumen, que La Envolvencia no desaparecerá de mis quehaceres como el Twitter (por razones ya explicadas), ni tampoco el Facebook, al que sólo dedico el tiempo imprescindible para ver (también asombrado) cómo todavía hay algunas personas que se ocupan de leer lo que yo escribo, a pesar de que conozco a muchas que SI tienen cosas importantes que hacer en sus vidas, por lo que mi agradecimiento a ellas es óptimo. Y en cuanto al blog El Cuiclo, igualmente de vez en cuando aparecerán textos literarios para continuar con el espacio sin que de pronto se evapore por arte de Blogger y no se puedan encontrar las novelas y las piezas teatrales que he publicado en ese blog...

Por lo tanto y expuesto, queridos amigos, mis respetos a todos en general, incluyendo por supuesto a aquellos que dedican muchas horas diarias a este invento que ha revolucionado (o involucionado) nuestras vidas hasta el punto de que hay millones de seres humanos que preferirían no alimentarse antes que renunciar a sus celulares o a su dedicación a Internet, que puede ser muy bueno, y también muy malo, dependiendo del uso que se le dé y de lo que se busque y encuentre en sus millones de páginas web. La vida es eso, como diría el poeta Manuel Díaz Martínez, pero también es otra cosa fundamental: vivir. Vivir primero, y después todo lo demás... Un abrazo enorme de

Augusto Lázaro


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